Inculturación del carisma vicentino en América Latina

Francisco Javier Fernández ChentoFamilia Vicenciana sin categorizarLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Emilio Melchor Villanueva, C.M. · Año publicación original: 2007 · Fuente: Vincentiana, Julio-Agosto 2007.
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1. La maravilla de un bosque

La mejor composición que encontré para poder enfocar este trabajo fue irme a un bosque donde había toda clase de árboles y arbustos: altos, fuertes, robustos unos, bien frondosos otros. Esta clase de árboles eran los más numerosos y los que más me llamaron la atención. Pero también tropecé con árboles menos vistosos por su tamaño (más pequeños), por su forma (torcidos, rugosos): pero, al fin y al cabo, también árboles que habitaban en el bosque. Y no faltaban arbustos de menor calidad, y ¿por qué no?: también había hierba crecida (¡no faltaba más!) y hasta maleza que, igualmente, estaba en el bosque. Y todo ello era parte del bosque: era el bosque.

Querido lector, esta imagen te puede ayudar también a ti para entender lo que te voy a mostrar en este trabajo sobre la «Inculturación del carisma vicentino en América Latina», que a mí me ha hecho pensar mucho según iba profundizando en el mismo, pero que también me iba llenando de un convencimiento y satisfacción cada vez más vicentino y misionero. ¿Que cómo se entiende?

2. Haciendo examen de conciencia

Este trabajo me ha resultado muy difícil por muchos aspectos: tener que reducir a la mínima expresión de unas hojas extensiones kilométricas de líneas recopiladas en la preparación, porque kilométricas son las distancias de nuestro territorio y largos los tiempos de la historia a constatar; tener que ser crítico, y con ello, el temor a poder falsear la verdad íntima de los hechos y, sobre todo, la vivencia de las personas que no puede ser medida por los estrechos y estrictos milímetros de la regla de la crítica; poder faltar a la justicia precisamente por pretender ser justo; y poder ser injusto, por lo tanto, pretendiendo ser exactamente justo, pudiendo hacer verdadera, una vez más, la advertencia del evangelio: ‘Fijarse sólo en motitas de polvo que pueden ser vigas, o no ver las vigas pensando que son simple polvillo’; por tener que dejar obligatoriamente en el silencio jalones de historia y testimonios de vida. Con todo eso he aprendido mucho: más que intelectualmente, vicencianamente. Amo más mi vocación, admiro más mis raíces congregacionales y provinciales, me causan más respeto y reconocimiento mis antepasados vicentinos que traba­jaron en este Continente. Y al decir esto, ya estoy afirmando parte de la respuesta para este trabajo.

A lo largo de él me he encontrado en circunstancias parecidas a cuando oímos hablar y enfocar el ‘descubrimiento’ y evangelización de América: Lo que para unos es una epopeya, para otros es un atro­pello. Por eso: ni que la crítica o el rigorismo científico haga miope la visión sencilla de las vivencias, ni el simplismo existencial o senti­mental justifique o enaltezca lo trivial u ordinario; pero que la sensa­tez demuestre la grandeza de unos hechos que se han escrito: muchas veces con sangre, casi siempre con sudores y grandes sufri­mientos, y siempre con la gracia del Espíritu: la obra misionera delos hijos de Vicente de Paúl en América Latina.

He tenido que optar respecto a cómo enfocar este trabajo: ¿Hacerlo en plan teórico, es decir: en plan de reflexionar ideológica­mente?; o ¿ceñirme históricamente a la recolección de los hechos?; o también por una tercera posibilidad: ¿teniendo en cuenta el aspecto ideológico enfocar los datos históricos? Con la primera opción no aportaría más interés que el pasar un rato para el acrecentamiento de la crítica, pero también reacondiciona el piso para poder dar firmeza altrabajo sin quitarle solidez Con la segunda, me comprometía a una empresa histórica imposible de causar satisfacción por la amplitud que exigen los hechos, pero necesario su aporte para apoyarse en losdatos de la historia y de la vida. Con la tercera, creo que puedo moti­var para la reflexión crítica y dar oportunidad al conocimiento de lorealizado y vivido por nuestros antepasados, sobre todo. En cualquier caso la empresa resulta atrevida.

Según lo dicho, expongo las tres partes del presente trabajo, que será de modo menos extensivo, pero que dará una visión más com­plexiva:

¿QUÉ DECIR DE LOS TERMINOS EXPRESADOS EN ELTITULO DEL ARTICULO? (Parte ideológica)

¿CUÁLES SON LOS HECHOS HISTÓRICOS CON QUESE DA RESPUESTA AL ENUNCIADO? (Parte histórica)

¿CUÁLES SON LAS CONCLUSIONES? (Parte reflexiva-conclusiva)

1ª Parte: ¿Qué decir de los términos expresados en el título del artículo?

Inculturación – Carisma – América Latina: Tres palabras nada fácil de comprender y de trabajar con ellas. Cada una tiene su com­plejidad y su mundo de relación: La primera: — Inculturación — se muestra difícil en su realización. La segunda: — Carisma — en su interpretación. La tercera: — América Latina — en su extensión geo­gráfica y cultural.

