La Provincia de Barcelona hasta 1970 (I)

Mitxel OlabuénagaHistoria de la Congregación de la Misión en EspañaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Antonio Carré .
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Llevaba 128 años de existencia la Provincia de España, y hacía 74 años que la Casa Central de la misma se había trasladado de Barcelona a la nueva fundación de la Casa de Madrid (calle del Barquillo), cuando fue eri­gida la Provincia de Barcelona

A mediados de 1902 contaba la Congregación de la Misión con 22 ca­sas en España y numeroso personal, lo cual hizo que se pensase por muchos en la división de la Provincia de Es­paña en dos Provincias, distintas e in­dependientes la una de la otra, para así fomentar más el desarrollo de nues­tro Instituto en nuestra Patria. En estos sentimientos abundaban especial­mente los misioneros de las Casas exis­tentes en Cataluña y Mallorca, quienes acariciaban la idea de devolver a la ya casi bicentenaria Casa de Barcelona el honroso título de Casa Central.

En la Asamblea Provincial del año 1902, celebrada en Madrid, tomaron parte los beneméritos PP. Juan Jaume, Buenaventura Antonio Bayó, Francisco Vilanova y Miguel Pedrós, Superiores respectivamente de las Casas de Bar­celona, Palma de Mallorca, Figueras y Bellpuig, con los respectivos Diputados PP. Francisco Vigatá, José Sabatés, José Costafreda y José Rigo; y en ella se abordó resueltamente el asunto de la división de la Provincia, siendo el voto casi unánime de los asambleístas favorable a la división. En su conse­cuencia, la Asamblea Provincial pidió al Superior General la erección de una nueva Provincia, cuyo territorio debía comprender en España el Principado de Cataluña, el Reino de Valencia y las Islas Baleares,

 

ERECCION DE LA NUEVA PROVINCIA

A la petición de la Asamblea Pro­vincial contestó el Superior General —P. Antonio Fíat— con el siguiente Decreto, fechado en París el día 24 de agosto de 1902:

«Nos Antonius Fiat, Superior Ge­neralis Congregationis Missionis, atten­tis Constitutionibus de potestate Supe­rioris Generalis, et Decretis Conven­tuum Generalium, númeris 383, 384; attentís exemplis praedecessorum nos­trorum, petitioni ves trae annuentes, Venerabilibus Assistentibus nostris con­sultís, et faventibus, Dei auxilio invo­cato, Provinciam Hispanam dividímus: novam a prima omnino independentem erigimus, cuius territorium comprehen­dat pro Peninsula, regiones Cathalau­niae, Valentiae et Insularum Balea­rium».

Este Decreto fue remitido el día siguiente al Visitador de la Provincia de España —P. Eladio Arnáiz— con una carta del Superior General en la que le decía: «…Le envío mi respues­ta a los Postulados de su Provincia y, con la misma, el Decreto de erección de la nueva Provincia. Confío a usted el cuidado de comunicarlo a las Casas interesadas. Con gusto escogemos al P. Orriols para Visitador de la Pro­vincia de Cataluña».

Como se ve, la nueva Provincia fue llamada al principio Provincia de Ca­taluña; pero, con mejor acuerdo y si­guiendo el eemplo de Italia, ya en el Catálogo de la Congregación de los años 1904-1905 se designan las dos Provincias de España con el nombre de sus respectivas Casas Centrales.

 

ESTABLECIMIENTOS EN ESPAÑA

Al constituirse la Provincia de Bar­celona, constaba ésta de las Casas de Barcelona, Palma de Mallorca, Figueras y Bellpuig.

1. CASA DE BARCELONA. – Se trata de la Casa actual, sita en la calle Provenza, n. 212, construída en el su­periorato del activo P. Benito Ribas e inaugurada en el año 1884. La Casa prácticamente forma todo un cuerpo de edificio con la iglesia —hoy parro­quia de San Severo y San Vicente de Paúl—, cuya primera piedra fue ben­decida y colocada el 29 de julio del año 1885.

La Casa actual de Barcelona —co­mo de todos es sobradamente sabido— es la tercera que nuestra Congregación ha edificado en la Ciudad Condal.

