Luisa de Marillac formadora de los laicos (IV)

Mitxel OlabuénagaLuisa de MarillacLeave a Comment

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3.2. FORMACIÓN EN CADENA: ACTIVIDAD EN LAS COFRADÍAS

Una de las primeras Caridades visitadas fue la de Saint Cloud. De la actividad realizada por Luisa tenemos la carta escri­ta por san Vicente el 19 de febrero de 1630. En ella leemos el siguiente párrafo: «Alabo a Dios de que tenga salud para las sesenta personas, por cuya salvación tiene que trabajar; pero le ruego me comunique exactamente si sus pulmones no se moles­tan de tanto hablar, ni su cabeza de tanta confusión y ruido«.

¿Qué hacía Luisa de Marillac en Saint-Cloud con esas sesen­ta personas seglares? Por el contexto de la carta vemos que pasa­ba muchas horas hablando, motivando, alentando… Unas veces explicaba el Catecismo empezando por el Credo, otras el Evan­gelio y la vida de Jesucristo y con frecuencia leía y comentaba el Reglamento para que las Señoras que formaban la Cofradía de la Caridad tuvieran claro que lo que hacían era para honrar a Jesu­cristo y continuar su misión entre los pobres. Esta era su tarea de formación. Insistía también en la mirada de fe con que debían servir a los pobres, recordando el texto del Evangelio de san Mateo, en el capítulo 25. «Lo que hicisteis con uno de los más necesitados, lo hicisteis conmigo».

Y de Saint-Cloud va a Villepreux y a Beauvais, donde había 18 Cofradías en pleno funcionamiento. De allí pasa a Montreuil, Pontoise, Villeneuve-Saint-Georges, Loisy-en Brie, Gournay-sur-Aronde, Asniéres y otras muchas poblaciones. Viaja siempre en diligencia y por caminos desconocidos para ella… Por la noche se detiene en posadas populares donde descubre la pro­miscuidad, las conversaciones atrevidas de los hombres, la pobreza del alojamiento y de los huéspedes, la ignorancia moral y religiosa de los campesinos… Con frecuencia le toca dormir en jergones de paja de maíz en habitaciones frías y destartaladas. Otras veces, cuando la distancia es corta, viajaba a caballo.

Al llegar al pueblo o ciudad, la mayoría de las veces es reci­bida por los miembros de la Cofradía con agrado. Durante su estancia reúne a las personas de la asociación, les alienta en su trabajo y reanima en el fervor. Si le parece necesario, reajusta el Reglamento, examina los libros de cuentas y de actas y per­cibe si el funcionamiento ha sido fiel o relajado… Visita a los enfermos personalmente, se reúne con las chicas pobres sin ins­trucción y se esfuerza por encontrarles una maestra. Su entu­siasmo es contagioso. Así nos lo cuentan los testimonios reco­gidos: «Una vez fue a un pueblo en el que todas las mujeres se sintieron tan consoladas de oírla que lo contaron a sus mari­dos, los cuales querían ir; les dijeron que los hombres no podían ir allí. Ellos fueron y se escondieron debajo de la cama y por todos los rincones de la habitación, y luego preguntaron si ella no confesaba”.

Una de sus preocupaciones era la de formar catequistas y maestras para enseñar a las niñas y jóvenes sin instrucción de las aldeas. De esta forma su labor de formación hacia cadena o red de transmisión de conocimientos y valores cristianos. Con este fin compuso el Catecismo.

3.3. ORGANIZADORA DE LA CARIDAD DE SAN NICOLÁS

A través de las cartas de san Vicente podemos conocer los detalles de esta Caridad en la que no interviene san Vicente, sino que es Luisa la que prepara el camino. Primero mediante una labor de motivación caritativa a las Señoras de la nobleza y bur­guesía dispuestas a comprometerse. Seguidamente la motivación del párroco a quien correspondía la erección y en tercer lugar también Luisa con la Srta. du Fay localizaron los pobres enfer­mos de la parroquia a quienes debían servir.

Por las cartas que san Vicente la escribe sabemos que la erec­ción tuvo lugar en febrero de 1630, probablemente al comienzo de la cuaresma. Hubo un Padre jesuita, cuyo nombre desconoce­mos, que colaboró mucho motivando a las señoras y a los vica­rios con sus predicaciones’. Después de la erección de la Cari­dad, Luisa sigue alentando, fomentando el fervor, alistando nuevos miembros y gracias a su tarea de formación y transmisión de convicciones, esta Caridad fue modélica para las demás parroquias de París. San Vicente la felicita por ello: «Señorita: Por lo que se refiere a su Caridad (la de San Nicolás) no puedo decirla cuánto ha sido mi consuelo. Ruego a Dios que bendiga su trabajo y que perpetúe esta obra santa’.

Después continúa san Vicente dándole algunos consejos prác­ticos que sabe van a ser bien acogidos. Él sabe que el Vicario quiere hacerse el tesorero y administrador y con toda prudencia la previene: «Determinar que guarde el dinero el Señor Vicario es cosa que conviene mucho evitar por la cantidad de inconve­nientes que surgirían… El medio más seguro es el que tiene Vd. en su mente«.