1. In-Culturación

Cuántos y quiénes han sabido in-culturarse en la totalidad de sus vidas, trabajos y personas? Cierto que el mismo Dios — como Señor del Pueblo escogido — nos muestra, a lo largo del Antiguo Tes­tamento, todo su deseo de in-culturarse con su Pueblo. Pero hay esce­nas que nos cuestionan sobre lo que debe ser una in-culturación. Un simple y claro ejemplo de ello: El pasaje de Abraham con su hijo Isaac (todo un perfecto salvajismo para nuestra mentalidad de hoy, pero una perfecta sintonía con la mentalidad de aquellos tiempos no tan «humanizados» como los nuestros). ¡Hacer sacrificios humanos, y nada menos que para agradar a sus dioses! Y si el Señor, por querer «in-culturarse», hubiera permitido el inhumano sacrificio (nada menos que un «filicidio»): ¿cuándo se hubiera acabado esa cultura sacrificial? Ejemplo claro para saber que la in-culturación requiere tener olfato para discernir qué es lo que hay que cambiar o lo que se debe asumir o dejar.

Con todo, para constatar la dificultad, y así mismo el modelo de lo que significa una verdadera «in-culturacion», en su sentido más radical y perfecto también, el ejemplo de Jesús de Nazaret que, -siendo Dios, y sin dejar de serlo — «se hizo en todo igual a nosotros menos en el pecado» que nos dirá San Pablo, quien, a su vez, es otro modelo claro de in-culturación, pues siendo judío — y de los de raza fina — supo dar lecciones al mismo Pedro de lo que era in-culturarse plenamente: en su persona, en su obra y con el Evangelio, asumien­do las diversas culturas de los pueblos paganos para evangelizarlas de verdad.

Y después de ellos, o bastante parecidos a ellos, algún que otro santo — que no todos — como una Teresa de Calcuta, por citar a alguno contemporáneo a nosotros; o un Justino de Jacobis o un Per­boyre, por citar a algunos de los nuestros. Ciertamente los ha habido y los hay.

Pero, ¿Cuántos somos santos o personalidades con esta dimen­sión? Porque para in-culturarse hay que saber y querer desenraizarse (sin dejar de ser quién se es como persona); es nacer de nuevo y en otro mundo, y con otra gente, y con otras costumbres, y con otra mentalidad, y… y… y… para tomar las esencias del otro o de lo otro (culturas), y no meramente tomar los accidentes o actuar en una que otra circunstancia. In-culturarse de verdad es mucho más que un cambiar de vestidos, aprender una lengua, hacer algunos ritos. No se trata de dejar de pensar, sino pensar de otra forma, con otras cate­gorías (casi siempre tan distintas) y obrar en consecuencia. Es hacer toda una «kénosis» en uno, para que pueda darse una «plenificación» del otro o de lo otro. ¿Exagerado? Quizás, pero más bien exigencia. Qué razón tenía Nicodemo al preguntar al Maestro — que le hablaba, sin duda, de in-culturarse en lo divino — (lo mismo que el Maestro se había in-culturado en lo humano): «¿Cómo puede uno nacer sien­do viejo?».

Alguien, charlando sobre el tema, me decía que, a la hora de la verdad, toda verdadera in-culturación termina en el martirio. Y los ejemplos lo confirman. Desde luego, a todos nos gusta ver la espiga ya florida, pero nos resistimos a ser el grano que debe enterrarse en la tierra y morir.

Se ha definido la cultura como «la totalidad de la actividad humana, inteligencia y emociones, la búsqueda humana del sentido, las costumbres humanas y éticas a través de la cultura».

Esto mismo lo confirma la Gaudium et Spes en su Nº 53. In­culturarse es un dejar (para no imponer), y un tomar (para aceptar). Por lo tanto, no se puede entender qué es in-culturarse pretendiendo dejar de lado la cultura de tales gentes de tal tiempo y lugar. Y, por lo mismo, para que cualquier esfuerzo o acción evangelizadora tenga fuerza y produzca su fruto, debe enterrarse el grano del Evangelio, — o del carisma vicentino en nuestro caso —, para que muriendo, es decir: perdiendo las formas de «aquella» cultura, pueda lograrse la nueva vida del fruto evangélico, — o vicentino —, en «estas otras» gentes, tiempos y lugares, es decir: en «estas otras culturas», que no son las mismas de San Vicente o de sus enviados; ni las de sus luga­res: Europa; ni las de su tiempo: siglos XVII o XIX.

La aplicación de la in-culturación a la realidad misionera se tomó más en cuenta desde que el Papa Juan Pablo II habló de ello en su Carta Encíclica «Slavorum Apostoli», en los Nos. 21 y 26, y dijo que tiene que tocar el mismo nervio vital de las culturas para que pueda vibrar y permanecer como algo propio y no se deseche por ser «ajeno».

Para una mayor precisión del término «in-culturación»

Para no desvalorizar el trabajo realizado por nuestros misione­ros vicentinos en América Latina, sino para que, aún valorizando tan admirable esfuerzo, no sea la confusión de las palabras y sus significados, precisamente, lo que pudiera desmerecer aquello que es admirable, quizás sea oportuno, desde este aspecto de «criticidad», el que constatemos otras expresiones que, siendo parecidas, tienen otro sabor y connotación.

Esto nos debe llevar a reflexionar a la hora de analizar, si nues­tro «carisma vicentino» ha sido in-culturado, o simplemente «trans­portado» o «traspasado» dándole algún breve «retoque» como cuando se pinta la puerta en la que sólo se da de nuevo el color, y «aparece» como nueva conservando la misma madera, forma y estado que «antes» tenía… Todo esto no significa que aun habiendo hecho «sólo» eso no haya significado para nuestros misioneros un hecho de gran­des esfuerzos y dignos de todo premio.

«In-culturación» ES una verdadera INSERCION, progresivay respetuosa, de lo que es esencial de los valores que contieneel carisma, llegando a la misma entraña de la cultura sin queésta quede destruida, y sin que el carisma pierda su esencia yvalores.