— La primera Casa fue la de la calle Tallers, 77, primera casa y cuna de la Congregación en España, que albergó a los misioneros desde el 8 de julio de 1704 hasta el 4 de marzo de 1823, dedicados plenamente a los mi­nisterios propios de nuestra vocación: predicación, misiones, ejercicios espiri­tuales a sacerdotes, ordenandos, segla­res, etc. Como dato digno de memoria consignemos que los primeros hijos de San Vicente que llegaron a España y que integraron la primera Comunidad de la Casa de Barcelona, fueron los PP. Juan Domingo Orsese —Supe­rior— (genovés), Juan Bautista Balco­ne (milanés), Luis Narváez (español), y dos Hermanos Coadjutores. En tres ocasiones se vieron obligados los nues­tros abandonar la Casa: del 12 de fe­brero de 1809 a 1816, por haberse apoderado de la casa las tropas fran­cesas, lo cual obligó a casi todos los miembros de la Comunidad a buscar refugio en la Casa de Palma de Ma­llorca; del 10 de septiembre de 1821 a últimos de enero de 1822, por ha­ber ofrecido los nuestros voluntaria­mente el edificio como centro sanita­rio, con motivo de la epidemia de la fiebre amarilla que sufrió la ciudad barcelonesa; y, finalmente, al ser des­poseída la Comunidad definitivamente del edificio —el 4 de marzo del año 1823— para ser convertido en Hospi­tal Militar, destino que tuvo hasta prin­cipios de marzo de 1943 en que se procedió a su derribo. La Comunidad, al abandonar definitivamente la Casa, pasó a habitar provisionalmente en el Colegio o Convento de los religiosos Trinitarios calzados, sito en las calles de los Angeles y Peu de la Creu. Al restituirlo por la autoridad civil dicho convento a sus legítimos dueños, los Padre Paúles —en 1824— se instala­ron en la casa de campo de «La Virrei­na», del virrey del Perú, situada en extramuros del barrio de Gracia. Era una casa espaciosa, que fue derribada allá por los años 1877 ó 1878, y sobre una parte de su solar se edificó el ac­tual templo parroquial de San Juan. De la primera Casa de Barcelona so­lamente queda en la actualidad la igle­sia, erigida en parroquia de San Pedro Nolasco, confiada a los religiosos Mer­cedarios. Una gran parte del solar del edificio y huerta se convirtió en vivien­das y en lo que hoy es la Plaza de Castilla.

— La segunda Casa Misión de la Ciudad Condal fue la de la Ronda de San Pablo y calles de La Lealtad y Reina Amalia. El nuevo edificib co­menzó a construirse en 1832, quedan­do parte del mismo dispuesto para ser habitado en el mes de noviembre de 1833. El día 25 de dicho mes empezó el traslado de la Comunidad a la nueva Casa, y —practicándola por seccio­nes— terminó el día 7 de diciembre de aquel mismo año. En la Casa de la Ronda de San Pablo se establecie­ron los mismos ministerios que radi­caban en nuestra Casa de la calle de Tallers. Muy poco tiempo gozaron los nuestros del nuevo edificio, que fue víctima de las circunstancias político- religiosas en que se desenvolvía Espa­ña en el año 1835. En la noche aciaga del 25 de julio de dicho año la Casa fue asaltada por la turba revoluciona­ria. El edificio sufrió poco material­mente, experimentando solamente el incendio de las puertas de la entrada principal y de la cerca de la huerta o jardín. La Comunidad fue trasladada al Castillo de Montjuich entre mil vejá­menes y atropellos, de cuya cárcel pu­dieron salir a los quince días, pasando muchos la frontera para refugiarse en nuestras Casas de Francia; otros se quedaron dispersos en Barcelona y di­versas regiones españolas. Una vez sa­queadas todas las dependencias de la casa, «el delegado municipal mandó tapiar —y se tapiaron— todas las en­tradas y salidas del edificio, y aun toda otra abertura que pudiese prestar ac­ceso a él». Gracias a tal providencia, el edificio se conservó en muy buen estado, y muy pronto se pensó en dar­le un destino público y oficial definiti­vo. En el año 1838 fue convertido en cárcel o prisión, y con tal destino con­tinuó a lo largo de toda la primera mitad del siglo actual; pues, sólo ha­ce unos años, por razones de urbani­zación fue desmontado el edificio, cuyo solar dio lugar al grupo escolar José María Folch y Torres y a la plaza del mismo nombre.

