(1628-1629)
36. Viendo al objeto de la alegría eterna de todo el universo, lleno de tristeza, me ha parecido que la causa de esa tristeza no está en El sino en el amor por mí, no sólo en los tormentos que había de sufrir; sino que su amor, conociendo mis olvidos e ingratitudes, se dolía de ellos; esto debe servirme de motivo para animarme a su santo servicio y honrar tanto como me sea posible esa santa dolorosa tristeza mediante los pequeños servicios que pueda tributarle y en especial por una práctica más fiel de mi reglamento, puesto que todo lo que le ofende es desorden.
37. Si no quiero adormecerme toda mi vida en el sopor de mi pereza, tengo que manifestárselo amorosamente a Jesús con la confianza de que me sacará de él cuando yo esté en disposición de dejarle operar en mí, que será cuando, como muerta, no opere yo como por mí, sino que, reconociendo mi impotencia, me ponga en entera dependencia de Dios, quien, con toda seguridad, me llamará a salir de toda agitación que me tiene alejada de El, para acercarme a Sí.







