II: CAMBIOS DE PERSPECTIVA EN LA TEOLOGIA Y LA ESPIRITUALIDAD ENTRE EL SIGLO XVII Y EL XX
Se podría escribir mucho sobre este tema. Voy a ofrecer solamente una descripción sucinta de algunos de los cambios de perspectiva que kan tenido lugar entre el siglo XVII y el XX.
Excepto por algunas citas de documentos de la Iglesia, no voy a (lar mucha documentación en relación a estos cambios, pues confío en que el lector, le agraden o no esos cambios, los reconocerá fácilmente como cambios en los modos de pensar que ya han tenido lugar o que están teniendo lugar en este momento. Se han escogido sólo aquellos cambios que tienen alguna influencia en la manera de ver hoy las cinco virtudes.
1. Un cambio de metodología en filosofía y teología
En estos dos temas se ha dado un cambio de énfasis de la manera clásica a un modo más histórico del pensamiento’. La mentalidad clásica es deductiva. Prefiere los principios universales y las conclusiones necesarias. Por ejemplo, a partir del dato de que Jesús es Dios, extrae conclusiones necesarias sobre su conocimiento del futuro. Durante siglos una cristología detallada «desde arriba» ha sido elaborada a través de una aplicación rigurosa del proceso deductivo. El método tiende a ser abstracto y a priori. Examina la naturaleza de las cosas y extrae conclusiones sobre casos particulares según correspondan o no a su naturaleza abstracta. Este método ha sido aplicado sistemáticamente a temas dogmáticos, morales o espirituales. El modo de pensamiento histórico pone el énfasis en las circunstancias cambiantes y en conclusiones contingentes. Procede a partir de datos concretos, usa un método empírico, destaca la importancia de la hermenéutica, y extrae conclusiones de sus fuentes de un modo inductivo. El método histórico ha producido numerosos cambios en cuestiones litúrgicas tales como la reforma del sacramento de la penitencia, la restauración de la comunión bajo ambas especies, la comunión en la mano, los ministros de la eucaristía, etc. Ha influido mucho también en el desarrollo de una cristología «desde abajo», la cuestión de la libertad religiosa, y la discusión actual de muchos temas de moral.
Una consecuencia importante de este cambio en metodología filosófica y teológica es que ahora el cambio es algo normalmente esperado. La gente está menos dispuesta a aceptar hoy verdades absolutas. Ponen en cuestión prohibiciones absolutas que antes se aceptaban con facilidad. Se insiste en que las diversas circunstancias hacen que ningún caso sea como otro. Otra consecuencia de este cambio de perspectivas ha sido un creciente pluralismo. Los pensadores de hoy reconocen el valor de las diferentes culturas, filosofías y teologías. El método inductivo prefiere la búsqueda de la verdad más que la posesión de la verdad. Un ejemplo claro de este aspecto en cuestiones de iglesia es el movimiento ecuménico.
2. Una creciente consciencia de interdependencia
En este tema la clave ha sido la comunicación. Cuando sucedía algo en la Europa del siglo XVII podía pasar un año antes de que la noticia llegara a las colonias de Norteamérica y Suramérica. Aún más, muchos habitantes de las colonias jamás se enteraron de ello. En el siglo XX nos enteramos de muchos sucesos en cualquier parte del inundo a los pocos segundos de que sucedan. Las luchas del Próximo Oriente tienen consecuencias en todo el mundo (p. ej., por la importancia que tiene para todos los países el petróleo). Cada vez hay una mayor consciencia de la interdependencia de todo el mundo.
Una consecuencia visible de este cambio de horizonte ha sido la perspectiva mundial en los escritos de Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Aunque aún se considera el patriotismo, por ejemplo, como una virtud, se ven sus formas exageradas como hostiles a la solidaridad mundial. Los documentos episcopales y papales insisten en la fraternidad universal. Las encíclicas sociales critican el abismo que crece entre las naciones ricas y pobres. Algunas voces críticas hacen notar que algunos son ricos porque otros son pobres.
