1.- Aunque los Hijos del Apóstol de la Caridad, San Vicente de Paúl, habían fundado, en 1704 su primera casa de Misión en la ciudad de Barcelona, las circunstancias religioso‑políticas de aquel siglo XVIII no fueron propicias a su expansión, y pasaron más de setenta
años hasta que, en 1774, el Superior General de la Congregación decretó la formación de la Provincia española con personalidad propia y con las cinco casas de Barcelona, Mallorca, Barbastro, Guisona y Reus, dependientes hasta entonces de la Provincia Madre de Roma. Era, pues, muy reducido el campo, en que aquellos santos y activos misioneros dejaban sentir entre nosotros la influencia benéfica de su Santo Fundador, y contadas las personas, que leyendo la vida de San Vicente, habían podido conocer sólo de lejos la más grande y original de sus instituciones, cual era la Congregación de las Hijas de la Caridad, apenas conocidas entonces fuera de Francia.
- Pero la Divina Providencia disponía aquella época de fines del siglo XVIII como la más apta para la introducción de las Hijas de San Vicente en nuestra Patria. El rey Carlos III, acababa de organizar un amplio plan de beneficencia pública. Después de perseguir vagos y prohibir la mendicidad callejera y explotadora, y disponer casas de corrección para los delincuentes inició una obra mucho más trascendental, cual fue el despertar entre las principales señoras españolas un activo interés por las instituciones y empresas benéficas.
Entonces se fundó una Junta Central de Caridad en Madrid, con ramificaciones en casi todas las Provincias del Reino y en todas las Diócesis quedaron decretadas y establecidas Casas de Misericordia.
Ante aquel movimiento generoso no podían quedar brazo sobre brazo los Hijos del Apóstol de la Caridad y a ellos se debió la organización de una Hermandad hospitalaria de varones que se estableció en el Hospital de Santa Cruz de Barcelona, en 1783, para el cuidado de las salas de hombres, bajo la dirección espiritual y reglamentos de dichos Misioneros.
3.- Ya en julio de 1782 habían éstos publicado en Barcelona un folleto titulado: Breve Noticia del Instituto de las Hijas de la Caridad. Trata de su origen y condiciones, que han de tener las jóvenes, que deseen abrazar este Instituto, fines que se propone, servicios en los hospitales, visita a los pobres enfermos de las Parroquias, cuidado de expósitos, hospicios etc. y termina con estas notables palabras: «se da ahora una breve noticia de todo esto al público por juzgarse sería muy de la gloria de Dios y de gran utilidad para nuestra España, que se fuesen introduciendo estas Hijas, no sólo en las ciudades, pero aún en las más principales villas, ya que nuestro católico y piadoso Monarca, con su celoso Ministerio y Supremo Consejo, ahora más que nunca, discurren y trabajan para el común alivio y enseñanza de toda suerte de pobres. Dios, nuestro Señor se digne mover los corazones de todos los que puedan contribuir a tan santa obra. Amen.. «
4.- Fue en la noble y benéfica ciudad de Barbastro, donde primero cuajó el proyecto de implantar un centro de enseñanza de niñas, bajo los maternales desvelos de las Hijas de la Caridad.
Una persona piadosa había puesto en manos del P. José Duran, Superior del Seminario de Barbastro, doscientas libras jaquesas; y en varios documentos notariales aparece que ya, en 4 de marzo de 1782, el dicho Padre pudo comprar por escritura pública a D. Mariano Talón, unas casas con huertas, en el arrabal de aquella población, y que en las dichas casas y patios fabricó varias viviendas, de modo que fueran aumentándose los recursos para su proyectada fundación. En 5 de mayo, el mismo declara los fondos de que podía disponer destinados todos a esta fundación, en caso de obtenerse la Real licencia. De lo contrario, el Superior de los PP. Paules de Barbastro debería apropiarse de todos aquellos bienes y de su producto pagar tres o cuatro maestras, que enseñasen a las niñas de la ciudad la doctrina cristiana y cuanto conduce a formar una madre de familia, quedando todo a discreción única del Superior de dichos Padres, por ser tal la intención suya y de los devotos, que contribuían con sus limosnas a dicha fundación de caridad.
