Imitadores de Cristo en su amor universal (II)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación VicencianaLeave a Comment

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Author: Miguel Pérez Flores · Year of first publication: 1996 · Source: CEME.
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VALORACIÓN MORAL DE LOS FALLOS EN LA CASTIDAD CRISTIANA

¿No sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo? (1Cor. 6, 19).

21.- Aunque no es nuestro propósito estudiar los aspectos morales de la cas­tidad, dado el fin que nos proponemos, es conveniente, más aún necesario, recor­dar que es posible pecar contra la castidad, que toda falta conscientemente y voluntaria contra la castidad —por pensamiento, deseo y obra— es una ofensa a Dios. La gravedad o no de tal falta dependerá de la actitud de la persona. No siempre será fácil aplicar las leyes que se proponen en los tratados de teología moral. Nadie duda de que se puede romper la amistad con Dios, que los fallos en esta materia la debilitan seriamente y que la persona puede quedar herida psico­lógicamente hasta el punto de impedirle una vida serena para ofrecerse como sacrificio agradable a Dios.

22.- Conviene que leamos y meditemos los pasajes que el apóstol san Pablo nos ofrece: Vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como víctima de suave aroma. La fornicación y la impureza…ni siquiera se mencione entre vosotros como conviene a los santos (Ef. 5, 2-3). El cuerpo no es para la for­nicación sino para Dios… ¿No sabéis que vuestros miembros son miembros del cuerpo de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de una prostituta?… Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis reci­bido de Dios y que no os pertenecéis? (1Cr 6, 1 3-1 9).

23.- Naturalmente, la sensibilidad ante todo pecado, también ante el peca­do contra la castidad, es un don estimable con tal de que no haya exceso y degenere en escrúpulo y angustia. Debemos distinguir bien lo que es tentación y lo que es consentimiento, lo que es sufrir las consecuencias de nuestra debili­dad y los estímulos de la carne, y lo que es comportarse contra las leyes de la creación y contra la ofrenda que libremente hemos hecho a Dios de nuestro pro­pio cuerpos.

CASTIDAD CONSAGRADA

Diversos términos y matices de cada uno

24.- El lenguaje teológico referente a la castidad, sobre todo, a la castidad consagrada, ha cambiado. En los documentos del Magisterio y en los libros de teología y de espiritualidad, que tratan de la castidad, se usan diversos términos. Cada término tiene su propio significado que conviene tener presente, aunque todos ellos coincidan en el valor común.

Virginidad: El término virginidad sugiere tres valores: la inviolabilidad del propio cuerpo, la voluntad firme de conservarlo intacto en el futuro y la lozanía pro­pia del amor virginal. La virginidad, asumida como consejo evangélico, lleva con­sigo la voluntad firme y constante de entregar para siempre a Cristo el misterio del propio cuerpo, inviolado hasta el presente o inviolable en el futuro, y la entrega lozana y gozosa de toda la persona a Dios, amado sobre todas las cosas9.

Celibato: El celibato, escogido para seguir e imitar a Jesús célibe por el reino de los cielos, lleva consigo la renuncia al matrimonio por el reino de los cielos. Tal opción por el celibato significa la entrega total e incondicional, sin ataduras afectivas ni sociales, al servicio de las exigencias del reino de Dios. La expresión «celibato por el reino de los Cielos» significa con exactitud la realidad existencial de los seguidores de Jesús, que por su causa renuncian al matrimonio. En este sen­tido, el célibe no es lo mismo que el soltero, el que no se ha casado, sin más.

Continencia: Por la virtud de la continencia, la persona resiste o puede resis­tir a los impulsos sexuales y al ímpetu de la concupiscencia. El valor moral y espi­ritual del esfuerzo que se emplea en resistir y superar los embates de la sexuali­dad están en las motivaciones. Aunque la continencia no es lo mismo que casti­dad consagrada, vivencialmente van unidas».