Estas ideas nos las dice Juan Pablo II en sus dos escritos: «Redemptoris Missio» y » Fides et Ratio», y las encontramos también en el documento de Puebla. La lectura de estos documentos nos aclararán lo que el espacio concedido a este artículo nos impide comentar.

Y en lo referente a la in-culturación del carisma vicentino en América, nos ilumina el mismo Papa en su «Exhortación a los Pue­blos de América», afirmando que «el proceso de la evangelización requiere un esfuerzo lúcido, serio y ordenado para la evangelización de la cultura».

En nuestro caso: la in-culturación del carisma vicentino, deberá ayudar a purificar las culturas y estructuras de nuestro Continente de tantas injusticias, pobrezas y miserias. ¿Hasta qué punto hemos logrado esto? ¿Qué es lo que en este sentido hemos hecho o ayudado a hacer? ¿En qué estadio del proceso progresivo — desde hace tres siglos — nos encontramos? Pero también debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que, gracias al carisma vicentino, se ha avanzado, trans­formado, mejorado en nuestro Continente e Iglesia en justicia, huma­nidad, y dignidad de los pobres y del clero?

2. Carisma

Al principio del artículo señalamos que esta palabra nos resul­taba difícil de tratar por su interpretación. ¿Cuántas discusiones y opiniones no se han expuesto sobre la exacta definición o entendi­miento de esta palabra?: ¿Qué se entiende? ¿Cómo se entiende? ¿A quién se le aplica? ¿Es cuestión de herencia? ¿Es el mismo carisma el que vive el padre de la familia que el que viven los hijos? ¿No es algo personal e intransferible? ¿ … ? ¿ … ? ¿ … ?

Debemos también tener en cuenta que esta palabra «carisma»,aunque existe desde el principio — San Pablo en su 1ª a los Corintios nos habla de ello —, su uso se ha «popularizado» después del Vati­cano II, siendo Pablo VI quien le dio el empuje, refiriéndolo tanto al carisma de la Vida Religiosa, como al de los Fundadores, concebi­do siempre como don que da el Espíritu Santo. (Evangelica Testifi­catio, N° 11).

Ni San Vicente ni Santa Luisa personalmente usaron tal palabra, aunque personalmente a ellos les fue concedido su propio carisma, no para la propia santificación, sino para el bien de la Iglesia y de los hombres, según es propio de su naturaleza (L.G., N° 44, 46). Y en la «Mutuae Relationes» (N° 11) se habla del carisma de los Fundadorescomo don y experiencia del Espíritu que se les da a sus personas, pero en orden a que ellos puedan iluminar a sus Instituciones, y pueda ser transmitido a sus seguidores para que lo custodien, vivan, profundicen y desarrollen para que tal Instituto pueda ser «caracte­rizado» gracias a la vivencia de tal carisma.

Por lo tanto, el carisma, como don del Espíritu Santo: 1° es per­sonal del Fundador; 2° puede ser colectivo y participativo por los dis­cípulos del Fundador; 3° siempre es para el bien de la Iglesia y de los hombres. En este sentido se habla de carisma del Fundador (perso­nal); carisma de Fundador (colectivo), carisma de la Institución(eclesial).

Uso de otras palabras como «sinónimas» de carisma

Para una comprensión que nos permita llegar a una aplicación de esta palabra carisma (aunque ciertamente no con el preciso sen­tido tan bíblico-teológica-espiritual), es conveniente saber que se sue­len utilizar otros sinónimos como: «espíritu», «sentido», «fin», «expe­riencia», «vivencia», «mística de la acción», «vocación», «misión»…,: es decir: «Con qué espíritu hace o se hizo tal acción u obra», «Cuál fue o es el sentido con que se hizo o se está haciendo tal acción», etc… Entendiéndolo o expresándonos así pueden obviarse las dificultades que suelen ponerse cuando se piensa que siendo el carisma un don personal, un vicentino del siglo XX no puede tener el carisma de Vicente de Paúl (carisma del Fundador), pues Vicente de Paúl sólo es uno e irrepetible en su ser y quehacer con todas sus gracias, poten­cias y acciones; pero un vicentino del siglo XX y que vive en América sí puede actuar o vivir con ese «espíritu», «sentido», «fin», etc. con que se movió, vivió, actuó Vicente de Paúl (carisma de Fundador).

Por otra parte, la palabra «espíritu» sí la usó el mismo San Vicente. Según el P. Dodin la usó unas 2891 veces, y con unos 27 significados. Sea como sea, tales significados nunca pueden ser considerados con sentidos contrarios, sino muy en consonancia y coherencia.

Tomando «espíritu» = «celo» como sinónimo de «carisma», se trata de un don gratuito del Espíritu Santo que se le da a la persona para poder vivir mejor el «carisma» que movió al Fundador y transmitió a la Institución, y así se va cumpliendo la misión, actuando con ese mismo espíritu o sentido que entraña el carisma del Fundador. De esta forma, el misionero que vive en el siglo XXI y en América, que no tiene el carisma «personal» que tuvo San Vicente, pero que trabaja con espíritu o sentido vicenciano, podremos decir que actúa con carisma vicentino, y que la obra en la que trabaja con tal espíritu se configura como una obra vicentina o que está llevada con el carismavicentino.

