La Provincia española de las Hijas de la Caridad (L)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

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Author: Pedro Vargas .
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LOGO HHCHistoriador tan liberal como Modesto Lafuente no puede menos de reconocer los beneficios del Gobierno Conservador que estaba en el poder desde 1843. «No puede negarse, dice, que había hecho mucho bien en el país; había organizado la administración, promulgado códigos, negociado un Concordato, establecido un sistema de Hacienda, dado leyes de contabilidad pública más racional y clara, reformado los aranceles en sentido más librecambista o menos restrictivo y arreglado la deuda.

En 1848, en medio de tantas revoluciones  como agitaron a Europa entera, España pudo salvarse del contagio, y hasta cierto punto, quedar en paz, merced a la energía de Narváez, a pesar de la guerra civil carlista, que se encendió de nuevo en Cataluña y de las gravísimas dificultades que nos suscitó y en que procuró hacernos caer el Gobierno inglés irritado.

Ningún exponente mejor del interés de este gobierno en pro de la beneficencia pública, que lo mucho que favoreció al Instituto de las Hijas de la Caridad, y muy especialmente a su Real Noviciado. Después de haberle concedido, según queda dicho, el terreno de Jesús, donde se pudiese edificar casa más adecuada, expidió otras varias Órdenes favorables, entre las cuales merece señalarse la que suprimió los capellanes externos que constituían una pesada carga para el Noviciado, sin beneficio alguno, pues eran los Misioneros, quienes desempeña­ban todas las obligaciones. Dice así:

«El Excmo. Sr. Ministro de Gobernación me dice con fecha 13 corriente lo que copio: «= Excmo. Sr.:Enterada la Reina (q.D.g.) del estado de crítico apuro en que se halla el Noviciado de las Hijas de la Caridad en esta Corte, según lo expuesto por el Director del expresado establecimiento, en comunicación del 9 de Diciembre último y otras anteriores, ha tenido a bien resolver: primero, que se supriman en el Noviciado referido, las dos plazas de capellanes dotados, que hoy existen, ingresando en el Estableci­miento, como aumento a los sesenta mil reales anuales que les están asignados, los quince mil cubiertos que aquellos disfrutan por sueldo fijo, recomendando a dichos eclesiásticos al Ministro de Gracia y Justicia para que se los tenga presentes, dándoles una colocación conveniente. Segundo: que proponga el Director los eclesiásticos que, sin sueldo alguno, se encarguen de la dirección y asistencia espiritual de las Hermanas. Tercero: que para lo sucesivo se obliguen a contribuir con una módica cantidad anual para sostener el Noviciado, los Establecimien­tos a quienes se concedan Hermanas. Cuarto: que para fijar dicha cantidad, informe lo conveniente el referido Director, teniendo en cuenta la índole de las Concesiones y el capítulo 22 de la Escritura de Fundación del mismo Noviciado. Quinto: Que atendida la poca capacidad del edificio que hoy ocupa y para redimirlo del censo anual de catorce mil ciento noventa reales que satisface, proponga también lo que conceptúe oportuno, respecto a la traslación a otro local, teniendo presente la concesión hecha por Real orden expedida por el Ministro de Hacienda, en 20 de noviembre de 1845 de la parte del edificio y huerta que fue del Convento de Jesús. Sexto: que, en conformidad a lo que previene el art. 19 de la expresada fundación, forme y remita el citado Director en los primeros días de enero de cada año el presupuesto de ingresos y gastos y que de la propia manera forme y remita también las cuentas anuales en el mes de diciembre, según lo dispuesto en el capítulo indicado. Y séptimo: que oportunamente se le prevendrán la forma y manera de cumplir con lo dispuesto en el párrafo anterior. = De Real orden lo digo a V.E. para su conocimiento y al Director del Establecimiento citado. Lo que comunico a V.S. para su cumplimiento y a fin de que, a la mayor brevedad posible me diga el nombre de los capellanes que existen en ese Noviciado para dar cumplimiento a la Real orden que precede.

      = Dios guarde a V.S. muchos años.

      = Madrid, 22 de Febrero de 1848.

      = Firma ilegible

      = Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad».