— Restablecida en España la Con­gregación de la Misión por Decreto real del año 1851, la Comunidad de Barcelona pasará por diversas vicisitu­des antes de lograr un lugar a propó­sito para edificar su tercera casa en la ciudad. En efecto: casi un año des­pués de dicho Decreto real, los nues­tros se instalaron en la antigua Cole­giata de Santa Ana, donde permane­cieron hasta el año 1867 ó 1868, fecha en que adquirieron en el Ensanche una casa en la que habían estado las Her­manitas de los Pobres, desbaratando la revolución septembrina de 1868 los proyectos de edificar casa e iglesia propias junto al edificio que ocupaban. Difícil resulta precisar cuál sería la residencia de los nuestros en Barcelo­na en el decenio que va de fines de 1868 a 1878. En el año 1879 están establecidos en una casa de la Rambla de Cataluña, 127; y en 1880 en la Riera de San Juan, 2, cuidando de la iglesia de Santa Marta, hoy derruida por exigencias de urbanización.

— En el año 1867 fue destinado a Barcelona el P. Benito Ribas, que fue nombrado Superior de la Comunidad en 1877. Una de sus más hondas pre­ocupaciones era la de procurar a la Congregación una casa e iglesia propias en Barcelona, a fin de dar más estabi­lidad a la Comunidad y evitar el suce­sivo traslado de domicilio a que se veía obligada.

A juzgar por las cartas cursadas por el P. Ribas al Superior General, el Su­perior de la Comunidad de Barcelona tuvo que hacer acopio de paciencia para vencer las dificultades que se oponían a la realización de su proyecto. En una de sus cartas —fecha 14 de octubre de 1890— se expresa así al Superior General: «…He trabajado con fe y constancia para bien de la Congrega­ción, procurando sobre todo poner a esta Casa en situación de hacer alguna cosa propia de nuestros ministerios. Se ha logrado por la misericordia divina; pues, después de algunos años de situa­ción precaria, habitando casas de al­quiler o prestadas, actualmente la Con­gregación posee en Barcelona una finca en la cual, entre terrenos y obras, se han invertido hasta hoy nada menos que 289.256 francos, sacados todos de ahorros, limosnas y donativos de bien­hechores, sin que haya venido un solo céntimo de la Procura Provincial de Madrid. Es verdad que dejaré alguna deuda, pero insignificante, teniendo en cuenta lo que se ha pagado. Este re­sultado tan satisfactorio, debido todo a la Provincia divina (bien lo sabe el Sr. Maller, a quien nada he ocultado y ha podido comprobarlo en las Visi­tas), ha tenido un enemigo en el Pro­curador Provincial de España. Triste es confesarlo, pero no es menos cierto. El tal Procurador ha procedido con poca nobleza, y —como es vanidosi­llo— no ha sufrido con paciencia que no se contara con él en Barcelona. ¿Y qué culpa tengo yo en esto? ¿Por ven­tura no he contado en todo y para to­do con el Sr. Visitador? No obstante, se me trata con una dureza, quizás po­co vista en nuestra Congregación».

No deja de ser curioso —casi anec­dótico— el contenido de la carta —fe­cha 5 de enero de 1887— dirigida por el mismo P. Ribas al Superior Gene­ral: «…Voy a pedir a V. R. una gra­cia, que no dudo me concederá. Es el caso que una de nuestras Superio­ras, con donativos hechos a las Her­manas, con productos de labores y con algún ahorro en la Casa, ha reunido una cantidad que nunca ha declarado. Claro es que esta Superiora ha faltado y que sus remordimientos son funda­dos. Promete la enmienda para el por­venir; y por lo pasado, para no per­der el buen concepto en que la tienen en Madrid, pide a V. R., como dispen­sador general que es de las dos Fami­lias, que la autorice para destinar lo que tiene en su poder a la obra de la iglesia de San Vicente de Paúl, que con tanta penuria y escasez de recursos levantamos en Barcelona. Esta es la gracia que pido a V. R. Concediéndo­nosla tranquilizará la conciencia de la Superiora, proporcionándonos a la vez un recurso más para continuar la igle­sia y salir de los compromisos en que nos tiene la obra comenzada».

Las obras de construcción de la tercera Casa de la Congregación en Barcelona —la actual Casa Central de la Provincia de Barcelona— quedaron ciertamente terminadas a fines de 1884, fecha que constaba en el arco de la puerta de entrada de la casa, antes de que fuese destruida en la Semana Trá­gica de 1909. La Comunidad tomó in­mediatamente posesión del nuevo edi­ficio; y el P. Ribas escribió —el 13 de febrero de 1885— al Superior Ge­neral: «…Tengo la satisfacción de po­ner en conocimiento de V. R. que, gracias a Dios, habitamos ya nuestra Casa, construida para nosotros, según los planos que tuve el honor de remi­tir a V. R. por conducto del Sr. May­llí. Ha quedado bastante bien y es ca­paz para albergar a un regular número de ejercitantes, y numerosa Comuni­dad, cuando sea voluntad de Dios que aumente. La obra se ha construido con los ahorros que, con permisión del Sr. Maller, veníamos haciendo con este objeto, y con donativos y limosnas, que­dando solamente hoy para pagar 7.600 francos, los que espero nos proporcio­nará la Providencia: como también los que necesitaremos para edificar una iglesia que dedicaremos a nuestro Pa­dre San Vicente».

