La Familia Vicentina

Francisco Javier Fernández ChentoFamilia Vicenciana sin categorizarLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Robert P. Maloney, C.M. .
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familia vicentina

Es importante para los miembros de una familia amarse unos a otros. Debemos tener un sano orgullo de nuestros familiares. En nuestra familia, tenemos en San Vicente y Santa Luisa maravillosos antepasados. Hemos sido testigos de una larga fila de heroicos hombres y mujeres que les han seguido, a veces incluso hasta la muerte, como Juan Gabriel Perboyre, cuya canonización celebramos el año pasado. Pero ha habido muchos otros héroes, algunos canonizados y otros no. Todos nosotros hemos conocido algunos de ellos personalmente, quizás algún sacerdote, una Hermana o un laico Vicenciano que inspiró nuestra vocación, quizás un maestro, o una enfermera en un hospital, o quizás alguien a quien vimos visitando a los pobres en sus casas. Ha habido miles de héroes como éstos. Nos alegramos hoy de ser miembros de la misma familia de Vicente de Paúl, Luisa de Marillac, Juan Gabriel Perboyre y de todos ellos.

En esta breve presentación me fijaré en nuestra familia bajo tres aspectos:

  1. una ojeada a la Familia Vicenciana en sí: ¿quienes somos? ¿de donde venimos?;
  2. una breve reflexión sobre la inspiración común que vitaliza nuestros miembros;
  3. algunas sugerencias para una mayor cooperación entre nosotros.

I. Descripción de la Familia Vicenciana

Un estudio reciente identifica 268 institutos como constituyentes de nuestro árbol familiar;1 70% de ellos (165) existen todavía. El criterio usado para identificar estos institutos es variado. Permítanme explicárselo brevemente.

Criterio

El criterio utilizado en este estudio representa el grado de afinidad que un instituto tiene con San Vicente.

Criterio del estudio sobre el árbol genealógico de Familia

  • Fundado por Vicente de Paúl.
  • Adoptado las Reglas Comunes de Vicente de Paúl.
  • Relacionados con San Vicente como mentor o consejero.
  • Establecido por C.M., H.C. o laicado Vicenciano.
  • Los Consejeros fueron Hijas de la Caridad o la Congregación de la Misión.
  • Influencia permanente de la Congregación de la Misión o Hijas de la Caridad.
  • Honran a San Vicente de Paúl como uno de sus patronos.
  • Profesan el mismo espíritu que la Congregación de la Misión e Hijas de la Caridad.
  • Han adoptado y adaptado aspectos del carisma Vicenciano.
  • Asociaciones de laicos que tienen algunos de los criterios indicados más arriba.
  • Institutos no-católicos que cumplen uno de los criterios indicados más arriba.

Conclusiones

Por el tipo de Instituto: De los 268 institutos, 239 (89%) son Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica católicos, 21 (8%) son asociaciones laicas y 8 (3%) son Congregaciones Anglicanas.

Por el siglo de Fundación: Diecinueve fueron fundados en el siglo XVII, dieciocho en el siglo XVIII. La gran mayoría fueron fundados en el siglo XIX, 103 en el período inmediatamente después de la Revolución Francesa, otros 69 entre 1850 y 1859. El veintidós por ciento fueron establecidos en el siglo XX, con 39 entre 1900 y 1949. Veinte son de la segunda mitad del siglo.

Por Región de Fundación: La mayoría (201) han sido fundados en Europa (75%) con 193 en Europa occidental. Treinta y seis institutos (13,5%) en las Américas (22 en Norte América y 10 en América Central). Veinticinco fueron fundados en Asia (9,39%), la mayoría en China. Casi un dos por ciento fueron fundados en África y el 0,37% en Australasia.

Por Fundadores, Miembros de la Familia Vicenciana: Cincuenta y ocho institutos y siete asociaciones de laicos fueron fundados por 39 sacerdotes de la Congregación de la Misión, 16 Hijas de la Caridad y cuatro miembros laicos de la Familia Vicenciana.

