Honoré-Nicolas Brocquevielle (1719-1785)

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CRÉDITOS
Autor: Desconocido · Traductor: Máximo Agustín, C.M.. · Año publicación original: 1903 · Fuente: Notices, IV.
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   Entre los hombres distinguidos cuya pérdida fue particularmente sensible a la Congregación en 1786, el Sr. Jacquier, Superior general, menciona al Sr. H.-N. Brocquevielle. Este es el honroso testimonio que le consagra en su circular del 1º de enero de 1787, dirigida a toda la Congregación:

«Una enfermedad de cinco días ha llevado a la tumba al Sr. H.-N. Brocquevielle, párroco de Nuestra Señora de Versalles, a la edad de sesenta y seis años. El tercer día, al darse cuenta de que estaba peligrosamente atacado, pidió él mismo los últimos sacramentos que recibió con un completo conocimiento y una grande edificación. Arregló sus asuntos temporales, y luego se entretuvo con Nuestro Señor, tanto que la presencia de espíritu le permitió este trato, tan dulce y tan consolador para un moribundo cuya piedad está iluminada por los grandes principios de la fe. Durante su enfermedad, el rey le hizo el honor de enviarle a su médico, y de informarse con frecuencia del estado de su salud. Monseñor, Mons. el conde de Artois, los príncipes y las princesas de la familia real hicieron lo mismo, como los grandes señores y damas más distinguidas de la corte.

«El Sr. Brocquevielle era uno de esos hombres raros cuyo genio vasto y sublime es capaz de entenderlo todo, de profundizar en las ciencias más difíciles. Él unía a esto una facilidad prodigiosa para expresar al punto sus ideas de una manera precisa y elegante. Adquirió bien pronto un tesoro de conocimientos que le merecieron la estima de los sabios. Un hombre hábil, después de oírle predicar y hacer algunas disertaciones sobre la teología, dijo: este joven comienza por donde los demás acaban. La superioridad de sus talentos conocida demasiado pronto, le llevó a ser consultado y empleado en diferentes cosas  por personas a las cuales no se resiste. Si le hubieran dejado a su aire, habría podido, por lo que se piensa, dar obras dignas de la admiración del público más entendido. Lo que hay de seguro es que ha desempeñado  con mucha distinción los puestos que le han sido confiados. Ha experimentado, es cierto, algunas desgracias. Dios las ha permitido para hacerle ver que era en sí mismo donde debía poner su confianza, y no en sus talentos, que eran presentes de su bondad, que no debía emplear más que para bien de la religión». –Circulares de los Superiores generales, t. II, p. 181.

Lo que se dice del talento del Sr. Brocquevielle y lo que está expuesto en las líneas que se acaban de leer, cómo fue consultado y empleado por personas a las que no se resiste, parece ser una alusión al arzobispo de París.

Los biógrafos, en efecto, están de acuerdo en tener al Sr. Brocquevielle como el autor de un mandato muy notable de Mons. Christophe de Beaumont, con este título: Mandamiento de Mons. arzobispo de París con la condena de un libro que lleva por título: Émile o De la educación, por J.-J. Rousseau…, etc. París, Simon, 1772. Barbier afirma la cosa en su Diccionario de los Anónimos (nº 10719). Pues, Barbier, primero alumno y más tarde, colaborador de los Lazaristas en el seminario de Saint-Firmin, podía, mejor que otro biógrafo, conocer las obras salidas de su pluma. (Rosset, Noticias bibliográficas sobre los escritores de la Congregación de la Misión. Angoulême, 1878, Vº Brocquevielle). –Según la Francia literaria de 1778, Brocquevielle habría tomado parte en los trabajos teológicos de Collet.

El Sr. Brocquevielle (Honoré- Nicolas), nacido el 1º de agosto de 1719, en Nuestra Señora de Montreuil-sur-Mer, en la diócesis de Amiens, fue recibido en la Congregación de la Misión en París, el 24 de abril de 1745. Fue sucesivamente Superior del seminario de Auxerre, luego del de Saint-Firmin en París, después del de Toul. De 1765 a 1778, fue visitador de la provincia de Champaña. En 1778, fue nombrado superior y párroco de Nuestra Señora de Versalles y, el mismo año, visitador de la provincia de Francia.

Murió párroco de Nuestra Señora de Versalles, el 31 de mayo de 1785.

Estas palabra hacen alusión sin duda a los relatos descorteses, a las injurias incluso, propagadas contra el Sr. Brocquevielle, por un canónigo de Nancy, Cartujo, conocido por la crónica llena de amargura que escribía cada día y cuyo manuscrito se ha conservado. Espíritu apenado y apasionado, que se pasaba el tiempo » en escuchar por las puertas «, como se ha escrito, y en propagar, sazonándolas con sus comentarios malévolos, los comadreos que había recogido, hay pocos hombres de quienes haya hablado sin derramar sobre ellos su veneno. El Sr. Brocquevielle fue de los que atacó. Le acusaba de ser escandalosamente partidario de las ideas nuevas, y él, Chatrian, parece haber sido de la escuela de los que creen, más o menos conscientemente, que todo está permitido para desconsiderar a los que no comparten sus opiniones o que no quieren asociarse a sus pasiones.

Es suficiente, contra las calumnias del canónigo constatar que el antiguo superior del seminario  de Toul fue colocado, como se acaba de ver, en posiciones honorables e importantes por los superiores de la Congregación, también después de las acusaciones formuladas contra él. Es evidente que no lo habrían hecho jamás, -y su conciencia y los respetos debidos a la opinión pública se lo habrían impedido, -si los relatos del panfletario hubieran sido fundados.

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