Fundación de las Hermanas en Pamplona. Casi al mismo tiempo de establecerse el noviciado comenzaron las gestiones de la Inclusa de Pamplona para conseguir los servicios de las Hijas de la Caridad.
Fue el promotor de esta obra el eximio Arcediano de aquella Iglesia, D.Joaquín Javier Uriz y Lasaga, futuro Obispo de la misma, quien, animado de la más ardiente compasión por los niños expósitos, levantó a sus expensas un gran edificio, pero no vio satisfechos sus deseos hasta que consiguió establecer allí a las Hermanas. Sin arredrarse ante las dificultades que le salían, a fuerza de reiteradas peticiones y de repetidas diligencias, vio felizmente coronados sus desvelos.
Ya en 11 de febrero de 1803 escribía el Sr. Uriz a la Señora Condesa de Montijo, secretaria de la Junta de Damas de la Inclusa de Madrid el siguiente comunicado: «Excma. Señora Nos esforzamos en hacer una nueva Inclusa y meditarnos darla, desde su origen, cuantas ventajas sean posible… contaba yo por fundamento el imponderable auxilio de las venerables Hijas de la Caridad y, habiendo de empezar por proporcionarlas bien por su Superior escribí al de Barcelona y, poco después, a la Sra. Excma. Condesa de Trullás, mi Señora como jefa de las de ese Noviciado, rogando yo a la última que, aunque fuese subrogando yo novicias en el lugar de las que se me franqueasen, a lo menos por ahora, se nos hiciese el beneficio de darnos dos, mientras se puedan criar hasta seis que deberían emplear aquí. Pero tanto el P. Visitador no trayéndolas de Francia, como la Señora, a pesar de sus deseos y de la bondad que manifiestan, nos desengañan quedando sólo en que, dentro de dos años nos dispondrían tres. Aseguro a V.E. que esto es para mí un dolor …»
Y con la misma fecha escribía a la Condesa de Trullás: «Con solas dos y aún, en último apuro con una, comprendo se pondría este sólido establecimiento, esperando llenar el vacío de la otras dos, cuando se críen en ese santo Noviciado… El Rdo. Padre Visitador me insinúa que aunque no lo contempla llano, se podría ejecutar todo, si de Francia sacáramos dos y para que siga mi aflicción, en algún paso que he dado por los que me lo procurarían de esta Capital, no encuentro prudente esperanza de verificarlo. No obstante, si no hay arbitrio de otra forma, no dejaré de hacer cuantas diligencias caber en mí y únicamente ya no acaloro, porque aun en el caso feliz de lograrlas, advierto que no podrían empezar Pamplona con ellas.
Un nuevo establecimiento no se hace o no prospera sin remover los embarazos de preocupación, y al mismo tiempo que con gozo experimento que el excelente ronce; difundido de las Hijas de la Caridad de esa Inclusa las hace desear en ésta, palpo que sucedería lo contrario conduciéndolas derechamente de Francia por nuestra libertad en hablar y el impedimento del lenguaje. De suerte que si se consiguiese había de ser posible colocarlas en Madrid o en otra parte, dándonos en su lugar otras. Y si V.E. contempla que esto compone la cosa, me esforzaré a pedir cuanto pueda las dos francesas, sin que por ello desista de mi oración de que, a todo trance, a lo menos disponga una para este nuevo domicilio de Piedad.
Cuento con que las novicias que se dediquen y dirijan de ésta han de estar resignadas en manos de la obediencia y con puntual vez se nos enviarán, en su lugar otras sin que ello haya el menor reparo. Y aun cuando no mediara el interés o afición natural de que aquí haya Hijas de la Caridad, en cuanto dependiera de mi proporcionaría gustosamente noviciado para que criadas en su santa profesión, sirviesen en cualquier parte del mundo, y aún presumo que por el carácter de las de acá, saldrán de razonable provecho. Y si V.E. ve que hay falta
y que en llenar algún hueco se han de servir Dios y el público, trataré de informarme bien y, prescindiendo de que se hayan o no de fijar en Pamplona Hijas de la Caridad, enviaría
algunas como que todo es para un mismo bien y santo fin.