La iglesia a que alude la carta an­terior y cuya primera piedra fuera so­lemnemente bendecida y colocada el día 19 de julio de 1885, quedó feliz­mente terminada a mediados de abril de 1889, y se abrió al público en el primer domingo de mayo del mismo año. Anotemos que el edificio de la iglesia inaugurado en 1889 ha experi­mentado —a lo largo de sus casi 90 años de existencia— notables mejoras en amplitud de local y en ornamenta­ción litúrgica: mejoras que han tenido por causa no solamente reparar el la­mentable estado en que la dejaron los incendios de 1909 y 1936, sino tam­bién fomentar la piedad y dar la má­xima facilidad y comodidad a la nume­rosa feligresía que en todo tiempo la ha frecuentado.

La actual Casa de Barcelona fue bautizada con el nombre de «Casa Misión y Ejercicios de San Vicente de Paúl», según reza el membrete del pa­pel de cartas de los primeros años de su fundación. La Comunidad se ha dedicado a casi todos los ministerios propios de la Congregación: predica­ción, misiones, ejercicios espirituales a sacerdotes, ordenandos y seglares, Es­cuela Apostólica, asistencia espiritual a las Hijas de la Caridad, culto, etc., legado recibido de nuestros mayores que se ha guardado y cumplido fiel­mente a la medida de las posibilidades y las exigencias de los tiempos.

— La Casa de Barcelona tiene una Residencia —abierta el 27 de noviem­bre de 1972, en la calle Mallorca, 638­640, 7.°, 2.a— con fines pastorales y residencia de nuestros estudiantes.

— Para bibliografía de las Casas de la Congregación de la Misión en Barcelona, anotamos —además del Re­sumen histórico de la congregación de la misión en España (1704-1868), del

P. BENITO PARADELA— los dos volú­menes de la obra histórica: Las casas de los religiosos en Barcelona y Los religiosos en Cataluña, del canónigo e historiador barcelonés D. CAYETANO BARRAQUER ROVIRALTA, y las publicaciones Germanor (1913-1938) y Anales de la Congregación de la misión de la Provincia de Barcelona (1939-1973).

2. CASA DE PALMA DE MALLOR­CA. — En los primeros años del esta­blecimiento de la Congregación en Es­paña llegaron a la Casa de Barcelona, procedentes de la diócesis de Mallorca, algunos grupos ordenandos para hacer los ejercicios espirituales. Debido a ello, ya en 1711 se conocía en Mallorca la fama de los ejercicios espirituales dirigidos por nuestros misioneros y de los grandes bienes que éstos produ­cían en el obispado de Barcelona.

Vivían por entonces en Palma de Mallorca dos eclesiásticos muy dignos y muy celosos del bien de la Iglesia y de la santidad del estado eclesiástico, y ambos habían estado en Roma y co­nocido a nuestros misioneros, en cuya Casa de Montecitorio habían practica­do los ejercicios espirituales. Animados por la buena fama de los misioneros de Barcelona y por el conocimiento de los fines de la Congregación que ha­bían adquirido en Roma, concibieron la idea de fundar en Palma de Mallor­ca una Casa de dicho Instituto. desti­nando a ello gran parte de sus bienes. Eran estos eclesiásticos el muy ilustre doctor D. Miguel Sastre y Palou, ar­cediano de la Santa Iglesia Catedral y el Rvdo. Sr. Pedro Bersotti. Este úl­timo murió antes de que se intentase la ejecución del por ellos tan acaricia­do proyecto.

El rico archivo de la Casa de Pal­ma de Mallorca permite seguir casi paso a paso todos los trámites de la fundación de la Casa Misión.