En conformidad con el párrafo tercero de esta Real orden apareció pocos meses después otra que decía:

«Ministerio de Gobernación del Reino = Dirección de Beneficencia = Circular núm. = Se dice a los Jefes Políticos lo que sigue: = La situación de crítico apuro en que se halla el Noviciado de la Congregación de San Vicente de Paúl, ha llamado muy particularmente la atención de Su Majestad. El extraordinario celo con que las Hijas de la Caridad se ocupan en bien de las clases necesitadas, cuidando al doliente y dando consuelos al desvalido, han hecho indispensable su existencia en multitud de establecimientos de Beneficencia que acuden solicitando sus servicios. Afortunadamente se acrece la vocación conforme se va haciendo más necesaria la Institución, y el Noviciado establecido en Madrid recibe con frecuencia considerable número de jóvenes, que no temen consagrarse a una vida llena de penalidades y desvelos para hacer más ostensible su caritativo celo en bien de la humanidad; pero, al tomar más extensión el Noviciado para satisfacer las exigencias  de los establecimientos benéficos, se halla mas imposibilitado de sostener un número crecido de novicias, que tiene que recibir una extensa educación antes de ocuparse en la dirección interior de los Hospitales o del manejo de los Hospicios o Casas de Expósitos a donde se destinan.

No bastando ya la consignación que sobre el Estado disfruta el Noviciado y la imposibilidad de aumentar ésta, atendidas las difíciles circunstancias que rodean al Gobierno, ha sido indispensable arbitrar otros medios que sostengan la Institución tal cual hoy se necesita; y al efecto ha sido propuesto y aprobado por Su Majestad que todos los Estableci­mientos, tanto públicos como particulares, que se sirven ya de las Hermanas de la Caridad y los que en lo sucesivo obtengan concesiones, satisfagan la módica cantidad de un duro anual por cada una de las Congregadas que tengan destinadas o que se les destinen; entendiéndose que ha de consignarse la suma correspondiente en los respectivos presupuestos provinciales o municipales; que en las concesiones ya hechas debe contarse el pago desde el año actual y que las cantidades correspondientes pueden entregarse a las Hermanas que tengan el carácter de Superioras en cada uno de los Establecimientos de esa Provincia. = De Real orden lo digo a V.S. para su conocimiento y publicidad en el Boletín oficial y demás efectos = Dios guarde a V.S. muchos años = San Ildefonso, 20 de julio de 1848. = Sartorius». Lo que comunico a V. de la propia Real Orden comunicado por el Sr. Ministro de Gobernación del Reino para su conocimiento y demás efectos = Dios Guarde a Vd. muchos años = Madrid, 20 de Julio de 1848 = El Subsecretario = Vicente Vázquez Queipo = Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad».

Esta Real orden, en forma de circular, se mandó impresa a todos los establecimientos de Beneficencia, servidos por las Hijas de la Caridad.

Inmenso vacío dejó el Ilmo. Sr. Codina en la dirección de las Hermanas, al partir para su Diócesis de Canarias, tanto más cuanto que las cualidades requeridas por las circunstancias en que se hallaban así los Padres como las Hermanas, en el momento del Concordato, no las podía reunir el anciano P. Santasusana.

Las numerosas fundaciones de Hermanas requerían cada vez más cuidados y desvelos para conservar y robustecer la observancia regular, el espíritu de uniformidad y la caridad mutua; y tal fue la constante solicitud del nuevo Director, como se manifiesta desde su primera Circular, de 1848, que versa sobre esos puntos y les anuncia el horario u orden del día que ha de regir en todas las Casas. Sus dos Circulares de principios de 1849, una a las Hermanas en general y otra a las Superioras, son también dos exhortacio­nes a la práctica de la unión mutua, uniformidad y pobreza.

Por primera vez, en ese mismo año, hallamos una Circular de la Visitadora de España a las Hermanas. Es la de Sor Culla, en que da reglas para la uniformidad de los vestidos.