El Visitador dice estará en Madrid en éste o el siguiente mes y de todos modos, espero que V.E.. además de sufrirme ha de hallar medios de socorrernos. etc»… Sólo tenemos contestación de la Señora Condesa de Montijo a tan razonadas peticiones: «En el Noviciado se le dice, que se va a establecer en esta Corte no tiene la Junta de Señoras por ahora intervención alguna cuyo encargo ha confiado Su Majestad privativamente a la Excma. Condesa de Trullás.
No es de extrañar que esta Señora y el Padre Visitador dificulten a V. Merced, tanto darle las Hermanas que pide, pues de esta Inclusa, que es la que ha dado la regla para su establecimiento, nos han sacado dos de doce que teníamos necesitando muchas más para la asistencia de 1200 criaturas que entran todos los años…»
Consiguióse la Real licencia para esta fundación de Pamplona en 7 de julio de 1803 mas, viendo el Señor Uriz cerrados los caminos para conseguir Hermanas en Madrid acudió en 30 de marzo de 1804 a la Junta de Lérida. «El celo de V.S.I.. le dice, fue el primero que supo conocer y aprovechar este imponderable tesoro y a él se debe que, a su ejemplo haciendo notorio el copioso fruto espiritual y temporal, que por ese medio se facilita a pobres enfermos y a los expósitos, se haya propagado felizmente este bien en la Monarquía. No obstante, por el corto número que se halla de estas heroínas y por el anhelo con que se las busca, no puedo proporcionar el adelantamiento que apetezco y, en este apuro recurro a al amparo y generosidad de V S.I.
«Así le suplico con mi mayor respeto. etc. Cuento con que antes me he de poner de acuerdo con los Superiores para establecerlas …»
Estaba al frente de la Junta de Beneficencia de Lérida el Ilmo. Sr. Torres, Prelado que fue, como dijimos, entusiasta fundador de las Hermanas en aquel Hospital y, como
navarro que era no pudo menos de recibir complacido la petición de sus paisanos, expresada
en términos tan elogiosos y a la que contestó efusivamente.
“Nosotros tenemos la más grande satisfacción de contribuir por nuestra parte a que tengan efecto los piadosos deseos de V.S.I. y hemos destinado dos Hermanas de toda nuestra
confianza que desempeñarán seguramente cualquier encargo que se les encomiende análogo a los fines que se propuso su Santo Fundador en su instituto y nos lisonjeamos de haber sido los primeros que acogimos por un superior instinto a estas buenas mujeres, que arreglándose exactisimamente a las reglas que les prescribió su Fundador, puede decirse con toda propiedad que son las columnas y el apoyo de estos utilísimos establecimientos.
Estamos muy ciertos de que V.S.I. experimentará esto mismo y que cada día tendrá mayor gozo de haber encontrado este tesoro: Nosotros quedamos muy complacidos de que se haya ofrecido ocasión de dar a V.S.I. este testimonio de nuestra prontitud de ánimo a emplearnos ahora y siempre en cuanto sea de su agrado; creemos que V.S.I. estampará en sus libros cuanto conduzca al honor de esta casa para perpetuar la memoria de que, en ella, encontró V.S.I. lo que apetecían sus ansias y que de ella salieron las maestras que habían de poner la primera piedra del edificio espiritual sobre ese temporal, magnífico y ostentoso que ha erigido la piedad de V.S.I.
Resta que, poniéndose de acuerdo V.S.I. con los Superiores y también con el Visitador y Superior de la Congregación de San Vicente de Paúl, disponga de estas Hermanas cómo y cuándo le pareciese, previniendo que necesitan la licencia y permiso de su Superiora y que, sin ella, no podrán trasladarse a otro parte… = Lérida, abril de 1804.»
