Colegio de Barbastro. La vuelta de las Hijas de las Hijas de la Caridad a España, después de siete años de formación en Francia, hizo renacer en Barbastro los antiguos deseos de verlas en la proyectada enseñanza de niñas, de que hablamos en el capítulo primero. Así vemos que, algunos meses después de su venida, el Juez Visitador diocesano de causas pías dictó decretos de 17 de junio y 30 de julio de 1790, urgiendo el cumplimiento de dicha fundación. Fácil hubiera sido ésta de no haber tenido tan adverso resultado la de Barcelona, pero dadas las circunstancias, imposible por entonces de conseguir.
Con fecha 2 de diciembre de 1791, el Sr. Obispo de Barbastro, que acababa de tomar posesión de la Diócesis, dio un decreto autorizando al Vicesuperior de la Casa Misión o Seminario para que, con parte de los productos de la fundación del Colegio, mientras esto no se lleve a cabo, se doten dos maestras seglares que cuiden de la enseñanza de las niñas y para que esto tenga su cumplimiento, mandamos al Superior o a quien toque, que forme un libro, en el cual anoten los fondos censos y demás efectos de la fundación, con expresión de sus circunstancias y fechas de las escrituras, con el nombre y el apellido del escribano que lo testificó; se continúe también el testamento, declaración y decretos con inclusión de éste; que, asimismo, se formen las cuentas con cargo y data de la administración hasta ahora y sucesivamente y que, hecho todo, se nos presente para lo que haya lugar.
El 29 de aquel mismo mes y año, diciembre de 1791, el P. Juan Maestro, vicerrector del seminario, puso en conocimiento del Ayuntamiento de Barbastro, que por retrasarse tanto la fundación de las Hijas de la Caridad y por haber fondos suficientes, se había añadido otra tercera maestra a las dos nombradas anteriormente. Pone como motivo de aquel retraso «el aumento de los fondos, a fin de poder enseñar a todas las niñas gratuitamente y quitar a las mismas maestras la molestia de pedir a los padres el gravamen de pagar, y a V. S. la ineludible molestia de asignar cuándo y quienes debían pagar, que es una de las condiciones que el referido D. José Durán dejó notadas en su instrucción.
En 23 de agosto de 1792 un nuevo decreto del Gobernador y Provisor del Obispado urgía el establecimiento de las Hijas de la Caridad. «Encargamos, decía, al Rvdo. Superior de la Congregación de S. Vicente de Paúl de esta Ciudad de Barbastro, Administrador de los trenes destinados para la fundación de las Hijas de la Caridad por el referido D. José Jiménez, canónigo de esta Santa Iglesia y demás, continúe practicando y cuide de que se practiquen con la posible viveza y actividad las correspondientes diligencias a fin de conseguir de la piedad de nuestro Soberano, Dios le guarde, su necesaria aprobación y facultad para erigir y fundar el expresado utilísimo Instituto de las Hijas de la Caridad en este pueblo. En el ínterin que se consiga, mandamos al mismo Rvdo. Superior, que, en atención a que, según estamos informados, han regresado ya de París las dos Hermanas de la Caridad que para abrazar este Instituto fueron destinadas a dicha Corte por la referida casa de S. Vicente Paúl de Barbastro y a sus expensas, como y para instruirse en las Reglas, oficios y ministerios propios del referido Instituto conforme a la piadosamente del mismo Patriarca S. Vicente, con el fin de que se estableciesen en este pueblo, las pase desde luego aviso, a fin de que cuanto antes se presenten en esta ciudad de Barbastro y venidas que sean, las dote competentemente del producto de los dichos bienes destinados a cargo de los mismos, habitación proporcionada para que cuantas niñas de este mismo pueblo quieran acudir, enseñen e instruyan gratuitamente, sin poder pedir cosa alguna por razón de dicha institución a los padres, deudos y otros cualquier a cuyo cuidado estén, en la doctrina cristiana y en las labores propias de su sexo; procurando asimismo imbuirlas en las máximas de la sana moral Y de sólida educación y crianza, a fin de que se vayan formando capaces de ser útiles a la sociedad y unas cabales madres de familia.