Por otra parte, el que actúa con tal «espíritu» o tiene tal carismaes siempre la persona y jamás podremos aplicar tal denominación a las obras, que pueden estar llevadas o no según el «fin», «espíritu»,etc., vicentino. Pues puede darse fácilmente que la obra fundada pueda no estar en conformidad con el carisma vicentino (un colegio de alumnos de clase acomodada), pero el misionero que trabaja allí, porque le destinaron y está obrando bajo la virtud de la obediencia, lo hace con verdadero espíritu, sentido, vocación, mística vicentina, actuando personalmente con vivencia evangélica, y como sacerdote-profesor orienta a los alumnos con compromiso de justicia y amor al pobre, y evangeliza sus vidas y sus conciencias para que en sus profesiones futuras evangelicen y defiendan y traten al pobre con la dignidad que merece. Es el caso del mismo S. Vicente cuando trabajaba con las «Altas Damas» de la sociedad parisina, para que amaran al pobre. Y puede darse a la inversa, es decir: que la obra pueda estar en la línea del carisma vicentino, pero el misionero actuar o vivir sin el espíritu, sentido, vocación, mística = «carisma» vicentino.

Lo mismo que en la parte anterior, al tratar de la in-culturación,pedimos que el carisma debía respetar las culturas para que no las invada o destruya, ahora pedimos que la in-culturación debe respetar al carisma, para que la cultura no adultere el carisma y le cambie sus valores, que no están en las formas, sino en su contenido y esencia, en sus raíces más neurálgicas. Por eso debemos constatar si el carisma sigue con su fuerza y eficacia sin perder su propia criteriología, porque entonces se perdería su esencia. El carisma, porque es realidad que se mueve en el ámbito de la fe, debe trascender todas las culturas, aunque pueda encarnarse en todas ellas, pues de otra manera el carisma terminaría haciéndose una cultura más, y entonces no sería ni trascendente ni verdaderamente inmanente. Estas ideas están contenidas en la Carta Encíclica «Princeps Pastorum» Nº 10, de Juan Pablo II. Podríamos decir que la in-culturación y elcarisma deben formar un verdadero «matrimonio», donde ambas par­tes se respeten y, sin perder la personalidad, se fundan en una nueva realidad, diferente de los dos, pero que pertenece a los dos, pues sin los dos no podría darse. ¿No es verdad que muchas veces hemos con­tribuido (con la mejor de las voluntades) a «divorciar este matrimo­nio»: «carisma-cultura»?

3. América Latina

La extensión geográfica y el mosaico de culturas que comprende este tercer término de nuestro trabajo, es la tercera piedra que nos aparece en el camino del presente artículo.

Ya desde el ‘descubrimiento’ de nuestra América Latina, los cien­tíficos europeos de la época, comprendieron que el territorio descu­bierto «constituía un continente desconocido hasta entonces y extraor­dinariamente complejo«.

Sí: Complejo por su superficie: «superior a los 42 millones de kiló­metros cuadrados».

Complejo por sus distancias: «entre sus extremos septentrional ymeridional hay una distancia de más de 14 mil kilómetros».

Complejo por sus conformaciones geográficas: «istmos, archi­piélagos, inmensidad de islas de diferentes extensiones, penín­sulas…

Complejo por razón de su composición de países: De México ala punta más extrema del Sur contamos con 36 países, bien seanislas (15), bien las naciones de tierra firme (21).

Complejo por razón de su población: desproporcionalmente dis­tribuida, económica y socialmente desequilibrada, etnográficamente: compuesta por tres grandes grupos humanos: Amerindios,blancos, negros.

Complejo por sus culturas: sobre las que los misioneros, y en estecaso los vicentinos, tenían que sembrar el carisma.

Naturalmente que el punto de la religión tiene para nuestro tema relevancia especial. No hay quien dude que la religión católica es la predominante y ampliamente difundida en todo el continente latinoamericano: — «el Continente de la esperanza para la Iglesia» — sin que descontemos las zonas donde, por la fuerte población india y negra, persisten cultos ancestrales, indígenas o importados, mezclados con elementos de tradición cristiana, y la presencia de las sectas, siendo este un substrato y «caldo de gallina» para debilitar la fuerza del evangelio, lo cual hace urgir la necesidad de la evan­gelización.

Quizás pueda parecer como algo fuera de lugar la profusión de estos datos para un artículo cuyo trabajo está pensado para unos misioneros que llegaron bastante tarde al Continente Centro y Sur americano, cuando prácticamente ya estaba muy formado. Cierta­mente; pero todos sabemos lo importante (por no decir necesario) que es tener en cuenta y conocer algo de los fundamentos sobre los que se apoya toda una estructura como la del Continente latino­americano.

Por otra parte, sólo teniendo un terreno para poder comparar se puede medir mucho mejor el trabajo en cuestión. A la llegada de los vicentinos, como obreros de cuarta o quinta hora del día al campo de la mies (los más madrugadores llegaron muy a finales del s. XVIII, y oficialmente ya entrado el s. XIX — casi cuatro siglos después de la primera evangelización — aunque tampoco podían haber llegado antes), sólo conociendo cómo estaban las cosas, y sobre todo las per­sonas, es como nuestra apreciación puede ser más objetiva. ¿En qué mundo nos metimos: En el de los campos o el de las ciudades? ¿Entre qué campos de misión o etnias asentamos nuestras comuni­dades: Donde no había sacerdotes, o donde éstos ya estaban? ¿Qué clase de sacerdotes formamos: Para América o según Europa?

Congreso de la Familia Vicenciana en Latinoamérica, Caracas

Congreso de la Familia Vicenciana en Latinoamérica, Caracas

2ª Parte: ¿Cuáles son los hechos históricos con que se da respuesta al enunciado?

En estos dos siglos de presencia misionera: ¿Podemos decir que el carisma de Vicente de Paúl está in-culturado en América Latina?

La Conferencia Latino Americana de Provincias Vicentinas (CLAPVI) prácticamente está presente en toda la América Latina. De los 36 países en total que componen el Continente Latinoamericano, estamos en 22 naciones desde las 13 Provincias, 1 Vice-Provincia, 3 Delegaciones y 1 Misión que conformamos la CLAPVI, y a la que pertenecemos casi 700 misioneros.