El muy ilustre doctor D. Miguel Sastre —el día 5 de febrero de 1722— se puso en relación con el P. Salvador Barrera, Superior de la Casa de Bar­celona, comunicándole sus deseos y los bienes con que contaba para la funda­ción. En el mismo mes y año el Padre Barrera contestó al Sr. Miguel Sastre: «…Acerca de lo que V. M. tiene oto,- gado en su testamento de la mitad de sus bienes, con el predio, casas y li­brería, debo decirle que dicho fondo será un poco escaso, por los muchos gastos que trae nuestro Instituto; por­que, primeramente, la Casa debe sus­tentar a todos sus individuos, dándo­les vestidos interiores y exteriores, con todo cuanto han menester, sin que se les permita —por ningún caso— pedir o recibir de sus deudos o amigos cosa alguna para su particular servicio, sino que todo lo que es razonable, según nuestras Reglas, lo debe suministrar la Casa. 2.° Estamos obligados a hacer las misiones a nuestros gastos, sin po­der recibir en dicha función el más mínimo regalo que nos ofrezcan. 3.° Todos los que se quieran retirar a ha­cer ejercicios los debemos tratar hon­radamente, sin poderles pedir retribu­ción alguna, ni inducirles —aún indi­rectamente— a que nos den; mas si ellos de suyo nos hicieren alguna li­mosna la podemos recibir, lo que sólo es prohibido en las misiones. Mas en los ordenandos que los SS. Obispos nos envían, si dichos SS. Timos. los obligan a dar alguna ayuda de costa para su sustento, también tenemos de­clarado en dicho caso lo podemos re­cibir».

Esta carta del P. Barrera es el re­sultado de la primera gestión hecha por el Sr. Miguel Sastre. Después me­diaron otras cartas entre ambos seño­res; y en el mes de febrero de 1724 el Sr. Sastre insistió ante el P. Barrera para que apresurase la fundación, pues deseaba verla realizada cuanto antes, y —el 17 de marzo de este mismo año— el P. Barrera le escribió pidién­dole una nota concreta de la dote que, en definitiva, destinaba a esta funda­ción, y le decía al mismo tiempo que se darían los pasos convenientes a es­te fin.

Los trámites fueron largos y a ve­ces algo enojosos. La completa docu­mentación del archivo de la Casa de Palma de Mallorca da fe de ello. Las dificultades que iban a surgir de la eje­cución testamentaria del fundador no fueron ciertamente previstas en un principio por el P. Barrera; dificulta­des que entorpecieron por varios años la realización de la fundación, y que —como única solución— fueron so­metidas a una sentencia arbitral que dictó su fallo definitivo el 28 de se­tiembre de 1736.

— La Casa Misión de Palma de Mallorca fue abierta o inaugurada el día 21 de octubre de 1736, aun cuan­do el Decreto de aprobación del señor obispo de Mallorca no fue emitido has­ta el 9 de noviembre del mismo año. A ella fueron destinados, procedentes de la Casa de Barcelona, los PP. Ba­rrera —Superior—, Gaspar Tella, To­más Pinell, y el Hno. Coadjutor Mi­guel Xuriach, quienes embarcaron en la Ciudad Condal para la isla mallorquina al anochecer del día 19 de oc­tubre de 1736. Dos noches y un día duró la navegación, y llegaron al puer­to de Palma de Mallorca a la salida del sol del día 21 de dicho mes.

Los fines de la fundación eran idén­ticos a los de la Casa de Barcelona: predicación, misiones, ejercicios espiri­tuales a sacerdotes, ordenandos y se­glares, culto, etc. Posteriormente, a estos fines se sumaron la Escuela Apos­tólica, Seminario interno y asistencia espiritual a las Hijas de la Caridad.

Puede afirmarse que no hay otra Casa entre todas las de nuestras Pro­vincias de España que aventaje en pres­tigio a la Casa Misión de Palma de Mallorca en el ejercicio de nuestros principales ministerios. Constantemen­te y casi ininterrumpidamente —a pe­sar de los trastornos políticos de nues­tra nación— durante más de dos siglos los misioneros mallorquines se han de­dicado a la predicación, misiones y ejercicios espirituales. Sólo a raíz de las actuales circunstancias ha- sufrido un lamentable ocaso