• Por la Regla: Setenta y nueve fundadores eligieron o adaptaron las Reglas Comunes de las Hijas de la Caridad para sus establecimientos.

Por Patrón: Noventa y nueve Institutos tienen a San Vicente como su Patrón.

Algunos de estos grupos son enormes. Soy muy consciente de cuan rápidamente están actualmente creciendo nuestros grupos laicos Vicencianos. La Sociedad de San Vicente de Paúl tiene ahora más de 900.000 miembros. La Asociación Internacional de Caridades tiene más de 260.000 miembros. Los grupos de Juventud Mariana tienen más o menos 200.000 miembros con 46.000 solamente en España y 7.000 en Méjico. Hay innumerables miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa (al no tener un centro internacional, no disponemos de estadísticas exactas de su número en todo el mundo).

II. Nuestros lazos… una herencia común

Sería bueno, ciertamente, si estos diversos grupos fueran conscientes de ser una única gran familia, aunque manteniendo los carismas distintivos y características de cada grupo. Tenemos mucho en común, incluso si hay diferencias. Nuestro crecimiento espiritual, nuestra formación permanente, y nuestra efectividad apostólica pueden únicamente beneficiarse al fortalecer los lazos de unión, a la vez que profundizamos en nuestros propios carismas.

¿Cuáles son estos lazos? Además de muchas otras cosas que unen a todos los Cristianos, nuestra familia tiene sus lazos particulares basados en:

  1. Reconocimiento de San Vicente, ya sea como fundador o como principal fuente de inspiración.
  2. Un fuerte impulso hacia el servicio de los pobres.
  3. Una espiritualidad basada en San Vicente, habitualmente con un énfasis especial en una caridad concreta y práctica, vivida en sencillez y humildad.

¿No son estos lazos parte de la herencia de todos nosotros?

III. Qué podríamos esperar profundizando los lazos de unidad entre nosotros — algunas sugerencia para una mayor cooperación entre los miembros de nuestra familia en el tercer milenio

  1. Yo esperaría una mayor cooperación a nivel de formación inicial y permanente. Tenemos mucho que compartir. Todos los que somos miembros de la Familia Vicenciana queremos conocer más sobre San Vicente de Paúl. Queremos reflexionar juntos y meditar sobre su vida y escritos. Queremos asimilar la riqueza de su enseñanza espiritual. Queremos comprender con más profundidad su carisma apostólico, especialmente relacionado con los diversos fines de cada uno de nuestros grupos. Ciertamente podemos ayudarnos más en este sentido. Existen ya maravillosos ejemplos de esto en muchísimos países. ¿Existen libros, periódicos, talleres de trabajo, cursos que nos ayudarían unidos a llevar a cabo mejor nuestra formación Vicenciana?
  2. Yo esperaría que, a través del diálogo entre los miembros de la Familia Vicenciana en diferentes partes del mundo, podamos trabajar en una evaluación común sobre la situación en la vida real de los pobres hoy (sus necesidades, sus esperanzas, sus temores) y un criterio común sobre cuáles son los medios más apropiados de servirles. La AIC hace esto muy bien en su centro de Bruselas. ¿Podemos trabajar juntos en todos en cada país para conocer mejor de necesidades más urgentes de los pobres y los recursos disponibles para hacerles frente?
  3. Yo esperaría que hubiera más proyectos apostólicos entre los miembros de la Familia Vicenciana. Existe una larga tradición en este sentido. Desde el tiempo del fundador, los miembros de la Congregación y las Hijas de la Caridad trabajaron íntimamente unidos en Francia y después en las nuevos países de misión. Además, donde quiera que los Misioneros e Hijas de la Caridad iban, intentaban erigir las confraternidades de la Caridad en las que hombres y mujeres laicos estaban activamente comprometidos en el servicio de los pobres. Las Damas de la Caridad en tiempos de San Vicente trabajaron unidas a las Hijas de la Caridad y con el mismo San Vicente. Desde de que la Sociedad de San Vicente de Paúl comenzó su existencia en el siglo XIX, Misioneros e Hijas de la Caridad han trabajado con frecuencia en íntima colaboración, ambos en la formación de sus miembros y en el trabajo apostólico. También ha sido así desde el principio con los grupos de Juventud Mariana.

