Llevaba 128 años de existencia la Provincia de España, y hacía 74 años que la Casa Central de la misma se había trasladado de Barcelona a la nueva fundación de la Casa de Madrid (calle del Barquillo), cuando fue erigida la Provincia de Barcelona
A mediados de 1902 contaba la Congregación de la Misión con 22 casas en España y numeroso personal, lo cual hizo que se pensase por muchos en la división de la Provincia de España en dos Provincias, distintas e independientes la una de la otra, para así fomentar más el desarrollo de nuestro Instituto en nuestra Patria. En estos sentimientos abundaban especialmente los misioneros de las Casas existentes en Cataluña y Mallorca, quienes acariciaban la idea de devolver a la ya casi bicentenaria Casa de Barcelona el honroso título de Casa Central.
En la Asamblea Provincial del año 1902, celebrada en Madrid, tomaron parte los beneméritos PP. Juan Jaume, Buenaventura Antonio Bayó, Francisco Vilanova y Miguel Pedrós, Superiores respectivamente de las Casas de Barcelona, Palma de Mallorca, Figueras y Bellpuig, con los respectivos Diputados PP. Francisco Vigatá, José Sabatés, José Costafreda y José Rigo; y en ella se abordó resueltamente el asunto de la división de la Provincia, siendo el voto casi unánime de los asambleístas favorable a la división. En su consecuencia, la Asamblea Provincial pidió al Superior General la erección de una nueva Provincia, cuyo territorio debía comprender en España el Principado de Cataluña, el Reino de Valencia y las Islas Baleares,
ERECCION DE LA NUEVA PROVINCIA
A la petición de la Asamblea Provincial contestó el Superior General —P. Antonio Fíat— con el siguiente Decreto, fechado en París el día 24 de agosto de 1902:
«Nos Antonius Fiat, Superior Generalis Congregationis Missionis, attentis Constitutionibus de potestate Superioris Generalis, et Decretis Conventuum Generalium, númeris 383, 384; attentís exemplis praedecessorum nostrorum, petitioni ves trae annuentes, Venerabilibus Assistentibus nostris consultís, et faventibus, Dei auxilio invocato, Provinciam Hispanam dividímus: novam a prima omnino independentem erigimus, cuius territorium comprehendat pro Peninsula, regiones Cathalauniae, Valentiae et Insularum Balearium».
Este Decreto fue remitido el día siguiente al Visitador de la Provincia de España —P. Eladio Arnáiz— con una carta del Superior General en la que le decía: «…Le envío mi respuesta a los Postulados de su Provincia y, con la misma, el Decreto de erección de la nueva Provincia. Confío a usted el cuidado de comunicarlo a las Casas interesadas. Con gusto escogemos al P. Orriols para Visitador de la Provincia de Cataluña».
Como se ve, la nueva Provincia fue llamada al principio Provincia de Cataluña; pero, con mejor acuerdo y siguiendo el eemplo de Italia, ya en el Catálogo de la Congregación de los años 1904-1905 se designan las dos Provincias de España con el nombre de sus respectivas Casas Centrales.
ESTABLECIMIENTOS EN ESPAÑA
Al constituirse la Provincia de Barcelona, constaba ésta de las Casas de Barcelona, Palma de Mallorca, Figueras y Bellpuig.
1. CASA DE BARCELONA. – Se trata de la Casa actual, sita en la calle Provenza, n. 212, construída en el superiorato del activo P. Benito Ribas e inaugurada en el año 1884. La Casa prácticamente forma todo un cuerpo de edificio con la iglesia —hoy parroquia de San Severo y San Vicente de Paúl—, cuya primera piedra fue bendecida y colocada el 29 de julio del año 1885.
La Casa actual de Barcelona —como de todos es sobradamente sabido— es la tercera que nuestra Congregación ha edificado en la Ciudad Condal.
