La Provincia española de las Hijas de la Caridad (XXIII)

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Author: Pedro Vargas .
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LOGO HHCOtras Fundaciones. Vamos a dar noticias de algunas fundaciones de aquellos años. Fue la primera el Hospital de Mujeres Incurables de Jesús Nazareno de Madrid, cuya contrata lleva la fecha de 15 de julio de 1816. «Reunidos en dicho Hospital las Señoras Presidenta y Secretaria de la Junta, que intervenían en su sostenimiento, y D. Luis Exarque, canónigo de la Catedral, en representación el Ilm°. Sr. Cebrián Patriarca de las Indias «Prelado Superior del Real Noviciado de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl» en oficio de 8 del que rige, que también doy fe haber visto y por ante mí el Escribano de Su Majestad y testigos dijeron: Que para mayor honra y gloria de Dios. N.S., utilidad, beneficio, ventajas de dicho Santo Hospital, precedida la anuencia y Real voluntad de S.M como protector y Patrono de ambos reales piadosos establecimientos, han tratado de que cuatro Hermanas de la Caridad, con otra en clase de Superiora pasasen al referido hospital a encargarse establemente del cuidado y asistencia de las pobres enfermas, como también del Gobierno y manejo doméstico del mismo, y habiendo conferenciado sobre el modo, reglas, términos y condiciones con que debe verificarse. Se han convenido ejecutarlo, según adelante se expresará; y para que tenga efecto, en uso de las respectivas facultades que les asiste otorgan:

Que cuatro Hermanas de la Caridad, con otra en clase de Superiora se han de encargar del cuidado y asistencia de las pobres enfermas y de gobierno y manejo doméstico del referido Hospital… en la forma siguiente:

1°.- Que habiendo de verificarse, en este día de la fecha, la traslación de las cinco Hermanas del Real Noviciado de la Caridad de esta Corte a dicho Santo Hospital de pobres incurables. está ya en este acto cumplido, pues se hallan presentes, la Hermana Teresa Godás como Superiora, Sor Rosalia Pérez, Sor María Rosa Ortinas, Sor María Luisa Adcerias y Sor Juliana García, a quienes, en seguida al otorgamiento de esta Escritura, se les ha de poner en posesión de su encargo y destino a la asistencia de sus pobres incurables, con la entrega por formal inventario de todas las camas, muebles y enseres de dicho Hospital y del uso de las salas, Oratorio, cuantos tránsitos, patios y fuentes de todo el edificio, con reconocimiento de los dependientes de la casa y subordinación a las Hermanas en todo lo perteneciente al establecimiento; que a las dichas cinco Hermanas les ha de dar el Hospital lo necesario para su manutención correspondiente a su estado, dejando a su arbitrio el que usen de ello en común o con la separación de lo que ha de servir para los enfermos, que siempre se espera procurarán con el mayor ahorro y economía. Que si alguna de las Hermanas estuviese enferma ha de ser asistida con todo lo que necesitare para su alivio o curación; y si llegase a haber dos Hermanas enfermas, pasará otra del Noviciado para ayudar a llevar el trabajo y cuidado del Hospital. Que a cada una de las cinco Hermanas le ha de dar el Hospital, todos los años, la Bula de la Santa Cruzada y para tocas, calzado, ropas y sus urgencias quinientos reales,  cobrados por medios años, tercios o meses según les conviniere. Que, si sucediere fallecer en dicho Hospital alguna de las cinco Hermanas, será de cuenta de aquél el entierro, funeral y sufragio, caja y llaves, según la regla de dichas Hermanas. Que esta pequeña Comunidad de cinco Hermanas se ha de tener como hijuela y dependiente del Noviciado y, como tal, sujeta en lo espiritual y temporal al Prelado Superior, el Excmo. Sr. Patriarca, sin dejar por esto de depender en todo lo espiritual y temporal que fuere peculiar del establecimiento de este santo Hospital al P. Director y Junta de Señoras, las cuales, si alguna cosa advirtieren que prevenir como defectuosa a alguna de las Hermanas, lo deberán hacer presente al P. Director y éste se entenderá con la Superiora, que es la de quien inmediatamente dependen. Las Hermanas arreglarán las horas de sus ejercicios según su regla y Constituciones, componiéndolas con los de la mejor asistencia y cuidado de las enfermas, aseo, limpieza y gobierno del Hospital; y en el Oratorio del mismo tendrán la oración y demás ejercicios, renovación de votos y en los días de Cuarenta Horas, alternarán con las Señoras en la vela del Santísimo Sacramento». Como el número de Hermanas del Real Noviciado era entonces tan reducido que no llegaban a la docena y, en previsión sin duda a estos compromisos de fundación, el Sr. Patriarca había autorizado la admisión de novicias, detenida desde 1803, y en 1815 fueron admitidas 8. La nueva Superiora, Sor Teresa Godás, era una de las más antiguas recibidas en Barcelona. Sor Rosalía Pérez entró cuando la fundación del Real Noviciado, en 1803. Las demás eran jóvenes novicias que acababan de vestir el santo hábito.

