Macario Jiménez

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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P. Macario Jiménez

05-08-90

Pamplona

Anales 90, pg.  527

mso8C874El 5 de agosto del presente año 1990 falleció en el Hospital Provincial de Pamplona el P. Macario Jiménez, miembro de la comunidad de la enfermería de Pamplona.

Dado su estado de salud, sobre todo a partir del día 10 de julio, la noticia era presumible y, en consecuencia, no nos ha sorprendido.

Este misionero ha experimentado la pasión, como buen discípulo de su Maestro. En sus distintas vertientes: dificultades que la vida trae consigo, el paso del tiempo, la merma de las facultades y la pérdida en estos últimos años de la salud. Se trata en definitiva de un cúmulo de datos propios de la experiencia humana.

También es verdad que junto a ese viejo árbol que se desmorona han ido crecien­do retoños nuevos, como son una fe adulta y una mayor experiencia de Dios: un marco de relaciones vitales con lo que es más decisivo en la vida: la formación cristia­na recibida desde la infancia, la filial devoción a la Virgen, la pertenencia afectiva y efectiva a la Iglesia y a la comunidad vicenciana, en fin la estima sentida por el P. Macario hacia todo y hacia todos los que componemos la Congregación de Ia Misión. En suma, el P Macario por la gracia de Dios y debido también a la fidelidad personal, superando lo mortal, ha pasado, creernos, a la posesión de la vida nueva, del descanso merecido y de la paz.

El P. Macario nació el día 8 de diciembre de 1913, fiesta de la Inmaculada en Morentín de la Solana (Navarra), a los pies mismos de la histórica Montejurra. Sus padres Eugenio y Leona, sencillos cristianos, tuvieron nueve hijos, entre éstos el P. Macario. Sor Angeles Jiménez, Hija de la Caridad, y sus dos hermanos muertos en el frente durante la guerra civil.

En 1926 inició los estudios de humanidades en la Escuela Apostólica de Murguía. Tres años después, en 1929, pasó a Guadalajara, permaneciendo dos años en este lugar. El 27 de septiembre de 1931 inició el seminario interno siendo este el día de vocación en Hortaleza, Madrid. Dos años después, en 1933, comenzó los estudios de Filosofía en Villafranca del Bierzo (León).

Emitió los votos temporales en dicho lugar el día 29 de septiembre de 1933. En 1936 pasó a residir en Murguía, trasladándose antes de concluir la guerra civil a Potters Bar (Londres), donde hizo los votos perpetuos el día 2 de septiembre y recibió el diaconado el día 3 de septiembre de ese mismo año. Fue ordenado presbítero pocos días después, el 10 de septiembre de 1939.

Durante su vida misionera recibió diversos destinos: Andújar, 1940-1943; Pamplona, 1943-1973; Murguía, 1973-1974; Baracaldo-Carmen 1974-1976; Pamplona, 1976, hasta ayer, 5 de agosto del presente año 1990, en que pasó de este mundo al Padre.

A la luz de estos datos se deducen las siguientes conclusiones: el P. Macario pertenece a la generación que contempló sobresaltada desde la paz de un seminario y vivió de lleno los grandes acontecimientos ocurridos durante los años azaroso de la república y de la guerra civil.

Estos hechos se grabaron en su memoria y repercutieron de manera significativa a lo largo de toda su vida. Los acontecimientos posteriores serán interpretados desde esa fuerte experiencia anteriormente vivida.

El P. Macario, siguiendo la consigna de San Vicente, se dedicó durante casi a su vida a la formación de los seminaristas. Se trata de un ministerio muy, querido por nuestro Fundador San Vicente de Paúl; una ocupación poco espectacular, apenas visible, pero en lodo caso imprescindible para la vida de la Iglesia.

El P Macario gastó los mejores años de su vida en esta casa, donde desempeñó los más diversos oficios propios de un seminario menor: profesor, encargado de Ios muchachos, director espiritual, confesor y administrador. La mayoría de los concelebrantes recordamos sus clases de latín y matemáticas y tantas pequeñas cosas, fiel reflejo de su peculiar personalidad. Recordarnos igualmente los malabarismos y esfuerzos hechos por él para lograr darnos qué comer en los años difíciles de la posguerra, siendo administrador de esta casa. En fin, con frecuencia comentamos sus ocurrencias coloreadas por el buen humor, compartido con los hermanos de comunidad.

A partir de 1976 el P. Macario, residiendo ya en la enfermería y sacando fuerzas de flaqueza, empleó el tiempo en la oración y en la administración del sacramento de la penitencia. Durante catorce años ha ocupado uno de los confesonarios de la iglesia de la Milagrosa, prestando de esta manera un gran servicio a los penitentes que día a día se acercaban para recibir el perdón, la reconciliación y la paz.

Un hecho nos ha llamado la atención a todos en estos últimos años de la vida de P Macario: su manera de sobrellevar la enfermedad. La pérdida del vigor físico no Ie impidió volar alto. Asumió su grave enfermedad con santa paciencia y mucha resignación cristiana. No le hemos oído ni una sola queja desmedida, ni hemos visto en el gesto alguno que demostrara mal humor o falta de conformidad con su situación. Al contrario, su presencia en la enfermería durante estos años ha iluminado las estancia de la casa.

Gracias sean dadas a Dios porque el P Macario ha partido de este mundo, después de una larga vida, con las manos llenas de buenos frutos sazonados por las abundantes gracias v favores de Dios.

J.I. F. de Mendoza

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