Manuel Trachiner Montañana (1915-1936)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Elías Fuente · Year of first publication: 1942.
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La Misión de la tierra perdió en el Hermano Trachiner una futura perla de Hermano Coadjutor.

Sus cualidades naturales se revelaban en la artesanía. Era por naturaleza ebanista- fino y delicado. Un poco nervioso, le hacía precipitar la mano de obra, y alguna vez fallaba; mas, en general, era verdadero maestro, sin pretenderlo.

Había nacido en Puzol (Valencia), el 21 de noviembre de 1915. Sus padres se llamaban Francisco y Remedios.

Conocidas por las Hijas de la Caridad de aquella pobla­ción sus buenas prendas, encamináronle por las sendas de la perfección y le inclinaron y movieron a que solicitase el in­greso en la provincia madrileña de la Congregación de la Misión.

Terminado su noviciado, fue destinado a Cuenca, año 1931; mas fue en seguida llamado nuevamente a Hortaleza, para que se pusiera al frente del taller de carpintería en montaje. Lle­gó a hacerse cargo del mismo en octubre de 1932.

Fue observante de las Reglas. Piadoso sin mojigatería. Buen compañero. Trabajador incansable.

El día 19 de julio de 1936, de acuerdo con el Hermano Ce­cilia, su compañero inseparable, tomó la resolución de, saliendo por la huerta, hurtar el cuerpo a los peligros que suponían inevitables para su vida en Hortaleza.

Sobre lo ocurrido después dice el P. Muruzábal, advirtiendo que indistintamente llama novicios al Hermano Trachiner, que ya era profeso, y al Hermano Cecilia, que lo era en efecto:

«A los Hermanos Novicios se les había entregado dinero para hacer el viaje a sus casas, si las cosas estaban mal, y para esto se les ordenó que fueran de dos en dos a la casa de Madrid; que allí se enteraran y, por lo que les dijese el Superior, toma­ran la determinación de quedarse o marcharse a sus casas.

«Se les ordenó que dejaran las sotanas y salieran por la ca­rretera de Hortaleza en dirección al tranvía. Si esto hubieran cumplido, seguramente no hubieran tenido la suerte trágica, humanamente hablando, que tuvieron. Les ocurrió salir por el mismo camino que el Hermano Armendáriz, llevando ade­más en la maleta la sotana.

«Las referencias que hemos tenido han sido: que los lle­varon a Ventas, y que aquel Comité o los condenó a muerte por el único delito de ser religiosos o los, mandó conducir a Hortaleza, como lo habían hecho con el Hermano Armendáriz, y, al llegar al cementerio de Canillas, en un campo próximo al camino, los fusilaron y después a uno de ellos le cortaron la cabeza. Fueron los primeros mártires que desde el cielo habrán intercedido por los que quedamos en medio de tanto peligro.»

 

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