Hospital de Mallorca .- Ya queda referido cómo durante la invasión francesa en la Península muchos de nuestros Misioneros y a su ejemplo algunas Hermanas de Aragón y Cataluña habían tenido que emigrar a Mallorca. Ya hacía, pues, varios años que conocían allí a las Hijas de la Caridad, quienes se agruparon, como es natural para dedicarse a la enseñanza y al servicio de los pobres: Venida la paz, fueron restituyéndose a sus antiguas casas y entonces pensó el Ayuntamiento de Palma confiar a las Hermanas el cuidado y servicios de su Hospital General, con cuyo fin dirigió al Rey el siguiente memorial:

‘Señor: El Ayuntamiento de la ciudad de Palma, en vuestro Reino de Mallorca, puesto a los Reales pies de V.R.M. con el más profundo respeto expone:

Que los Regidores protectores de este santo Hospital General y el Síndico personero del Público le hicieron presente con sus respectivas expresiones que el establecimiento de las Hijas de la Caridad de esta Capital, bajo las reglas que le dio S. Vicente de Paúl, con destino a la enseñanza pública de niñas y al servicio y asistencia de los pobres enfermos de dicha santa casa, era para este público y para toda la Isla de muy considerables y sobresalientes ventajas, si en lo moral y político, como en lo mecánico y económico. Meditó seriamente el Ayuntamiento este interesante proyecto en todas sus circunstancias y, después de un largo y maduro examen quedó tan plenamente convencido de la suma utilidad del establecimiento acerca de uno y otro destino que no pudo menos de tomarlo bajo su protección, siempre que fuese del agrado de V. R. M. Como en esta Capital existían quince de aquellas religiosas, se dispuso, porque así lo exigía la necesidad, que en el ínterin que se solicitase la Real gracia, se encargasen doce de ellas de la asistencia y servicio de los pobres enfermos del Santo Hospital, dejando las tres restantes para la enseñanza de niñas: y, en poco tiempo han sido tan rápidos los progresos de estas educandas y tan satisfactorios los servicios hechos a las desgraciadas víctimas de la indigencia y a otros, de la santa casa que ha llenado de admiración a todo este numeroso vecindario. No hay quien no aplauda y bendiga a esas religiosas. El público todo anhela con viveza su establecimiento. Para el San­to Hospital se considera por suficiente el número, por ahora, de doce Religiosas, y para la escuela de la enseñanza pública son necesarias seis, a lo menos, con dotación de seis mil reales vellón anuales para su preciso sustento, calzado, vestido y alquiler de casa, y confiado el Ayuntamiento en la heroica caridad y loables designios de V.R.M , pide autorización, etc.

Palma de Mallorca 28 de febrero de 1816″.

A pesar de este cumplido elogio del Ayuntamiento a favor de las Hermanas no terminó aquel año, ni vino la Real licencia antes de que una súbita tempestad se desencadenase y lo arrasase todo. Un informe pedido a la Junta del Hospital por el delegado Apostólico nos explica los sucesos: «Sabe vuestra Señoría que, a solicitud del Síndico Personero, resolvió en 6 de junio de 1815 se estableciese en esta Capital una casa de enseñanza bajo la dirección de algunas mujeres, que se decían Hijas de la Caridad, que teníamos aquí. Que enseguida nombró V.S. una comisión, cuyo encargo fuese trazar los medios para una dotación competente… entre tanto las Hijas de la Caridad abrieron su ense­ñanza y tenían en ella más de cien niñas pobres… En el día 22 de diciembre se sirvió V.S. fueran establecidas en el Santo hospital, ínterin se pidió a S.M. el real permiso correspondiente».

