La formación seminarística en tiempos de san Vicente y según san Vicente (IV)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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  1. EL APOYO DEL CARDENAL RICHELIEU A LOS NUEVOS SEMINARIOS

San Vicente, que no era amigo de emprender nuevas obras por su propia iniciativa, descubrió la llamada de la Divina Providencia a iniciar un nuevo camino en la organización de los Seminarios, en la voz autorizada del cardenal Richelieu. El ini­cio de un nuevo tipo de Seminario, el Seminario para los Orde-nandos, es una aportación genial de Vicente de Paúl para la for­mación de los sacerdotes.

Luis Abelly presenta los comienzos del nuevo seminario y des­taca el papel decisivo desempeñado por el cardenal. Richelieu consultó en una ocasión a san Vicente «acerca de los medios para promover la gloria de Dios entre el clero». San Vicente le dijo:

… que, después de los ejercicios de Ordenandos y las Conferencias espi­rituales de los Eclesiásticos, que ya se practicaban en varios sitios, le parecía que sólo faltaba la creación de Seminarios en las diócesis, no tanto para los jóvenes clérigos que producían frutos muy tardíos, cuanto para quienes habían entrado ya, o tenían intención de entrar pronto en los Santos Órdenes, con el fin de ejercitarse durante un año o dos en la vir­tud, en la oración, en el servicio divino, en las ceremonias, en el canto, en la administración de sacramentos, en la catequesis, en la predicación y en otras funciones eclesiásticas, como también para aprender Casos de Con­ciencia, y las otras partes más necesarias de la Teología. En una palabra, para hacerlos capaces no sólo de trabajar en su perfección personal, sino también en la dirección de las almas por las vías de la justicia y de la sal­vación. Porque, por carecer de esas cualidades había muy pocos sacerdo­tes dotados de las cualidades necesarias para servir y edificar la Iglesia… El Sr. Cardenal, después de escucharlo con satisfacción, le manifestó que le agradaba mucho la sugerencia, y le animó eficazmente a que empren­diera él mismo un seminario como aquél. Y como ayuda para comenzar­lo, le mandó mil escudos que se emplearon en el sostenimiento de los pri­meros Eclesiásticos a los que el señor Vicente recibió en el Colegio de Bons-Enfants en el mes de febrero del año 1642. Los hizo mantener e ins­truir durante dos años para hacerlos capaces de todo lo perteneciente a su condición. Más adelante se presentaron varios más, dispuestos a pagar la pensión, para ser a su vez formados en la piedad y en la ciencia. Así es como empezó el Seminario de Bons-Enfants bajo la sabia dirección del señor Vicente…

Daba comienzo así, en 1642, en otros espacios de la propie­dad de Bons-Enfants, la gran aportación de san Vicente de Paúl a la formación de los futuros sacerdotes: el Seminario de Ordenandos o Seminario de Eclesiásticos.

El Seminario para Ordenandos es una creación original. No es un colegio, al estilo de los que habían surgido desde la Edad Media. Ni correspondía exactamente con la institución a la que apuntaba el Concilio de Trento. La santidad de vida y las habilidades pastorales constituyen los objetivos fundamentales de la nueva institución, dedicada a los clérigos próximos a reci­bir las Órdenes.

Para el establecimiento de su nuevo Seminario, el cardenal Richelieu apoyó no sólo a san Vicente de Paúl; concedió tres mil escudos al superior del Oratorio, Bourgoing, para los Seminarios de París (Saint-Magloire), Roueny Toulouse; a través de su sobrina, la duquesa d’Aiguillon, hizo llegar mil quinientas libras a san Juan Eudes para la fundación del Seminario de Caen; intervino igualmente en las iniciativas de fundación del Seminario de Vaugirard del P. Olier, o de los establecimientos de Cristóbal d’Authier de Sisgau, y Bourdoise.

Así, a partir de 1642, comienzan a extenderse en Francia estos nuevos Seminariospara los candidatos a las Órdenes.

