Le Mans
(antes del 7 de marzo de 1646)1
Señor:
Agradezco a Dios le haya conservado en su viaje y le pido le continúe esta misma gracia hasta su regreso; si en éste encuentra algunas buenas jóvenes que le presenten sus sacerdotes, le ruego haga el favor de hacerlas comprender lo que es la Compañía y se dé usted cuenta de si son apropiadas para nosotras.
Por fin, Sor María2 nos ha dejado y se ha retirado, y Ana, la alta, de Richelieu, tan pronto como pudo sospechar que queríamos quitarla, se ha escapado; fue ayer, pero no sabemos dónde ha ido. Ya ve usted, señor, si tenemos necesidad de la asistencia de sus santas oraciones, especialmente yo, que soy causa de todos estos males de los que le ruego pida a Dios perdón por mí.
El señor Abad de Vaux me ha dicho que se vio con usted en uno de sus desplazamientos3; él hubiera deseado poder hablarle (con calma) de todas formas, no me ha dicho otra cosa que lo que yo le he dicho a usted, a no ser que todas nuestras Hermanas de Angers desean tácitamente venir por París. Le ruego, señor, que, antes de hablar con nuestras Hermanas, lo haga usted con el señor Ratier y el señor Tonnelier, que es confesor en Santa María. Este último, aunque no va con mucha frecuencia al hospital, creo sin embargo puede darle valiosos informes sobre ellas. Haga usted el favor de ver si entre las Hermanas hay alguna que pudiera quedar como Hermana Sirviente en lugar de nuestra Sor Magdalena4, bien, porque haya simplemente que cambiarla, bien porque sea necesario hacerla venir aquí a causa de la enfermedad que la amenaza. Pienso también, señor, que sería preciso dar algunos consejos a su confesor; temo que hasta ahora hayan fomentado en ellas la necesidad de comunicarse y que estén demasiado desasosegadas por hacerlo, convencidas de que tienen gran necesidad, y que tal pasatiempo les haga concebir el deseo de comunicarse con otros fuera de los que les han sido designados como directores; y esto las tiene muy inquietas.
En una carta que entregué a mi hijo para que la llevara a Angers, les decía que hacía poco se había nombrado a una Hermana para ayudarme dentro de la casa en la dirección de nuestros modestos asuntos, y que nuestras Hermanas acudían a ella más que a mí, viéndose desde entonces gran provecho entre ellas; creo es verdad, y por eso le ruego a usted, señor, si lo ve conveniente, que les diga algo sobre esto.
El señor Lamberto nos ha hecho la caridad de empezar hoy la explicación del catecismo; con la gracia de Dios, espero que esto nos haga mucho bien, máxime si tenemos la ayuda de sus oraciones, como todas nuestras Hermanas se lo piden humildemente a la vez que le saludan, así como yo que soy en el amor de Jesús Crucificado, señor, su muy obediente y humilde servidora.
- El P. Portail responde a esta carta el 18 de marzo de 1646. (Rc des pieces, p. 662). Desde el 7 de marzo Santa Luisa no sabe dónde está su hijo. (cfr. C. 142).
- María Gonain, postulante procedente de Angers (ver C. 138, n. 2).
- El señor Portail estaba pasando visitas a las casas de los Sacerdotes de la Misión y de las Hijas de la Caridad en la zona oeste de Francia.
- Magdalena Mongert (ver C. 42, n. 1).