Castidad perfecta: Esta expresión, referida al consejo evangélico de la cas­tidad, parece significar la perfección en la práctica de la castidad evangélica. Sin embargo, indica, al menos indirectamente, que otras castidades, v.g.: la de los esposos o la de los jóvenes célibes son imperfectas. Esta diferencia no es admisi­ble. Los esposos deben practicar la castidad perfecta en su vida matrimonial, como el joven debe practicar la castidad perfecta en su estado de célibe. Para evitar esta nota negativa, la expresión castidad perfecta se completa con otros términos o expresiones, como castidad perfecta consagrada, o castidad perfecta por el reino de los cielos.

Castidad consagrada: Es la expresión más frecuente para indicar el consejo evangélico de la castidad, porque la expresión castidad consagrada abarca los valores propios de la virginidad, del celibato y de la continencia, formal y teoló­gicamente considerados.

25.- Hay, pues, libertad para usar uno u otro término, una u otra expresión. Lo importante es exponer claramente en qué sentido se usan. Nosotros optamos por usar la expresión de castidad consagrada, usada mayormente, aunque no exclusivamente, en los documentos del magisterio y por muchos autores.

FUNDAMENTO EVANGÉLICO DE LA CASTIDAD… COMO CONSEJO EVANGÉLICO

Los consejos evangélicos, castidad ofrecida a Dios,… fundados en las pala­bras y ejemplos del Señor (LG 43)

26.- Los teólogos y exégetas discuten, como hemos dicho, si cada uno de los tres consejos evangélicos encuentran base en textos concretos de los evange­lios, si explícita e inmediatamente están afirmados en la sagrada Escritura. El Con­cilio Vaticano II y el magisterio pontificio posterior al Concilio aseguran que los consejos evangélicos se fundamentan en el ejemplo y en las enseñanzas de Jesús, sin precisar más y sin intención de zanjar la diversidad de pareceres entre los teólogos.

a) El ejemplo de Jesús

27.- Jesús fue célibe. No encontramos en el Evangelio rastro alguno por el que se pueda atisbar que tuviera mujer. La explicación de esta opción de Jesús por el celibato es muy diferente según los exégetas y teólogos. Para algunos, la opción del celibato por parte de Jesús no fue otra cosa que seguir la tradición de los pro­fetas, porque Jesús fue un profeta. Para otros, la opción fue extraña, llamativa, casi escandalosa e incompresible. Por el celibato, Jesús se mostraba como persona «maldita, infiel a la ley», porque la ley imponía el creced y multiplicaos (Gn 1, 238); se presentaba en sociedad como persona rara, como un eunuco, como un castrado. El castrado, el eunuco, era menospreciado entonces, como lo ha sido y lo es en casi todas las culturas.

28.- Interesa saber las motivaciones por las que Jesús eligió la vida celibata­ria. La reflexión teológica ofrece una amplia gama de motivaciones. La motivación central es, sin duda alguna, el reino de Dios, el acontecimiento salvador de Dios. La adhesión de Jesús al plan de Dios, su opción y compromiso hicieron que Jesús tuvie­ra que ser necesariamente célibe, le fue necesario optar por el celibato. El celibato por el reino, dice Blinzler. J., no fue para Jesús una exigencia exterior, sino una situa­ción interior … Jesús no condenó el matrimonio, ni mantuvo suspicacias frente a él, simplemente, afirmó que la causa del reino de los cielos es tan seductora y tan «que­mante» que, a veces, llega a producir cierta incapacidad moral para casarse. El celi­bato de Jesús, por el reino de los cielos, no aparece como algo que se propone por su valor espiritual o apostólico, como abnegación u ofrenda heroica, sino como la consecuencia sencilla, evidente y necesaria de la decisión por el reino de los cielos17.

b) Las enseñanzas de Jesús

29.- No son muchos los textos, que encontramos en los Evangelios, referen­tes a la castidad. El texto más estudiado ha sido el de san Mateo, 19,12. El Señor dice: Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres y quienes se hacen eunucos por el reinado de Dios. El que pueda con eso, que lo haga.