¿Qué clases de proyectos comunes podrían llevarse a cabo? Permítanme sugerirles algunos.

a. Obras de caridad concretas —Los miembros de nuestra familia en varios países encuentran a los pobres en su trabajo diario. ¿Cuáles son los necesidades más urgentes ahora en cada país? ¿Es la educación, SIDA, hambre, atención a los refugiados?

b. ¿Sería posible trabajar más unidos en algunos países de misión? Algunos de nosotros estamos ya colaborando en muchos países. ¿Sería posible que grupos laicos Vicencianos, incluyendo los grupos de jóvenes, ayudaran, por ejemplo, a las gentes de Tanzania o Mozambique o Haití, algunos de los países más pobres del mundo? ¿Sería posible que los jóvenes ofrecieran voluntario un año o dos de su vida yendo trabajar a un país de misión con otros miembros de nuestra familia Vicenciana ya allí? Recientemente me reuní con cinco de estos voluntarios Vicencianos en Bolivia.

c. Misiones populares — Hoy, cuando estamos creando nuevas formas de misiones populares, es importantísimo que trabajemos en equipo. Ha habido muchos experiencias en América Latina en las que tales equipos son grandes, incluyendo sacerdotes, Hermanas, hermanos, hombres y mujeres laicos que están bien preparados y trabajan en la misión y después en el proceso de seguimiento. Estos equipos pueden ser muy efectivos. ¿Podría haber más esfuerzos de colaboración en diversos países? Conocí un equipo con 1000 miembros en Panamá.

d. Difusión del carisma Vicenciano — Deseo exhortarles a hacer un esfuerzo de cooperación en este sentido. He pedido a los Misioneros e Hijas de la Caridad, donde quiera que trabajen, que organicen y trabajen con los diversos grupos laicos Vicencianos, hombres y mujeres. Estos grupos están creciendo con gran rapidez. ¿Podemos continuar compartiendo nuestro carisma con amigos, asociados y especialmente con los jóvenes? ¿Podemos animar a otros a respirar el espíritu de San Vicente?

e. Orar unidos —¿Hay ocasiones en que toda la Familia Vicenciana puede orar unidos? ¿Existe una espiritualidad que nos une y nos lleva a orar sencillamente como San Vicente nos enseñó? El año pasado invité a todos los miembros de la Familia Vicenciana a orar unidos el día 27 de Septiembre para que el Señor nos conceda la unidad, celo apostólico, y nuevas vocaciones para el servicio de los pobres. La respuesta ha sido muy entusiasta.

Deseo expresar públicamente mi alegría por el creciente y renovado impulso hacia la colaboración en nuestra Familia Vicenciana. Las necesidades de los pobres son enormes. El Señor nos llama a responder unidos. San Vicente era profundamente consciente de la dimensión común del servicio al evangelio. Sabía que canalizando nuestras energías y creciendo en unidad podemos ser instrumentos más efectivos para hacer frente a las necesidades concretas de los pobres. «Con este fin» escribió a Hugues Perraud el 15 de Octubre de 1651, «debemos ayudarnos mutuamente, soportándonos unos a otros y buscando la paz y unión; porque ese es el vino que alegra y robustece a los viajeros en ese camino estrecho de Jesucristo. Es lo que recomiendo con todo el cariño de mi corazón» (CEME IV, 254).

  1. Betty Ann Mc Neil, Monografía 1: El árbol genealógico de la Familia Vicenciana; publicado en Vincentian Studies Institute.

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