Hija de la Caridad Sierva de los pobres en el hospital de Nantes
Hoy, 30 de julio de (1647)
Muy querida Hermana:
Parece que el señor Lamberto tarda mucho en llegar a Nantes1 suplico a nuestro buen Dios que esté ya ahí y que su caridad despache pronto nuestros asuntos, sin precipitar nada. Le ruego a usted que lea con frecuencia sus avisos y sobre todo que esté atenta para que su espíritu no se deje prevenir dando crédito de inmediato a las cosas que le refieran, o adelantando un juicio sobre lo que le parezca ver y oír. Si así lo hace, espero de la bondad de Dios que todo marchará bien. Le ruego presente mis excusas a nuestras Hermanas por no escribirlas, especialmente a Sor Catalina2 que me ha escrito; por favor, asegúrele que soy siempre la misma tal y como me ha visto para con ella y que la amistad que Dios me ha dado hacia ella no ha disminuido. Nuestras Hermanas de Montreuil3 están haciendo maravillas por la gracia de Dios. El señor Conde4 está bien de salud y nunca ha tenido mayor consuelo que el de saber que su hija está en nuestra Compañía.5 Puede que si yo le dijera (a esta señora) todo lo que nuestra Hermana me encarga le diga, podría pensar que eran cosas mías, ya que por lo que veo no es muy observante y ha escrito sin yo saberlo y sirviéndose de otro conducto que el nuestro. Dígale, por favor, Hermana, que no puedo menos de temer por ella. Salude a todas las demás Hermanas y dígales que espero me concederá Dios fuerzas suficientes para escribirlas tan pronto como sepa que se hallan en el estado en que su bondad las quiere. Salude también a esos señores pidiéndoles me disculpen, ya que no habiendo sabido nada nuevo temo hacerme importuna.
Es verdad que me he tomado la libertad de hacer algunas comidas en los monasterios de las Hijas de Santa María cuando he pasado por alguno; pero, querida Hermana, hay que tener cuidado de que tal cosa no pase a hacerse una costumbre; mis achaques y lo que me cuesta andar hacen que a veces cometa faltas en las que, querida Hermana, no tiene usted que caer ni nuestras Hermanas tampoco. Por eso, bueno será que en sus conversaciones y recreos les advierta de ello a todas las Hermanas. Fue el señor Vicente el que me lo hizo notar cuando, al enviar su Caridad a una Hermana a Fontainebleau,6 le dije yo la libertad que otras Hermanas habían tomado en ocasión semejante al pasar por Melun. Y de su fluxión,¿cómo está usted, querida Hermana? Nos tiene preocupados y le ruego me dé noticias supongo habrá recibido otra carta mía en que se las pedía también.
Salude a la señorita de La Carisiere y a la señorita de Belestre7 y asegúreles mi afecto y deseo de servirles. He hablado al señor Vicente del estado de sus asuntos, pero puede usted decirle los muchos negocios y ocupaciones que tiene su caridad y cómo ha tomado la decisión de no intervenir en otros asuntos que los de la Iglesia. Presente también mis respetuosos saludos al señor Lamberto y a los señores Capellanes; al enfermito puede decirle que he enviado su carta; pero que todavía no he recibido contestación. Si quiere escribir otra vez, puede que al fin la tengamos. Dé mis recuerdos a esas buenas mujeres del hospital y encomiéndeme a sus oraciones; sería para mí un gran consuelo si pudiese una vez más tener la dicha de verlas. Bien, querida Hermana, no me queda tiempo más que para asegurarle que todo marcha bien, a Dios gracias y que soy en el amor de Jesús Crucificado, mi querida Hermana, su muy obediente Hermana y afectísima servidora.
P D. No me da tiempo para acabar la receta de la señorita de La Carisiere; será para el primer correo.
- Hacía varios días que el señor Lamberto estaba en Nantes.
- Catalina Bagard (ver C. 84, n. 4).
- Ana Hardemont y María Lullen habían marchado a Montreuil el 26 de junio.
- El Conde de Lannoy, fundador de Montreuil (ver C. 71).
- Antonia Larcher (ver C. 202, n. 5).
- Bárbara Angiboust, enviada a Fontainebleau en agosto de 1646
- Señoras de Nantes que habían intervenido en el establecimiento de las Hijas de la Caridad en dicha ciudad.