Una vez más nos remitimos al Ar­chivo de la Casa. El «Llibre de Mis­sions» —rico tesoro de familia— enu­mera y describe con detalles interesan­tes y curiosos todas las misiones pre­dicadas por los miembros de la Comu­nidad destinados a este ministerio. Nuestros misioneros dedicaban a este ministerio una buena parte del año, de modo que saliendo a predicarlas en octubre o noviembre, encontramos a veces que se prolongan hasta el mes de julio del año siguiente, pero más frecuentemente hasta mediados de ju­nio o final del mismo. Ni siquiera in­terrumpían las misiones en tiempo de Navidad. De las cinco primeras Navi­dades que celebraron en Mallorca, sólo una —la del año 1739— la pasaron en casa, y puede juzgarse qe se vieron obligados a ello por tener una tanda de ejercicios espirituales a ordenandos. En cambio, encuentro que procuraban estar en casa por toda la cuaresma, durante la cual solían dar bastantes tan­das de ejercicios a toda clase de per­sonas, como también por las témpo­ras para los ejercicios espirituales de ordenandos. Durante los primeros cua­tro años de la fundación de la Casa estuvieron en misión un total de 604 días, dieron 11 tandas de ejercicios es­pirituales a los ordenandos, y dirigie­ron otros 40 ejercitantes repartidos en varios meses.

No hay ciudad, villa, pueblo, aldea y predio particular de la isla de Ma­llarca que no hayan sido misionados cuatro, cinco y más veces por los sa­cerdotes de la Casa Misión de Palma.

Y su celo llegó más allá. Por tres veces misionaron todos los pueblos de la isla de Menorca, y por dos veces todos los pueblos y aldeas de las islas de Ibiza y Formentera. En las islas de Menorca e Ibiza al ministerio de las misiones unían simultáneamente la predicación de ejercicios espirituales al clero, a las comunidades religiosas y a toda clase de personas.

Son dignos de memoria y venera­ción los misioneros que murieron «con las armas en la mano», mientras pre­dicaban la misión: tales son el Padre Víctor Melción, fallecido en Alayor (Menorca), el 7 de setiembre de 1782; el P. Bruno Gasch, fallecido el 29 de febrero de 1794 en Mercadal (Menor­ca); el P. Bartolomé Enseñat, muerto en Pollensa (Mallorca) el 11 de agosto de 1827…

— La Casa Misión de Palma de Mallorca fue el providencial refugio de muchos cohermanos franceses, que —víctimas de la revolución en su país a fines del siglo XVIII— llegaron a Mallorca. Lo fue también para no po­cos cohermanos de la Provincia de España, que —en 1808— con motivo de la invasión napoleónica, tuvieron que abandonar la Península. En 1835 abrió sus puertas y acogió a los nues­tros, que —huyendo de las turbulen­cias políticas y persecutorias produci­das en España— buscaron seguridad en la isla mallorquina. En 1909 encon­traron asilo en la Casa Misión de Pal­ma de Mallorca varios Padres y la to­talidad de Hermanos Estudiantes, a consecuencia de la Semana Trágica de Barcelona. Y en julio de 1936, con mo­tivo de las fiestas bicentenarias de la Casa, en ella se salvaron de la revo­lución marxista un considerable núme­ro de Padres y también la totalidad de Hermanos Estudiantes de la Provin­cia de Barcelona, invitados a festejar tan fausto acontecimiento.

Resultaría incompleta esta rese­ña histórica de la Casa Misión de Pal­ma de Mallorca, si no hiciéramos cons­tar que en ella radicaron una Escuela Apostólica y el Seminario interno.

La Escuela Apostólica fue abierta el 7 de enero de 1891 por el venerable P. Bayó. En los 50 primeros años de dicha Escuela, pasaron por ella unos 520 apostólicos, de los cuales 60 llegaron al sacerdocio, 4 murieron en el Seminario interno y 5 se hicieron Hermanos Coadjutores. A pesar de las reformas obradas en diversas ocasiones en el local que albergaba a los apostó­licos, recientemente se pensó que no reunía las condiciones exigidas por la pedagogía moderna, y se construyó un edificio espacioso y apropiado en las afueras de la ciudad de Palma, que fue inaugurado el 10 de setiembre de 1969. En la nueva Escuela Apostólica sola­mente se cursaron tres años académi­cos. En el curso 1971-1972 el alum­nado sumaba 87 niños, de los cuales 21 eran externos. Ante las dificultades para conseguir del Estado el reconoci­miento oficial, habida cuenta del casi nulo rendimiento vocacional y estudia­das las proposiciones hechas por las autoridades civiles de Mallorca, se transfirió la propiedad del edificio —el 7 de setiembre de 1972— que se con­virtió en Facultad de Ciencias, depen­diente de la Universidad Autónoma de Barcelona. La Escuela Apostólica que­dó temporalmente cerrada.

El Seminario interno radicó en la Casa de Palma por espacio de 27 años y 5 meses, es decir, desde me­diados de marzo de 1912 al 17 de agosto del año 1939, fecha en que se instaló de nuevo en la Casa de Espluga de Francolí.