En oficio de 18 de abril de 1804 la Junta de Pamplona agradece en términos efusivos al Ilmo. Sr. Torres la cesión de las Hijas de la Caridad y le comunica que el Sr.Uriz, entre otros fines piadosos que ha llevado a Madrid, «es uno el de proporcionar para esta Inclusa el gran bien y socorro de las Hermanas de la Caridad y remover los obstáculos y que le animó sobremanera la finísima carta de V.S.I.» Que esperen las Hermanas en Lérida hasta ver sus gestiones.
Y diez días después le comunica que el Sr. Uriz, Prior ya de Roncesvalles, estuvo un buen rato con la Superiora de dichas Hermanas en Madrid y que, «desean vivamente comunicar el bien de su Instituto a esta Ciudad y Reino». Que esperan que la obra material de la nueva Inclusa podrá habitarse sin escrúpulo de humedad para el próximo septiembre que para entonces estará todo preparado para que «las Hermanas vengan sin tropiezo y con todos los sacramentos del acuerdo de los Superiores y Visitador de la Congregación de San Vicente de Paúl, y en fin, con lo necesario para que aquí sean recibidas como unas enviadas del Señor, para columnas y apoyo de un establecimiento que tanto agrada a Su Divina Majestad y que tantos frutos ha dado y da en cuantas partes ha habido la fortuna de tenerlas». Con fecha 14 de noviembre la Junta de Pamplona comunica al P.Sobíes: «Tenemos construída la nueva Inclusa … nos es de mucho consuelo para el fin, el auxilio de las Hijas de la Caridad de vuestra merced, que en todas partes se dedican infatigablemente a la asistencia de los pobres. Nos hallamos enterados de lo que se trató con el Sr. Prior de Roncesvalles, Dn. Joaquin Javier de Uriz y no sólo lo cumpliremos gustosos, si no que animaremos cuanto nos sea posible a las Hijas de la Caridad, prometiéndonos que, con la gracia del Señor, sea esta una casa que aumente notablemente el buen nombre de tan piadoso Instituto y que ha de producir plantas apreciables para extenderle a donde convenga. Por ello pedimos a vuestra merced encarecidamente que, a las dos que logramos por los Señores de Lérida, nos junte las que pueda, según lo que tiene instado el Sr.Prior y, que a lo menos, la tercera con que por ahora podríamos ejecutar lo principal que nos prometemos. Vemos ya al público impaciente y no podemos justamente retrasar la traslación a la nueva casa. Claro es que las Hermanas han de venir con decoro y comodidad; queda para esto y para cuanto posteriormente ocurra, encargado a nuestro nombre, el Prior …»
Y como si ambas Juntas quisieran superarse en un torneo de cortesía y de aprecio a las Hijas de la Caridad, el Ilmo. Sr. Torres, en nombre de la de Lérida contesta a Pamplona lo siguiente, con fecha 5 de diciembre: «La Junta tiene toda la satisfacción que cabe, en todas y en cada una de las Hermanas y a todas las juzga capaces de poder llenar el nombre de fundadoras, y en la elección que ha hecho de las dos, no fiándose de su propio juicio, se ha confirmado con el de las circunstancias y cualidades de todas y cada una de ellas. Es así como V.S.I. dice, que esta Junta interesa mucho en que las Hermanas llenen el objetivo que V.S.I. se ha propuesto, ya por el honor que nos resulta, va por nuestros vivos deseos de servir a V.S.I. plena y completamente.
«La Junta entiende que todos los gastos de viaje han de ser de cuenta de V.S.I. y tiene asimismo por cierto que V.S.I. estampará en sus libros el don que le ofrecemos y nosotros mismos, siempre con especial afición a esa casa filial, nos gloriaremos de que nuestras Hermanas hayan sido elegidas por V. S.I. para primer fundamento de tan piadoso establecimiento… «
Por ser el primero de su clase, que conocemos, insertamos aquí el siguiente pasaporte de las Hermanas que fueron a esta fundación.