— La primera Casa fue la de la calle Tallers, 77, primera casa y cuna de la Congregación en España, que albergó a los misioneros desde el 8 de julio de 1704 hasta el 4 de marzo de 1823, dedicados plenamente a los ministerios propios de nuestra vocación: predicación, misiones, ejercicios espirituales a sacerdotes, ordenandos, seglares, etc. Como dato digno de memoria consignemos que los primeros hijos de San Vicente que llegaron a España y que integraron la primera Comunidad de la Casa de Barcelona, fueron los PP. Juan Domingo Orsese —Superior— (genovés), Juan Bautista Balcone (milanés), Luis Narváez (español), y dos Hermanos Coadjutores. En tres ocasiones se vieron obligados los nuestros abandonar la Casa: del 12 de febrero de 1809 a 1816, por haberse apoderado de la casa las tropas francesas, lo cual obligó a casi todos los miembros de la Comunidad a buscar refugio en la Casa de Palma de Mallorca; del 10 de septiembre de 1821 a últimos de enero de 1822, por haber ofrecido los nuestros voluntariamente el edificio como centro sanitario, con motivo de la epidemia de la fiebre amarilla que sufrió la ciudad barcelonesa; y, finalmente, al ser desposeída la Comunidad definitivamente del edificio —el 4 de marzo del año 1823— para ser convertido en Hospital Militar, destino que tuvo hasta principios de marzo de 1943 en que se procedió a su derribo. La Comunidad, al abandonar definitivamente la Casa, pasó a habitar provisionalmente en el Colegio o Convento de los religiosos Trinitarios calzados, sito en las calles de los Angeles y Peu de la Creu. Al restituirlo por la autoridad civil dicho convento a sus legítimos dueños, los Padre Paúles —en 1824— se instalaron en la casa de campo de «La Virreina», del virrey del Perú, situada en extramuros del barrio de Gracia. Era una casa espaciosa, que fue derribada allá por los años 1877 ó 1878, y sobre una parte de su solar se edificó el actual templo parroquial de San Juan. De la primera Casa de Barcelona solamente queda en la actualidad la iglesia, erigida en parroquia de San Pedro Nolasco, confiada a los religiosos Mercedarios. Una gran parte del solar del edificio y huerta se convirtió en viviendas y en lo que hoy es la Plaza de Castilla.
— La segunda Casa Misión de la Ciudad Condal fue la de la Ronda de San Pablo y calles de La Lealtad y Reina Amalia. El nuevo edificib comenzó a construirse en 1832, quedando parte del mismo dispuesto para ser habitado en el mes de noviembre de 1833. El día 25 de dicho mes empezó el traslado de la Comunidad a la nueva Casa, y —practicándola por secciones— terminó el día 7 de diciembre de aquel mismo año. En la Casa de la Ronda de San Pablo se establecieron los mismos ministerios que radicaban en nuestra Casa de la calle de Tallers. Muy poco tiempo gozaron los nuestros del nuevo edificio, que fue víctima de las circunstancias político- religiosas en que se desenvolvía España en el año 1835. En la noche aciaga del 25 de julio de dicho año la Casa fue asaltada por la turba revolucionaria. El edificio sufrió poco materialmente, experimentando solamente el incendio de las puertas de la entrada principal y de la cerca de la huerta o jardín. La Comunidad fue trasladada al Castillo de Montjuich entre mil vejámenes y atropellos, de cuya cárcel pudieron salir a los quince días, pasando muchos la frontera para refugiarse en nuestras Casas de Francia; otros se quedaron dispersos en Barcelona y diversas regiones españolas. Una vez saqueadas todas las dependencias de la casa, «el delegado municipal mandó tapiar —y se tapiaron— todas las entradas y salidas del edificio, y aun toda otra abertura que pudiese prestar acceso a él». Gracias a tal providencia, el edificio se conservó en muy buen estado, y muy pronto se pensó en darle un destino público y oficial definitivo. En el año 1838 fue convertido en cárcel o prisión, y con tal destino continuó a lo largo de toda la primera mitad del siglo actual; pues, sólo hace unos años, por razones de urbanización fue desmontado el edificio, cuyo solar dio lugar al grupo escolar José María Folch y Torres y a la plaza del mismo nombre.
— Restablecida en España la Congregación de la Misión por Decreto real del año 1851, la Comunidad de Barcelona pasará por diversas vicisitudes antes de lograr un lugar a propósito para edificar su tercera casa en la ciudad. En efecto: casi un año después de dicho Decreto real, los nuestros se instalaron en la antigua Colegiata de Santa Ana, donde permanecieron hasta el año 1867 ó 1868, fecha en que adquirieron en el Ensanche una casa en la que habían estado las Hermanitas de los Pobres, desbaratando la revolución septembrina de 1868 los proyectos de edificar casa e iglesia propias junto al edificio que ocupaban. Difícil resulta precisar cuál sería la residencia de los nuestros en Barcelona en el decenio que va de fines de 1868 a 1878. En el año 1879 están establecidos en una casa de la Rambla de Cataluña, 127; y en 1880 en la Riera de San Juan, 2, cuidando de la iglesia de Santa Marta, hoy derruida por exigencias de urbanización.
