Luisa de Marillac, Pensamiento 005: Oblación a la Virgen

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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(hacia 1626)

13. Santísima Virgen, dígnate tomar a mi hijo y a mi bajo tu protección y ten como grata la elección que de esa protección hago para servirme de guía; recibe mis votos y súplicas, junto con mi corazón que te entrego por entero, para glorificar a Dios por la elección que su bondad hizo de ti para ser Madre de su Hijo, por el cual tu Concepción fue Inmaculada en previsión del mérito de su muerte. ¡Que tu nacimiento sea bendecido en la memoria de los hombres; tu vida pura y santa al servicio del templo, sirva de ejemplo a las vírgenes que tienen la dicha de imitar el voto jamás marchitado de tu virginidad! ¡Y que las personas unidas por voluntad de Dios en el santo matrimonio, honren el tuyo purísimo con la sumisión, dependencia, confianza en la Providencia de Dios, imitando el inagotable abismo de las virtudes que tu santa alma practicó durante el tiempo en que te estuvo sujeto tu Hijo Jesús, por medio de la gran humildad que constantemente te ponía ante la vista todo lo que Dios hacia en ti y lo que tú eras en El! ¡Que las viudas aprendan de ti lo que Dios pide de ellas, para honrar en la práctica y con el ejemplo la dulce serenidad de tu alma en los sufrimientos y la muerte de tu Hijo, y el desprendimiento de todas las cosas quedándote en la tierra, después de su Ascensión, por el puro amor que tenías a Dios y de la salvación de las almas, por la cual trabajaste el resto de tus días, a imitación perfecta del espíritu de Jesús, mi Salvador!.

14. Permíteme, Santísima Virgen, aunque pecadora e indigna de ello que me una a tus méritos, para que pueda glorificar a Dios por la gloria que El recibirá de ti en el gozo de la plenitud de la Divinidad que tiene tu santa alma, habiéndote dado El mismo capacidad extraordinaria para ello. ¡Qué dichoso fue tu amado Corazón, lleno de amor, que causó la muerte a tu santo cuerpo, colmado de méritos por los padecimientos interiores de su alma! ¡Sea eternamente gloriosa esa hermosa alma, elegida entre miles y millones por su adhesión a los designios de Dios! ¡Y sea glorioso sin fin ese sagrado cuerpo, unido a tan excelsa alma, por los testimonios de amor que ha de darle la Santísima Trinidad por toda la eternidad!

15. Soy toda tuya, Santísima Virgen, para ser más perfectamente de Dios. Y pues te pertenezco, enséñame a imitar tu santa vida, mediante el cumplimiento de lo que Dios quiere de mi. Con toda humildad reclamo tu ayuda; tú que conoces mi debilidad y ves mi corazón, dígnate suplir con tus súplicas lo que yo deje de hacer por mi impotencia y negligencia, y puesto que es de tu amado Hijo mi Redentor, de quien has recibido las heroicas virtudes que has practicado en este mundo, une el espíritu de mis acciones a su santa presencia, para gloria de su santo amor. ¡Que toda criatura honre tus grandezas, te mire como el medio seguro para ir a Dios y te ame con preferencia a cualquiera otra pura criatura, y que todas ellas te tributen la gloria que mereces como Hija muy amada del Padre, Madre del Hijo y digna Esposa del Espíritu Santo!

16. Ten compasión, Santísima Virgen, de todas las almas rescatadas por el Hijo de Dios y tuyo. Muestra a la Justicia divina los purísimos pechos que le han ofrecido la sangre derramada en la muerte de tu divino Hijo para nuestra Redención, a fin de que el mérito de ésta sea aplicado a todas las almas de los agonizantes para darles una completa conversión, y a nosotros, alcánzanos con tus súplicas todo aquello de que tenemos necesidad para glorificar a Dios eternamente en la Bienaventuranza esencial, y gozar también de la accidental que tu querida vista proporcionará a los bienaventurados.

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