Ya para entonces el Sr. Nualart, Visitador de los PP. Paules, residente en Barcelona, había comunicado estos intentos con el Superior General de las Hijas de la Caridad, y se convino en que varias jóvenes españolas pasasen al noviciado o seminario de París, único a la sazón existente, para que, después de instruídas convenientemente en los deberes de su vocación, regresasen a España y pudiesen fundar el Instituto sobre las mismas bases que tenía en Francia.
Efectivamente, entre las jóvenes que se ofrecieron con vocación de Hijas de la Caridad fueron escogidas dos de Barbastro, que iban a expensas de aquella proyectada fundación: Manuela Lecina y María Blanc, de veintidós y de veintiun años respectivamente. La primera natural de Besians, humilde aldea del Obispado de Barbastro y la segunda de esta misma ciudad, llamadas ambas a ser piedras fundamentales de su Instituto en España; y cuatro de Cataluña: Josefa Esperanza Miguel, natural de Barcelona, Lucía Reventós, de Villanueva, una y otra de veintidós años; Antonia Cortés Baró, hija del médico de Pobla de Segur y nacida en Tremps, de dieciocho años y Antonia Andreu 011er, hija del notario de Palautordera, patria también del entonces Visitador de los PP. Paules D. Fernando Nualart, hijo del médico de dicha villa.
Dispuesto ya todo convenientemente, en 18 de marzo de 1882, estas seis jóvenes animosas, salían de Barcelona para Francia acompañadas del mismo Señor Visitador y, después de cinco días de un feliz viaje, llegaron a Narbona, donde permanecieron por espacio de seis meses, repartidas entre los diferentes establecimientos de las Hijas de la Caridad, con el fin de aprender la lengua francesa y enterarse prácticamente de los deberes de su Instituto.
A mediados de agosto del mismo año partieron para París y fueron recibidas en el noviciado, el día 25. Allí permanecieron de toquillas seis meses, después de los cuales, vistieron el santo hábito y fueron destinadas a distintos establecimientos de Beneficencia.
Según el Catálogo de aquel noviciado francés, Sor Manuela Lecina estuvo en Petites Maisons de París; Sor María Blanc, en Gros Caillon; Sor Josefa Miguel en Incurables y luego, en la sacristía de la Casa Madre; Sor Lucía Reventós en Gros Caillon y en el Hospital Militar; Sor Francisca Cortés, en el Hospital del Niño Jesús de París y luego en Versalles, Notre Dame. De Sor Antonia Andreu no se sabe el destino y como luego veremos, ya no volvió con sus compañeras a España. Siete años permanecieron ellas en el suelo francés y a pesar de las vivas ansias, con que sobre todo en Barbastro, esperaban su vuelta, convenía tan larga demora para la mejor formación de su espíritu, a lo menos durante los cinco años de su noviciado.
6.- Entretanto el ya citado P. Duran, Rector del Seminario Barbastrense, seguía con afán allegando recursos para establecer sólidamente en aquella ciudad la proyectada fundación de-las Hermanas. Logró asociar a tan caritativa idea al canónigo de aquella Catedral D. Antonio Jimenez, quien, en 10 de marzo de 1783, dejaba sus bienes en favor del esperado Colegio de niñas, «previniendo, como prevengo, según escribe, que al dicho P. Duran tengo comunicadas todas mis intenciones, con advertencia de que las dejen anotadas en dicha Casa de la Misión, por si faltase de ella y por ello, se deberá estar, en caso de diferencia, a lo que explique dicho Superior, en orden al destino de mis bienes. Y a fin de que, cuando llegasen las Hermanas a Barbastro, tuviesen, además de los inmuebles, otros recursos con qué vivir», el mismo Sr. Jiménez se obligó con escritura pública de 25 de junio de 1783 a dar a las Hijas de la Caridad cien libras anuales, para lo cual hipotecó tres casas y dos huertas de su propiedad, casas y huertas, que pasarían a propiedad de la fundación de las Hermanas, después de su muerte.