Desde el 1 de setiembre de 1973 la Comunidad de Palma de Ma­llorca tiene a su cargo la Parroquia de la Sagrada Familia en un suburbio de la ciudad.

Con motivo del bicentenario de la fundación de la Casa Misión de Pal­ma de Mallorca, en 1936, el P. José María Perelló, escribió una extensa monografía de dicha Casa, que ha sido publicada en «Anales de la Congrega­ción de la Misión y de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Barcelona (números 118, 119, 120 y 121, de los años 1972 y 1973). Además del Resu­men histórico de la Congregación de la misión en España (1704-1868), del Pa­dre Benito Paradela, hay abundancia de noticias sobre la Casa de Palma de Mallorca en el Archivo de la misma, y en las publicaciones de «Germanor» (1913-1938) y «Anales de la Congrega­ción de la Misión de la Provincia de Barcelona» (1939-1973).

3. CASA DE FIGUERAS. – El día  25 de mayo de 1969, solemnidad de Pentecostés, la Casa de Figueras cele­bró el 75 aniversario de su fundación. Con tal motivo se publicó en «Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad de la Provin­cia de Barcelona (n. 108, marzo-abril de 1969) una completa reseña históri­ca de dicha Casa escrita por el Padre Mateo Coll.

— Un tanto ardua y laboriosa de­bió ser la tramitación de la fundación, a juzgar por la correspondencia que al efecto medió entre el Visitador de la Provincia de España —P. Eladio Arnáiz— y el Superior General —Pa­dre Antonio Fiat—, a quien no satis­facían en un principio los fines de la fundación presentados, por no figurar en ellos los propios de nuestro Insti­tuto, especialmente el de las misiones. El día 21 de setiembre de 1893 el mencionado P. Arnáiz replicaba al Su­perior General en estos términos: «…La fundación que se nos ofrece en la ciudad de Figueras, que en opinión de todos mis Consultores debe ser aceptada, tiene por objeto: 1.0, la di­rección religiosa y espiritual de un Asi­lo de ancianos pobres; 2.°, el ejercicio de predicación y confesonario en la iglesia pública, distinta de la. Capilla del Asilo, y unida a la casa destinada para los misioneros; 3.0, enseñanza del catecismo y religión a los obreros, que asisten de 6 a 8 de la tarde a la misma casa de los misioneros; 4.°, de­sea también el Prelado que éstos se encarguen también de una enseñanza de latín y pequeño seminario. Creemos aquí todos, que las dichas funciones son muy propias de nuestra santa vo­cación, aún la de instruir en la doctri­na cristiana a los jóvenes obreros, etc., pues una cosa parecida se hace en Santa Rosalía, París. La ciudad de Figueras cuenta con 18.000 habitantes, no hay en ella más que una parroquia y ninguna comunidad religiosa de va­rones; por lo que es de esperar que nuestros misioneros harán mucho bien a las almas. Tenemos, además, funda­mento para esperar que pronto se da­rán misiones, pues hay personas pia­dosas que manifiestan deseos de ayu­dar a esta santa obra con sus recursos. El caballero que propone la fundación desea pronta respuesta, y espera con ansia que la aceptemos; ruego, pues, humildemente a usted pronta respues­ta. La ciudad de Figueras, cerca de la frontera de Francia, pertenece a la diócesis de Gerona, Cataluña…».

— Presentadas las bases de funda­ción por D. Mariano Vilallonga y Gi­puló —el 6 de abril de 1894— y acep­tadas por parte de la Congregación —el día 21 de los mismos mes y año—, el 13 de mayo de 1894, domingo de Pentecostés, se inauguró oficialmente la Casa de Figueras y sus trabajos mi­nisteriales, siendo integrada la Comu­nidad por los PP. Miguel Pedrós —Su­perior—, Juan Llitrá, Juan Campomar, Cecilio Nuño, y dos Hermanos Coad­jutores.

Sus primeros Superiores —PP. Mi­guel Pedrós y Francisco Vilanova­dejaron huellas de laboriosidad y ejem­plaridad, que fueron pauta para el fu­turo en lo tocante al fiel cumplimiento de los fines fundacionales de la Casa. Lo constatan el celo que la Comunidad ha desplegado en todo tiempo en lo tocante a la asistencia espiritual —en vida y en el trance de la muerte— a los ancianos asilados; la labor reali­zada —hasta junio de 1967— en fa­vor de los jóvenes obreros asistentes a la Escuela Nocturna: muchos de ellos han llegado donde están, gracias a la formación intelectual, religiosa y moral adquirida en sus años de clase nocturna; el culto de la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, que se ha mantenido constante, fervo­roso y siempre en auge consolador.

