Clemente Vigo, CM
NOTA. Hemos añadido al texto que nos han remitido unas breves noticias geográficas, a fin de orientar a los lectores que viven lejos de la República mejicana.
Méjico es un Estado de la América del Norte. Confina al Norte con los Estados Unidos, al Este con el golfo de Méjico, al Sur con Guatemala y Honduras inglesa y al Oeste con el océano Pacífico. Su superficie es de 1.946.523 kilómetros cuadrados, y su población de 12 millones de habitantes, más de la mitad son indígenas y dos terceras partes de la otra mitad mulatos o mestizos. La forma política actual es la republicana federal, cuya capital es Méjico.
Méjico es una planicie de 2.000 a 2.500 metros de altura, rodeada al Este y Oeste por cadenas de montaras (Sierra Madre) y al Sur atravesada por una cordillera volcánica.
Las principales corrientes de agua son: el Río Grande del Norte, tributario del golfo de Méjico, y el Tabasco; los ríos Verde, Balzos, etc., tributarios del Pacífico. En el valle de Méjico se encuentran lagunas o lagos poco profundos (Texcoco, San Cristóbal).
Méjico es particularmente rico en metales: cría oro, plata, estaño, cobre antimonio, sal gemma, hulla, y sobre todo mercurio. En cuanto a la fertilidad del suelo, hay que distinguir tres zonas: las tierras tórridas, desde el nivel del mar hasta unos 1.000 metros de altura; las tierras templadas, de 1.000 a 2.000 metros de altura, y las tierras frías, de 2.000 en adelante. Las primeras producen todos los frutos tropicales, pero son en extremo malsanas; las segundas, aunque algo cálidas, son muy fértiles, y en ellas reina una perpetua primavera; las terceras son también productivas, aunque menos que las anteriores. En sus campiñas se crían infinidades de ganado de todas las razas, especialmente caballos, que se encuentran todavía en estado salvaje.
La industria y el comercio se desarrollan de día en día, merced sobre todo a los capitales extranjeros. Cuatro razas pueblan hoy a Méjico: blancos, indios, negros y mestizos. La lengua española es la más extendida, aunque subsisten aún los idiomas indígenas.
El país, que antes de 1835 estaba dividido en 19 Estados, cuenta hoy con 27, más dos territorios y un distrito federal. Los nombres de los Estados son como siguen: Aguas-calientes, capital Aguascalientes; Campeche, capital Campeche; Coahuila, Saltillo; Chiapas, San Cristóbal; Colima, capital Colima; Chihuahua, capital Chihuahua; Durango, capital Durango; Guanajuato, capital Guanajato; Guerrero, Chilpancingo; Hidalgo, Pachuca; Jalisco, Guadalajara; Méjico, Toluca; Michoacán, Morelia; Morelos, Cuernavaca; Nuevo León, Monterey; Oaxaca, capital Oaxaca; Puebla, capital Puebla; Querétaro, capital Querétaro; Sinaloa, Cu.-Bacán; Senora, Hermosillo; San Luis de Potosí, capital San Luis; Tabaseo, San Juan Bautista; Tamaulipas, Ciudad Victoria; Tlaxcala, capital Tlaxcala; Veracruz, Jalapa; Yucatán, Mérida; Zacatecas, capital Zacatecas. Los territorios son: Baja California, capital La Paz, y Tepic, capital Tepic. El Distrito federal es Méjico.
Historia.—La historia de Méjico se divide en tres períodos: 1.°, período anterior a la conquista; 2.°, período colonial; y 3.°, período de la independencia. Durante el primero, muchos pueblos poblaron el vasto territorio mejicano; los principales fueron los Tollecas y los Aztecas, estos últimos tenían por capital a Tenochtillán o Méjico, y extendían su soberanía sobre casi todos los pueblos de Méjico. Fueron bastante civilizados, especialmente los Aztecas. Las antigüedades mejicanas que se conservan de aquella época son muy numerosas y curiosas.
La segunda época comienza con la llegada de Cortés a Méjico en 1519. El año 1521 se apoderó de la ciudad de Méjico, donde reinaba Motezuma desde el 1503. A esta conquista siguió pronto la de todo el país. España formó de Méjico un virreino, agregando la Guatemala. La población indígena, agobiada por la codicia de los conquistadores, decreció con rapidez, a pesar de los esfuerzos del P. Las Casas para aliviar su suerte. La explotación del país consistió particularmente en la extracción de metales preciosos: Méjico ha dado a España inmensas cantidades de oro y plata.