Sigue informando de que, antes de tener este permiso, vistieron el hábito de Hijas de la Caridad algunas que apellidan novicias; que una fue nombrada Superiora y que todo fue «obra de ésta y del Vicario General de la Congregación, que autorizó todo eso». Y que la Superiora se gobernaba en un todo por el Superior de la Misión. Podemos asegurar que en el tiempo que se emplearon en este ramo bajo la dirección de Sor Catalina Oliver, mallorquina, que es una de las cuatro que pasaron al continente, desempeñaron bien su ministerio. Pero esta casa de la enseñanza quedó extinguida con la extracción de las cuatro

Hermanas…

Nadie ignora que las mencionadas cuatro Hermanas fueron arrancadas del Santo Hospital contra nuestra voluntad y a pesar de la resistencia obstinada que se opuso a su extracción. V. Señoría sabe que, a consecuencia de haberle dado cuenta nosotros de esta novedad, V.S. mismo escribió al Sr. Obispo, que estaba en Soller, en fecha 19 de junio anterior. notificándole del hecho y pidiéndolo que se dispusiese que el Superior de la Misión diese una satisfacción proporcionada a los Regidores protectores de aquella Santa Casa y que Su Ilma. asombrado, como dice en su contestación del día 20 del mismo mes, de lo que V.S. le participaba, fue de parecer que el honor de V. Señoría exigía no entrase en composición alguna de palabra ni por escrito sin que las cuatro muchachas tan indignamente arrancadas del santo hospital, fueran restituidas a él … Es de saber que el Ilmo, con la misma fecha. escribió al Superior de la Misión diciéndole que la extracción de las cuatro Hermanas había sido un atentado a todas luces escandaloso; que no estaban sujetas a los Superiores de la Misión por faltarles el Real permiso; que debía dar a V.S. y a los Protectores del Hospital una amplia satisfacción, la que nunca sería proporcionada si no empezase por la reposición del atentado: y que teniendo que cumplir una Real Orden y, no pudiendo ejecutarlo, sin hallarse en esta Ciudad todas las Hijas de la Caridad, que existían en ella el día 3 de julio, le mandaba en nombre del Rey, que, sin pérdida de instante, realizase la vuelta y restitución de las sobredichas. Es cierto que el Rvdo. Prior del Santo Hospital, con fecha de 25 del propio mes, escribió al Vicario General de la Misión, dándole noticia de todo lo ocurrido, haciéndole presentes los graves perjuicios ocasionados por la extracción de las cuatro Hermanas y esperando que una providencia oportuna, cual era su restitución, podría calmar la tempestad. No puede pasarse en silencio que habiéndose estipulado de palabra entre los protectores del Santo hospital de una parte y de otra el Superior, que era entonces de la Misión y Sor María Ángela, que se decía Superiora de las Hijas de la Caridad, el que en el Santo hospital habría doce Hermanas y en la enseñanza seis, y no habiendo más que trece, entre todas, con la extracción de cuatro, fueron reducidas al número de nueve; y siendo este muy incompetente en un momento quedó extinguida la enseñanza; y cien y tantas niñas pobres que recibían en ella una educación moral, civil y de labor, cual no se encuentra en las demás escuelas de niñas, etc.

Oiga V. Señoría lo que Su Ilustrísima nos dice en fecha de 15 de los corrientes: Vuestras Señorías sufrieron el gran ultraje con el rapto de las cuatro Hermanas, que no era presumible entre bárbaros. Yo las reclamé y se ha hecho mofa de mí…. Esta fue la verdadera causa, aunque no la única que despertó en nuestro espíritu la idea de que el único remedio era que este establecimiento estuviese sujeto a la jurisdicción del Prelado diocesano y nos congratulamos mutuamente de una feliz como oportuna ocurrencia, que fue un lenitivo muy a propósito para nuestro angustiado corazón.