Tradicionalmente, todos los exégetas y teólogos han creído que en este pasaje, el Señor se refería a los célibes, a los eunucos que, libre y voluntaria­mente, habían optado por el celibato a causa del reino de los cielos, con todas las consecuencias personales, familiares y sociales que tal opción llevaba consigo. Hace algunos años, después de la exégeis hecha por eminentes escrituristas, son muchos los teólogos y exégetas que se inclinan a interpretar dicho texto de otra manera, es decir, los eunucos no serán los que optan ser tales por el reino de los cielos, sino los que por exigencias de la ley no se pueden volver a casar y, por tanto, deben vivir como eunucos.

31.- Por otra parte, el Vaticano II, en la constitución «Lumen Gentium 14» en el decreto «Perfectae Caritatis 12» citan a san Mateo 19, 12 exclusivamente. Algu­nos teólogos tambien citan el capítulo 18, 29 de san Lucas. La pregunta que surge es si tal texto vale o no como fundamento escriturístico del consejo evangélico de la castidad consagrada. Sin resolver definitivamente la cuestión, el magisterio ha optado por seguir la opinión, no sólo tradicional, sino sostenida razonablemente por otros autorizados exégetas20, es decir, además de los eunucos nacidos y hechos tales por los hombres, existe la categoría más ignominiosa para la sensi­bilidad judía: los eunucos voluntarios por el reino de Dios.

32.- El otro texto evangélico es el de san Lucas 14, 26: Si alguien quiere seguirme y no odia a su padre y a su madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas y hasta la propi& vida no puede ser mi discípulo. El que no carga con la cruz para venir en pos de mí todos los días, no puede ser mi discípulo. El sen­tido general de este pasaje es claro. El texto pone de manifiesto algunas exigen­cias, quizás las más radicales, del seguimiento de Jesús. Los otros sinópticos (cf. Mt. 10, 37 y Mc 19, 29) mencionan también las exigencias para ser discípulo de Jesús, pero hay una diferencia, y es que san Lucas es el único evangelista que men­ciona la exigencia de odiar a la propia mujer.

33.- El odio a la mujer, puesto como condición para ser discípulo de Cristo, plantea la cuestión de si en este pasaje también nuestro Señor hace referencia al celibato por el reino de los cielos. Así opinan algunos autores. En realidad, es una de las exigencias más profundas para ser discípulo de Jesús. No es extraño que san Lucas, más radical en sus expresiones que los otros evangelistas, ponga de una manera explícita la condición de odiar a la mujer. Sin duda, esta condición resulta, por su radicalidad, un modo de cargar todos los días con la cruz de Cristo.

CASTIDAD SEGÚN LA DOCTRINA DE SAN VICENTE

Ambiente reinante sobre la castidad entre el clero «Un cuadro muy pesimista sobre la situación»

34.- Los biógrafos de san Vicente, al exponer la labor reformadora del clero que san Vicente llevó a cabo, insisten en los abusos del clero: juego, concubinato y bebida. El P. J. M. Román hace notar lo siguiente: Los testimonios sobre la deca­dencia del clero francés en el siglo XVII son abundantísimos. Basándose en ellos, es fácil trazar un cuadro muy pesimista de la situación. El P. Coste, por su parte, recoge lo que un obispo dijo de su propio clero: Casi siete mil sacerdotes se han olvidado del voto del subdiaconado y deshonran con su falta de templanza su carácter sagrado. Se pueden añadir otros muchos ejemplos22. Historiadores más recientes ponen en guardia contra la tendencia a generalizar los casos particula­res. San Vicente es parco en describir la situación de corrupción del clero. Prefirió silenciar la infidelidad a la obligación del celibato y buscar el remedio. Este modo de comportarse no fue extraño en él, en otros campos.

35.- Por lo que se refiere a la castidad consagrada de los religiosos, san Vicente mantiene la misma actitud. Los desórdenes que existían en la vida religio­sa eran claro indicio de que la fidelidad a la castidad tampoco podía andar bien. Coste dedica todo el capítulo 34 de su biografía a la reforma de las órdenes monásticas. Si es mucho lo que se puede saber sobre la relajación de los monas­terios en cuanto a la disciplina y regularidad externa, no es mucho lo que se dice en concreto, sobre la infidelidad al voto de castidad. Por los desórdenes que des­cribe, se puede colegir el desorden que, en el campo de la castidad, existía entre muchos religiosos.

