LA COFRADÍA DE LA CARIDAD (III)

Mitxel OlabuénagaFormación Vicenciana sin categorizarLeave a Comment

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LECTURA DEL ACONTECIMIENTO DE CHÁTILLON

Hagamos una lectura aproximada de este acontecimiento, una lectura desde el punto de vista vicenciano

La respuesta del pueblo ante la familia necesitada en Vicente de Paúl provocó una iluminación: la organización de la caridad. Esa familia y las demás familias pobres pedían que esa generosi­dad del pueblo fuese ordenada para ser más eficaz. La generosidad proporcionó a aquella familia abundantes bienes, pero como no podían ser consumidos, se estropeaban. Era necesario organizar y encauzar esa generosidad del pueblo.

San Vicente se encontró de bruces con los pobres y, además enfermos. «Se dio cuenta que el servicio a los pobres es el signo de quien cree que Dios es el defensor de la causa de los pobres y la caridad la expresión visible y creíble de la Iglesia de Cristo». Los pobres serían, en adelante, sus amos y señores.

Descubrió a los laicos, principalmente a las mujeres, con los que debía colaborar y que debía animar. Los puso en marcha al servicio de los pobres y de la caridad. «Vicente moviliza por con­tagio y organiza a las gentes sensibles y creyentes, bendecidas por Dios Padre porque son capaces de ver en el pobre que sufre la imagen viva de Jesucristo».

Se dio cuenta que la evangelización tiene un complemento necesario: la caridad. Desde ese momento, en donde predicaba una misión, instituía la cofradía de la caridad. «Servir a los pobres corporal y espiritualmente», son los dos adverbios más repetidos por Vicente de Paúl a lo largo de su vida. «El pobre pueblo se muere de hambre y se condena», frase que no existe en sus escritos, pero que se deduce del contexto, y todos los autores la ponen en boca de Vicente de Paúl.

Se descubrió a sí mismo como organizador de la caridad y como movilizador de personas a favor de los pobres. Desde entonces fue creciendo su persona hasta convertirse en el gran genio de la caridad bien organizada. No sin razón ha sido decla­rado patrón de las obras caritativas. Pero allí, en la Chátillon, puso la semilla, una semilla que fue creciendo hasta convertirse en un árbol frondoso.

Más tarde se daría cuenta que el origen de la Compañía de las Hijas de la Caridad estaba en el semilla que sembró en Chátillon-les-Dombes. Allí estaba el germen que generaría una red inmensa de caridad por todos los rincones de Francia y de mundo entero. Allí se inició como el gran santo de la caridad.

La experiencia de Chátillon-les-Dombes le revela la caridad. «Diríase que es el cuerpo mismo de la caridad y de la Iglesia lo que Vicente descubre a partir de la experiencia de Chátillon». Ante la miseria no cabe otra respuesta que la caridad, pero una caridad bien organizada. Hoy diríamos que la justicia como exi­gencia de la caridad. Pero los esquemas mentales de aquel siglo le impedían comprender el significado profundo de la justicia, tal como hoy la comprendemos. Los pobres son los miembros dolientes y humillados de Cristo, son la encarnación deshumani­zada del Hijo de Dios. Desde ese momento le anima esta convic­ción: nadie puede desinteresarse de la miseria. Su pasión es la caridad y se convertirá en el santo de la caridad. «En toda la his­toria del cristianismo san Vicente es ciertamente una de aquellas  personas que mejor ha demostrado, poniéndolo en práctica, el prodigioso dinamismo de la caridad evangélica».

El 23 de diciembre de 1617 Vicente de Paúl entra de nuevo en París, en la casa de los Gondi. Pero es un hombre nuevo. En la experiencia de este año de 1617, en todo lo vivido en Chátillon, encontramos todos los elementos, germinalmente, que se desarrollarán en el resto de su vida. La opción está hecha. Ha encontrado su vocación: los pobres que «mueren de hambre y se condenan».

José Manuel Sánchez Mallo

CEME, 2008

 

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