— En el año 1867 fue destinado a Barcelona el P. Benito Ribas, que fue nombrado Superior de la Comunidad en 1877. Una de sus más hondas preocupaciones era la de procurar a la Congregación una casa e iglesia propias en Barcelona, a fin de dar más estabilidad a la Comunidad y evitar el sucesivo traslado de domicilio a que se veía obligada.
A juzgar por las cartas cursadas por el P. Ribas al Superior General, el Superior de la Comunidad de Barcelona tuvo que hacer acopio de paciencia para vencer las dificultades que se oponían a la realización de su proyecto. En una de sus cartas —fecha 14 de octubre de 1890— se expresa así al Superior General: «…He trabajado con fe y constancia para bien de la Congregación, procurando sobre todo poner a esta Casa en situación de hacer alguna cosa propia de nuestros ministerios. Se ha logrado por la misericordia divina; pues, después de algunos años de situación precaria, habitando casas de alquiler o prestadas, actualmente la Congregación posee en Barcelona una finca en la cual, entre terrenos y obras, se han invertido hasta hoy nada menos que 289.256 francos, sacados todos de ahorros, limosnas y donativos de bienhechores, sin que haya venido un solo céntimo de la Procura Provincial de Madrid. Es verdad que dejaré alguna deuda, pero insignificante, teniendo en cuenta lo que se ha pagado. Este resultado tan satisfactorio, debido todo a la Provincia divina (bien lo sabe el Sr. Maller, a quien nada he ocultado y ha podido comprobarlo en las Visitas), ha tenido un enemigo en el Procurador Provincial de España. Triste es confesarlo, pero no es menos cierto. El tal Procurador ha procedido con poca nobleza, y —como es vanidosillo— no ha sufrido con paciencia que no se contara con él en Barcelona. ¿Y qué culpa tengo yo en esto? ¿Por ventura no he contado en todo y para todo con el Sr. Visitador? No obstante, se me trata con una dureza, quizás poco vista en nuestra Congregación».
No deja de ser curioso —casi anecdótico— el contenido de la carta —fecha 5 de enero de 1887— dirigida por el mismo P. Ribas al Superior General: «…Voy a pedir a V. R. una gracia, que no dudo me concederá. Es el caso que una de nuestras Superioras, con donativos hechos a las Hermanas, con productos de labores y con algún ahorro en la Casa, ha reunido una cantidad que nunca ha declarado. Claro es que esta Superiora ha faltado y que sus remordimientos son fundados. Promete la enmienda para el porvenir; y por lo pasado, para no perder el buen concepto en que la tienen en Madrid, pide a V. R., como dispensador general que es de las dos Familias, que la autorice para destinar lo que tiene en su poder a la obra de la iglesia de San Vicente de Paúl, que con tanta penuria y escasez de recursos levantamos en Barcelona. Esta es la gracia que pido a V. R. Concediéndonosla tranquilizará la conciencia de la Superiora, proporcionándonos a la vez un recurso más para continuar la iglesia y salir de los compromisos en que nos tiene la obra comenzada».
Las obras de construcción de la tercera Casa de la Congregación en Barcelona —la actual Casa Central de la Provincia de Barcelona— quedaron ciertamente terminadas a fines de 1884, fecha que constaba en el arco de la puerta de entrada de la casa, antes de que fuese destruida en la Semana Trágica de 1909. La Comunidad tomó inmediatamente posesión del nuevo edificio; y el P. Ribas escribió —el 13 de febrero de 1885— al Superior General: «…Tengo la satisfacción de poner en conocimiento de V. R. que, gracias a Dios, habitamos ya nuestra Casa, construida para nosotros, según los planos que tuve el honor de remitir a V. R. por conducto del Sr. Mayllí. Ha quedado bastante bien y es capaz para albergar a un regular número de ejercitantes, y numerosa Comunidad, cuando sea voluntad de Dios que aumente. La obra se ha construido con los ahorros que, con permisión del Sr. Maller, veníamos haciendo con este objeto, y con donativos y limosnas, quedando solamente hoy para pagar 7.600 francos, los que espero nos proporcionará la Providencia: como también los que necesitaremos para edificar una iglesia que dedicaremos a nuestro Padre San Vicente».