En el día 14 del mes de setiembre anterior nuestro dignísimo Prelado tuvo la bondad de venir a visitar la Iglesia y casa del santo Hospital y, a su presencia y de la del confesor de las Hermanas y de la Superiora misma, manifestamos abiertamente, en nombre de V. Señoría, que era ya una resolución irrevocable el que este establecimiento estuviese bajo la autoridad del Prelado diocesano y de todos sus sucesores. Hecho esto, dispusimos se insinuase a las Hermanas, no echando mano de otros medios que los de la persuasión y manifestarles que eran libres y muy libres para tomar la resolución que les tuviese más a cuenta. Mas luego supimos que la Superiora nos hacía una guerra secreta, valiéndose de halagos y caricias, ya ponderando los sucesos trágicos acaecidos en semejantes circunstancias, ya diciéndoles que, estando sujetas a la jurisdicción del muy Rvdo. Obispo, no serían legítimas Hijas de la Caridad, sino espúreas … No dejó de hacer mucha impresión en el espíritu de las Hermanas la indicada propuesta; ya parece que se decidían ya vacilaban en su resolución… En fin, decidimos salir de dudas y el día 6 de los corrientes, les hicimos saber que era preciso determinarse… En el día 12 de los corrientes dijeron todas, menos Sor María Antonia Molla, que no querían sujetarse a la jurisdicción del Reverendo Obispo y enseguida las hicieron saber que quedaban despedidas del Hospital… y se les concedió 15 días de plazo.

El Superior de la Misión creyó y dijo tener facultades bastantes para arrancar cuatro de ellas del Santo Hospital sin dar parte a V. Señoría ni a nosotros, como es regular y conforme a razón y los principios de una mediana política…

Estamos convencidos que no se trataba de otra cosa que de tener aquí un semillero o plantel de Hermanas, para irlas distribuyendo allá y acullá, conforme se irían pidiendo, Sin contar, como se vio, que lo primero era tener aquí en número competente y estipulado. Palma, 31 de octubre de 1816″.

Sabemos otros incidentes de este ruidoso suceso por un memorial que la Hermana Superiora eleva al Capitán General de Palma, pidiéndole protección.

«Sor María Vallicrosa, Hija profesa de la Caridad, hecha el blanco de contradicción de muchos, espera humildemente que V. Excelencia no se desdeñará de inclinar benigno lo oídos a los tristes clamores que mi corazón oprimido exhala en este papel».

Refiere cómo entraron en el Hospital con aplauso de todos y en él estuvieron con indecible gozo ella y algunas novicias hasta que, a mediados de junio el Vicario General de la Congregación ordenó al Superior de la Casa de Misión que trasladase a la Península, como lo hizo, a cuatro de las Hermanas.

«Las cuatro, lejos de haber sido violentadas en su traslación, se fueron a embarcar muy gustosas y, si volvió una de ellas fue, según confesión suya, porque no tenía vocación, el que lo que obró justa y prudentemente. Y lo cierto es que ni las otras Hermanas ni la que expone tuvimos en la traslación la menor parte ni nos metimos en las órdenes de los Superiores más que para obedecerlas… Ello es que muchas veces nos han llamado los referidos Protectores y otras el Reverendo Prior ya con notario ya sin él, preguntando si queríamos sujetarnos a Ilmo. Sr. Obispo, propuesta a que una sola de las Hermanas consintió.. Sobrevino lo ocurrido en el domingo 13 de este mes, día en que fue preciso enterar a V. Excelencia para que con su autorizada prudencia sosegase los ánimos de algunos parientes empeñados en llevarse a sus casas las Hijas contra su voluntad y dispusiese el recibo de esta pobre en el Hospital, cuyas puertas se le cerraron en aquella tarde… En su virtud entró por la noche con las otras Hermanas, procurando desempeñar sus deberes, etc.»

Continúa manifestando que le quitaron las llaves, que se le acusa de haber entrado en el Hospital sin permiso del Prior de la Cartuja, Delegado Apostólico, que ha prohibido la entrada en el Hospital a los Padres Paúles. Termina rogando que se les deje en libertad para seguir, si lo quieren, bajo la Dirección de sus Superiores. Palma 21 de octubre de 1816.