El tercer periodo comenzó el año 1810. Hubo tres tentativas inútiles de independencia: la de Hidalgo en 1810; la de Morelos, en 1815, y la de Mina, en 1816. Por fin, en 1821, Agustín Itúrbide, general del ejército español, se pasó a las filas insurrectas, venció al virrey Apodaca, se apoderó de Méjico y se proclamó Emperador con el nombre de Agustín I; mas al año siguiente fue destronado y Méjico se constituyó en república federal. La victoria de Tampico, ganada a las tropas españolas, aseguró definitivamente la independencia mejicana. Después de esta fecha, el país ha sido con frecuencia devastado con guerras intestinas; una multitud de ambiciosos se han sucedido en la presidencia, destronándose y asesinándose los unos a los otros: Victoria en 1824; Padraza y Guerrero el 28: Bustamente el 29 y 36; Santa Ana en 1832; Paredes el 41 y 46; Santa Ana, otra vez, el 43, 47 y 53; éste último había ya logrado restablecer la autoridad, cuando fue derribado en 1855 y el país se entregó a la más completa anarquía. Muchos partidos se disputaban el poder: los federales y los unitarios, los clericales y los liberales. A los males de la guerra civil se unieron los de la guerra exterior. Los malos tratamientos dados en Méjico a los franceses fueron castigados con los bombardeos de San Juan Ulloa y Veracruz. En el año 1846, la sucesión de Tejas, que se había anexionado a los Estados Unidos, fue causa de una guerra, contra ésta última potencia.
Méjico fue vencido y obligado por el tratado de Guadalupe a dejar todo el territorio que se encuentra al este del río Grande del Norte, el Nuevo-Méjico y la Nueva California. En 1861, siendo presidente Juárez, las vejaciones que sufrían los europeos en Méjico obligaron a España, Francia é Inglaterra a unirse y a pedir satisfacciones. Francia no se contentó con las que le ofrecieron y declaró la guerra, que terminó nombrando a Maximiliano de Austria Emperador de Méjico; mas, retiradas las tropas francesas, Maximiliano fue vencido y fusilado por Juárez, que volvió a proclamar la República en 1867, y dio la Constitución que permanece hasta hoy. Después, bajo la presidencia de D. Porfirio Díaz, Méjico se ha desarrollado rápidamente
Religión.—La religión católica romana es la casi única de Méjico; sin embargo, en 1857 se proclamó la libertad de cultos y en 1873 la separación de la Iglesia y del Estado, aboliéndose los bienes de manos muertas y las Ordenes monásticas.
Nuestro fin especial es dar una resella breve de los establecimientos de las dos familias de San Vicente de Paúl en Méjico: los PP. Paúles y las hijas de la Caridad.
CAPÍTULO PRIMERO: PRINCIPIOS DE LA CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN EN MÉJICO. — FUNDADORES
Origen.—Varios señores de Méjico, y principalmente los que componían las Conferencias de San Vicente de Paúl, tomaron gran empeño en que el Gobierno determinara admitir la Congregación de la Misión como Corporación y permitir que se propagara. El Gobierno hizo pasar la solicitud presentada por todos los trámites legales, para que su aprobación tuviera fuerza de ley; y, una vez cumplidos, expidió la ley en 23 de Junio de 1845, bajo la presidencia del Sr. D. Joaquín de Herrera, en la que permite su establecimiento y propagación, según las reglas del mismo Instituto, y en 10 de Septiembre del citado año dió un decreto por el cual aprueba las Reglas de la Congregación de la Misión que se le habían presentado, para evitar cuestiones en lo sucesivo.
Fundadores. —Las personas que influyeron indirectamente en el establecimiento de la Congregación de la Misión en la República, y que pueden considerarse como fundadores, son las mismas que se interesaron por la fundación de las Hijas de la Caridad, a saber: la Sra. Condesa doña María Ana Gómez de la Cortina; las Sras. Dña. Faustina y Dña. Julia Fagoaga y D. Cirilo Gómez Anaya, y como parte activa y directa en el establecimiento legal de la Congregación, el Sr. Dr. D. Manuel Andrade.
Este benemérito doctor, nacido en Méjico, en el seno de una virtuosa familia, se dedicó en su juventud a la Medicina, en la cual hizo rápidos progresos. Pasó después a París con el fin de perfeccionar sus estudios, y allí tuvo ocasión de conocer a los miembros de las dos familias de San Vicente de Paúl. Vuelto a Méjico, procuró el establecimiento de ellos en la República; a este fin se asoció con las personas que, como se lleva dicho, fueron fundadoras de las Hijas de la Caridad, viniendo a ser desde entonces hasta su muerte como el alma de todo lo que se hizo con relación a este asunto en la República mejicana.







