Hija de la Caridad sierva de los Pobres, en Montreuil1
Hoy viernes, 3 de septiembre (1649)
Mi querida Hermana:
Llegué el sábado2 a Liancourt donde encontré sus apreciadas noticias; alabo a Dios con todo mi corazón por la salud que ha concedido a la señora Princesa de Harcourt,3 y le ruego sea para su mayor gloria y santificación de tan hermosa alma, para que sea verdaderamente la heredera de las virtudes de sus padres. Me hubiera visto tan apurada como usted, querida Hermana, si me hubiera hallado en su lugar, y creo que el mandato absoluto que se le hizo habrá borrado la falta, si falta hay. Hablaré de ello al señor Vicente, a mi regreso, si Dios quiere, y así el parecer que nos dé nos servirá en adelante. Tengo mayor deseo que nunca de poder contribuir al bien empezado en el hospital; habrá que esperar y ver lo que Dios nos pide, a través de la decisión de los Superiores, y entre tanto, permanecer en paz.
La jovencilla Ana Varon4 no nos ofrece mucha esperanza de que vaya a ser apta para la Compañía; en el caso de que sea necesario sacarla de aquí, vaya usted viendo si no sería mejor devolverla ahí que colocarla a servir en París, donde hay cada vez más muchachas que se pierden. De todas maneras, haremos todavía por ella lo que podamos.
Haga el favor de saludar de mi parte a la buena Madre,5 a Sor María6 y a toda la Comunidad. En nombre de Dios, queridas Hermanas, les ruego que en medio de los aplausos y satisfacción que causan ustedes en ese lugar, no olviden la fidelidad que deben a Dios y el cuidado que deben poner en trabajar en su perfección, haciendo todas sus acciones con pureza de intención y deseo de seguir los ejemplos de Jesús Crucificado, en cuyo amor soy, queridas Hermanas, su obediente y muy humilde servidora.
P.D. Hagan el favor de saludar de mi parte a la señorita de Mounille7 y asegúrenle me tiene a su disposición.







