Justo Echeverría Díez (1917-1985)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros Paúles3 Comments

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Author: Horacio Palacios · Year of first publication: 1986 · Source: Vincentiana, 1987.
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Biografias PaúlesEl P. Echeverría fue hijo de padres españoles. Justo había nacido en Victoria (Entre Ríos), el 24 de agosto de 1917. Adelantando en cierta manera su retorno a España, los padres confiaron a la tía Gervasia al pequeño Justo, que de 4 años de edad fue conducido a España, con la intención de reunirse después. Doña Gervasia agregó al pequeño argentino a sus cinco hijos. Con éstos se crió Justo y convivió su niñez, su adolescencia. Por esta razón llamó «hermanos suyos» a estos primos de España. Doña Ger­vasia fue su madre en tierra española. Por esto lo querrá siempre como a hijo, de quien demandará siempre noticias, una vez que Justo, por razo­nes de su vocación, debió separarse de ella.

Justo ingresó, aún pequeño, a la Escuela Apostólica de los Padres Paúles (aquí en Argentina Vicentinos), en Pamplona, y fue el primer apos­tólico que llegara al sacerdocio de esa Casa de formación. A los 16 años, el 18 de setiembre de 1933, fue incorporado al Seminario Interno en Hor­taleza. En Villafranca del Bierzo estudió Filosofía. Cursó Teología en Cuenca. Fue ordenado sacerdote en Madrid el 29 de junio de 1942.

Durante sus estudios le tocó vivir la Guerra Civil Española. Ya sacer­dote ocupó la Administración en Casas de la Comunidad en Pamplona (1944 – Escuela Apostólica) y en Limpias (1950/51 – Seminario Interno). Fue Director de los Hermanos Coadjutores. Le tocaron tiempos muy duros, 1942-1946. Debió proporcionar cada día la comida, es decir, desayuno, almuerzo, merienda y cena a más de 200 muchachos hambrientos; la escasez de ali­mentos era grande. España sufría entonces las consecuencias de la guerra Civil y el bloqueo de las potencias en guerra que no permitían que España recibiera trigo, etc.

Por esto la gratitud de España hacia Argentina cuando en 1947 ésta le ofreció y mandó toneladas de trigo y de carne.

Argentina – 1952

En estos años, 1950-52, se realizó el traspaso de mando de la Provin­cia de manos de Superiores franceses a manos argentinas. Hubo un inter­regno. En esta emergencia el P. Samuel Carballo, español, fue nombrado Visitador de la Argentina.

El P. Carballo llegó a mediados de 1952. Quiso dar un gran empuje a las misiones populares y trajo de España al ya famoso misionero P. Simeón Domeño. Y para la administración de la Basílica de Luján, en momentos críticos y tensos entre la Comunidad de Luján y la Autoridad Eclesiástica Diocesana, pidió y obtuvo a un hombre que ya tenía su presti­gio en España. Este, llegó a fines de 1952. Por un mal entendido, nadie lo esperó en el puerto de Bs. As. Como tampoco combinaron los horarios cuando llegó a Corrientes a visitar a sus padres, hermanos y hermanas, des­pués de 31 años de ausencia. Fue colocado en Luján.

Luján – 1952-1985

El P. Carballo presentó ante el Obispo al P. Echeverría, quien lo nom­bró expresamente Administrador de la Basílica. Las primeras medidas toma­ das por el P. Justo en su nuevo cargo, aquietaron al Obispo.

Empezó así una nueva etapa de su vida. A lo largo de más de tres déca­das manifestó claramente su fisonomía, su personalidad, su tacto con la gente, su corazón de oro. Hombre de Fe y de acción. Su estadía en la Basí­lica fue de 33 años. Volvió una vez a la Patria. Siempre se consideró de la Provincia Paúl de Madrid. Dejó en sus diez primeros años de sacerdocio hondas raíces y gratísimos recuerdos en sus alumnos y condiscípulos, quie­nes hasta el final de su vida y pese a la distancia de años, siempre pregun­tarían por él recordándolo con cariño y gratitud.

En Luján fue un padre para los pobres, a quienes atendió con víveres, ropa, dando a veces su propia campera, proporcionándoles trabajo. En ter­renos del Santuario, en barrios de la Ciudad, con el equipo de albañiles de la Basílica, levantó más de 300 casas que dio a gente necesitada a precio de costo. A empleados, otorgó vivienda gratuita. Durante más de 15 años entregó anualmente una Casa — que llamó Casa de la Virgen — y que cada 8 de Mayo, ante el Sr. Obispo donaba a una familia pobre y numerosa.

Si esta obra — que tanto prestigió a la Iglesia — como obra de caridad y de acción social — y al mismo tiempo al Padre Echeverría — fué suspen­dida, no dependió de él el hecho de interrumpir esta hermosa tarea. Sim­plemente tuvo que acatar órdenes superiores. En uno de los barrios de Luján, levantó una capilla que dedicó a San Vicente de Paúl, que dio el nombre a la zona.

El se abocó a cuidar este lugar especial de culto celebrando misa, al principio, todos los domingos, y, después, todos los sábados. Levantó con el tiempo dependencias para las actividades de los niños y prejuniores de la Acción Católica y de un buen grupo de matrimonios que daban vida a la Capilla, animaban sus celebraciones (Semana Santa, Navidad (pesebre viviente), San Vicente … . Primeras Comuniones.

El P. Justo veía con gran alegría todos estos movimientos que se for­maban en torno a la misma. Los participantes y vecinos se sentían identifi­cados con su Capilla y con el P. Echeverría que era su alma. ¡Ojalá que la memoria del Padre se mantenga viva, animando los movimientos de Acción Católica, de Matrimonios, de Catequesis, con el mismo espíritu abierto para todos, sin poner trabas a nadie, como él lo inspirara e hiciera!

De conversación amena, irradiaba simpatía y se hacía de amigos. Escu­chaba con atención, adivinando a veces aquellos de lo que se le hablaría, sin menospreciar a nadie. Evitaba hablar mal de otros. Fué el paño de lágrimas de muchísimos. Hombre de consejo en todo sentido. Sabía ani­mar y dar la palabra oportuna y orientadora. Gran consejero espiritual, especialmente de jóvenes.

A muchos de ellos orientó al Sacerdocio y a la Comunidad Vicentina. Hombre de bien. Actuó siempre prudentemente en decisiones que tomaba el Consejo Provincial, del cual fue miembro durante varios años. Fué hombre de visión, aunque no siempre se lo escuchara. Defendió celosamente los bienes de la Basílica y acrecentó su patrimonio. En tan difícil cargo y oficio, tuvo sus equivocaciones pero no fue por maldad, sino quizás por fiarse demasiado de su buen corazón.

Con el personal de la Basílica fue amigo y compañero, no patrón dés­pota. Los quería de verdad a todos y buscaba su bien. Ellos le respondían Sabía darles oportunas orientaciones. Todas las mañanas, tempranito, invierno y verano, salía a su encuentro para la distribución de las tareas, con ánimo siempre sereno y tranquilo por más carga que llevara encima. De vez en cuando les brindaba un asadito regado con buen vino como para entonar los ánimos en el trabajo y templar las energías. Era afecto a la caza. En otros tiempos cada semana con sacerdotes o amigos salía a cazar lie­bres, perdices … . Lo mismo hacía en su casa durante las vacaciones, tenía habilidad especial para capturar ranas. El tiempo era para los demás. Esas tres campanadas que lo llamaban incansablemente sólo se silenciaron con su muerte.

Hombre de piedad, devoto de María, amó la Congregación concreta de Luján, como sólo lo había demostrado otro hombre de agallas, el P. Armando Serafini, C.M., antes que Justo llegara a la Basílica. Cuando la enfermedad se cebó en él en los últimos tiempos, «siempre estaba bien», respondía, arras­trándose con fiebre y presión. En los últimos años ni vacaciones quería tomarse, a pesar de las instancias de sus hermanos, hermanas y de la pro­pia Comunidad.

Por su cargo estaba expuesto a las miradas de todos. Cada gesto suyo era juzgado con lupa a favor o en contra. Alguien dijo: «Donde hay plata, hay lengua».

Fue calumniado en muchísimas formas, aún a veces por aquellos mis­mos a quienes benefició.

Todo lo soportó en silencio, sin que muchas veces trascendieran ante sus propios cohermanos de Comunidad, los dramas que vivía en su inte­rior y en su soledad.

La desconfianza de muchos socavó y minó su ya quebrantada salud. El domingo 6 de Octubre de 1985, a eso de las cinco de la tarde, se levantó del confesonario diciendo que «le dolía mucho la cabeza» … que se iba a tomar un remedio y a acostar». Fue lo último que se le escuchó. Solo, en su habitación, con el Cristo de sus votos a la cabecera de la cama, entregó su hermosa alma a Dios. Esa mañana había dicho a uno de los sacerdotes de la Casa, mientras contemplaba, desde la terraza, la plaza y adyacencias de la Basílica, colmada de jóvenes: «Hoy voy a morir …». El sacerdote no le creyó.

Era el día de la gran Peregrinación Juvenil. Murió confesando a jóve­nes, a quienes tanto amó y dirigió espiritualmente.

Hace hoy un año.

A medida que pasa el tiempo, su imagen humana, sacerdotal y vicen­tina parece perfilarse mejor y agigantarse más, mientras se desprenden de su figura las nieblas que rodearon su paso por el tiempo.

6 de Octubre de 1986

Al término de la Celebración Eucarística se va a descubrir una placa en su memoria, aquí en el patio románico, que tantos años fue testigo de su paso por estos corredores.

Esta place que, en su aniversario le dedican con cariño y afecto sus compañeros sacerdotes y todo el personal de la Basílica, sabrá despertar nostalgia, recuerdos, diálogos que estas columnas tantas veces escucharon.

Sabrá decir del vacío que el querido Padre Echeverría dejó en este lugar, y que no será llenado.

Sabrá avivar el dolor que en tantos corazones produjo su inesperada partida de este mundo. Sabrá destacar mejor a los que lo quisieron de ver­dad.

Como esta placa nos recordará su presencia entre nosotros, así tam­bién el P. Justo Echeverría, recuerde siempre ante Dios, en la felicidad eterna, a cada uno de sus seres queridos, a sus amigos sinceros y profun­dos, al personal que lo amó de corazón.

¡Que esta placa pregone y anuncie a todos que el P. Echeverría — con su imagen y ejemplo — sigue vivo entre nosotros!

3 Comments on “Justo Echeverría Díez (1917-1985)”

  1. Hola. El PadreJusto Echeverria es mi tio. Quiro ecibir en mi correo toda esta informacion. Gracias

  2. Hola! Me gustaría, si es posible, contactar con Horacio Palacios, autor del escrito sobre la vida de Justo Echeverría Diez o con algún miembro de la familia Vicenciana que lo haya conocido directa o indirectamente. Mil gracias!!!

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