Diciembre de 1636
Señor:
La señora Beaufort1 me ha dicho que ahora es el momento más adecuado para tratar de establecer la Caridad en San Esteban y que el Sr. Cura Párroco lo desea mucho, y con tal motivo ha tenido por conveniente que ella y otra señora hiciesen una colecta en estas fiestas, como así lo han hecho. Le ruego humildemente, señor, se tome la molestia de decirme lo que debo hacer.
Yo había pensado, si a usted le parece bien, decirle que las señoras más deseosas de esta santa obra fuesen a ver al Sr. Cura y le dijeran que para empezar bien y perseverar necesitan que haya un buen número de personas que se asocien para este santo ejercicio, de clase alta y de mediana posición, para que las unas contribuyan con su dinero lo más que puedan y las otras se entreguen más especialmente a visitar, cada una en su día, a los pobres enfermos; y para que nadie se molestase, ya vería si era conveniente dividir la parroquia en dos sectores. Pero que para trabajar con fruto, sería ante todo necesario rogar a dicho Sr. Cura tuviese la bondad de encargar a un eclesiástico, buen conocedor de sus feligreses, un informe lo más completo posible, y después, mandar hacer en su iglesia una predicación con tal motivo, al final de la cual se podría reunir a todas las señoras, advirtiendo también en la Misa que todas las que, sin distinción de clases, quieran entrar en la Cofradía, podrán asistir a la Junta en la cual se propondrá el Reglamento que rige en otras Parroquias.
Le digo todo esto, señor, para ganar tiempo, porque hace tanto que estas buenas señoras tratan de animarse a esto, que creo hay que machacar el hierro mientras está candente; pero le ruego no dude en decirme cualquier cosa distinta de la que le propongo, porque usted sabe bien lo que conviene hacer.
Le agradezco humildemente, señor, su caridad: bien sabe Dios la necesidad que tenía de su ayuda, y para ello me ha proporcionado la dirección de una lechera que nos sirve hace tres días.
Estamos próximos al fin del año y mis deseos, si Dios me da vida para empezar el otro, son de hacerlo como es debido para su servicio. Pido a su caridad que me dé algunos consejos para ello: los pobres se contentan con poco, pero yo lo estimaré como mucho al venirme de la mano de Dios por medio de usted, de quien soy, señor, muy humilde hija y servidora.
P.D. Señor, todas sus hijas se toman la libertad de (encomendarse) a su caridad.