Este cambio de perspectiva ha tenido profundas influencias en las comunidades religiosas. Los jóvenes sobre todo buscan formas nuevas de comunidad en las que haya verdadera comunicación. Rechazan las estructuras fijas que a veces impiden la comunicación aunque pretenden promoverla. Esperan que la responsabilidad sea compartida. Buscan formas comunales de oración que sean vivas y que no parezcan convencionales.
En la esfera secular y en la religiosa la comunidad mundial está cobrando una conciencia creciente acerca de las implicaciones del armamentismo. El comercio de armas sigue siendo uno de los elementos básicos de la economía mundial. A la vez, una serie de con-flictos locales (Irán/Irak, Israel/Líbano, Etiopía/Somalia, la invasión soviética de Afganistán, la invasión norteamericana de Panamá, los movimientos revolucionarios de América Central, la invasión iraquí de Kuwait, etc.) hace que la escena internacional sea muy volátil, junto con el peligro siempre presente de que estos conflictos puedan convertirse en una guerra total (tal como en el último caso). Los jóvenes viven la incertidumbre del futuro por la posibilidad de que suceda una aniquilación nuclear.
La Pastoral sobre la Paz de los obispos norteamericanos ha provocado un amplia serie de discusiones episcopales de todo el mundo. Ha habido también varios documentos papales sobre este tema.
3. Un mundo nuevo en el ejercicio de la autoridad
Ha habido un cambio del modelo monárquico de autoridad a un estilo colegial. El documento conciliar Lumen Gentium ha consagrado este cambio como doctrina oficial de la Iglesia.
El nuevo modelo produce expectativas nuevas: diálogo, preguntas, toma de decisiones participada, responsabilidad compartida. Este estilo destaca la idea de que la autoridad es para servir a la comunidad, y busca el dar una mayor fuerza al grupo y a cada individuo dentro de él.
Este cambio de perspectiva ha producido también la actual crisis de autoridad en la Iglesia así como una crisis de autoridad en la sociedad civil. Hoy se ha hecho muy común el discrepar de la enseñanza oficial de la Iglesia (por ej., en relación al control de la natalidad). El descontento civil es hoy una reacción inevitable a cualquier clase de gobierno que niegue a la población el poder expresar su opinión en relación a decisiones que afecten a su futuro (como se ha visto, por ejemplo, en los sorprendentes y rápidos cambios en la situación política de la Europa del Este, en los desórdenes de la Unión Soviética, y en la renovada opresión que se da en China).
4. La preferencia por una cristología y una eclesiología «desde abajo»
Este cambio de perspectiva tiene relación con los cambios primero y tercero que hemos visto arriba.
La explosión en investigación en escritura, lingüística, arqueología e historia en los siglos XIX y XX, así como el desarrollo de la hermenéutica han producido un conocimiento más profundo de las diferentes cristologías del Nuevo Testamento. Estas han sido agrupadas en dos grandes grupos de cristologías «desde arriba» (descendentes) y «desde abajo» (ascendentes).
Una cristología «desde abajo», diferente de las cristologías clásicas, se centra en los datos que se refieren a la humanidad de Jesús, aunque también afirma su divinidad. Destaca los datos de la escritura que revelan su debilidad, desconocimiento del futuro, su ignorancia sobre cosas que están fuera del radio de su experiencia, su ira, su profundo amor humano, sus sentimientos, sus emociones, etc.
La eclesiología «desde abajo» pone el énfasis en las comunidades de base, el papel del seglar, responsabilidad y toma de decisiones (impartidas, variedad de ministerios, la identificación de la Iglesia con los pobres y con sus luchas, etc. Muchos aspectos de este cambio de perspectiva aparecen en documentos oficiales de la Iglesia, tales como los de Medellín y Puebla.
5. Un cambio hacia una actitud más positiva hacia la creación y un menor énfasis sobre el pecado
La lucha contra el jansenismo influyó poderosamente en el pensamiento del siglo XVII. Los teólogos y los escritores espirituales, mientras combatían el jansenismo, sufrieron fuertes influencias de muchas de sus ideas, que estaban, por así decirlo, «en el aire que respiraban». Igual que el maniqueismo y el albigenismo, que fueron sus predecesores, el jansenismo tenía una visión muy negativa de la realidad creada. Era en exceso riguroso en su énfasis sobre el pecado. El siglo XX ha traído consigo una insistencia nueva acerca de la dignidad de la persona humana y de la bondad de la creación. Esto se ve sobre todo en Gaudium et Spes y los escritos de Juan Pablo
Los teólogos y los escritores espirituales muestran una actitud mucho más positiva hacia «lo humano». Se ve a la persona humana como el centro de la creación. Las cosas creadas son extensiones de su ser, y como modos para que celebre y participe en los dones de Dios.