Hemos querido dar noticia de estos incidentes de aquella efímera fundación, como muestra del apasionamiento que producía entonces el asunto de la jurisdicción sobre estas Comunidades de Hijas de la Caridad, apasionamiento que es a la vez prueba del entusiasmo y cariño que por ellas sentían las personas, generalmente eclesiásticas, que gobernaban los establecimientos benéficos y el desconocimiento que se tenía del modo de ser y de regirse el Instituto de San Vicente.

Se trataba aquí de una fundación, donde todas las Hermanas eran novicias menos la Superiora; la más elemental norma de gobierno obligaba a los Superiores a sacar Hermanas formadas de las Comunidades más antiguas y sustituirlas con jóvenes y viceversa, mientras se organizaba el noviciado común. Se trasluce, además, en esta fundación de Palma el machaqueo constante que los Directores del Hospital ejercían sobre la Comunidad para desviarlas de sus Reglas y de la legal obediencia a sus Superiores, a lo que se oponía la fiel Sor María Ana. A veces hay razones de índole más delicada, que obligan a obrar sin poder manifestarlas. No es, pues, de creer que el Vicario de la Misión sacara aquellas Hermanas de Palma por mero capricho, ni tenía por qué dar razones a personas, por muy dignas que fuesen, cuando estaban dispuestas a no admitirlas.

Fundación en el Hospital de Tarragona. Contemporánea de la fundación de Mallorca fue ésta de Tarragona. «El día 16 de mayo de 1816, se reunieron en la sala de la Administración del Santo Hospital, los Ilustres Señores Administradores Dr. D. José Prats Canónigo, Dr. Don José Rives, Canónigo, D.José Antonio Vidal y Dr.D. Juan Canals, Regidores…”

El Sr. Prats ha hecho presente haber manifestado al Excmo. Sr.Arzobispo de esta Sta. Iglesia el nuevo sistema que se ha adoptado de valerse de Hermanas de la Caridad para el servicio del Hospital, cuyo proyecto ha aprobado Su Excelencia. = Le ha llamado a la Hermana Teresa Bonages y se le ha hecho presente la determinación de la Junta de establecer Hermanas de San Vicente de Paúl proponiéndole, en consecuencia, que si quería ella conformarse a aquella Regla, se la tendría en consideración por hallarse ya de algún tiempo en aquella casa, a lo que ha contestado que no le acomodaba semejante cosa y que así puede la Administración adoptar el método que estime conveniente, sin contar con ella. Seguidamente, consecuente a la resolución tomada en el día de ayer, se ha escrito al Sr. D. Antonio Segura, Vicario General de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, residente en Guisona, suplicándole se sirva remitir, cuanto antes, cuatro Hermanas para el servicio de este Hospital, ofreciendo la administración mantenerlas sanas y enfermas y suministrarlas, a más, diez y ocho duros anuales a cada una para vestuario, = Francisco Albiñana, Secretario».

En 7 de junio se hizo la escritura formal de fundación entre los Señores Administradores dichos y «el P. Camprodón, Sacerdote de la Congregación de la Misión y primer Asistente de su Vicario General y con poderes amplios del mismo y Sor Catalina López, Superiora de las Hijas de la Caridad en el Hospital de Lérida, con poderes de Sor Raimunda Canals y Sor Josefa Ferrer, hijas de la Caridad existentes en Tarragona, de otra parte,

1°. Se conviene en el Establecimiento de las Hermanas

2°. En todo lo perteneciente a su Instituto y al gobierno espiritual estarán sujetas al Superior de la Misión, según las Bulas Pontificias y a sus respectivos Superiores; pero, en lo que mira a lo temporal y ocupaciones que han de desempeñar, estarán sujetas a la Administración…

5º Por cada una que se mantenga en el Hospital, para vestirse y los usos que son propios de las Hermanas, la administración anualmente entregará a la Superiora diez y ocho duros y todos los delantales que necesiten para hacer con limpieza el servicio del Hospital; y la administración no podrá mudarles el vestido que universalmente usan.

