Acerca de este Misionero, uno de los miembros más ilustres que ha tenido la Congregación y quizá a quien más deben las familias de S. Vicente en España, estamos reuniendo materiales para escribir por extenso su biografía, y por eso aquí no insertamos más que unas cuantas notas. Nació en Selgua (Huesca) el 4 de septiembre de 1817 y fue admitido en la casa de Madrid el 23 de junio de 1833. Enviado con otros novicios a Guisona, pasó luego a Montolieu, donde seguramente hizo los votos cuando hubo cumplido la edad requerida. Terminó sus estudios en París, y así que fue ordenado, le enviaron a los Estados Unidos. Estuvo un año de prefecto de los seminaristas y profesor de Teología en el Seminario de Barrens. En 1841 le pusieron al frente del Seminario de Filadelfia, dirigiéndolo con mucho acierto, a pesar de su salud enfermiza. Como estaba algo tocado de tisis, le trasladaron sucesivamente a Cap Girardeau y San
Luis. Sucedió al P. Timón en el cargo de Visitador de los Estados Unidos. Logró unir a la Compañía de las Hijas de la Caridad la Congregación fundada por la Madre Setón, y fue Director de las mismas hasta 1853, en que, huyendo de que le hicieran Obispo, se fue al Brasil. En esta República desempeñó el cargo de Director de las Hermanas hasta 1858 y al mismo tiempo el de Visitador desde 1855 hasta 1858. Tras reiteradas instancias consiguió que le exoneraran de dichos cargos, pero no se pudo librar de dirigir tres años el colegio de Carna.
Vino de diputado a la Asamblea de 1861 y fue retenido en París como representante cerca del P. General de las Provincias de España y América. En la primavera de 1866 fue enviado a España como Visitador de esta Provincia, Director de las Hijas de la Caridad y Superior de la casa de Madrid. Empezó a levantar en la corte un templo bajo la advocación de S. Vicente de Paúl; pero la revolución de 1868 paralizó las obras y echó por tierra el proyecto.
En trances tan difíciles mostró el P. Maller su exquisito tacto y prudencia poniendo en salvo a los miembros de la Congregación y buscándoles trabajo y asilo en otras regiones. Venida la restauración, buscó nuevamente casa en Madrid, y levantó después la grandiosa residencia actual, donde se ha formado la mayor parte del personal de la Provincia de Madrid y de sus filiales.
Bajo la acertada y prudente dirección del P. Maller se multiplicaron los establecimientos e individuos en ambas familias de San Vicente, y se desarrollaron prodigiosa-mente sus ministerios.
En 1890 declinó el cargo de Superior de la Casa de Madrid y se quedó con el de Visitador de los Misioneros y Director de las Hermanas, retirándose a la casita de junto al Noviciado. Allí falleció el 15 de enero de 1892.
Fue, indudablemente, un hombre extraordinario que, a pesar de morar en tantos sitios, tratar con caracteres e individuos tan diversos, y manejar asuntos tan delicados desde sus primeros pasos en el sacerdocio, supo captarse la admiración y el cariño de todos por su hombría de bien, por su sabiduría y sobre todo, por su santidad. Era el hombre del sentido práctico y de la rectitud, identificado con el espíritu de su Instituto y del Santo Fundador, y por eso todo el mundo bendice su memoria.
Joaquín Mariano Maller