El lado negativo de este cambio es que ha traído con él una pérdida cada vez mayor del sentido del pecado. En consecuencia, sobre todo entre los jóvenes, se da una menor conciencia de la necesidad de mortificación y penitencia. El siglo XX ha visto una creciente permisividad sexual en la vida social y un debilitamiento de las estructuras familiares. En algunos países uno de cada dos matrimonios terminan en divorcio. Hay un gran número de familias con un solo progenitor. En algunas ciudades más de la mitad de los niños nacen fuera del matrimonio. La familia extensa con su red de relaciones íntimas apenas si se da ya. El aborto está muy extendido.
Las actitudes morales de comportamiento sexual han cambiado profundamente desde el siglo XVII. En muchas sociedades se acepta hoy el divorcio como una manera de anular el compromiso matrimonial. El control de la natalidad y las relaciones prematrimoniales son muy comunes, y se aceptan además como moralmente legítimos. Yendo más allá de un simple esfuerzo por eliminar los prejuicios contra los homosexuales, hoy se defiende con fuerza la legitimidad de la vida homosexual como una alternativa aceptable.
6. Un cambio de la «época de la Cristiandad» a la «era secular»
La «Cristiandad», en la que los valores religiosos y su práctica estaban reforzados por estructuras cívicas y sociales, ha ido desapareciendo poco a poco. La Iglesia y el Estado se separan cada vez más. Se desarrollan sociedades «post-cristianas» y «no-cristianas».
Simultáneamente la teología y la espiritualidad destacan un sentido positivo de lo secular. Las realidades seculares, por ser dones creados por Dios, tienen una autonomía y un valor propios. Pueden ser comprendidas en sí mismas. En el terreno ético, por ejemplo, lo que verdaderamente es humano es considerado como moralmente bueno. En consecuencia, lo que acrecienta la humanidad construye también del reino de Dios.
Este cambio de perspectiva ha producido de hecho un proceso de unificación en la perspectiva teológica, y ha arrumbado la visión «en dos planos» de la naturaleza y la gracia; ahora las ve como coincidentes en la realidad concreta. Evita así la ruptura entre la esfera religiosa y In secular, y también entre religión y moral.
Pero a la vez, negativamente, el siglo XX ha sido testigo de una amplia difusión del «secularismo» bajo la forma de filosofías y actitudes materialistas. El marxismo/comunismo llegó a dominar gran parte del mundo, aunque en este momento se encuentre en crisis. También el capitalismo ha tenido un impacto negativo por su exagerado énfasis del capital, de la productividad, y la acumulación de bienes materiales, y su falta de interés por la persona humana y su actividad trabajadora, el destino universal de los bienes, los derechos de los pobres, etc…
De un modo callado, pero sorprendente, ha habido también un traslado geográfico de la Iglesia del norte hacia el Sur, lejos ahora de lo que ha sido tradicionalmente el corazón geográfico de la «Cristiandad». Esto es lo que Walbert Buhlmann denomina «el advenimiento de la tercera Iglesia».
Hacia el año 2000 habrá 153 millones de católicos sólo en África. La mayor parte de los católicos vivirán en Iberoamérica, África y el Sureste asiático. La gente de estas naciones emergentes tienen cada día una conciencia más viva de los derechos humanos, la igualdad y la liberación. Esto aparece con evidencia en el documento de Puebla y en la lucha de las iglesias de Iberoamérica.
Como resultado de este cambio de perspectiva la vida eclesial ha sido fuertemente influenciada por las comunidades de base (así en el original). La reflexión moral se centra en la necesidad de liberar a los pueblos de las estructuras socio-económicas opresivas. Se pone mucho énfasis en el «pecado social» y las «estructuras de pecado».