«D. Felipe Sobíes y de Gay, Visitador de la Congregación de la Misión y como tal Superior de las Hijas de la Caridad, autoriza que puedan pasar a la Ciudad de Pamplona para la fundación de la Casa Cuna, las tres Hermanas, Sor Magdalena Piguillén, Sor María Teresa Martí y Sor Josefa Ganaza. Dado en nuestra casa de la Congregación de la Misión de Barcelona, a 5 de enero de 1805.
La primera de estas Hermanas, nombrada Superiora, sólo tenía treinta y tres años de edad y nueve de vocación, igual que la segunda. Para que se vea cuánto suplía en ellas el buen espíritu a sus cortos años. La tercera debió ser una postulante que no llegó a ir. Acaso por esto se retrasó la fundación todavía unos meses, hasta que, con fecha 28 de mayo el Ilmo. Sr.Torres escribe entusiasmado:
«Al fin llegó el dichoso día y me congratulo con vuestra Ilustrísima con deseo de contribuir por mi parte a tan caritativo objeto y ratificando mi promesa de destinar dos de estas Hermanas, he dispuesto que salgan de aquí el tercer día de Pascua, como más indudablemente hará saber a V.I. nuestro Ilustre Prelado. El gasto que con motivo de la tardanza, hayan podido causar estas Hermanas, no es digno de consideración, ni merece la pena de que se hable de ello; mi mayor satisfacción está en que se haya proporcionado esta ocasión de servir a V.I., ayudando a que consiga y ejecute sus laudables y santos proyectos de caridad y humanidad. No es pequeña gloria la que nos resulta de que V.I. estampe en sus anales que de esta casa han salido matronas y directoras capaces de empezar y perfeccionar ese establecimiento: tal es el espíritu de su Instituto que les infunde un amor tierno por esos niños y gracia particular».
Y vamos a cerrar este capítulo con el acta de la inauguración de la nueva Inclusa, documento que resume con delicadas frases de gratitud la historia de esta fundación. ‘En la Ciudad de Pamplona a 23 de junio de 1805, congregados en Junta extraordinaria los SS. D. Miguel Antonio de Uriz, D. Joaquin María Pitillos, canónigos de la Iglesia Catedral Francisco Paula Baradón, Regidor y Cabo de la Parroquia de S. Nicolás, Lic. María Tafalla, Regidor de la de S. Saturnino. D. Pedro Antón Arregui. D.Juan de Irairoz Licenciado D. Joaquín Sagardiburu y D.Juan de Hernández, que son los que componen la Junta del Santo Hospital General de la Inclusa, a una con los Señores D.Luis de Gainza, el cual no asistió y D. Manuel Angel Viduarre y D.José Jerónimo de Elso, quetampoco concurrieron por hallarse ausentes… dijeron: que habiendo debido a la piedad del Rey auxilios muy apreciables, obedeciendo sus soberanas insinuaciones de que se separasen del Hospital, donde los niños tenían su pobre habitación, se declaró el celo y caridad del Muy Iltre Sr. Joaquín Javier de Uriz, entonces canónigo arcediano de tabla de esta Santa Iglesia e individuo de la Junta y hoy Prior de Roncesvalles, por el noble empeño de hacer a sus expensas una nueva Inclusa cómoda y capaz para todos los fines de su Instituto y lo ha verificado hasta tener al presente en pago, a cargo de la casa más de setecientas y cincuenta criaturas de la clase misma de las que hasta aquí morían casi todas, y concluida su nueva fábrica, habiendo la Junta de reconocer, para que siempre conste, que casi todo ese inmenso beneficio se debe a los extraordinarios esfuerzos del Sr.Prior…