Dos advertencias para la mejor comprensión del presente tra­bajo:

  • Cuando yo hable de CLAPVI, señalaré como Provincias a todos los componentes de la Conferencia, incluyendo en esa denominación a la Vice-Provincia, Delegaciones y Misión, a no ser que por alguna circunstancia sea conve­niente indicarlo expresamente.
  • Creo que es justo precisar que, además de los Misioneros, están sembradas en América Latina todas las otras Ramas de la Familia Vicentina y, sobre todo, la de las Hijas de la Caridad, que también implantaron el carisma vicen­ciano en el Continente. Pero en este trabajo sólo nos toca hacer referencia a la labor realizada por nosotros, los Misioneros.

No hay duda: Es un hecho que los Hijos de San Vicente estamos presentes en América Latina. Pero con nosotros: ¿Está también elcarisma o espíritu de nuestro Fundador? Y ¿está de verdad in­culturado?

Este es el bosque del que hablaba al comienzo de este trabajo, y estos son los árboles que le componen. No hay duda que entre estos árboles — todos, sin duda, árboles — los podemos encontrar de diversas formas y tamaños: pero entre todos formamos el bosque. Y el bosque está en América Latina. Y en este bosque se respira el ambiente, el olor, el aire, y se ve el color del carisma vicentino.

Pasando de la imagen-parábola a la realidad, y teniendo en cuenta la parte ideológica de nuestro trabajo, presento los datos y hechos para que tú, lector, puedas sacar tus propias conclusiones.

1. ¿Desde cuándo estamos presentes en A.L.?

Según algunos documentos, podemos dar por cierto que el Brasil estuvo en el pensamiento de S. Vicente y de sus primeros misioneros. Lo deducimos de las cartas que escribió al P. LUOIS LEBRETON en agosto de 1640 (SV. II, 90), y por su sermón sobre el Catecismo entre el 1613 y 1616 (SV. 28, s.)

Pero la primera llegada real y personal de los hijos de San Vicente a este Continente es en el S. XIX, en 1820, y precisamente en Brasil, por invitación del Rey D. JUAN VI para misionar el actual Estado de Mato Grosso. Los primeros misioneros en pisar nuestro Continente fueron los PP. Portugueses: LEANDRO REBELO PEIXO­TO Y CASTRO (1781-18418 y ANTONIO FERREIRA VISCOÇO (1781-1875) (quien fue Arzobispo de Mariana, y cuyo proceso decanonización ya está actuándose en Roma).

Apropósito señalo estos datos: para misionar y proceso de ca­nonización (= santidad). ¿No son esos dos términos los que expresan las esencias de nuestra verdadera identidad carismática vicentina?

2. ¿De dónde vinieron los primeros misioneros que fueron fundando las diversas Provincias que hoy compone­mos nuestra CLAPVI?

Ya hemos señalado que los primeros en llegar fueron dos Misio­neros de Portugal. Les siguieron, casi inmediatamente, los Padres franceses; que llegaron a 10 de las 19 Provincias actuales. A ellos les siguieron los Padres holandeses (en 6 Provincias) y alemanes (en otras 6). Fueron los Misioneros españoles los que llegaron a más Provincias (a 11). De otras nacionalidades también vinieron Misione­ros de: EE.UU., Polonia, Italia, Yugoslavia, Eslovenia, Luxem­burgo. Además de los Misioneros de Europa, en varias Provincias fueron haciéndose presentes Padres de otras Provincias de la misma América Latina: De Bolivia en Chile; de Colombia, Uruguay y Perú en Ecuador, etc.

3. ¿Por causa de quiénes llegaron los misioneros a América Latina?

Aunque son muy variadas las causas por las que los Misioneros fueron llamados para nuestro Continente, podríamos reducirlas a tres más comunes: Por los Padres Generales para atender espiri­tualmente a las Hermanas; llamados por los Obispos para atendera los Seminarios; invitados por algunos Gobiernos para misio­nar (El Rey Don Juan VI en Brasil, La Reina Isabel II para Cuba, El Gobierno de turno en Argentina, Chile).

Como puede constatarse vinieron para ejercer los fines por los cuales S. Vicente nos fundó.

4. ¿Cuáles son las obras en las que hemos trabajado desde nuestra permanencia en el Continente?

Aunque en el apartado anterior ya está respondida esta pregunta, tenemos que completarla exponiendo la inmensa obra realizada por nuestros Padres pioneros y sus continuadores, siguiendo el impulso del carisma y espíritu vicentino:

En 14 de nuestras Provincias, los Padres se dedicaron a la formación del clero diocesano en la obra de los SEMINARIOS. En varias partes llegaron a estar por el largo tiempo, más de 100 años, y en muchas otras tuvieron casi la totalidad de los Seminarios del país, como, por ejemplo, en Ecuador, Venezuela, Colombia… «Imponiendo en ellos el sentidodel carisma hacia los pobres del campo, formando sacerdotesque van a ir a trabajar en los campos», y cuando, por diversas circunstancias, tuvieron que entregarlos, «dejaron en el clerohonda conciencia social, sentido de trabajo, personas piadosas, sencillas y suficientemente numerosas para satisfacer lasnecesidades nacionales», y en todas partes «dando un granaporte a las iglesias particulares de cada nación», pues de tales seminarios «salieron sacerdotes y obispos de gran valía». Además de la atención al clero en la formación de los Seminarios, en alguna Provincia, como Puerto Rico, el Obispo encargó a los Padres la obra de los Ejercicios Espirituales a los ordenandos y a todo el clero de la Isla.