Y por cuanto no consideramos bastantes, a las dos insinuadas Hermanas de la Caridad, para llevar por sí solas la carga de dicha enseñanza, mandamos al dicho Superior dote igualmente del mismo fondo a otras dos mujeres en quienes concurran las circunstancias y calidades que se requieren para la sobredicha enseñanza. Y queremos que una de ellas sea Isabel Barón, maestra de cuya notoria idoneidad, buena conducta e instrucción ya nos consta; y que la cuarta, después de haber sido examinada en las labores por las tres dichas maestras se nos presente para examinarla». etc…
Y encargamos al referido Superior que dentro de dos meses nos dé parte del cumplimiento de este mi Decreto, el que no dudamos procurará llevar a efecto con la mayor brevedad y exactitud que sea posible.
En virtud de este mandato el P. Murillo no pudo menos de ordenar la venida de Sor María Blanc y de Sor Manuela Lecina, detenidas como se dijo en Lérida y retiradas interinamente en el Monasterio Sanjuanista de Sigena.
En el mes de septiembre llegaron a Barbastro. Es de suponer lo bien que allí serían recibidas después de diez años de esperarlas. Su presencia hizo renacer los más vivos deseos de verlas al frente de las escuelas de niñas y aún antes de haberse conseguido la Real licencia, comenzaron a ejercitar el ministerio de la enseñanza, uniéndose para ello con la antigua maestra Isabel Baron, con quien sin duda ambas Hermanas en su juventud se habían educado,
En 13 de septiembre de 1792 el P. Murillo elevó un memorial al Sr. Obispo de Barbastro, a fin de que se volviese a instar al Rey la licencia para la fundación de las Hijas de la Caridad, pues acababa de averiguarse que las anteriores representaciones e instancias hechas con tal fin se habían traspapelado en alguna oficina. Y a fin de dar ahora más fuerza a la petición, se elevaría también una solicitud de los cofrades de S. Julián, a cuyo cargo estaba el hospital de la Ciudad.
En octubre, el mismo P. Murillo comunicaba al Prelado haber ejecutado ya el mandato de «traer inmediatamente dos de las seis Hijas de la Caridad que regresaron de París, a donde con licencia del Rey, se enviaron para imponerse en el Instituto de Enfermeras y Maestras para dicha ciudad de Barbastro», y le enviaba adjunta carta de la Real licencia ya conseguida.
En noviembre salió de Barbastro Sor María Blanc con el P. Murillo, quien, nombrado Director para convenir los pactos de las nuevas fundaciones, como queda referido, volvió de Barcelona con las Hermanas necesarias. Fueron destinadas a la enseñanza de Barbastro Sor Cecilia Campos, Sor Narcisa Blanqué y Sor Tomasa Cabal, quienes bajo la dirección de Sor Manuela Lecina, nombrada Superiora y reunidas en la casa del Sr. Barelas comenzaron las tareas escolares en 8 de enero de 1793. Poco después se les unió Sor Basilia Lecina, hermana carnal de Sor Manuela, en calidad de postulante, pues su entrada en la Congregación no fue hasta 1797.
Mas viendo los Señores del Ayuntamiento, algunos años después, «que era corto el número de cuatro Hermanas para el crecido número de niñas que concurrían a sus escuelas, resolvieron, previa licencia del Supremo Consejo de Castilla, aumentar dos Hermanas más y «no siendo suficientes los bienes que dejó el Sr. Canónigo Jiménez para mantener las maestras ni su casa destinada para Colegio bastante capaz para la habitación y escuelas ni proporcionada para la concurrencia de niñas por estar en un extremo de la población, en el arrabal, hubo necesidad de acudir al Supremo Consejo de Castilla, quien accediendo a la súplica que se le hizo, señaló de los propios de la Ciudad la cantidad de cuarenta mil reales para la compra de una casa que reuniese las condiciones apetecidas y cuatro mil cuarenta y siete reales, cada año, del sobrante de dichos propios para la manutención de seis maestras.
En virtud de estas concesiones, a 16 de abril de 1799, se hizo la escritura de capitulación con expresión de los pactos y obligaciones por ambas partes, la que aprobó el Consejo Real, quedando la casa de Hijas de la Caridad de Barbastro bajo su inmediata protección, según decreto dado en Madrid a 9 de agosto de 1799. Estas escuelas fueron el primer centro de vocaciones, con que pudieron contar las Hermanas en España.