La iglesia a que alude la carta anterior y cuya primera piedra fuera solemnemente bendecida y colocada el día 19 de julio de 1885, quedó felizmente terminada a mediados de abril de 1889, y se abrió al público en el primer domingo de mayo del mismo año. Anotemos que el edificio de la iglesia inaugurado en 1889 ha experimentado —a lo largo de sus casi 90 años de existencia— notables mejoras en amplitud de local y en ornamentación litúrgica: mejoras que han tenido por causa no solamente reparar el lamentable estado en que la dejaron los incendios de 1909 y 1936, sino también fomentar la piedad y dar la máxima facilidad y comodidad a la numerosa feligresía que en todo tiempo la ha frecuentado.
La actual Casa de Barcelona fue bautizada con el nombre de «Casa Misión y Ejercicios de San Vicente de Paúl», según reza el membrete del papel de cartas de los primeros años de su fundación. La Comunidad se ha dedicado a casi todos los ministerios propios de la Congregación: predicación, misiones, ejercicios espirituales a sacerdotes, ordenandos y seglares, Escuela Apostólica, asistencia espiritual a las Hijas de la Caridad, culto, etc., legado recibido de nuestros mayores que se ha guardado y cumplido fielmente a la medida de las posibilidades y las exigencias de los tiempos.
— La Casa de Barcelona tiene una Residencia —abierta el 27 de noviembre de 1972, en la calle Mallorca, 638640, 7.°, 2.a— con fines pastorales y residencia de nuestros estudiantes.
— Para bibliografía de las Casas de la Congregación de la Misión en Barcelona, anotamos —además del Resumen histórico de la congregación de la misión en España (1704-1868), del
P. BENITO PARADELA— los dos volúmenes de la obra histórica: Las casas de los religiosos en Barcelona y Los religiosos en Cataluña, del canónigo e historiador barcelonés D. CAYETANO BARRAQUER ROVIRALTA, y las publicaciones Germanor (1913-1938) y Anales de la Congregación de la misión de la Provincia de Barcelona (1939-1973).
2. CASA DE PALMA DE MALLORCA. — En los primeros años del establecimiento de la Congregación en España llegaron a la Casa de Barcelona, procedentes de la diócesis de Mallorca, algunos grupos ordenandos para hacer los ejercicios espirituales. Debido a ello, ya en 1711 se conocía en Mallorca la fama de los ejercicios espirituales dirigidos por nuestros misioneros y de los grandes bienes que éstos producían en el obispado de Barcelona.
Vivían por entonces en Palma de Mallorca dos eclesiásticos muy dignos y muy celosos del bien de la Iglesia y de la santidad del estado eclesiástico, y ambos habían estado en Roma y conocido a nuestros misioneros, en cuya Casa de Montecitorio habían practicado los ejercicios espirituales. Animados por la buena fama de los misioneros de Barcelona y por el conocimiento de los fines de la Congregación que habían adquirido en Roma, concibieron la idea de fundar en Palma de Mallorca una Casa de dicho Instituto. destinando a ello gran parte de sus bienes. Eran estos eclesiásticos el muy ilustre doctor D. Miguel Sastre y Palou, arcediano de la Santa Iglesia Catedral y el Rvdo. Sr. Pedro Bersotti. Este último murió antes de que se intentase la ejecución del por ellos tan acariciado proyecto.
El rico archivo de la Casa de Palma de Mallorca permite seguir casi paso a paso todos los trámites de la fundación de la Casa Misión.
