Fundación en el Hospital de Reus. Desde mediados del siglo dieciocho estaban establecidas en la industriosa ciudad de Reus los Hijos de San Vicente. No es pues extraño que, apenas se supo allí la salida de las Hermanas del Hospital de Barcelona, pensaran en establecer sus benéficos servicios en favor de los enfermos del hospital de Reus. Tan feliz idea fue prontamente secundada por su Ayuntamiento y en 13 de septiembre de 1792 «los Señores Administradores del piadoso establecimiento elevaron al Rey un memorial en el que manifestaban como «por sus cortas rentas, no podían tener sirvientes con competentes salarios para la debida asistencia de sus enfermos. Y esta falta produce la de que muchos repugnan ser llevados al Hospital, estimando más perecer en su casa en la mayor miseria… Y no encuentran medio más eficaz y propio que el establecimiento de las Hijas de la Caridad, para acreditar el concepto público que les ha granjeado la experiencia el gran cuidado con que se dedican al servicio de los enfermos».
La rapidez con que fue despachada favorablemente esta petición es una prueba de la simpatía que gozaba, en el Gobierno de la Nación, el Instituto de las Hijas de la Caridad, a quienes había conocido en París el Conde de Aranda y que fue el que refrendó, con fecha 16 de octubre, esta fundación de Reus. Nótese que en esa misma fecha se autorizó la de Barbastro.
En 12 de diciembre quedaron concluidas las bases entre el Ayuntamiento, los administradores del Hospital y el Superior de las Hermanas. Dicen así: «El magnífico Ayuntamiento y Señores Administradores del Santo Hospital de pobres enfermos de la presente Villa de Reus, de una parte, y las Señoras Hijas de la Caridad, y en su ausencia, por ellas, su comisionado el Rdo. Sr. Juan Viñes, Superior de la Casa Misión de la presente villa, que igualmente lo es del Rdo. Sr. Rafael Pi, Visitador General de las Casas de la Misión de S. Vicente de Paúl, de otra parte, queda convenido y acordado entre las partes los capítulos siguientes:
1°.- Que las dichas Señoras Hijas de la Caridad deberán seguir su Instituto, según prescribe su Santo Patriarca y Fundador S.Vicente de Paúl.
2°.- Que en lo que mira a dicho Instituto y gobierno espiritual estarán sujetas al Visitador de la Congregación en España y a sus Superiores…
4°.- Que dichos Señores Administradores se obligan a mantener a expensas del Hospital a tres de dichas Señoras Hijas, sean profesas o postulantes, hasta que se verifique que, por parte de los Señores Albaceas de la difunta Dña. Gerónima Sulliván y Clavería, se las entregue la Hacienda o masía de Porporas, que, en su testamento deja a dichas Señoras para su subsistencia, aunque se pasen uno dos o tres o más años…
5° – Que aumentarán el número de Hermanas, según las rentas…
9° – Que siempre y cuando las Señoras tengan suficiente número de ellas, sin perjuicio de los enfermos, para poner clases para la enseñanza pública a muchachas… quedarán obligadas a ponerlo en práctica».
La entrada de las Hermanas en el Hospital nos la dejó escrita D. Francisco Bofarull, insigne por sus letras y virtudes, y por los muchos beneficios que dispensó a aquella incipiente Comunidad.