IDEA GENERAL DE SAN VICENTE SOBRE LA CASTIDAD

Virtud que modera los afectos

36.- San Vicente, en la conferencia del 12 de diciembre de 1659, se pre­guntó: ¿en qué cosiste la castidad? El mismo respondió: Todos los niños oyen hablar a sus padres sobre la malicia del pecado contrario a esta virtud ¡Qué virtud tan hermosa! Antes de explicar lo que es la virtud de la castidad, hizo una distinción entre la castidad conyugal, la que modera los afectos del placer carnal, y la otra que arranca del corazón todos esos afectos y lleva a los que la practican a vivir con toda pureza. No le interesa hablar de la castidad conyugal, porque es la que modera los placeres de la carne y nosotros no tenemos que tener ninguno.

37.- San Vicente se extiende en la castidad, a la que no dio nombre, y a la que atribuyó la misión de arrancar del corazón los afectos hacia la impureza, las malas inclinaciones y todo lo demás: Es la virtud que pide de nosotros que arran­quemos del corazón todos los afectos hacia las acciones de impureza, las malas inclinaciones todo lo demás. Y como si hubiera dicho mucho, añadió: No voy a hablar más dey  ello, ni en concreto de los actos particulares. ¡Qué virtud tan sin­gular y cómo procura el demonio hacer que la perdamos! A esta virtud singular, la combate el demonio, inspirando malos pensamientos, malas imaginaciones, representaciones groseras, incluso de las cosas santas, como ha sucedido a algu­nos santos.

38.- En este mismo contexto, san Vicente insistió en la pureza, lo cual es sig­nificativo para comprender mejor lo que más estima de la virtud de la castidad. San Vicente distinguió entre pureza de cuerpo y espíritu. El que tiene pureza de cuerpo, no por eso posee la virtud de la castidad, la pureza de espíritu es la esen­cia de la castidad. Ella es la que echa del pensamiento, del espíritu, de la memo­ria, de la fantasía, todos los malos pensamientos.

39.- Si analizamos esta exposición de san Vicente, parece como si la hubiera preparado, teniendo delante un manual de moral. Como los manuales de moral de entonces no ofrecían muchos elementos espirituales, dejó a un lado lo que en ellos leyó y se centró en el aspecto que más interesaba a sus oyentes: la castidad del corazón, la virtud que pide arrancar los malos afectos, no sólo de la fantasía y de nuestro espíritu, sino de nuestro corazón, y los afectos a la impureza (XI, 681).

40.- La conclusión práctica que san Vicente sacó de sus reflexiones fue la siguiente: En esto consiste, por tanto, todo nuestro ejercicio: arrancar del corazón… si queremos tener la castidad que pide de nosotros la Regla, acordándonos de que nuestro Señor, cuando vino al mundo, hizo tanto caso de ella que quiso cambiar la naturaleza de las cosas y nacer de una virgen. Por causa de esta virtud, dijo el autor del Apocalipsis, también las vírgenes acompañarán por todas partes al Cordero cantando cánticos nuevos (XI, 682).

41.- Pretender buscar en san Vicente una visión de la castidad como la que se tiene actualmente es imposible. San Vicente, en éste como en otros muchos aspectos, fue hijo de su tiempo. Si en otros campos de la vida sacerdotal, consa­grada y misionera, aportó elementos muy importantes, no sucede lo mismo en el campo doctrinal de la castidad. No es desdeñable la insistencia de san Vicente sobre el elemento interior de la castidad, pues, como dijo nuestro Señor: del cora­zón salen las intenciones malas… (Mt 15, 19). No puede existir castidad verda­dera, si no echa sus raíces en el corazón casto, ni puede haber castidad exterior, si no hay una higiene del corazón.

 

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