Como era un requisito indispensable para dicho establecimiento el conseguir la previa Real licencia, de difícil tramitación en aquella época en que la multitud de casas religiosas solía ser el mayor impedimento para la fundación de otras nuevas ,bien prevenido el P. Duran dirigió, en 2 de julio de 1783, una exposición y súplica al Ayuntamiento de Barbastro, ofreciendo los bienes necesarios para la fundación de las Hijas de la Caridad y suplicándole que, de acuerdo con el Sr. Obispo y Cabildo de la ciudad, consiguiesen del Rey la autorización necesaria.
Con fecha 9 de julio del mismo año, D. Rafael Pi y D. José Duran, ambos sacerdotes del Seminario de Barbastro, hicieron declaración notarial, en la que expresan, que el capital empleado en la compra de ciertas casas y construcción de obras y los intereses poí ellas producidos deberán pertenecer a la Casa de Hijas de la Caridad, que se trató de fundar en Barbastro, para cuyo efecto habían recogido donativos de los fieles.
Por otra escritura pública de 13 de julio de aquel mismo año 1783 se compromete el P. Durán, una vez conseguida la autorización real, a hacer y costear la citada fundación de Hijas de la Caridad para la enseñanza y educación gratuíta de las niñas de Barbastro. Los bienes destinados a ese fin son los siguientes: 1°. unas casas compradas, el año anterior, a D. Mariano Talón. 2°. Otras casas situadas en las calles de la Limosna y los Hornos, que D.Antonio Jiménez ha cedido para después de su muerte, con el fin de que el P. Durán las emplease en dicha fundación, dando además el mismo Sr. Jiménez, durante su vida, y para el mismo objeto, cincuenta libras anuales; 3°. dos fajas de tierra que, en la misma forma y situadas en el campo de la Maisón, cedía el mismo donante.
Dispuestas así las cosas, con fecha 15 de julio de aquel mismo año, fueron elevados al rey tres memoriales, pidiendo la real licencia para la proyectada fundación. Estaban suscritos por el Sr. Obispo, por el Cabildo Eclesiástico y por el Ayuntamiento de Barbastro. Los dos primeros iban muy recomendados con sendos oficios al Conde de Floridablanca. El tercero dirigido al Real Consejo, enviaba adjunta una copia de la escritura de cesión de las rentas, otorgada por el P. Durán, en favor de dicha escuela. Expone a la vez, que si merece la aprobación del Real Consejo, se redactarán después los reglamentos convenientes.
No contento con esto, el Cabildo Eclesiástico dirigió, con la misma fecha, un oficio a D.Benito Puente, barbastrense de alta posición en Madrid, suplicándole su apoyo en la representación que había elevado a Su Majestad, con informe favorable y con el mayor influjo posible en el Real Consejo.
Con tales diligencias parecía ya próximo el día en que Barbastro viese realizada la fundación, pero su esperanza aún se dilató algunos años. Más tarde se supo que todas aquellas representaciones no habían llegado a su destino y no se consiguió la Real Orden. Por otra parte, las Hermanas españolas, que fueron a tomar a París el santo hábito, habían de dilatar varios años su vuelta a España.
Así la divina providencia no quiso que aquel misionero, digno de eterna memoria, P. Durán, que tanto se afanó por ver introducido en nuestra Patria el benemérito Instituto de las Hijas de la Caridad, viera realizados sus deseos, pues murió santamente, en mayo de 1784. Había nacido en Cervera en 19 de marzo de 1736. Entró en la Congregación de San Vicente en 16 de abril de 1759. Destinado a Barbastro en agosto de 1775, fue nombrado Superior de aquel seminario en 1779.







