Chars
Hoy 31 de enero (1648)
Mi querida Hermana:
Alabo a Dios con todo mi corazón por su mejor salud y por la buena armonía, de lo que nunca he dudado, conociendo a su buena Sor Marta. Y bien, tiene usted motivo de humillación por no tener trabajo, o al menos tan poco; compénselo con muchas prácticas de virtud y sobre todo con la observancia exacta de sus reglas, porque ya sabe usted, querida hermana, que Dios le pedirá cuenta del tiempo que para ello le concede. Créame, no tenga en cuenta todos los pequeños obstáculos que querían oponerse a ello. Pronto se le pasará el tiempo de trabajar, dada la edad que tiene usted, y entonces le pesará; además, estando usted con una Hermana joven, tiene la obligación de servirle de ejemplo. Saludo con todo afecto a esa querida Hermana y le ruego que la vista de los achaques de usted le sirva de estímulo para trabajar en su perfección mientras es joven.
Hablando al señor Vicente de que escribe usted a la señora Marquesa,1 me ha encargado mucho le diga, querida hermana, que no debe usted, y no sólo usted sino todas las demás Hermanas, escribir a nadie sin mandarnos las cartas abiertas y para demostrarle a usted, querida hermana, que esta forma de escribir es ya una práctica entre nosotras, aquí tiene la carta de Sor Bárbara que así lo ha hecho; así lo hacen nuestras Hermanas de Nantes o de Angers, a pesar de que están tan alejadas de aquí. Achaco esta falta que ha cometido usted desde que está en Chars al fallo de no habérselo advertido.
No me dice usted si tienen trabajo en la ciudad. Recuerde esa práctica nuestra de que debemos trabajar para ganarnos la vida.
Desde hace poco hemos mandado Hermanas cerca de Melun. ¡Si viera cómo trabajan! Dios no nos ha librado de la sujeción de tener que ganarnos el pan para nuestra comodidad y nuestro descanso sino para que trabajemos con mayor intensidad en imitar a su Hijo.
Creo que nuestras hermanas le envían lo que ha pedido usted, excepto el forro porque nos cuesta encontrarlo para aquí; puede usted comprar algo que pueda servirle.
Ruego a la bondad de Dios le conceda las gracias de que tiene necesidad para practicar las virtudes que desea, y soy en su santo amor, querida hermana, su muy obediente y afectísima hermana y servidora.