6º. La Superiora podrá removerlas y darles el destino que le parezca más conducente, porque las Hijas de la Caridad son obligadas a una estrecha obediencia y, en algunas circunstancias puede convenir este sacrificio para el bien de las Hermanas y del mismo Hospital: pero atendiendo a que, en lo regular, las que tienen más conocimiento de la casa, en ella han de ser más útiles, el Superior, en cuanto pueda, procurará ocuparlas en la misma y no trasladarlas a otra, sino con grave causa o motivo y, en tal caso ha de subrogar otra u otras útiles para que se lleve el competente servicio, tratando y conduciéndose en esto con buen acuerdo y armonía con la administración, aunque en cualquier evento no se podrá exigir del Superior que haya de manifestar las causas, pidiendo el buen orden que esto quede a su prudente y cristiano discernimiento.

7º En los casos de mudarse alguna Hija de la Caridad para el servicio de alguna otra parte, los gastos de su remoción ni los que origine la que por ella se ha de subrogar no serán de cargo de la administración, pero si por causa de ésta se quitase o se pusiese otra, será de cargo de la Administración pagar los que de esto resultaren.

8°. Se dará a las Hijas de la Caridad en el mismo hospital habitación decente y separada.

El objeto de este convenio, en ambas partes, es cortar en adelante toda disputa y ocasión de disgustos y de desavenencias, pero, si por algún motivo se suscitasen algunas, tanto la Administración como las Hermanas podrán dirigirse al Superior de éstas, quien hará todo lo posible para cortarlas armoniosamente y si esto no basta, por el medio prudente de personas indiferentes que sean de carácter e integridad y si ni esto alcanzase a hacer cesar las diferencias, ambas partes quedan libres, las Hermanas para retirarse, y la Administración para obligarlas a retirarse, queriendo que antes cese este convenio que el tener instancias y pliegos, siendo impropio de las Hijas de la Caridad y de la Administración promover recursos».

Pese a tales precauciones, más adelante diremos los pleitos y disgustos con que terminó esta fundación.

Hospital General de Pamplona. Más de diez años llevaban ya las Hermanas cuidando de los niños expósitos, cuando la Junta del Hospital General confió a las Hermanas la asistencia de los enfermos, y en 15 de octubre de 1815 tomaron posesión. Modelo de paz y de armonía fueron estas casas de Pamplona entre la Administración y las Hermanas. Así vemos, que, cuando en 1816, la Junta de Beneficencia del Hospital de Valencia consultaban a la Pamplonesa sobre la utilidad y ventaja de las Hijas de la Caridad, recibió este testimonio con fecha 31 de julio.

«Deseando la Junta de Caridad de este Hospital General contribuir eficazmente al mayor servicio de Dios, bien del público y buenas intenciones de V. Excelencia, en contestación a su oficio del 16 del corriente, debo informarle que las ventajas y utilidades que ha producido aquí el establecimiento de las Hijas de la Caridad del Instituto de San Vicente de Paúl han sido muchas y grandes, en lo espiritual y temporal; y para conocimiento de esta verdad s para el completo de V. Señoría se debe tener presente que estas Hermanas hacen sólo votos simples y no son propiamente religiosas ni guardan clausura. Que dependen de su Superior, que en España es el Rvdo. P. Visitador de la Congregación de San Vicente de Paúl y no se ligan a determinado lugar y ejercicios, sino que las emplea y muda la santa obediencia, según lo considera oportuno y por consiguiente podía en rigor quitar las que envíe a Valencia y sustituir otras.

Después de una exposición muy acertada de las principales bases para su fundación, añade: «De esta sencilla, sustancial y sumaria relación de lo concerniente al establecimiento de las Hijas de la Caridad se conoce y podrá V. Señoría inferir lo que aquí ya tenemos experimentado y es que, estando por su profesión destinadas particularmente al cuidado de estas casas piadosas, sostenidas por el amor de Dios, a cuyo servicio están destinadas, animadas y fortalecidas por la divina gracia y conducidas por la más pura caridad hacia sus prójimos, desempeñan todas sus funciones con el esmero más puntual y exquisito; es así en efecto, porque en el tiempo que prestan sus servicios temporales a los pobres enfermos, tratándoles en su inmediata asistencia con la mayor dulzura, no se olvidan de los espirituales, diciendo con ellos algunas oraciones, hablándoles de Dios y exhortándoles por su amor, a

 