Hecho culminante de este periodo fue la fábrica del nuevo Noviciado, antigua y cada día más apremiante necesidad. Era, a la verdad, un empeño que excedía las fuerzas del Instituto, pero, siendo éste un poderoso auxiliar de la Iglesia y del Estado, ¿no era justo que la Iglesia y el Estado vinieran en su socorro? Así fue. El Eminentísimo Sr. Cardenal de Toledo, Bonel y Orbe, varón de caridad inagotable, puesto de acuerdo con nuestros Misioneros y con la aprobación de la Reina Isabel, quien nunca desmintió ser madre de las Hermanas, tomó como suya la empresa, quiso hacerla nacional y dirigió a todas las provincias del Reino, 29 de abril de 1849, una circular, que es para las Hijas de San Vicente un documento muy importante. Dice así: «Entre las sublimes inspiraciones debidas al catolicismo, descuella por el interés y la universalidad de su objeto, el admirable Instituto de las Hijas de la Caridad, fundado por San Vicente de Paúl. Asistir a los enfermos pobres en los hospitales, recoger a los niños abandonados desde los primeros momentos de su existencia, prodigar los cuidados más tiernos a los ancianos e impedidos, distribuir la enseñanza a las clases menesterosas, tal es el celestial ministerio  al que dedican su vida las Hijas de San Vicente y que desempeñan con celo infatigable y nunca desmentido, con una constancia heróica, con la más noble y pura abnegación.

     Estas virtudes sublimes, que solamente en el cielo pueden hallar el merecido galardón, les han granjeado en la tierra la admiración y gratitud aún de aquellos que no profesan nuestra religión santa. Ni es extraño que suprimidas toda las Órdenes Religiosas en el periodo más ardiente de nuestra Revolución política, fuesen respetadas esas madres de los pobres y que el Instituto de San Vicente subsistiese para bien de la humanidad, no sólo en la Península sino también en las remotas playas que un día fueran con orgullo Provincias de la Monarquía Española.

     La Divina Providencia ha permitido que en estos últimos años, lejos de haberse entibiado el evangélico ardor de esas sublimes mártires de la Religión, haya tomado mayor vuelo, y acaso, en ninguna época han acudido en más número y con más empeño a ofrecer su salud y su vida en los altares de la Caridad.

     Señoras de esclarecido linaje, doncellas delicadas, jóvenes de esmerada educación, renunciando a los goces de la opulencia y a los halagos del mundo, han querido abrazar el estandarte de San Vicente y desempeñar con ferviente celo los penosísimos deberes del Instituto, formando con cristiana igualdad una sola familia con personas de las clases más humildes.

     No basta, empero, la caridad más acendrada para cumplir esos deberes. Preciso es acrisolar la vocación de las neófitas y asegurarse de que el Señor les concede la gracia envidiable de prestar sus servicios tan variados, tan asiduos y con frecuencia tan repugnan­tes, que no siempre los consienten las fuerzas humanas.

     A este fin y para estas pruebas es necesario destinar un local espacioso, sano, desahogado y provisto de las oficinas propias de un Noviciado; pero el de esta Corte y único en el Reino, es sumamente mezquino, reducido y ahogado y no puede contener el número extraordinario de aspirantes que de todas partes acuden y solicitan vestir el hábito de S. Vicente, a fin de consagrar su vida en los hospitales, hospicios, inclusas y casas de caridad y misericordia, cuyos Directores de acuerdo con las Autoridades, no cesan de reclamarlas, como el mayor beneficio que puede dispensarse a sus piadosos establecimientos.

     Nuestra augusta Soberana, siempre dispuesta a tender su mano generosa a los desvalidos, se dignó declararse protectora de las Hijas de la Caridad y en su nombre les concedió el Gobierno un local espacioso para edificar el Noviciado y dar a tan piadoso Instituto el fomento y la extensión que reclama la beneficencia pública. Pero los escasos medios de que disponen las Hijas de San Vicente bastan apenas para su preciso sustento, y no pueden llevar a cabo obra tan útil e importante sin apelar a los sentimientos religiosos  y caritativos propios de corazones españoles. Las Hermanas de la Caridad están seguras de que su voz será oída y que abierta una suscripción mensual proporcionada a las facultades de los bienhechores, recaudada por personas respetables, se recogerán en esta Corte y en las Provincias suficientes limosnas para realizar el piadoso objeto que se proponen.