El muy ilustre doctor D. Miguel Sastre —el día 5 de febrero de 1722— se puso en relación con el P. Salvador Barrera, Superior de la Casa de Barcelona, comunicándole sus deseos y los bienes con que contaba para la fundación. En el mismo mes y año el Padre Barrera contestó al Sr. Miguel Sastre: «…Acerca de lo que V. M. tiene oto,- gado en su testamento de la mitad de sus bienes, con el predio, casas y librería, debo decirle que dicho fondo será un poco escaso, por los muchos gastos que trae nuestro Instituto; porque, primeramente, la Casa debe sustentar a todos sus individuos, dándoles vestidos interiores y exteriores, con todo cuanto han menester, sin que se les permita —por ningún caso— pedir o recibir de sus deudos o amigos cosa alguna para su particular servicio, sino que todo lo que es razonable, según nuestras Reglas, lo debe suministrar la Casa. 2.° Estamos obligados a hacer las misiones a nuestros gastos, sin poder recibir en dicha función el más mínimo regalo que nos ofrezcan. 3.° Todos los que se quieran retirar a hacer ejercicios los debemos tratar honradamente, sin poderles pedir retribución alguna, ni inducirles —aún indirectamente— a que nos den; mas si ellos de suyo nos hicieren alguna limosna la podemos recibir, lo que sólo es prohibido en las misiones. Mas en los ordenandos que los SS. Obispos nos envían, si dichos SS. Timos. los obligan a dar alguna ayuda de costa para su sustento, también tenemos declarado en dicho caso lo podemos recibir».
Esta carta del P. Barrera es el resultado de la primera gestión hecha por el Sr. Miguel Sastre. Después mediaron otras cartas entre ambos señores; y en el mes de febrero de 1724 el Sr. Sastre insistió ante el P. Barrera para que apresurase la fundación, pues deseaba verla realizada cuanto antes, y —el 17 de marzo de este mismo año— el P. Barrera le escribió pidiéndole una nota concreta de la dote que, en definitiva, destinaba a esta fundación, y le decía al mismo tiempo que se darían los pasos convenientes a este fin.
Los trámites fueron largos y a veces algo enojosos. La completa documentación del archivo de la Casa de Palma de Mallorca da fe de ello. Las dificultades que iban a surgir de la ejecución testamentaria del fundador no fueron ciertamente previstas en un principio por el P. Barrera; dificultades que entorpecieron por varios años la realización de la fundación, y que —como única solución— fueron sometidas a una sentencia arbitral que dictó su fallo definitivo el 28 de setiembre de 1736.
— La Casa Misión de Palma de Mallorca fue abierta o inaugurada el día 21 de octubre de 1736, aun cuando el Decreto de aprobación del señor obispo de Mallorca no fue emitido hasta el 9 de noviembre del mismo año. A ella fueron destinados, procedentes de la Casa de Barcelona, los PP. Barrera —Superior—, Gaspar Tella, Tomás Pinell, y el Hno. Coadjutor Miguel Xuriach, quienes embarcaron en la Ciudad Condal para la isla mallorquina al anochecer del día 19 de octubre de 1736. Dos noches y un día duró la navegación, y llegaron al puerto de Palma de Mallorca a la salida del sol del día 21 de dicho mes.
Los fines de la fundación eran idénticos a los de la Casa de Barcelona: predicación, misiones, ejercicios espirituales a sacerdotes, ordenandos y seglares, culto, etc. Posteriormente, a estos fines se sumaron la Escuela Apostólica, Seminario interno y asistencia espiritual a las Hijas de la Caridad.
Puede afirmarse que no hay otra Casa entre todas las de nuestras Provincias de España que aventaje en prestigio a la Casa Misión de Palma de Mallorca en el ejercicio de nuestros principales ministerios. Constantemente y casi ininterrumpidamente —a pesar de los trastornos políticos de nuestra nación— durante más de dos siglos los misioneros mallorquines se han dedicado a la predicación, misiones y ejercicios espirituales. Sólo a raíz de las actuales circunstancias ha- sufrido un lamentable ocaso
Una vez más nos remitimos al Archivo de la Casa. El «Llibre de Missions» —rico tesoro de familia— enumera y describe con detalles interesantes y curiosos todas las misiones predicadas por los miembros de la Comunidad destinados a este ministerio. Nuestros misioneros dedicaban a este ministerio una buena parte del año, de modo que saliendo a predicarlas en octubre o noviembre, encontramos a veces que se prolongan hasta el mes de julio del año siguiente, pero más frecuentemente hasta mediados de junio o final del mismo. Ni siquiera interrumpían las misiones en tiempo de Navidad. De las cinco primeras Navidades que celebraron en Mallorca, sólo una —la del año 1739— la pasaron en casa, y puede juzgarse qe se vieron obligados a ello por tener una tanda de ejercicios espirituales a ordenandos. En cambio, encuentro que procuraban estar en casa por toda la cuaresma, durante la cual solían dar bastantes tandas de ejercicios a toda clase de personas, como también por las témporas para los ejercicios espirituales de ordenandos. Durante los primeros cuatro años de la fundación de la Casa estuvieron en misión un total de 604 días, dieron 11 tandas de ejercicios espirituales a los ordenandos, y dirigieron otros 40 ejercitantes repartidos en varios meses.
