Sierva de los Pobres Enfermos
Nantes
(10 de julio de 1647)
Mi querida Hermana:
Ayer recibimos noticias de que Sor Isabel1 ha ido a Angers, y el señor Vicente me ha ordenado le diga que permanezca allí hasta que reciba órdenes nuestras; por eso, querida Hermana, no tendrá usted más que despachar pronto el otro asunto2 cuando el señor Lamberto llegue a Nantes. Puede usted proponerle para que acompañe a la otra3 a Sor Enriqueta4 o a Sor Claudia,5 y en caso de que no le parezca bien servirse de la una o la otra, proponga, por favor, al señor Lamberto si no sería conveniente llamar a Nantes para ello a Sor Turgis, rogándole lo haga inmediatamente, diciéndole que es el señor Vicente quien ordena hacerle esta proposición; pero que, por favor, no se marche de Nantes mientras esa Hermana no haya salido de ahí por lo menos dos días antes que él y que de ningún modo pase ella por Angers.
¡Dios mío, querida Hermana! ¡Cuánta necesidad tiene usted de su gracia para llevar a cabo lo que Dios le ha encomendado! Pero no haga nada sin el parecer del señor Lamberto y del señor de Joncheres,6 y fuera de ellos, no se comunique con nadie, a no ser con la buena señorita de la Carisiere7 para explicarle que tanto el señor Lamberto como usted no harían nada sino por orden del señor Vicente, a quien de ningún modo se atreverían a desobedecer, y que indudablemente, si ella contribuye a que los Padres acepten y aprueben el traslado que ustedes se ven obligados a hacer, tiene usted la seguridad de que Dios otorgará nuevas bendiciones a esa santa obra y a sus trabajos.
Aquí tiene unas píldoras que le mando para ella y la receta para hacerlas; si le parece que puede usted necesitarlas, quédese con algunas, pero ya sabe que el mejor uso que se puede hacer de las medicinas es servirse raras veces de ellas. Diga usted a esa buena señorita el bien que hacen y que sirven para verse libre de la gran sujeción a que la reducen todos los días sus enfermedades.
Asegure a todas nuestras Hermanas, en general y a cada una en particular el afecto que les tengo y dígales que todas esas revueltas y murmuraciones me hacen esperar un gran bien cuando sea del agrado de la bondad de Dios hacerlas cesar: lo ordinario en el diablo es oponerse siempre a las mejores acciones. Les recomiendo el servicio a los enfermos rogándoles pongan en él mucho esmero; me han dicho que hace poco se había muerto una muchacha sin asistencia8 y que había ocurrido así porque varias de las Hermanas estaban por la ciudad; si es verdad, mucho me sorprende porque no tienen que salir. Dios mío, Hermanas, ¡cuántos motivos tenemos para humillarnos al ver que somos objeto de las habladurías y desprecio de todos los habitantes de Nantes, que nos habían llamado para remediar los desórdenes en la casa de Dios, y nosotras la profanamos en tal grado en la opinión de los hombres; todo ello por apego a nuestra propia satisfacción y gusto! Yo quisiera poder hacer penitencia, y le aseguro que siempre que oigo a la gente hablar bien de nuestra Compañía, me sonrojo de vergüenza al pensar en el desorden de Nantes. Suplico a la bondad de Dios ponga el remedio que a su bondad le parezca necesario y soy en su santísimo amor, querida Hermana, su muy humilde servidora v afectísima hermana
P.D. No diga que he escrito a Sor Isabel que no regrese en seguida. Haga saber a las Hermanas que la gente de Nantes murmura de ellas más de lo que se pueden imaginar y por cosas de importancia; pero que es el Maligno el que hace esos juegos, y no saldrá victorioso si ellas se apiñan y unen entre sí en torno a la Cruz, como los polluelos bajo las alas de su madre cuando les amenaza la lechuza.
Salude de nuestra parte al señor Lamberto.
- Sor Isabel Martín, (ver C. 27 n. 1).
- Habla de hacer marchar a Sor Catalina Bagard, una de las responsables de que se hubieran formado partidos o banderías en la comunidad
- Catalina Bagard (ver C. 84, n. 4).
- Enriqueta Gesseaume (ver C. 86, n. 1).
- Claudia Carré (ver C. 561 n. 5).
- Señor de Joncheres, consejero de las Hermanas (ver C. 161, n. 3).
- Señora de Nantes
- Una carta de Sor Margarita de Noret a la señorita, con fecha 18 de marzo, le comunica tal incidente (Ver Anales 1979, 477-478).