Se percibe que habían hablado y previsto la cuestión de la tesorería y administración. Ambos sabían y conocían por expe­riencia las dificultades ocasionadas y así lo expresa san Vicente al final de la carta: «La experiencia nos hacer ver que es abso­lutamente necesario que las mujeres no dependan en esto de los hombres, sobre todo por la bolsa».

La presidenta de la Caridad de San Nicolás de Chardonet fue Luisa de Marillac. Era su parroquia y lógicamente fue elegida ella responsable de la misma, pues era quien la había puesto en marcha. Se siente hija de su parroquia y feligresa comprometida. Seguidamente impulsa la erección de la Cofradía de la Caridad en la parroquia de San Salvador en la que vivió desde 1613 hasta 1621. Luisa tenía autoridad moral y ascendiente como formadora de laicos. A pesar de su empeño y capacidad de motivación, en su Caridad de San Nicolás surgieron pronto los problemas con los turnos de la comida para los pobres. Luisa consulta a san Vicente qué hacer y éste responde enseguida: «Si ahora quita Vd. a cada una de las de la Caridad el cuidado de preparar la comida, nunca más las podrá volver a meter en ello; y preparar la comida en otra parte, si alguien lo hace por caridad de momento, eso no podrá durar más que algún tiempo, le costará mucho. Luego al poco tiempo las damas de la Caridad dirán que vaya a llevar la marmita la persona que la preparó y de esta forma su Caridad (la de San Nicolás) se vendrá abajo».

La vitalidad de la Cofradía de San Nicolás nos es conocida por la correspondencia entre Vicente y Luisa. El problema siem­pre es el mismo, ayer y hoy… Son muchos los enfermos pobres a quienes atender y pocas las personas comprometidas… Por eso enseguida se hace necesario ayudarse de algunas jóvenes asala­riadas por la Cofradía. Y san Vicente lo aprueba: «Me alegro del establecimiento de esas buenas mujeres».

Ella será la encargada de formarlas y orientarlas. El trabajo aumenta y san Vicente anima a Luisa: «¡He ahí pocas obreras para tanta tarea!… Pues bien, Nuestro Señor trabajará con Vds. La propuesta de alimentar a los enfermos cada una su día a su costa, me parece bien y así se hace en otras partes hasta el día de la erección de la Cofradía”.

San Vicente sabe y conoce las penurias económicas que pasan y ayuda económicamente: «Sería muy conveniente que aplicase ofrendas en beneficio de esas pobres gentes. Y veo que son Vds. buenas administradoras, ya que sólo gastan alrededor de medio escudo… Ya tiene cinco mujeres. Ruego a Dios que les envíe más. Respecto a los medios, Dios proveerá».

En la primavera de 1630 Luisa tiene ya cinco mujeres al ser­vicio de los pobres de las Caridades de París: San Nicolás de Chardonet y San Salvador. Ella las forma, las guía, orienta, super­visa su tarea y paga su trabajo con el dinero de la Cofradía. Entre­tanto ella y la señorita du Fay pueden continuar su trabajo misio­nero visitando las Caridades de pueblos y aldeas. En abril de 1630 se incorpora a los viajes misioneros la señorita du Fresne. Así Luisa ve ensanchar su red de caridad de día en día… La parro­quia de San Sulpicio al ver el bien que hacen las Cofradías de San Nicolás y San Salvador pide también que se implante en ella la Cofradía de la Caridad.

¿Pudo contribuir a esta expansión el renombre del apellido Marillac en la política y en los círculos de espiritualidad, sobre todo, por la acción de Miguel de Marillac?… Es muy probable, pero ello no disminuye ni atenúa la responsabilidad, el valor y la entrega de Luisa a la formación de las Caridades. Simplemente puede ser una circunstancia favorable. Sin duda que el apellido Marillac ligado a la nobleza y al partido devoto, así corno a los círculos de espiritualidad carmelitanos abrieron las puertas a su influencia sobre las damas de la nobleza y la burguesía, y proba­blemente fue ocasión de buena acogida de sus propuestas carita­tivas por parte de párrocos y vicarios de la capital parisina. Pero el hecho no resta para nada valor humano y evangélico a sus ini­ciativas de apóstol de la caridad.

  1. OFERTA DE UNA ESPIRITUALIDAD EVANGÉLICA FIRME

Luisa de Marillac es una mujer espiritual de profunda vida interior que irradia a su alrededor la experiencia de Dios que vive y cultiva de forma habitual. Lo pone de manifiesto en su Reglamento de vida en el mundo y en los informes o escritos de su diario espiritual. Ella misma nos cuenta su experiencia mís­tica durante la visita a la Caridad de Asniéres: «A lo largo de todo el viaje me parecía obrar sin ninguna intervención de mi misma, con gran consuelo de que Dios quisiese que, aunque indigna, ayudara a mi prójimo a conocerle«. Y en el mismo informe narra su experiencia de desposorio místico al que ya se ha aludido. Es la experiencia de la que habla santa Teresa de Jesús en la sexta morada de su Castillo interior. Esta unión extraordinaria con Dios envuelve su piedad y se proyecta en la misión.

Mª Ángeles Infante

CEME 2010

 

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