(Richelieu)
Desde el barco, cerca de Tours
Hoy, 30 de julio (1646)1
Señor:
No sabía yo el porqué del retraso en enviar una Hermana a Richelieu; pero la Providencia nos ha hecho ver que tenía que ser Sor Turgis,2 en la que Dios permitió no pensáramos sino con el tiempo justo para llamarla a París. ¡Sea por ello bendito su santo nombre! ya que El tiene la bondad de suplir los fallos e imprudencias de su ruin criatura; envidio su dicha si tiene la suerte de encontrarle ahí.
Le ruego, señor, que le dé usted a conocer sus defectos, que yo creo son muchos3 y producen la falta de entendimiento que hay entre ellas; porque, bajo su apariencia de mansedumbre y caridad se esconde la búsqueda de su propia satisfacción y vana estima; pero no se da cuenta de ello, porque tiene deseos de ser perfecta. Quiera Dios que respondan a la pureza de su amor.
Si nuestra Sor Turgis logra acostumbrarse y toma a pecho la práctica de las reglas, espero que las faltas cometidas anteriormente por otras quedarán borradas, con la ayuda de la dirección de esos señores.4 Le ruego humildemente, señor, que haga usted la caridad a nuestras Hermanas de advertirles el respeto que les deben y la importancia que tiene el que no se familiaricen con ellos, pero sobre todo el aprecio que deben hacer de los consejos que tengan la bondad de darles.
Pienso también, señor, que será bueno advertirles que, en las ocasiones que tengan de hablar con alguno de los de la casa, no conviene que el consuelo que tales relaciones les produzcan impida en ellas la discreción y una gran modestia. He notado que otras han faltado mucho en esto y que es de gran importancia. Le agradezco muy humildemente, señor, todas las molestias y trabajos que se ha tomado por nuestras pobres Hermanas de Angers5 alabo a Dios por haberle dado a usted esa caridad y le suplico que !10 sea yo el hombre enemigo que vaya a sembrar cizaña en medio del buen grano sembrado por usted.
Nos ha dado usted motivos de gratitud por habernos enviado la conferencia sobre nuestra Hermana difunta.6 Ha venido a vernos el señor de Croisille y nos ha hecho observar la disposición admirable de la Providencia sobre la santificación de esta alma. El señor Lamberto nos ha enviado la copia de la instancia para el señor Arzobispo de París,7 en la que va incluido lo esencial de nuestros reglamentos; pero no es el completo que el señor Vicente nos dio después de habérnoslo explicado en una conferencia y que su caridad me prometió devolverme. En nombre de Dios, señor, le suplico no deje de hacerlo porque no tenemos otra copia. Creo que todavía no se ha hecho nada. Si tiene usted alguna observación que hacerme sobre nuestras Hermanas de Angers, podría, señor, dirigirme allí la carta por el conducto del señor Abad de Vaux o del señor Ratier, porque espero volver a pasar por Angers a mi regreso de Nantes a donde me dirijo acompañando seis Hermanas, y al pasar, tomaremos con nosotras a Sor Juana de Chinon8 dejando en su lugar a Sor Petra, de Sedan.
Ayúdenos, se lo ruego, con sus santos sacrificios y oraciones, y crea que todas sus hijas conservan un enternecido recuerdo de todas las caridades que han recibido de su bondad, y desean mucho su regreso, como yo también, en la sumisión que debemos a la Santísima Voluntad de Dios, en la que soy, señor, su muy obediente hija y humilde servidora.
- Luisa de Marillac va de camino para Nantes. Entrega la carta a Sor Turgis que se separa del grupo para dirigirse a Richelieu (ver C. 171 Relato del viaje a Nantes).
- Isabel Turgis (ver C. 11 n. 1).
- Luisa de Marillac se refiere aquí a una de las Hermanas presentes en Richelieu, ya Sor Ana, ya Sor Margarita. Véase C. 162.
- Los señores sacerdotes de la Misión de la casa de Richelieu.
- El señor Portail acaba de hacer la visita en Angers.
- La conferencia sobre las virtudes de María Despinal debió de celebrarse en presencia del señor Portail.
- Ver el texto de la instancia en SVP, Xlll, 557; Síg, X, 689.
- Luisa de Marillac debió de equivocarse, acerca del lugar de nacimiento de esta Hermana, porque Juana era de Loudun y no de Chinon. Llego a angers a fines del año 1644. Cayó enferma y no pudo marchar a Nantes como pensaba Luisa de Marillac En su lugar partió Claudia Brígida (ver C. 65 n. 1).