En casi la totalidad de las Provincias y Delegaciones dieron MISIONES POPULARES según diversas modalidades y dependiendo de las circunstancias. Por ejemplo, acompañando a los Sres. Obispos, según iban haciendo sus Visitas Pastorales, y que duraban hasta 2 y 3 meses; o haciendo de ellas tiempos fuertes para la evangelización de los pobres, «adquiriendo toda clase de formas y combinaciones: tradicionales, mixtas, cortas, largas (por 2 años), formándoseparroquias en estado de misión permanente, en el campo, en los suburbios… Con ellas la Congregación hizo un aporte a fondo para la vida religiosa del país».

La atención a las MISIONES ENTRE LOS INDIOS O ZONASINDÍGENAS. Fueron 12 las Provincias que estuvieron presentes en zonas de pueblos autóctonos (la Amazonía y Paraguasú en Brasil, Otomí de México, Mapuches de Chile, los Asentamientos indígenas e indios de las Pampas en Argentina, los indios del Petén en América Central, en Tierradentro de Arauca en Colombia, la zona indígena de El Limón de Costa Rica, la Mosquitia en Honduras, Santo Domingo de los Colorados en Ecuador, en El Alto en Bolivia, Selva y Banda del Shilcayo en Perú). En cada una de estas partes se podrían escribir testimonios de gran admiración. Para muestra baste este botón:

El trabajo realizado en Costa Rica por Mons. Bernardo A. Thiel, quetradujo al Brivi parte de la Biblia y muchos aspectos referentes a laliturgia; preocupándose por la defensa de los derechos de los indígenasy de los pobres, y trabajando en la zona más pobre del país, tocandotodos los campos apostólicos: el pastoral, social, sanitario, educacional,vocacional, vecinal, los MCS. Y hablando de la Mosquitia el cronista nos la describe en estos términos: «Merece un punto aparte. Región de16.000 kms 2, llena de lagunas propensas a huracanes, lluviosa, dondepululan mosquitos, tábanos, con desborde de los ríos con sus múltiplesconsecuencias; donde habitan los «MISQUITOS» descendientes de losnegros e indios, con vida nómada y apartados de la civilización, y entrequienes el Padre y doscatequistas iniciaron el trabajo «con muchossacrificios y peripecias» como verdaderos héroes de nuestra Mosquitia,sabiendo repartirse fraternalmente el hambre y las vigilias, los sudores ylas fatigas sin cuento y las necesidades de todo género a que se vieronsujetos en tal cantidad que sólo Dios sabe». En todas estas partes los Misioneros atendieron desde un principio, y posteriormente, a los indígenas, según el espíritu evangelizador y misionero que tanto deseó el mismo S. Vicente durante su vida.

El trabajo en las PARROQUIAS estuvo presente, desde los orí­genes, en todas las Provincias, llegando a formar, en alguna, el apos­tolado principal de la Provincia o, en la mayoría, a ser casi el único hoy en día, conforme fue descendiendo la dedicación a las misiones o a la formación del clero. Este trabajo fue teniendo diversas modali­dades según el correr de los años. Pero casi todas las Parroquias fue­ron atendidas y llevadas con cuño muy misionero, siendo muchas de ellas auténticas «Casas de Misión» o lugares donde se formaba «Equipo de Misiones». Tales Parroquias se fundaban en los campos, o en los suburbios de las ciudades donde, el número de habitantes y la escasez de la atención espiritual por la falta de clero, hacía urgente y necesaria la presencia de los Misioneros. En casi todas, podemos decir que se trabajó como nos dicen que lo hicieron en México en donde la Provincia «vivió su preocupación misionera moviéndosebajo el lema: ‘La Provincia realiza su vocación misionera en el minis­terio parroquial según las notas específicas del carisma’». Es de adver­tir que quienes despertaron este potencial misionero de los Padres en México, y quienes les llevaron hacia esta clase de parroquias fue­ron las Voluntarias de la Caridad. Y en Panamá, donde habían trabajado los Padres de EE.UU. atendiendo a los trabajadores de El Canal, cuando aceptaron el ministerio de las parroquias fue la clave hacia un cambio de trabajo más misionero llegando a una más auténtica in-culturación. Y sería imperdonable no detectar en esta reseña lo que significa para la Provincia del Perú el trabajo realizado a través de las parroquias insertas en los así llamados «Pueblos Jóve­nes» de Lima.

Cierto también que últimamente ese calificativo de «misioneras» de nuestras primeras parroquias, tendríamos que cambiarlo por «sacramentalistas» de ahora.

Habla también de este espíritu misionero de nuestros primeros fundadores de las Provincias del Continente, la atención de muchos de ellos, y en varias Provincias, y su dedicación al servicio y cuidado en las CARCELES Y HOSPITALES, sobre todo cuando las pestes y epidemias se hacían presentes. Tenemos heroicas páginas de lo que pudiéramos llamar un verdadero martirologio vicentino. Muchos die­ron su vida, que era mucho más que dar un vaso de agua o un pedazo de pan, o una medicina, y que también supieron darlo.