Entre los primeros auxilios para el intento se ofreció, como principal, el de procurar Hijas de San Vicente de Paúl, que adoptadas y protegidas por el religioso corazón de Su Majestad, con el piadoso designio de que propagasen ser en su dilatada Monarquía, se lasadmiraba ya en otras partes consagrándose con esmero y edificación por su excelente Instituto en los hospitales y otras ramas al alivio y penosa existencia de los pobres, al socorro de los expósitos y a la cristiana y civil enseñanza de estas niñas creciditas. Que a ese efecto, para poderlas fijar en Pamplona, en su hospital y en la inclusa se obtuvo la real licencia de 7 de julio de 1803, en orden que comunicó el Excmo. Sr D. Pedro Ceballos, primer secretario de Estado de Su Majestad y a su consecuencia con comisión de la ciudad y de Junta, en 22 de mayo de 1804, otorgó escritura de Concordia, en la Villa de Madrid, Antonio de los Ríos, el Prior, con el Sr. D. Felipe Sobíes. Visitador de la Congregación de la Misión de San Vicente de Paúl, Superior de dichas Hermanas y con Sor Manuela Lecina Superiora de las mismas para establecerlas en el modo que consta en la escritura. Que, sin embargo, aunque los Superiores manifestaron los más vivos deseos de proporcionar cuanto antes las necesarias y de los referidos oficios con que se solicitó se experimentó que por la suma falta que hay de dichas Hermanas y las ansias con que las buscan, no era posible cumplir, sin larga dilación, este loable deseo; y en tal estado, se recurrió a la Ilustre Junta del Hospital de la Inclusa de Lérida, y su digno Presidente, el Ilmo. Sr.D.Jerónimo
de Torres, Obispo de aquella Diócesis, natural de la Villa de Allo, de este Reino de Navarra, y no obstante que no tenían número sobrante ni tal vez suficiente, con el objeto de hacer a Navarra este singular beneficio y favor, resolvió desprenderse de dos de sus Hermanas y ofrecérnoslas con la mayor generosidad; y nos las ha concedido con el nuevo rango de que aunque por dificultades que ocurrieron, se ha diferido bastantes meses trasladarlas y habiendo tomado otras que las reemplacen las ha mantenido con otra tercera, que el Superior reunió para esta casa de Pamplona, la han practicado aquéllos de por sí, sin querer la menor remuneración. Y las dos referidas Hermanas de Lérida son Sor Magdalena de Piguillén y Sor María Teresa de Martí y la otra que ha presentado, de la casa de Barbastro, Sor Josefa de Lafón.
Que en tales términos se debe reconocer y estimar fundadora principal de esta Inclusa en el ramo de las Hijas de la Caridad, la de Lérida; y hacerse este alto, de que además ponga copia en forma, en el archivo, para que resulte en todo tiempo y se saque otra que se remita a la Ilustre Junta de Lérida, por insinuación sencilla de nuestra gratitud que le profesamos, como también a aquel Señor Ilmo., que con sus respetos y un notorio amor a la patria, ha contribuído tanto a facilitamos este importante socorro, agregando para complemento de dos finezas, haber determinado que las cuidase y asociase en el viaje el Señor D. Juan de Oriola, dignidad de limosnero de la catedral de Roda, en aquel Obispado y su antiquísimo estimado familiar; que con noticia puntual de las jornadas y deseando recibirlas con el decoro que se las debe, salieron a la venta de Campanas los Señores Prior de Roncesvalles, D.Francisco de Paula Baradán y D.Joaquín Tafalla, Superintendente de la Ciudad y Deán Sagardiburu, el 11 de este mes y, en el 12, recibiéndolas la Junta al ingreso entraron en la nueva preciosa Inclusa, a donde, el día antes, se habían pasado los expósitos con sus nodrizas y las niñas crecidas, que se reunen, para la conveniente enseñanza de su clase …»
Al desempolvar este documento secular de nuestros archivos nótase un aroma delicado de cortesía, nada frecuente entre papeles oficineros. Los nombres de estos dos Prelados, Señores Torres y Uriz, merecen ser catalogados entre los más insignes amigos de las Hijas de la Caridad y bienhechores de los pobres.