     Con el fin de cooperar el Gobierno de Su Magestad a la más pronta y cumplida realización de un pensamiento tan conforme a la Religión, tan útil a la humanidad y tan interesante al Estado, ha expedido por el Ministro de Gobernación del Reino la Real Orden siguiente:

     Dirección de Beneficencia = Excmo. Señor = La Reina (Q.D.G.) ha visto con el mayor agrado la comunicación de V.E.  del 17 del actual, en que con el celo cristiano que a V.E. distingue, solicita permiso para formar bajo su presidencia, una comisión encargada de abrir subscripciones voluntarias en todas las Provincias y aplicar su producto a la continuación de la obra de la nueva casa Noviciado de las Hermanas de la Caridad y al fomento de este Instituto humanitario, que, cuidando al enfermo y consolando al desvalido, presta tantos y tan importantes beneficios a las clases necesitadas.

     La elevada posición y distinguido carácter de los sujetos que han de formar la Comisión son tan recomendables, como benéficas las miras que los dirigen, y S.M. dispuesta siempre a acoger con benevolencia cuantos proyectos razonables tienden a aliviar la situación de las clases menesterosas, no solamente se ha dignado autorizar el establecimiento de la Comisión, sino que ha dispuesto recomendar eficazmente a los Jefes Políticos del Reino que secunden sus esfuerzos y cooperen a los fines caritativos que sus individuos se proponen con tan laudable celo. Al mismo tiempo S.M. que se promete resultados muy satisfactorios de los trabajos de la Comisión, espera que la misma dará sucesivamente conocimiento al Gobierno  de las ventajas que vaya obteniendo y de los adelantos que se hagan en la obra, por ser este asunto de interés general. Y lo digo a V.E. de Real orden para su conocimiento y el de los vocales de la Comisión, de cuyos nombres acompañaba nota a la comunicación citada.

     Dios guarde a V.E. muchos años.

     = Madrid, 23 de abril de 1849.

     = San Luis.

     = M.R. Arzobispo de Toledo.

Las personas nombradas por esta Real orden para componer dicha Comisión son las siguientes:

* M.R. Arzobispo de Toledo, Presidente.

* El Marqués del Vallgonera.

* El Marqués de Someruelos

* D. Eleuterio Juantorena, Pbro.

* D. Ignacio Santasusana, Director General de las Hermanas de la Caridad.

* D. Francisco de Paula Córdoba e Ibarra.

* D. José Ramírez y Cotés, Pbro.

* D. Pedro de la Hoz.

* D. José Joaquín de Cafranga, Pbro.

* D. Joaquín Gómez de la Cortina, Marqués de Morantes.

* D. Ramón Madam, Pbro. y Secret. de la Dirección General de las Herma­nas.

Instalada la Comisión bajo mi presidencia, en el Palacio Arzobispal el 25 del corriente, ha acordado por unanimidad:

1º. Que con el fin de promover las suscripciones y de hacer más fácil su recaudación, se establezcan en todas las Provincias, bajo la Presidencia de los MM. RR. Obispos de sus respectivas Diócesis, comisiones compuestas de sujetos respetables y acreditados por su celo y religiosidad, pertenecientes al estado eclesiástico y secular los cuales deberán entenderse con ésta principal.

2º. Que todo lo concerniente a la correspondencia, percibo del importe de las suscripciones, recaudación, administración y aplicación de los fondos, que aquellas produzcan al piadoso objeto a que deben destinarse, corra exclusivamente a cargo del Pbro. D. Ramón Madam, Secretario de la Dirección General de las Hermanas de la Caridad y que lo es de esta Comisión, la cual se reserva el examen y aprobación de las cuentas que deberá rendir a la misma. Y

3º. Que en nombre de todos los vocales que la componen y a quienes animan los sentimientos más benéficos y religiosos, en el de las virtuosas y ejemplares Hermanas de la Caridad, cuyas oraciones y gratitud en favor de los bienhechores serán perdurables y sobre todo, en el de la religión y de la humanidad, cuya invocación no pude ser indiferente para corazones católicos, sensibles y compasivos, se dirija por mi y por el infrascrito Secretario la presente Circular a los habitantes de esta capital y a todas las demás provincias y poblaciones del Reino, islas adyacentes y Ultramar, invitándoles y rogándoles que contribuyan, según la posibilidad de sus respectivas fortunas a una obra tan santa y acepta a los ojos de Dios nuestro Señor como meritoria y laudable a los del género humano.

