Angers
Hoy, 11 de mayo de 1646
Señor:
Le suplico humildemente se tome la molestia de decirme cómo ha dejado usted a nuestras Hermanas1 y darme instrucciones sobre como hemos de ponernos en comunicación con ellas por carta, a causa de las dificultades que puedan sobrevenir entre ellas y las otras jóvenes.
También le suplico me diga, señor, cómo ha acordado usted enviar a esa buena joven del Hospital, tanto con los Administradores como con ella misma; si es sencillamente para ser una de las nuestras, pudiendo devolverla sin más condiciones que lo que hacemos con las demás.
¿Cuánto tiempo cree usted será necesario que dejemos allí a Sor Juana Lepintre?,2 ¿podremos abrigar esperanzas de que regrese usted dentro de este año? Háganos el favor, señor, en cualquier lugar donde se encuentre, de darnos de vez en cuando noticias suyas. Tengo que decirle en verdad que toda la Compañía siente mucho su ausencia, cada día la sentimos más.
¡Dios sea bendito en todas las cosas y su santa voluntad preferida a todo! Esperamos mucho de su valimiento con Dios. Todas nuestras Hermanas, sus queridas hijas, experimentan una gran alegría cuando oyen que se acuerda usted de ellas; todas le saludan afectuosamente asegurándole que piden a Dios por usted, y su Hermana Sirviente sería muy ingrata si dejara de hacerlo.
Me parece, señor, que la Hermana señorita María Gonain3 irá a verle para pedirle su reingreso. Por favor, no le dé usted esperanzas de ello, y hágale más bien entender que puede considerarse unida a la Compañía porque el servicio que presta a Dios en la persona de sus pobres le confiere esa asociación.
El señor Ratier4 ha escrito al señor Abad de Vaux diciéndole que hay tres o cuatro jóvenes que piden venir; bien sabe usted la falta que nos hacen, pero también la necesidad de que tengan todas las disposiciones requeridas. Le ruego las reciba o las rechace. Quizá aquella joven, de la que nos ha hablado el señor Tonnelier,5 sea una de esas cuatro que se presentan; le ruego, señor, que hable usted con ella en particular. Hay varias cosas que decirle con relación a las Hermanas; si le parece, hágalas comprender que no basta con estar dispuesta a ir a cualquier lugar, hay que estarlo también a querer permanecer allá donde la obediencia nos ha colocado hasta que esa misma obediencia nos saque de allí; haga el favor de darme noticias de cada una en particular. Los señores de Sor María Despinal6 siguen interesándose mucho por ella.
Espero que su caridad nos enviará tan pronto como pueda nuestro reglamento7 y las advertencias necesarias para ponerlo en práctica, con el fin de que las molestias que se ha tomado usted por nosotras produzcan el bien que se ha propuesto, como así lo espero con la ayuda de sus santos sacrificios y oraciones. Esto es lo que humildemente le pido por amor de Dios, en el que soy su muy obediente servidora.
- Las Hermanas enviadas a Le Mans.
- Juana Lepintre, responsable de la pequeña comunidad enviada a dicha fundación.
- María Gonain, que había salido de la Compañía por motivos de salud (ver C. 138, n. 2).
- Señor Ratier (ver C. 82 n. 2).
- Señor Tonnelier, confesor de las Hermanas de Angers.
- María Despinal, que se encontraba en Angers, enferma, (ver C. 147 n. 1).
- El Señor Portail se había llevado, para estudiarlo, el reglamento de las Hijas de la Caridad que había de ser sometido al Arzobispo de París para su aprobación (ver C. 158).







