Nació en Santa María de Horta de Aviñó, provincia de Barcelona y diócesis de Vich, el 4 de julio de 1869. Entró en la Congregación el 7 de septiembre de 1884. Gran parte de su vida la pasó en Méjico (Mérida de Yucatán, San Luis de Potosí), y transitoriamente en Matanzas (Cuba).
El año 1921 se pasó a la provincia de Barcelona, siendo destinado al Estudiantado, en la casa de Bellpuig, el 5 de septiembre, y después en la de Espluga de Francolí en junio de 1922. Finalmente, los Superiores le destinaron a la casa de Barcelona.
Desde los primeros días del Movimiento Salvador, o sea desde el 19 de julio de 1936, se refugió en casa de un sobrino suyo. Allí estuvo bien hasta el 28 de septiembre del mismo ario, en que, cerca de las ocho de la noche, tres faístas se querían apoderar de su persona, lo que hubieran hecho de no impedirlo su pariente. Este le salvó del atropello. Intervino la Policía, y, por orden del Gobernador Civil y para evitar ulteriores complicaciones, fue conducido directamente a la Cárcel Modelo.
Los sentimientos humanitarios del Director del establecimiento penitenciario suavizaron la estancia del P. Luis en la cárcel, ya que, mientras duró su reclusión, pudo recibir alimentos y visitas de sus deudos.
Pocos días antes del desenlace de su mortal enfermedad telefonearon a su sobrino el delicado estado de nuestro buen cohermario. Al visitarle sus parientes le encontraron con la cabeza muy hinchada a causa de aguda meningitis. Fue asistido espiritualmente por los PP. Civit y Solá, compañeros suyos de cautiverio. Posteriormente fue trasladado al Hospital Clínico, donde sobrevivió pocas horas. Murió el 29 de mayo de 1937, asistido hasta el último momento por Sor Luisa, Hija de la Caridad y sobrina suya, actualmente residente en Logroño.
Bien podemos aplicar a nuestro hermano de Congregación las palabras que el Espíritu Santo dijo del justo José: «… in vinculis (Deus) non dereliquit illum…». (Sap., 10, 14.)
Sus mortales restos recibieron sepultura en el cementerio de Sans.
El P. Berenguer fue profundamente piadoso; así que, dado el cargo que se le encomendó de Prefecto de la Iglesia, durante su permanencia en Barcelona, podemos pensar que se encontraba en su propio elemento. ¡Quién sabe si dirigiendo los rezos y las meditaciones, o bien administrando la Sagrada Comunión, llevó tantas almas a Dios como pudiera hacerlo predicando y confesando por villas y aldeas!