Otra faceta que no debe faltar en este catálogo de obras a las que se dedicaron nuestros misioneros en el Continente, es la relacionada con la PASTORAL EDUCATIVA. ESCUELAS Y COLEGIOS con diferentes enfoques e intencionalidades, aunque todas pueden cen­trarse en la intención de educar y formar personas, partiendo del pensamiento de San Vicente de que la ignorancia del pueblo y de lossacerdotes traía tantas desgracias y ponían en muchos casos en peligrola propia salvación. Encontramos: desde Escuelas o Colegios-Semina­rio (donde se formaron personas ilustres — Presidentes, Ministros, con­gresistas, artistas, literatos, obispos y pastores de la Iglesia, ciudadanoscomprometidos con la realidad social en favor de los menos favorecidosy según el espíritu de San Vicente —) de los países (Brasil, Costa Rica,Perú), pasando por Escuelas-Agrícolas, sin faltar las Escuelas para niños pobres. Es cierto que con el tiempo, las Escuelas se fueron con­virtiendo en Colegios, y los Colegios, de clase pobre pasaron a ambientes más acomodados y aun para alumnos de clase media alta. En algunas Provincias, los Padres se sintieron obligados por los Señores Obispos a abrir una Escuela o Colegio junto a la Parroquia que les ofrecían o a la casa que deseaban fundar

Y no fue sólo a través de estas instituciones clásicas o tradicio­nales que los Misioneros ejercieron su apostolado educacional; en varias Provincias se implantaron imprentas, en otras se hizo uso de los Medios de comunicación como la Radio, y hasta TV.

El trabajo de los «catecismos» y hasta traducción de partes dela Biblia y de la liturgia, que varios de nuestros primeros Misione­ros hicieron para formar en la vida cristiana a sus fieles, es digno de ser reseñado también en este trabajo.

Tampoco podemos dejar en el olvido el trabajo que los Misione­ros hicieron desde un principio a favor y con LAS RAMAS DE LAFAMILIA VICENTINA. Algunas de las Ramas ya estaban en las naciones antes de la llegada de los primeros Misioneros a esos luga­res, como es el caso de Argentina, en que los Caballeros de San Vicente fueron los que pidieron al Gobierno que llamaran a los Padres a la Nación; o en México, las Damas de la Caridad; y en la mayoría, los Padres fueron creando las diversas Ramas. Ya dijimos que en bastantes Provincias las Hermanas exigieron la presencia de los Padres y en otras, junto con ellas, llegaban también dos, tres o cuatro Misioneros, como es el caso de Chile, Argentina, Puerto Rico, por ejemplo.

Si quieren, como un apéndice, pero como señal también de crea­tividad y búsqueda de caminos nuevos, pero siempre en la línea del carisma y con espíritu misionero y evangelizador, vale la pena seña­lar algunas OBRAS NUEVAS: La Pastoral Rodoviaria en Curitiba, o las Provincias que han usado para su evangelización los Medios de Comunicación Social como imprenta y revistas y hasta la Radio y la TV (Puerto Rico, Cuba, Curitiba) como ya indicamos anteriormente.

5. Ésas fueron las obras. ¿Y los misioneros?

Este es el apartado más importante, pero también el más difícil por lo delicado.

El más importante porque en las personas está el carisma y el espíritu. En ellas está la vida.

Pero también el más difícil y delicado. Las obras están, quedan materializadas. Las personas estuvieron, y dieron su ejemplo, es cierto. Pero: ¿quién es el atrevido que puede llegar a descubrir toda la verdad? Y ¿quién es el justo que no pueda decir que no ha dejado en el tintero a quienes merecerían aparecer escritos con letras doradas o de plata? Por eso, aunque de modo general, daré algunas pinceladas, que ojalá tengan el acierto de plasmar un cuadro de arte. Quiero apo­yarme en la cita de quien describe así a nuestros Misioneros pioneros y fundadores de nuestras actuales Provincias: «Cohermanos admira­bles, juventud que gastó sus vidas en nuestras patrias, hombres sabiosque participaron su ciencia a muchos sacerdotes y laicos, evangeliza­dores incansables cuyo testimonio, más que su palabra y su método,imprimió huellas, personas de temple que nunca se quejaron de haberdejado su patria para asumir las penalidades de nuestro subdesarrollo».

Los hay que van camino de los altares: El primero que llegó a América Latina: Mons. ANTONIO FERREIRA VISCOÇO; o el nativo peruano, y obispo también: Mons. EMILIO LISSON, conocido como «el apóstol de los pobres».

Pero los hay también que podrían ir, no sólo en la línea de la santidad misionera, sino hacia el honor de los altares: Como aquellos que dieron la vida atendiendo a los enfermos de peste, o fueron víc­timas de la fiebre amarilla (Argentina, Fortaleza, Chile). O que estu­vieron perseguidos y desterrados por los Gobiernos anticlericales de turno (Brasil, Argentina, Ecuador, Chile, Honduras, Perú, Puerto Rico, Cuba, América Central, México).

O, sin dar la vida materialmente, los que expusieron su vida alsacrificio diario envuelto en verdaderas penalidades físicas, materiales, culturales, relacionales, como fueron los que andaban por caminos inhóspitos, en ambientes de verdaderos nómadas; lo mismo que los que vivían en los Seminarios, que según el decir de un misionero al P. General: «La obra de los Seminarios es, a mi modo dever, la mejor para la C.M. en América, pero exigirá siempre grandísima abnegación y nunca se hallará exenta de dificultades detoda clase».

Es muy digno de ser tenido en cuenta lo que el Sr. Arzobispo de Curitiba, Mons. Pedro Fedalto escribió: «Podemos imaginar y entenderlos sacrificios de los primeros tiempos: Desconocimiento de la lengua,los caminos de aquel tiempo, con sequía, barro en las curvas, sin luzeléctrica, sin agua canalizada, sin teléfono, caminatas con gran sacrificio, a lomo de burro, caballo o en carrozas, las grandes distancias…».¿A quién no le recuerda la cita de San Pablo: 2 Cor. 11,23-29?

6. ¿Cómo fue la Pastoral Vocacional?