No hay ciudad, villa, pueblo, aldea y predio particular de la isla de Mallarca que no hayan sido misionados cuatro, cinco y más veces por los sacerdotes de la Casa Misión de Palma.
Y su celo llegó más allá. Por tres veces misionaron todos los pueblos de la isla de Menorca, y por dos veces todos los pueblos y aldeas de las islas de Ibiza y Formentera. En las islas de Menorca e Ibiza al ministerio de las misiones unían simultáneamente la predicación de ejercicios espirituales al clero, a las comunidades religiosas y a toda clase de personas.
Son dignos de memoria y veneración los misioneros que murieron «con las armas en la mano», mientras predicaban la misión: tales son el Padre Víctor Melción, fallecido en Alayor (Menorca), el 7 de setiembre de 1782; el P. Bruno Gasch, fallecido el 29 de febrero de 1794 en Mercadal (Menorca); el P. Bartolomé Enseñat, muerto en Pollensa (Mallorca) el 11 de agosto de 1827…
— La Casa Misión de Palma de Mallorca fue el providencial refugio de muchos cohermanos franceses, que —víctimas de la revolución en su país a fines del siglo XVIII— llegaron a Mallorca. Lo fue también para no pocos cohermanos de la Provincia de España, que —en 1808— con motivo de la invasión napoleónica, tuvieron que abandonar la Península. En 1835 abrió sus puertas y acogió a los nuestros, que —huyendo de las turbulencias políticas y persecutorias producidas en España— buscaron seguridad en la isla mallorquina. En 1909 encontraron asilo en la Casa Misión de Palma de Mallorca varios Padres y la totalidad de Hermanos Estudiantes, a consecuencia de la Semana Trágica de Barcelona. Y en julio de 1936, con motivo de las fiestas bicentenarias de la Casa, en ella se salvaron de la revolución marxista un considerable número de Padres y también la totalidad de Hermanos Estudiantes de la Provincia de Barcelona, invitados a festejar tan fausto acontecimiento.
Resultaría incompleta esta reseña histórica de la Casa Misión de Palma de Mallorca, si no hiciéramos constar que en ella radicaron una Escuela Apostólica y el Seminario interno.
La Escuela Apostólica fue abierta el 7 de enero de 1891 por el venerable P. Bayó. En los 50 primeros años de dicha Escuela, pasaron por ella unos 520 apostólicos, de los cuales 60 llegaron al sacerdocio, 4 murieron en el Seminario interno y 5 se hicieron Hermanos Coadjutores. A pesar de las reformas obradas en diversas ocasiones en el local que albergaba a los apostólicos, recientemente se pensó que no reunía las condiciones exigidas por la pedagogía moderna, y se construyó un edificio espacioso y apropiado en las afueras de la ciudad de Palma, que fue inaugurado el 10 de setiembre de 1969. En la nueva Escuela Apostólica solamente se cursaron tres años académicos. En el curso 1971-1972 el alumnado sumaba 87 niños, de los cuales 21 eran externos. Ante las dificultades para conseguir del Estado el reconocimiento oficial, habida cuenta del casi nulo rendimiento vocacional y estudiadas las proposiciones hechas por las autoridades civiles de Mallorca, se transfirió la propiedad del edificio —el 7 de setiembre de 1972— que se convirtió en Facultad de Ciencias, dependiente de la Universidad Autónoma de Barcelona. La Escuela Apostólica quedó temporalmente cerrada.
El Seminario interno radicó en la Casa de Palma por espacio de 27 años y 5 meses, es decir, desde mediados de marzo de 1912 al 17 de agosto del año 1939, fecha en que se instaló de nuevo en la Casa de Espluga de Francolí.
