LA COFRADÍA DE LA CARIDAD (X)

Mitxel OlabuénagaFormación Vicenciana sin categorizarLeave a Comment

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LA CONCERTACIÓN, ASAMBLEA, ALLÍ SE DECIDE TODO, HOY DIRÍAMOS EQUIPO. TRABAJO EN EQUIPO, UN TRABAJO CONCERTADO, UN TRABAJO EN RED

Uno queda admirado, al leer y estudiar el primer reglamento de la Caridad en Chátillon, el sentido colegial, democrático y de equipo de esta primera fundación vicenciana. Y más aún, uno queda mucho más admirado cuando contempla que esto se reali­ce en un siglo totalmente jerarquizado de una manera enteramen­te piramidal. Es el siglo del poder absoluto detentado por una persona, es el siglo del absolutismo total, es el siglo en el cual el rey sol proclama: «L’etat c’est moi», el Estado soy yo.

Por otra parte, este sentido colegial no lo aplicó san Vicen­te en otros ámbitos, como por ejemplo, en la Congregación de la Misión. Si leemos las Reglas comunes de la Congregación de la Misión nos damos cuenta del poder absoluto del superior en la comunidad.

Hoy en día, como en tiempos de san Vicente, el servicio de los pobres no puede ser obra de francotiradores, de personas soli­tarias, de individuos aislados, por muy ricos que sean humana­mente. La concertación, la participación activa, el compromiso, el sentido de equipo es indispensable para cualquier obra social. ¡Vicente no reflexiona él solo! En su personalidad, particular­mente rica, ese será siempre un aspecto permanente y moderno: hubo, mediante el célebre sermón del día 20 de agosto, una invi­tación o una convocación de asamblea parroquial. Hubo una asamblea después del almuerzo. Hubo, en fin, por la tarde y sin duda en días sucesivos, un acuerdo en cuyo marco Vicente esti­muló y animó la reflexión colectiva sobre lo acontecido, una ver­dadera «revisión de vida».

Tres días después se constituye el primer equipo de laicos vicencianos, la primera Conferencia de la Caridad, primera de todas las fundaciones de Vicente de Paúl.

Al frente de la cofradía está una priora, elegida para un año, no nombrada a dedo, sino que es elevada a ese puesto por elec­ción. Le acompañan en la dirección de la Caridad dos asistentas, también elegidas por el conjunto de los miembros, así se llama­ban entonces. En todas las decisiones importantes la priora está acompañada por las dos asistentas, como por ejemplo, a la hora admitir a los pobres para que sean atendidos o despedir a los que ya hayan recobrado la salud.

El parecer de las tres o al menos de dos, consensuado, es decisivo para admitir a los verdaderamente pobres y no a los que tienen medios para cuidarse. Este es un detalle muy importante. Ya desde los comienzos, la obra de caridad de Vicente de Paúl va dirigida a los verdaderamente pobres y únicamente a los verda­deramente pobres. Y ese detalle tan importante no debe dejarse al parecer de una sola persona, sino que es conveniente que se someta al discernimiento de varias. Norma muy sabia.

Cada tercer domingo hay una asamblea ordinaria. En ella, colegialmente, en diálogo abierto, se debaten, se tratan todos los asuntos referentes al bien de los pobres y al mantenimiento de la cofradía. Y dice san Vicente algo que es de plena actualidad: «Es sumamente útil para todas las comunidades consagradas a Dios que se reúnan de vez en cuando en algún local destinado para ello a fin de tratar no solamente de su progreso espiritual, sino también de todo lo que se refiere en general al bien de la comunidad». Aquí la comunidad es la cofradía. En esas reuniones todas las decisiones se tomarán por mayoría de votos. Y además se amonestarán mutuamente por las faltas cometidas en el servi­cio de los pobres y esto ha de hacerse sin barullo, sin confusión, con las menos palabras posibles. Es decir, la corrección fraterna estaba entonces en pleno vigor. Y todo con una única finalidad: el mejor servicio de los pobres.

Pero además hay unas asambleas anuales. El tiempo está determinado, el miércoles después de Pentecostés. Aquí la direc­ción de la cofradía dimite de sus cargos y ya no puede ser reele­gida. La razón es muy sencilla, por mor de la humildad, «a fin de que se observe perfectamente en este santo instituto la virtud de la humildad, que es el verdadero fundamento de todas las demás virtudes”.

Se elige una nueva dirección, la priora y las dos asistentas, siempre por mayoría de votos. Así todos los años. Indiscutible­mente que la dirección puede ser depuesta si no cumple con sus obligaciones o es objeto de escándalo público.

El orden de las reuniones está milimétricamente determinado, por mor del orden y de la eficacia para el bien del servicio a los pobres. Son reuniones deliberativas, en las que el diálogo abierto y franco es fundamental, pero también espirituales y de forma­ción. San Vicente busca encontrar siempre la voluntad de Dios y nunca falta una dimensión de fe y de vida cristiana. El servicio de los pobres es un acto de amor, no es solamente un servicio social.

Para nosotros debe ser un servicio social, pero al mismo tiem­po un acto de amor y de misericordia, porque como vicencianos nunca podemos prescindir de la dimensión mística.

Hoy se habla de trabajo en equipo, de trabajo en red, de gru­pos inteligentes o círculos de calidad, etc. Benedicto XVI, el 26 de septiembre de 2007, en un audiencia a matrimonios jóve­nes, decía, «San Vicente fue un gran «trabajador en red». Formó numerosas asociaciones de personas laicas dispuestas a servir a los pobres, que se extendieron por toda Francia. Vicente las con­venció para consagrar una parte de su tiempo y de su dinero al servicio de los pobres».

El Santo Padre ha comprendido la modernidad de las intui­ciones de Vicente de Paúl.

José Manuel Sánchez Mallo

CEME, 2008

 

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