Se establecieron en la Capilla pia­dosas asociaciones, tales como la Aso­ciación de los Hijos de María, la Ado­ración Nocturna, la Obra expiatoria de Nuestra Señora de Montligeon, la Aso­ciación de la Medalla Milagrosa y la asesoría y dirección espiritual de uno de los «praesidium» de la Legión de María.

Desde un principio la Comunidad de Figueras no se contentó con la rea­lización de sus fines fundacionales. Además de la Preceptoría de latín, con­fiada por el Prelado gerundense a los nuestros y que dejó de existir en 1903, la Comunidad abrió una Escuela Apos­tólica que sólo tuvo dos años de vida; fundó el Colegio de la Milagrosa —en 1904— para la educación de la juven­tud masculina, que tuvo una vida flo­reciente, tanto en la matrícula de co­legiales, internos y externos, de pri­mera enseñanza, Bachillerato y Comer­cio, como en los éxitos de los exáme­nes en el Instituto de Figueras. De este Colegio salió un numeroso grupo de alumnos que, años más tarde, se­rían hombres notables y significados en la vida de la Ciudad. El Colegio no pudo competir con el de los Her­manos Maristas, y se vio precisado a cerrar sus puertas entre los años 1909 y 1910.

— No se equivocó el P. Arnáiz al vaticinar al Superior General que es­peraba que pronto la proyectada Casa de Figueras se dedicaría al ministerio de las misiones. En efecto, el ministe­rio de la predicación y de las misiones ha sido el ministerio predilecto de la Comunidad de Figueras desde su fun­dación. Es una verdadera lástima que —en julio de 1936— desapareciera totalmente el Archivo de la Casa, con cuyos datos podríamos reducir a cifras dicho ministerio, y serían ciertamente cifras muy elocuentes. Solamente pue­do hacer uso de los datos que van de 1940 a 1968. En dicho período los miembros de la Comunidad de Figue­ras han predicado: 86 misiones, 86 tandas de ejercicios espirituales, 73 no­venarios, 142 septenarios, 113 quina­rios, 141 triduos y 487 sermones sueltos.

A pesar de la dificultad que los nuestros encontraron para establecer en la Casa de Figueras los ejercicios espirituales al clero, por tener el obis­pado de Gerona casa propia de ejerci­cios en Bañolas, el Prelado gerundense accedió a que en nuestra Casa se esta­bleciera dicho ministerio desde el año 1921, y a él se dedicaron los nuestros hasta el año 1936 «con beneplácito del señor obispo y satisfacción de los se ñores sacerdotes». Restablecida —en 1939— la Comunidad de Figueras, pa­rece que —por parte de la curia dio­cesana de Gerona— hubo dificultades para que nuestra Casa se abriera a los sacerdotes ejercitantes. En 1955 se interesaron en ello algunos sacerdotes diocesanos ante su Prelado, y éste auto­rizó de una manera condicionada los ejercicios espirituales en nuestra Casa, ministerio que prácticamente perdura hasta el presente.

La Comunidad de Figueras también ha acogido en su Casa a los sacerdotes diocesanos para la práctica de su retiro espiritual mensual desde 1933 hasta hace unos pocos años en que dicho retiro se trasladó a la parroquia de San Pedro, por expresa voluntad del párroco de la misma.

— Con toda justicia se puede decir que es un verdadero desfile de mi­sioneros, un glorioso cortejo de Padres Paúles que dejaron huella en la vida religiosa y espiritual de la ciudad figue­rense y de toda la región ampurdanesa los que han dado vida a la Casa de Figueras: sacerdotes venerables por su virtud y ciencia, celosos y prudentes directores de almas, ejemplares por su caridad y particularmente para con los pobres…; jóvenes y ancianos misione­ros de la Palabra de Dios en todos los púlpitos de la provincia gerundense: celosos predicadores que gastaron sus energías recorriendo ciudades, pueblos y aldeas, anunciando a las almas el evangelio de salvación…; hijos de San Vicente que siempre hicieron gala de prestar sus servicios al clero dio­cesano…; sacerdotes que se compla­cían en el ejercicio de toda obra de misericordia para con el prójimo, de cualquier clase y condición, y que se esmeraban en asistir a los ancianos y enfermos, en enseñar a los ignorantes…

 

 

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