Desde el 1 de setiembre de 1973 la Comunidad de Palma de Mallorca tiene a su cargo la Parroquia de la Sagrada Familia en un suburbio de la ciudad.
Con motivo del bicentenario de la fundación de la Casa Misión de Palma de Mallorca, en 1936, el P. José María Perelló, escribió una extensa monografía de dicha Casa, que ha sido publicada en «Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Barcelona (números 118, 119, 120 y 121, de los años 1972 y 1973). Además del Resumen histórico de la Congregación de la misión en España (1704-1868), del Padre Benito Paradela, hay abundancia de noticias sobre la Casa de Palma de Mallorca en el Archivo de la misma, y en las publicaciones de «Germanor» (1913-1938) y «Anales de la Congregación de la Misión de la Provincia de Barcelona» (1939-1973).
3. CASA DE FIGUERAS. – El día 25 de mayo de 1969, solemnidad de Pentecostés, la Casa de Figueras celebró el 75 aniversario de su fundación. Con tal motivo se publicó en «Anales de la Congregación de la Misión y de las Hijas de la Caridad de la Provincia de Barcelona (n. 108, marzo-abril de 1969) una completa reseña histórica de dicha Casa escrita por el Padre Mateo Coll.
— Un tanto ardua y laboriosa debió ser la tramitación de la fundación, a juzgar por la correspondencia que al efecto medió entre el Visitador de la Provincia de España —P. Eladio Arnáiz— y el Superior General —Padre Antonio Fiat—, a quien no satisfacían en un principio los fines de la fundación presentados, por no figurar en ellos los propios de nuestro Instituto, especialmente el de las misiones. El día 21 de setiembre de 1893 el mencionado P. Arnáiz replicaba al Superior General en estos términos: «…La fundación que se nos ofrece en la ciudad de Figueras, que en opinión de todos mis Consultores debe ser aceptada, tiene por objeto: 1.0, la dirección religiosa y espiritual de un Asilo de ancianos pobres; 2.°, el ejercicio de predicación y confesonario en la iglesia pública, distinta de la. Capilla del Asilo, y unida a la casa destinada para los misioneros; 3.0, enseñanza del catecismo y religión a los obreros, que asisten de 6 a 8 de la tarde a la misma casa de los misioneros; 4.°, desea también el Prelado que éstos se encarguen también de una enseñanza de latín y pequeño seminario. Creemos aquí todos, que las dichas funciones son muy propias de nuestra santa vocación, aún la de instruir en la doctrina cristiana a los jóvenes obreros, etc., pues una cosa parecida se hace en Santa Rosalía, París. La ciudad de Figueras cuenta con 18.000 habitantes, no hay en ella más que una parroquia y ninguna comunidad religiosa de varones; por lo que es de esperar que nuestros misioneros harán mucho bien a las almas. Tenemos, además, fundamento para esperar que pronto se darán misiones, pues hay personas piadosas que manifiestan deseos de ayudar a esta santa obra con sus recursos. El caballero que propone la fundación desea pronta respuesta, y espera con ansia que la aceptemos; ruego, pues, humildemente a usted pronta respuesta. La ciudad de Figueras, cerca de la frontera de Francia, pertenece a la diócesis de Gerona, Cataluña…».
— Presentadas las bases de fundación por D. Mariano Vilallonga y Gipuló —el 6 de abril de 1894— y aceptadas por parte de la Congregación —el día 21 de los mismos mes y año—, el 13 de mayo de 1894, domingo de Pentecostés, se inauguró oficialmente la Casa de Figueras y sus trabajos ministeriales, siendo integrada la Comunidad por los PP. Miguel Pedrós —Superior—, Juan Llitrá, Juan Campomar, Cecilio Nuño, y dos Hermanos Coadjutores.
Sus primeros Superiores —PP. Miguel Pedrós y Francisco Vilanovadejaron huellas de laboriosidad y ejemplaridad, que fueron pauta para el futuro en lo tocante al fiel cumplimiento de los fines fundacionales de la Casa. Lo constatan el celo que la Comunidad ha desplegado en todo tiempo en lo tocante a la asistencia espiritual —en vida y en el trance de la muerte— a los ancianos asilados; la labor realizada —hasta junio de 1967— en favor de los jóvenes obreros asistentes a la Escuela Nocturna: muchos de ellos han llegado donde están, gracias a la formación intelectual, religiosa y moral adquirida en sus años de clase nocturna; el culto de la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, que se ha mantenido constante, fervoroso y siempre en auge consolador.