«Llegaron las Hermanas, dice en sus Memorias del Hospital manuscritas, el día 24 de diciembre de 1792, al anochecer, acompañadas del Rvdo. Sr. Juan Viñes, Superior de esta Casa de Misión, la Señora Maseur Juana David, francesa y Sor Lucía Reventós, española, catalana, una como Superiora y la otra como segunda y maestra de novicias, llevando consigo la otra novicia Sor María Arenas, hija de Barcelona, cuyas tres Señoras Hijas se hospedaron en casa de D. Francisco Bofarull, Administrador de nuestro Santo Hospital de Reus, en donde estuvieron treinta y cinco días, mientras que en el dicho hospital, se les componía habitación, utensilios y provisiones para poder pasar allí con alguna decencia a servir a los pobres enfermos y a ejercer su santo Instituto como en efecto, se consiguió con el favor de Dios en la tarde del domingo de septuagésima, 27 de enero de 1793, día en que todo el pueblo manifestó un júbilo extraordinario, con una concurrencia mayor que se puede ver de la gente del pueblo y de bastantes forasteros, que acudieron a ver la entrada y procesión al santo hospital de las dichas tres Hijas de la Caridad, con el mayor lucimiento y gravedad, habiendo procurado adornar lo mejor que ha sido posible la Iglesia del Santo Hospital y con mucha iluminación, como asimismo las salas de los enfermos y la habitación que habían de ocupar las Señoras Hijas de la Caridad, cuya entrada y procesión fue de esta forma.
A las cuatro de la tarde en punto de dicho día, 27 de enero de 1793, en casa de D.Francisco Bofarull, las tres Señoras Hijas de la Caridad, acompañadas de la señora y señoritas de dicho D. Francisco y de su hermano D. José, con los Señores Administradores del Hospital, recibieron allí a la mayor parte de la Comunidad de Reverendos Prebendados y Capellanes con el Sr. Viñes y otros Señores de la Casa Misión y otros Sacerdotes del pueblo, con casi todos los demás de los señores principales y conocidos del pueblo, y juntos todos, a modo de procesión, precedidos de la Justicia, por guardia del tropel de la mucha gente, se salió de la casa de dicho D. Francisco, y, a la puerta principal de la Iglesia parroquial, dichas Señoras Hijas de la Caridad fueron recibidas por nuestro Rvdo. Párroco, el Sr. D. Juan Casas, que viéndolas postradas a sus pies, las dió la bendición y a besar su mano y, en seguida las acompañó delante del Altar Mayor, en donde tuvieron un rato de oración y rezaron algún salmo, mientras la música resonaba con la mayor armonía; y con todo el acompañamiento salieron en seguida las señoras de la Iglesia, tomando el camino del Hospital, con dos administradores al lado de cada una de ellas. Pero fue tanta la gente en la que con mucho trabajo pudimos llegar al santo Hospital, por más que la justicia y ice de guardia procurase apartarla. A la puerta mayor de dicho Hospital estaba todo el Ayuntamiento con el Bayle y escribanos… con un fuerte coro de música al lado de la Iglesia: y allí, a la puerta del Hospital recibió el Ayuntamiento a las Señoras Hijas de Caridad y junto con los Señores Administradores las condujeron a las salas de los olernos y demás, y en la principal sala de los hombres leyeron los escribanos el auto de posesión y demás documentos y contrata con el Real permiso de fundación, con la ceremonia é entregar D. Juan Clavería y D. Francisco Bofarull, Administradores, las llaves de la habitación de las dichas Señoras a la Superiora de ellas Sor Juana David y Sor Lucía. Y fenecida esta ceremonia, se acompañaron las Señoras abajo, a la Iglesia y arrodilladas delante del altar mayor, con velas en las manos, el Rvdo. Prior, revestido de preste, y, junto a ellas los Señores del Ayuntamiento y Administradores, entonó dicho párroco el Te-Deum, que siguió el coro de cantores y música con la mayor solemnidad; y acabado, fueron conducidas dichas Señoras a su habitación con las demás damas que las acompañaban desde casa de D. Francisco Bofarull y desde la iglesia parroquial, que fueron muchas de las principales del pueblo y allí todas fueron servidas de un magnífico y espléndido refresco que costeó el Ayuntamiento; y, fenecido éste, se despidieron y quedaron solas las Señoras Hijas de la Caridad, empezando su ministerio con dar de cenar a los pobres enfermos y demás de sus obligaciones, con edificación de todo el pueblo, que alababa a la Divina Providencia y sus inmensas bondades en favor de los pobres de Jesucristo y de todo el pueblo, por haberle bendecido y proveído de estas Señoras de tan santo y edificante Instituto; que sea para mayor gloria suya, amen.
