(finales de diciembre 1625)1
¿No es muy razonable que yo sea toda de Dios después de haber estado tanto tiempo en el mundo? Le digo, pues, mi querido primo que lo deseo con todo mi corazón y en la manera que a él le plazca. Pero tengo grandes motivos para desconfiar de mí misma en la perseverancia en este santo deseo, a causa de los continuos impedimentos que se oponen a los designios que Dios tiene sobre mí. Ahora bien, mi querido padre, ayude, pues, a mi pobre alma, y con sus oraciones rompa estos lazos que me atan tan fuertemente a todo lo que no es Dios; y por su santo amor continúe las plegarias que me promete.