La tolerancia en sus enfermedades y ayudándoles a bien morir, si es necesario en un caso urgente: cuyas gestiones, acompañadas de una conducta irreprensible, como de verdaderas religiosas, producen en lo espiritual, no sólo en los enfermos sino en los demás sirvientes de la casa los más prodigiosos efectos. Aun son mayores con proporción las utilidades temporales que llevan consigo, porque haciendo todos los oficios de la casa, aun los más humildes, que sean compatibles con el decoro de su sexo, excusan en ella una porción de sirvientes asalariados que de otro modo eran indispensables; la limpieza de las salas y el aseo en la ropa les llevan particular atención, como artículos muy considerables para el bienestar de los pobres enfermos; finalmente, la exquisita pero prudente economía, pues saben conciliarla con la máxima precisa de que nada falte con su buen orden, frugalidad y método, etc…

Por lo que respecta al modo de proporcionarlas… la solicitud al Superior siempre es precisa y él podrá informar de lo que en el día deba practicarse…»

Fundación de las Hermanas en Valencia. Al hablar de esta fundación del Hospital General de Valencia es necesario mencionar al dignísimo Arzobispo D. Veremundo Arias Teixeiro, protector insigne de las Hijas de la Caridad, desde que éstas se establecieron en Pamplona, siendo él Obispo de aquella Diócesis. Nombrado Arzobispo de Valencia en 1815, sus caritativos desvelos por los pobres de su hospital le sugirieron la idea de establecerlas en él y, en 17 de febrero de 1817 se firmó la contrata entre la Junta del hospital y el P. Sendra, comisionado del P. Vicario General.

Esta fundación de Valencia venía a ser la principal de todas cuantas había en España, ya por el número de Hermanas, ya por la multiplicidad de sus oficios y ocupaciones. La misma contrata lo dice en su artículo 3° con estas palabras: «el número de las Hijas de la Caridad, de este Hospital General de Valencia, para todas las atenciones, que se expresarán luego, será de veinticuatro, y como no es fácil que todo este número se forme con las que el Reverendísimo General pueda nombrar de las demás Comunidades de España, donde harían mutable falta y además, es muy justo que la mitad, por lo menos, sean naturales o domiciliarias de esta Ciudad o Reino, se pondrán en plena ejecución o práctica todas las cláusulas de esta contrata, luego que haya en Valencia diez o doce Hijas de la Caridad de las enviadas por el Reverendísimo General y para formar el número de veinticuatro se irán recibiendo oportunamente otras nuevas, que se llamarán aprobandas, en la inteligencia de que cuando faltaren algunas del número de este país se completará dicho número con las primeras que hayan de recibirse».

Esto obligó a establecer allí, interinamente un Noviciado General, que proveyese de Hermanas a la fundación y a las demás casas de España.

«La admisión de probandas, dice el artículo 4°, será privativa de la Superiora, con tendencia de su Vicario General o Visitador; no podrá recaer sino en solteras…

5°. Estas aprobandas no podrán pasar a la clase de novicias de la Caridad ni vestir su hábito hasta después de un término competente, en que hayan dado pruebas de merecerlo, que no podrá exceder de ocho meses; entre tanto, aunque seguirán todas las reglas del Instituto, vestirán la ropa de su uso ordinario, llevando sólo para distinguirse un peto de ropa negra de lana de un palmo en cuadro con una cruz de lienzo blanco en medio, de un dedo de ancho, que coja la mayor parte del peto, o bien otra señal equivalente que determine la Superiora, que no sea medalla, escudo ni cinta.

La instalación de las Hermanas en el hospital se hizo con gran solemnidad de misa cantada y sermón, pero con prohibición terminante al predicador de que ni siquiera se hiciera mención del Sr. Arzobispo, pues así lo ordenó el humilde prelado.