Se establecieron en la Capilla piadosas asociaciones, tales como la Asociación de los Hijos de María, la Adoración Nocturna, la Obra expiatoria de Nuestra Señora de Montligeon, la Asociación de la Medalla Milagrosa y la asesoría y dirección espiritual de uno de los «praesidium» de la Legión de María.
Desde un principio la Comunidad de Figueras no se contentó con la realización de sus fines fundacionales. Además de la Preceptoría de latín, confiada por el Prelado gerundense a los nuestros y que dejó de existir en 1903, la Comunidad abrió una Escuela Apostólica que sólo tuvo dos años de vida; fundó el Colegio de la Milagrosa —en 1904— para la educación de la juventud masculina, que tuvo una vida floreciente, tanto en la matrícula de colegiales, internos y externos, de primera enseñanza, Bachillerato y Comercio, como en los éxitos de los exámenes en el Instituto de Figueras. De este Colegio salió un numeroso grupo de alumnos que, años más tarde, serían hombres notables y significados en la vida de la Ciudad. El Colegio no pudo competir con el de los Hermanos Maristas, y se vio precisado a cerrar sus puertas entre los años 1909 y 1910.
— No se equivocó el P. Arnáiz al vaticinar al Superior General que esperaba que pronto la proyectada Casa de Figueras se dedicaría al ministerio de las misiones. En efecto, el ministerio de la predicación y de las misiones ha sido el ministerio predilecto de la Comunidad de Figueras desde su fundación. Es una verdadera lástima que —en julio de 1936— desapareciera totalmente el Archivo de la Casa, con cuyos datos podríamos reducir a cifras dicho ministerio, y serían ciertamente cifras muy elocuentes. Solamente puedo hacer uso de los datos que van de 1940 a 1968. En dicho período los miembros de la Comunidad de Figueras han predicado: 86 misiones, 86 tandas de ejercicios espirituales, 73 novenarios, 142 septenarios, 113 quinarios, 141 triduos y 487 sermones sueltos.
A pesar de la dificultad que los nuestros encontraron para establecer en la Casa de Figueras los ejercicios espirituales al clero, por tener el obispado de Gerona casa propia de ejercicios en Bañolas, el Prelado gerundense accedió a que en nuestra Casa se estableciera dicho ministerio desde el año 1921, y a él se dedicaron los nuestros hasta el año 1936 «con beneplácito del señor obispo y satisfacción de los se ñores sacerdotes». Restablecida —en 1939— la Comunidad de Figueras, parece que —por parte de la curia diocesana de Gerona— hubo dificultades para que nuestra Casa se abriera a los sacerdotes ejercitantes. En 1955 se interesaron en ello algunos sacerdotes diocesanos ante su Prelado, y éste autorizó de una manera condicionada los ejercicios espirituales en nuestra Casa, ministerio que prácticamente perdura hasta el presente.
La Comunidad de Figueras también ha acogido en su Casa a los sacerdotes diocesanos para la práctica de su retiro espiritual mensual desde 1933 hasta hace unos pocos años en que dicho retiro se trasladó a la parroquia de San Pedro, por expresa voluntad del párroco de la misma.
— Con toda justicia se puede decir que es un verdadero desfile de misioneros, un glorioso cortejo de Padres Paúles que dejaron huella en la vida religiosa y espiritual de la ciudad figuerense y de toda la región ampurdanesa los que han dado vida a la Casa de Figueras: sacerdotes venerables por su virtud y ciencia, celosos y prudentes directores de almas, ejemplares por su caridad y particularmente para con los pobres…; jóvenes y ancianos misioneros de la Palabra de Dios en todos los púlpitos de la provincia gerundense: celosos predicadores que gastaron sus energías recorriendo ciudades, pueblos y aldeas, anunciando a las almas el evangelio de salvación…; hijos de San Vicente que siempre hicieron gala de prestar sus servicios al clero diocesano…; sacerdotes que se complacían en el ejercicio de toda obra de misericordia para con el prójimo, de cualquier clase y condición, y que se esmeraban en asistir a los ancianos y enfermos, en enseñar a los ignorantes…







