MEMORIA HISTÓRICA SOBRE LAS OBRAS DE LA C.M. Y DE LAS HH.  de la C. EN MÉJICO (V)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Familia VicencianaLeave a Comment

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CAPITULO V: SERVICIOS QUE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN HA PRESTADO EN LAS MISIONES Y EN LOS COLEGIOS EN FAVOR DE LA RELIGIÓN

Aun durante el tiempo que estuvieron las Hijas de la Ca­ridad en la República, las Misiones fueron la principal ocupación de los Sacerdotes de la Congregación de la Misión, obteniendo siempre, por el favor divino, abundantes frutos en todos los pueblos. Los principales han sido:

Hacer cesar los concubinatos por la separación de los culpables o por medio del matrimonio canónico. Si se hubiera formado una estadística de éstos, su número sería muy considerable.

Procurar y fomentar la recepción de los Sacramen­tos de la Penitencia y Eucaristía. No obstante el empeño de los Sres. Curas, sabido es que muchos no se acercan a los referidos Sacramentos anualmente, y la voz del Misio­nero consigue este dichosísimo fruto en todas las Misiones.

Llevar la paz y la reconciliación a las Parroquias. En varias Misiones se presentó más de una vez el caso de estar los habitantes de los pueblos enemistados con los Pá­rrocos, al grado de dejar de oir Misa los días de precepto por no oir la Misa del Sr. Cura, y no acercarse a recibir los Sacramentos porque él no se los administrase.

No ha habido una sola Misión en que por medio de la confesión general no hayan salido del camino de perdi­ción personas que la vergüenza conducía a la condenación.

Casos providenciales de personas cuya conversión fue seguida de una muerte edificante, antes de concluir la Misión en que se convirtieron.

Por lo que hace a los Colegios, la Congregación los ha tenido de tres clases: Colegios simplemente tales, Semi­narios y Clericales.

Comenzando por los primeros, nadie pone en duda que una educación cristiana, unida a un gobierno paternal, forma jóvenes edificantes que más tarde serán el honor de sus familias y de la sociedad. El Colegio de Guanajuato, por ejemplo, fue un modelo de perfecta educación en la parte literaria y científica como en la moral y religiosa. A eso débese el que haya producido, no sólo edificantes Sa­cerdotes que son hoy la gloria de la Diócesis de León, sino abogados, médicos, Ingenieros y comerciantes, que edifi­can por su conducta é ilustran por su saber.

Pasando a los Seminarios, puede asegurarse sin riesgo de exageración que la formación de los levitas del Santua­rio es, por una parte, mucho más noble y elevada en su objeto, y por otra mucho más fecunda en sus efectos que las Misiones. Porque en los Seminarios no se trabaja como en éstas para salvar almas individualmente, sino que se coopera a la salvación de todo un pueblo. De dos modos han verificado los Sacerdotes de la Misión esta coopera­ción: primero, dedicándose a inculcar en los ordenandos los conocimientos de su vocación y a formarlos en el espí­ritu de su estado; y segundo, impidiendo o retardando la ordenación a los que todavía no eran dignos. Siguiendo sus directorios, siempre han obtenido Sacerdotes ilustrados y virtuosos, como lo atestiguan las Diócesis donde se les han confiado los Seminarios.

«Pero una triste experiencia — decía el Sr. Presbítero D. Eduardo Montaño al dar a luz el prospecto del Clerical de Puebla— harto ha demostrado que no es fácil proporcionar a los jóvenes que se sienten llamados a la carrera del Santuario la educación especial que su santa vocación reclama, mientras estén mezclados en los Seminarios con esa turba de jóvenes, cuya sociedad no puede menos de serles nociva, ya porque tienen un modo de pensar distinto del suyo, ya principalmente porque, siendo de corta edad, necesitan otra clase de vida y ejercicios incompatibles con la vida y ejercicios que ellos deben tener. Por esto se hace necesaria la separación completa; preciso es que el joven eclesiástico tenga también su Colegio, como lo tienen el militar, el médico y el jurisconsulto.» Siempre ha sido la Congregación de este modo de pensar, y, mientras de ella ha dependido, lo ha implantado en las Diócesis en que los Ilmos. Sres. Obispos le han entregado la formación de sus Sacerdotes, y siempre ha producido buenos resultados. Citemos un ejemplo:

El Ilmo. Sr. Dr. D. Clemente de Jesús Munguía, Obispo de Michoacán, tuvo tres Colegios en su Diócesis, y, hablan­do del Clerical, dice así: «… pero lo que sobre todo había hecho concebir las esperanzas más lisonjeras era el Colegio Clerical de Morelia. El orden, la regularidad y el espíritu que reinaban allí eran objeto de la más grata satisfacción para cuantos conocían aquel Establecimiento».

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