Acabada esta fundación marchó el Magnífico Ayuntamiento con los Señores de la Administración y todo el acompañamiento a la casa del Común, en donde se sirvió a los hombres solamente un magnífico y abundante refresco, respecto que las Señoras damas habían ya refrescado en el hospital, en la habitación de las Señoras Hijas de la Caridad.
La mañana del día 28, hubo un oficio solemnísimo con música, que celebró el Rvdo. Párroco y Prior D. Juan Casas con otros principales Rvdos. de la Comunidad. Más tarde hubo música con un rosario cantado y muy solemne y con esto ha dado fin la función, que todo sea para mayor honra y gloria de Dios. Amen.
Pocos días después de tan solemne toma de posesión, llegaron a Reus dos nuevas Hermanas recién entradas, Sor Clara Colomer y Sor Francisca Casasas; «Han entrado vestidas, dice el Sr. Bofarull, a este santo hospital, hoy día 18 de febrero». Ambas habían sido probandas en el Hospital de Barcelona.
El 17 de julio de aquel año de 1793 fue una fecha de duelo para todas aquellas primeras Hijas de la Caridad españolas. La buena Sor Juana David, su primera Superiora entregó en ese día su alma a Dios en el Hospital de Reus. El Señor le concedió la gracia de ver establecidas ya en tres casas a las Hijas que le fueron confiadas, cuando vinieron a España. Fecunda semilla que el cielo había de bendecir. Sor Juana David nació en Perigueux el 4 de diciembre de 1724 y entró en la Congregación en 24 de septiembre 1750. En 1776 fue nombrada Ecónoma de la Casa Madre de París, y en 1789, Asistenta.
Referida queda su venida a España, en 1790, al frente de las Hijas de la Caridad españolas quienes se encargaron del Hospital General de Barcelona. En cambio de ella se quedó en Francia una de las españolas, Sor Antonia Andreu. Según las bases, su misión era únicamente el instalar aquí las Hermanas y volverse a su patria, pero los sucesos del Hospital de Santa Cruz y luego la supresión del Instituto en Francia por la revolución de 1792 la obligaron a quedarse entre nosotros. Había sido superiora de varios establecimientos y con práctica de diecisiete años de botánica o farmacia.
Cuando las Hermanas salieron de Barcelona y por orden del Capitán General se retiraron a sus casas, Sor David fue depositada decentemente en casa del Abogado D. Narciso Baró, hasta que pudiese volver a Francia, a costa de las rentas del Hospital, como estaba estipulado. No fue necesario, pues en 24 de diciembre de aquel mismo año 1792, fue nombrada superiora de las Hermanas que fueron al Hospital de Reus, del que tomaron posesión solemne en 27 de enero siguiente. Poco sobrevivió Juana, pues falleció en la fecha citada, a las cuatro de la mañana, después de una enfermedad de ocho días, de inflamación de sangre y recibidos todos los sacramentos con la mayor devoción y edificación de sus Hermanas. Al día siguiente, se celebró un solemne oficio en la Iglesia Parroquial, seguido de otro en la capilla del Hospital, donde fue enterrada cerca del púlpito, con intención de ponerla luego en otra sepultura más inmediata al altar mayor. Tenía 69 años de edad y 43 de vocación.
En 1794, «la Superiora y Comunidad de Hermanas de la casa Hospital de Reus» daban al público impresa en Barcelona la Vida de la Venerable Luisa de Marillac, escrita en francés por M. Gobillón y traducida al castellano, adicionada y dedicada a las Hijas de la Caridad españolas por D. Rafael de Llinás, Regidor perpetuo de la Ciudad de Barcelona. La traducción fue hecha en 1792.







