Luisa de Marillac, Carta 0207: A mi querida Sor Juana Lepintre

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

CREDITS
Author: Luisa de Marillac .
Estimated Reading Time:

Sierva de los Pobres Enfermos

Nantes

(10 de julio de 1647)

Mi querida Hermana:

Ayer recibimos noticias de que Sor Isabel1 ha ido a Angers, y el señor Vicente me ha ordenado le diga que permanezca allí hasta que reciba órdenes nuestras; por eso, querida Hermana, no tendrá usted más que despachar pronto el otro asunto2 cuando el señor Lamberto llegue a Nantes. Puede usted proponerle para que acompañe a la otra3 a Sor Enriqueta4 o a Sor Claudia,5 y en caso de que no le parezca bien servirse de la una o la otra, proponga, por favor, al señor Lamberto si no sería conveniente llamar a Nantes para ello a Sor Turgis, rogándole lo haga inmediatamente, diciéndole que es el señor Vicente quien ordena hacerle esta proposición; pero que, por favor, no se marche de Nantes mientras esa Hermana no haya salido de ahí por lo menos dos días antes que él y que de ningún modo pase ella por Angers.

¡Dios mío, querida Hermana! ¡Cuánta necesidad tiene usted de su gracia para llevar a cabo lo que Dios le ha encomendado! Pero no haga nada sin el parecer del señor Lamberto y del señor de Joncheres,6 y fuera de ellos, no se comunique con nadie, a no ser con la buena señorita de la Carisiere7 para explicarle que tanto el señor Lamberto como usted no harían nada sino por orden del señor Vicente, a quien de ningún modo se atreverían a desobedecer, y que indudablemente, si ella contribuye a que los Padres acepten y aprueben el traslado que ustedes se ven obligados a hacer, tiene usted la seguridad de que Dios otorgará nuevas bendiciones a esa santa obra y a sus trabajos.

Aquí tiene unas píldoras que le mando para ella y la receta para hacerlas; si le parece que puede usted necesitarlas, quédese con algunas, pero ya sabe que el mejor uso que se puede hacer de las medicinas es servirse raras veces de ellas. Diga usted a esa buena señorita el bien que hacen y que sirven para verse libre de la gran sujeción a que la reducen todos los días sus enfermedades.

Asegure a todas nuestras Hermanas, en general y a cada una en particular el afecto que les tengo y dígales que todas esas revueltas y murmuraciones me hacen esperar un gran bien cuando sea del agrado de la bondad de Dios hacerlas cesar: lo ordinario en el diablo es oponerse siempre a las mejores acciones. Les recomiendo el servicio a los enfermos rogándoles pongan en él mucho esmero; me han dicho que hace poco se había muerto una muchacha sin asistencia8 y que había ocurrido así porque varias de las Hermanas estaban por la ciudad; si es verdad, mucho me sorprende porque no tienen que salir. Dios mío, Hermanas, ¡cuántos motivos tenemos para humillarnos al ver que somos objeto de las habladurías y desprecio de todos los habitantes de Nantes, que nos habían llamado para remediar los desórdenes en la casa de Dios, y nosotras la profanamos en tal grado en la opinión de los hombres; todo ello por apego a nuestra propia satisfacción y gusto! Yo quisiera poder hacer penitencia, y le aseguro que siempre que oigo a la gente hablar bien de nuestra Compañía, me sonrojo de vergüenza al pensar en el desorden de Nantes. Suplico a la bondad de Dios ponga el remedio que a su bondad le parezca necesario y soy en su santísimo amor, querida Hermana, su muy humilde servidora v afectísima hermana

P.D. No diga que he escrito a Sor Isabel que no regrese en seguida. Haga saber a las Hermanas que la gente de Nantes murmura de ellas más de lo que se pueden imaginar y por cosas de importancia; pero que es el Maligno el que hace esos juegos, y no saldrá victorioso si ellas se apiñan y unen entre sí en torno a la Cruz, como los polluelos bajo las alas de su madre cuando les amenaza la lechuza.

Salude de nuestra parte al señor Lamberto.

  1. Sor Isabel Martín, (ver C. 27 n. 1).
  2. Habla de hacer marchar a Sor Catalina Bagard, una de las responsables de que se hubieran formado partidos o banderías en la comunidad
  3. Catalina Bagard (ver C. 84, n. 4).
  4. Enriqueta Gesseaume (ver C. 86, n. 1).
  5. Claudia Carré (ver C. 561 n. 5).
  6. Señor de Joncheres, consejero de las Hermanas (ver C. 161, n. 3).
  7. Señora de Nantes
  8. Una carta de Sor Margarita de Noret a la señorita, con fecha 18 de marzo, le comunica tal incidente (Ver Anales 1979, 477-478).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *