Juan-Bautista Etienne (XXII)

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Etienne en Argelia

A los tres meses de ser elegido Nozo, Étienne, en muy apurado trance, estaba ya forcejeando por escabullirse. Tenía ahora como superior general a un rival poco amigable. En cuanto procurador general, Étienne era responsable de las misiones extranjeras. Trataba los asuntos misionales directamente con el gobierno francés y con la Sagrada Congregación de Propaganda Fide. Establecida la colonia francesa de Argelia, el gobierno reconoció la «necesidad de organizar el ejercicio del culto católico. Este proceso comenzaría, «sustitu­yendo a los capellanes castrenses por una constitución eclesiástica regular, apropiada a las demandas de la población colonial»124. El plan inicial del gobierno francés y de la Santa Sede, fue erigir la colonia en territorio misional y encomendarlo a los vicencianos. Étienne representó a la Congregación en las negociaciones con varios minis­tros del gobierno francés y con la Santa Sede. Este plan requería que el superior general nombrase a un misionero, el cual, con aproba­ción del gobierno y del Papa, ejerciese el cargo de vicario apostólico. Vicario apostólico que el general, bajo idénticas condiciones, podría también cambiar. El gobierno convino en proveer a todos los gastos de la misión.

En noviembre de 1835 escribía Étienne al gobierno francés, para informar que estaban prestos a salir rumbo a Argelia los primeros misioneros. Expresaba además el siguiente ruego:

Señor, estamos todavía esperando la carta del ministro que solicite de nuestro superior general la designación de un misionero como vicario apostólico de Argelia. No ignora usted que Roma debe aprobar este nom­bramiento, antes que los misioneros partan. Si han de estar en Argel antes que comience enero, no hay tiempo que perder. Por parte nuestra, estamos listos. Según todas las apariencias, está decidido que la Com­pañía me elija a mí, para que organice la misión africana. Aceptaré de grado este puesto, demostrando así al gobierno nuestra buena voluntad y ánimo de satisfacer sus deseos».

Sin embargo, un año después, Roma y el gobierno francés seguían aún discutiendo, quién había de controlar los asuntos eclesiásticos de Argelia. «Dios solo sabe» —escribía Étienne a Torrette en julio de 1836— «cuándo iré a Argelia. Dos cábalas se baten en este asunto, que está erizado de dificultades». Y de nuevo a comienzos de 1837, «toda el asunto de Argelia es un enigma que dista de solucionarse» —decía a Torrette en una carta Étienne.

Según Rosset, las dificultades que dividían a las tres partes llega­ron por fin a alisarse, y la Santa Sede nombró vicario apostólico a Étienne. Iba el rey a confirmar este nombramiento, cuando vino a complicar la cuestión otro factor. Rosset dice que el clero francés en la nueva colonia protestó contra una disposición que le habría puesto sólo en la situación eclesiástica «temporal e incompleta» de una misión extranjera. Aquel clero pedía, en cambio, la creación de una sede en Argel, bajo la jurisdicción eclesiástica regular francesa. El gobierno convino en la propuesta, y pidió a la Santa Sede que estableciese una sede en Argel. Supuestamente, el rey estaba presto a nombrar primer obispo a Étienne.

Rosset observa que, «el señor Étienne, para sustraerse a las dificultades que le rodeaban, había acogido con agrado la propuesta de ir a Argel, como vicario apostólico. Pero no dudó un solo instante en rechazar la nueva dignidad que se le había ofrecido». Aceptando la sede de Argelia, «le condenaba a vivir fuera de la Congregación, y ninguna consideración le habría movido a hacer este sacrificio». No quería Étienne ofender al rey declinando la oferta. Sin embargo, el gobierno «interpretó su reserva como una negativa». En agosto de 1838 Luis-Felipe nombraba primer obispo francés de Argel a Antonio Dupuch. La presencia vicenciana en Argelia no llegó hasta 1842.

La relación que hace Rosset del episodio argelino es errónea. Nozo y el Consejo General tenían designado a Étienne para que asu­miera el cargo de vicario apostólico en Argel. Roma dijo estar dispues­ta a aceptar este nombramiento. Avanzado el año 1835, cuando los misioneros vicencianos y Étienne estaban prestos a partir, el rey reci­bió el acuerdo final para su aprobación. Luis-Felipe rehusó firmar, y el plan se desbarató. El nuncio, monseñor Garibaldi, escribió al car­denal Fransoni en Roma explicando lo que había ocurrido. Durante el curso de las negociaciones, ni el Ministro de la Guerra ni el de Asuntos Exteriores consultaron al rey. Luis-Felipe, que estaba «muy agitado», no creía que el nombramiento de un vicario apostólico protegía lo bastan­te sus derechos. No pensaba tampoco que «que fuese prudente conciliar a una única congregación la pastoral de toda la colonia argelina».

Contrariamente a lo referido por Rosset, no fue el clero colonial quien se interesó por el establecimiento de una estructura diocesana regular en Argel. A esta sazón, formaban el único clero católico de la colonia los capellanes castrenses. De acuerdo con J.-B. Martin,

Luis-Felipe convenía con su Ministro de Cultos, en que el establecimien­to de una diócesis en Argel era preferible al envío de los Lazaristas.

Al principio, Gregorio XVI era reacio a la erección de una sede. Una nueva sede caería bajo el Concordato de 1801, dando al rey el derecho de designar obispo. El nuncio convenció a Roma de que era la única alternativa a la continuación de la «anarquía en que actual­mente se encuentra la iglesia africana». La Santa Sede pidió al gobierno indicase un clérigo que fuese «joven, activo y sano». Roma aprobó la elección de Antonio Dupuch. Al cabo de considera­ble demora, la Cámara de Diputados votó los fondos necesarios para sostener la nueva diócesis colonial.

No hay pruebas que fundamenten la posición de Rosset, según el cual Étienne fue la primera opción del rey. En una carta de junio 1838, Étienne reaccionaba a rumores que andaban circulando por Roma. Se decía que había pretendido su designación como obispo. Étienne escribió a Guarini, «desafío a quienquiera haya lanzado tal acusación, y que aduzca un caso de algo que yo haya hecho, directa o indirecta mente, o bien que cite palabras que yo haya pronunciado, las cuales llevaran a sospechar que buscaba la dignidad episcopal… Aun cuan do fuese designado obispo, para esta o aquella sede, no aceptaría». Entre tanto, Étienne se había apercibido de que quedaba cerrada’ la vía para su evasión de París y de Nozo.

E. UDOVIC

CEME

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