Madrid, 29 de abril de 1849.

Juan José, Arzobispo de Toledo. Presidente. Ramón Madam, Secretario.

También en Tarragona se formó Junta bajo la presidencia del Sr. Arzobispo Echanove. Uno de los vocales, y sin duda promotor y principal agente allí de la empresa, fue el P. Juan Costa, que era entonces profesor de Moral en aquel Seminario. El Sr. Arzobispo pasó una circular impresa reproduciendo la de Toledo y nombrando las personas que habían de formar la de Tarragona.

«Yo por mí, decía al terminar, y a nombre de todos los vocales de esta comisión, y en el de las virtuosas y ejemplares Hermanas de la Caridad, cuyas oraciones y gratitud a favor de sus bienhechores serán perdurables y sobre todo en el de la religión y humanidad, cuya invocación no puede ser indiferente para los corazones católicos sensibles y compasivos, especialmente para mis amados fieles habitantes en este Arzobispado, en cuyo territorio se estableció en España la primera casa de las Hermanas de la Caridad, que tanto se han aumentado y multiplicado en todo el Reino, invito, exhorto y ruego encarecidamente a los expresados habitantes de este Arzobispado a que se suscriban por meses o por una o muchas veces, según sus respectivas fortunas, a una obra tan santa y acepta a los ojos de Dios Nuestro Señor y meritoria y laudable a los del género humano.

= Tarragona, 28 de junio de 1849.

= Antonio, Arzobispo de Tarragona, por mandato de S.E.I el Arzobispo, mi Señor,  Manuel de Pomiano, Secretario».

A pesar del entusiasmo con que en todas las Diócesis fue acogida la empresa, el resultado de las colectas fue muy pequeño, dada la magnitud de la obra y la pobreza general a causa de las revueltas, como comunicaron varios prelados.

Por un documento notarial hecho en Cádiz, a 31 de diciembre de 1849, sabemos que uno de los principales contribuyentes para la nueva fábrica, fue el P. Buenaventura Armengol, Visitador entonces de México y más tarde de España.

«Siendo yo, dice, uno de los que han verificado tales desembolsos y los que iré aún efectuando, he pensado arbitrar un medio legal y seguro que ponga a cubierto en todo evento, a la Congregación de las Hijas de la Caridad de la propiedad, que sobre las casas del Noviciado actual y las que están labrándose  en la Villa y Corte de Madrid…

Declaro que todas las sumas de dinero que tengo entregadas bajo recibo de la Superiora de la Congregación de las Hijas de la Caridad establecida en Madrid, y las cantidades que desde esta fecha en adelante entregue en la propia forma… deberán entenderse y desde luego se entiendan una donación graciosa que hago en beneficio de aquella Congregación…

Y si por algún evento, las autoridades establecidas o que se establezcan en lo sucesivo, ya sean eclesiásticas, civiles o militares o cualesquiera otras personas atentasen contra la presente donación…

Protesto desde ahora para entonces contra tal usurpación, declarando igualmente nula, de ningún valor ni efecto, la donación misma y que la propiedad de los expresados bienes vuelvan a recaer en mí, como a su legítimo dueño, y en otro caso a mis herederos y sucesores, pero imponiéndome e imponiendo a éstos la obligación de administrarlos todos en beneficio de la propia Congregación….»

Por fin, en el Concordato de 1851, fue reconocido oficialmente el Instituto de las Hijas de la Caridad, «para que haya también, dice el Art. 30, casas religiosas de mujeres, en las cuales puedan seguir su vocación, las que sean llamadas a la vida contemplativa y a la activa de la asistencia de los enfermos, enseñanza de los niños y otras obras y ocupaciones tan piadosas como útiles a los pueblos, se conservará el Instituto de las Hijas de la Caridad, bajo la dirección de los Clérigos de San Vicente de Paúl, procurando el Gobierno su fomento.»

 

 

 

 

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