Fue nombrada Superiora de esta Comunidad Sor Paula Triguero, enviada, como queda dicho, de la Inclusa de Madrid, de donde vino también Sor Rosa Grau, que fue nombrada Directora de probandas y novicias. Entre las primeras Hermanas aparecen Sor María Antonia’ Borgón, Sor Peregrina Martínez, Sor Catalina Ferrer, Sor Lucía Vilanova, Sor Teresa Bosch y Sor María Encarnación Colomé, de quienes hablaremos al tratar de la terrible epidemia de Tortosa; Sor María Paula Puig, Sor Tecla Pamías, Sor Raimunda Canals, Sor Isabel Castell, Sor Clara Borrás, Sor Luisa Juan, Sor Andréá Duart, Sor María Francisca Font, Sor Valentina Culla, Sor Gertrudis Chiminis, Sor Agustina Ferrandiz, Sor Ventura Frontera, Sor Sabina Canelles, Sor Francisca Esteve, Sor Teresa Porcar y Sor María Angela Guffaus.

En esta, como en otras fundaciones, la instalación de las Hermanas hería intereses creados de personas asalariadas en el servicio de los enfermos, lo que solía provocar hostilidad franca o disimulada, no sólo de los empleados inferiores, sino de las mismas Juntas Administrativas. Esto se vió en Valencia más que en parte alguna, durante los posteriores años de enconadas luchas políticas. Mas, por entonces, las Hermanas estaban defendidas por la Real protección, de que es testimonio la siguiente orden de Su Majestad, que apareció en el Diario de Valencia de 25 de julio de 1818, que honra al insigne Arzobispo Arias Teixeiro no menos que a las Hijas de la Caridad. «Excmo. Señor. He dado cuenta al Rey, nuestro Señor de una exposición de la Junta de Gobierno del Hospital Real y General de esa Ciudad, en que expresa los muchos ahorros y ventajas que se han logrado allí con el establecimiento de las Hijas de la Caridad, tanto en el régimen y mejor asistencia corporal de los enfermos de todas clases, locos, dementes, expósitos, como en los consuelos espirituales que antes estaban bastante descuidados; y también manifiesta dicha Junta el celo y generosidad con que V. Excelencia ha contribuido a que dicho establecimiento de las Hijas de la Caridad se llevase a efecto y pusiese en tan buen estado como se halla en el día, lo que hubiera sido muy difícil de hacer a la Junta del gobierno sóla, por la escasez de sus fondos y medios. Su Majestad ha visto con agrado la exposición de dicha Junta y, en justo aprecio de la protección con que V. Excelencia ha favorecido un establecimiento que promete tantas utilidades en alivio de la humanidad afligida, se ha dignado Su Majestad declarar a V. Excma. Protector y Patrón especial de las. Hijas de la Caridad establecidas en el Hospital Real y General de Valencia, siendo su Real voluntad que este título y nombramiento se entienda igualmente concedido, desde ahora, todos los muy Reverendos Arzobispos, que sucedan a V. Excelencia en su Silla, a fin de que ese interesante establecimiento tenga siempre a su favor el apoyo y beneficencia de los Prelados diocesanos. Lo cual comunico a V.E. de Real orden para su noticia y satisfacción. Y habiendo aceptado con el debido reconocimiento el distinguido favor que me dispensa Su Majestad en este nombramiento lo participo a V. Señoría para su inteligencia y gobierno= Dios guarde a V.S. muchos años; Valencia y junio 10 de 1818 = Fray Veremundo, Arzobispo de Valencia = M. Y. Junta de Gobierno del Hospital Real y General de Valencia.»

Para perpetuar la memoria de tan insigne varón la Junta mandó pintar un gran retrato, con esta inscripción: «El Excmo. Ilmo. Sr. D. Fr. Veremundo Arias Teyxeyro, Arzobispo de Valencia, natural de Cabanelas, Diócesis de Orense, monje Benedictino, Dr. y Catedrático de Teología en la Universidad de Salamanca, Obispo primero de Pamplona, Caballero Gran Cruz de las Reales Órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, Visitador por S.I. del Real Hospital de Valencia, bienhechor insigne de esta casa y, con Real título, primer protector nato de las Hermanas de la Caridad a quienes estableció en el mismo Hospital. Fiel a Dios y al Rey en las dos revoluciones que turbaron la España en su tiempo y perseguido y desterrado por su celo apostólico y restituido, en fin, a su silla, triunfante del cisma y la persecución, expiró tranquilamente en Valencia, el 15 de febrero de 1824, a los 82 años de edad y 20 de Pontificado». En su mano derecha tiene un librito, en cuyo lomo se lee: «Regla de las Hijas de la Caridad».

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