LXXII. Provincia de Polonia
Las casas de Polonia no trabajaban con menor éxito y se hablaba de fundar allí en varios lugares según lo que expresaba el sr. Bonnet en las cartas ya citadas. Al principio de su generalato, la peste, la guerra, el hambre, tres terribles plagas a la vez continuaban asolando este gran reino, y nuestros cohermanos, decía el general, sufren mucho en sus bienes y en sus personas, llegando a resultar difícil que la regularidad se mantenga como en tiempos de tranquilidad en atención a que se ven obligados a salir de las ciudades para ir a vivir en los pueblos del campo.
Mons. Barthélemy Tarlo, obispo de Psnania, hasta entonces visitador de esta provincia, recibió al grupo de los estudiantes con su profesor en su casa de campo, viviendo con ellos como si fuera todavía su cohermano, menos en sentirse ligado absolutamente a su rango y al carácter episcopal. Hemos de sentirnos muy en deuda, prosigue el general, con Su Excelencia, así es como se trata a los obispos en Polonia, que son todos príncipes palatinos del reino, a quienes sólo podríamos agradecer con oraciones.
El sr. Michel Kounaki, visitador de la provincia de Polonia, vino con dos diputados a la asamblea general de 1711. Al regreso se llevaron consigo a cinco o seis Misioneros franceses para ayudarlos, y el visitador se encargó de la dirección de ocho Hijas de la Caridad en Polonia, donde muchas de estas pobres jóvenes habían muerto de la peste. Al año siguiente la casa de Varsovia perdió después de Pascua al sr. Paul Godquin, uno de los últimos alumnos del sr. Vicente, que había comenzado el primero a dar misiones en Polonia y allí había servido útilmente a la CM.
Algunas casas nuevas se establecieron en esta provincia, al comienzo del generalato del sr. Bonnet ya para dar misiones como para dedicarse en la casa a la dirección de los eclesiásticos: 1º En Plock, según el deseo de Mons. obispo de Cujavie; esta ciudad es una de las mejores de este reino, está fortificada y situada sobre el Vístula. Este prelado lo había deseado hacía mucho tiempo y con todo interés; 2º en Samogitie, provincia de Polonia con título de obispado. Igualmente según deseos de Mons. obispo para las misiones muy necesarias en su diócesis; el fondo principal del mantenimiento de los obreros que debían residir bastante cerca de Vilna, en Lituania, debía tomarse de las rentas de una gran parroquia, unida a la CM, con poder de mandarla servir por sacerdotes externos al país.
Las calamidades no cesaron en 1713, como escribe el sr. Bonnet el 1º de enero de 1714; lo que no impidió a los Misioneros proseguir sus trabajos con valentía y bendición en las Misiones y en los (seminarios). El obispo de Posnania los protegía siempre, y el sr. Kounaki conducía su provincia con rectitud, si bien todas las casas sufrieran en lo temporal, y por consiguiente necesitaran de oraciones para obtener de Dios la gracia de mantenerse en el fervor y en la pureza del espíritu de la Misión, en medio de las calamidades en que se encontraban. Este visitador, en quien el general tenía gran confianza, vino a morir ese mismo año en otoño, de un agotamiento que degeneró en fiebre maligna. El sr. Bonnet comunicó sobre él que era muy entregado al bien y a la unión de las diferentes casas de la CM y que la última asamblea había quedado muy impresionada y edificada por su rectitud y sencillez con la que desde entonces había dirigido la provincia, siempre en una perfecta subordinación y dependencia de sus superiores. Le dio por sucesor al sr. Antoine Fabri, sacerdote italiano, que llevaba en Polonia 30 años, y había asistido en calidad de diputado a la asamblea general de 1692. Era un hombre prudente y experimentado, en condiciones de dirigir bien la provincia, y estimado dentro y fuera de la CM.
Esta provincia perdió el año siguiente a su principal apoyo, a saber, a Su Excelencia Mons. obispo de Posnania; había considerado siempre, durante su vida, a la CM como su madre y la constituyó al morir su legataria universal. El sr. Bonnet anunció esta sensible noticia en estos términos: Acabamos de tener una gran pérdida en la persona de Mons. Barthélemy Tarlo, obispo de Posnania, antiguo cohermano y siempre nuestro bienhechor y verdadero amigo tanto en su vida como a la hora de la muerte. Falleció en Lowitz, en los brazos del sr. Fabri, profiriendo estas palabras: Dios sea alabado, Dios sea bendito. No se encuentra nada digno de mención sobre esta provincia hasta 1718. Al principio de este año informó el sr. Bonnet sobre muchas fundaciones buenas, con esperanzas de que al llegar la paz del reino habría mucho trabajo para la gloria de Dios y la salvación de las almas, y que todas las casas desempeñaban sus funciones. Y repite más o menos lo mismo en las cartas siguientes.