Otro modo de formular esta pregunta sería: Al principio todos los misioneros vinieron de fuera: Pero ¿cuándo empezaron los Misioneros nativos? Como punto de partida podemos decir que ya hoy, en casi todas las Provincias, la mayoría de los Misioneros son del Continente. Pero nuestra propia pastoral vocacional en América Latina tiene un denominador casi común, ya que casi común es también la causa de su proceso. Dado que el ministerio primero y más común fue el trabajo en los Seminarios, por razón de ética, respeto y pundonor «profesional», se creó la mentalidad de no dar que sospechar a los Señores Obispos de que, si trabajábamos para obtener vocaciones para nosotros, estábamos aprovechándonos recogiendo cosecha en campo ajeno. Por ello se dejó algún tanto descuidado este trabajo de la pastoral vocacional de los nuestros.

Pero no en todas partes fue así. Hubo Provincias en las que desde un principio los Padres Fundadores se preocuparon de trabajar por las vocaciones nativas para ir teniendo la posibilidad de crear la Provincia con personal autóctono. Así fueron naciendo las Escuelas Apostólicas, o Colegios-Seminario, o Seminarios Menores y Mayores, o Casas de Formación para los nuestros, trabajando con interesantes proyectos y planes de pastoral vocacional, llegando algunas a ser, hoy día, más numerosas en personal, que las mismas Provincias que les engendraron para la Congregación. Con gran satisfacción tenemos en CLAPVI Provincias que están ayudando con sus Misioneros a otras Provincias o lugares de Misión, dentro y fuera del Continente americano.

Otra causa común a varias Provincias fue el descuido, en este sentido, apoyándose en la abundancia del personal misionero que recibían de otras Provincias que gozaban de abundantes vocaciones.

También en todas nuestras Provincias se sintió la crisis que afectó a la Iglesia entera con ocasión del remolino que se levantó a raíz de los años postconciliares. Gracias a Dios, serenadas ya las aguas, muchas lo han superado o lo están superando, revisando sus obras, orientando la formación de los nuestros, luchando contra la escasez del personal que se va envejeciendo, enfrentándose a la diver­sidad de mentalidades que van surgiendo y que busca nuevos cami­nos según los indicativos del carisma y espíritu vicentino. Así habla una Asamblea Provincial: «La evangelización integral, es decir, la pro­moción humana y cristiana del pobre, primordialmente del campesino,es el compromiso de nuestra vida apostólica».

3ª Parte: ¿Cuáles son las conclusiones?

Después de este paneo, como dirían los camarógrafos, y cum­pliendo con nuestro esquema, terminamos con unas sencillas refle­xiones o conclusiones:

  1. Admitiendo las posibles y reales sombras que existen en toda obra de hombres, nos alegramos porque son más esplendorosas las luces que se encendieron en nuestra América Latina, y fueron inmensamente más los frutos recogidos que los perdidos, gracias a la vivencia del carisma vicentino.
  2. La presencia actual de las 19 entidades de CLAPVI, con sus casi 700 Misioneros, después de dos siglos de exi­stencia en A.L., son un expreso reconocimiento de que se trabajó en la línea del carisma/espiritualidad vicenti­nos. Ninguna de las 13 Provincias, 1 Viceprovincia, 4 De­legaciones y 1 Misión Internacional, que componen la Conferencia Latinoamericana de Provincias Vicentinas (CLAPVI) existirían en el presente, si los Superiores Mayores no hubieran reconocido y premiado la labor de los misioneros como verdaderos hijos de San Vicente, continuadores del carisma/espiritualidad del Fundador en nuestro Continente, de modo que podemos decir que dicho trabajo es un indicativo capital de la fidelidad, cul­tivo, inserción y comunicación del carisma vicentino por parte de los Misioneros en nuestra América Latina.
  3. El Lugar donde el P. Maloney tuvo la inspiración para dar ese gran empuje que hoy tiene la Familia Vicentina: fue MEXICO. La AIC tiene en MEXICO el lugar de mayor revitalización de esta Rama. La SSVP, el lugar donde cuenta con mayor número de socios, es en BRASIL.

4. Como colofón de este trabajo quiero colocar en este ramillete de despedida las flores para quienes sembraron con tanta convicción el carisma vicentino en esta nuestra América Latina: «Lo más importante y lo que reclamanuestra gratitud perenne fue la profunda acción espiritualde tantos y abnegados misioneros que lo dieron todo, hastasus propias vidas, para hacer perdurable y fecunda la presencia espiritual y misionera de Vicente de Paúl». Y me atrevo a colocar otras flores más a este ramillete, citando palabras de autoridad, como son las de algunos Obispos y Cardenales que han resumido la labor de los Padres con ocasión de celebraciones centenarias en algunas de las Provincias: «¡Qué amplia labor! ¡Qué méritos! Los PadresPaúles son continuadores de la obra de San Vicente dePaúl, iniciada por él en el siglo XVII, y fomentada y cuidadapor los Padres Paúles en Cuba». O las de la Jerarquía de Ecuador que definía a los Misioneros como: «Personas desencillez evangélica, ciencia no común, celo infatigable».

Es, sin duda, la justa valoración a la entrega abnegada, desinteresada y generosa de esos Misioneros, en gran parte venidos de Europa, y que lograron poner o fortalecer las bases de la Iglesia en nuestras naciones, mostrándose como hombres de oración, estudio, trabajo, dedicación, de modo que supieron ganarse la admiración, simpatía y afecto de las gentes, y hasta las mismas condecoraciones y reconocimiento por parte de la Iglesia y de los Gobiernos, pero, sobre todo, el amor de los pobres, siendo su trabajo un himno al carisma vicentino en lo referente a la evangelización de los pobres y a la formación del clero.

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