No parece que haya que discutir si fue Vicente de Paúl el pri­mero en establecer este nuevo tipo de Seminarios o hay que atri­buir el mérito al señor Olier.»Esta clase de discusiones, siem­pre tan inútiles, está fuera de lugar y comporta una cierta falta de respeto a la memoria de quien se pretende honrar. No nos permitirían entrar en semejante planteamiento ni quien decía a sus compañeros «el señor Vicente es nuestro Padre», ni Vicente de Paúl que llamaba a Olier «un hombre de Dios» y al que vemos pedir su bendición en el lecho de muerte. Los dos traba­jaron sólo por Dios y los dos llegaron al mismo tiempo a la meta, conducidos por la misma gracia divina de la que se reconocían instrumentos indignos. No queramos, por una discusión póstu­ma, empequeñecer gloria tan extraordinaria y tal fraternidad cristiana en el amor del bien».

  1. DE LOS SEMINARIOS PARA ORDENANDOS A LOS SEMINARIOS PARA CANDIDATOS ADULTOS Y PARA SACERDOTES

El Seminario para eclesiásticos establecido en Bons-Enfants en febrero de 1642 comenzaba casi al mismo tiempo que el de Vaugirard, donde Olier recibía a sus tres primeros seminaristas.

En pocos años, una verdadera floración de hombres apostóli­cos (fundadores de congregaciones y obispos) consagrará sus mejores energías a la reforma del clero desde el modelo ofrecido por estos nuevos Seminarios, sin abandonar el seminario conci­liar. Citemos, entre los obispos, a: Sebastián Zamet en Langres; Agustín Potier en Beauvais; Carlos de Montchal en Toulouse; Alano de Solminihac en Cahors; Santiago Raoul en Saintes; Justo Guérin en Annecy; Carlos de Léberon en Valence; Nicolás Pavi-llon en Alet; Francisco Esteban de Caulet en Pamiers; Francisco Perrochel en Boulogne; Antonio Godeau en Grasse.

La correspondencia de san Vicente de Paúl nos muestra su preferencia por los Seminarios para ordenandos y eclesiásticos. Y, si acepta que los misioneros trabajen en un Seminario «conci­liar», prefiere que lo hagan en la sección dedicada a los próxi­mos a recibir las Órdenes. Escribe el 15 de septiembre de 1641:

Sigo todavía con la idea de que no es conveniente recibir más que a sacerdotes o a personas que están ya en las órdenes, y no para ense­ñarles las ciencias, sino el uso de ellas, de la forma que se practica con los ordenandos.

Y el 9 de febrero de 1642:

Pero como, a pesar de ello, el santo concilio de Trento recomienda mucho esta obra, nos hemos entregado a Dios para servirle en ello donde nos sea posible. Usted ha empezado; el señor obispo de Alet ha hecho lo mismo; el obispo de Saintes tiene este mismo proyecto; y nos­otros vamos a empezar en esta ciudad haciendo una prueba con doce, para lo cual Su Eminencia nos ayuda con mil escudos.

De la carta, probablemente circular, escrita el 9 de abril de 1647, deducimos la importancia que van adquiriendo en la Con­gregación de la Misión los Seminarios para candidatos adul­tos y para sacerdotes, sin abandonar los seminarios de los más jóvenes:

Tenemos sesenta sacerdotes en el colegio de Bons-Enfants, cua­renta seminaristas menores en el seminario de san Carlos, treinta ecle­siásticos en el seminario de Cahors, de los que me dice el señor obis­po que está muy contento, gracias a Dios. Hay ocho en Annecy, que también empiezan bien, y otros tantos en Le Mans, más doce o quin­ce en Saint-Méen. Estos pequeños ensayos nos hacen esperar que Nuestro Señor bendecirá su obra, si le parece bien a su misericordia no tener en cuenta las abominaciones de mi vida.

Y, desde la perspectiva del 18 de junio de 1660, sólo tres meses antes de partir a la Casa del Padre, confiesa:

Solamente tenemos el consuelo de ver que nuestras pequeñas ocu­paciones han parecido tan hermosas y tan útiles que han originado la emulación de todos, para dedicarse a ellas como nosotros y con más gracia que nosotros, no solamente en el asunto de las misiones, sino también en el de los seminarios, que se multiplican por toda Francia.

CEME

Corpus Juan Delgado

 

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