Historia general de la C.M., hasta el año 1720 (57. Plan emprendido de la beatificación del sr. Vicente. Favores de la Santa Sede)

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Author: Claude Joseph Lacour, C.M. · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1731.

Fue escrita por el Sr. Claude Joseph Lacour quien murió siendo Superior de la casa de la Congregación de la Misión de Sens el 29 de junio de 1731 en el priorato de San Georges de Marolles, donde fue enterrado. El manuscrito de l’Histoire générale de la Congrégation de la Mission de Claude-Joseph LACOUR cm, (Notice, Annales CM. t. 62, p. 137), se conserva en los Archivos de la Congregación de París. Ha sido publicado por el Señor Alfred MILON en los Annales de la CM., tomos 62 a 67. El texto ha sido recuperado y numerado por John RYBOLT cm. y un equipo, 1999- 2001. Algunos pasajes delicados habían sido omitidos en la edición de los Anales. Se han vuelto a introducir en conformidad con el original.


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San Vicente de Paúl
San Vicente de Paúl

LVII. Plan emprendido de la beatificación del sr. Vicente. Favores de la Santa Sede

Todos estos diferentes empleos y Misiones confiados a los sacerdotes de la CM y a los cuales el sr. Vicente había dado pie por la erección de la CM hicieron nacer en el espíritu de algunas personas el pensamiento de trabajar por su beatificación por la Santa Sede, habiendo llevado una vida tan edificante y procurado tan grandes bienes a la Iglesia. Mirad de qué manera sucedió, según lo escribió el sr. Pierron el 1º de enero de 1702: Uno de los prelados de la Curia de Roma, llamado sr. Bottini, promotor para las beatificaciones y canonizaciones de los santos, nos mandó hacer tres instancias para dejar las cosas en estado de trabajar en la beatificación de nuestro Venerable Padre, el sr. Vicente. Hemos escrito adonde sabemos de algunos de aquellos que habían conocido a este gran servidor de Dios. Se rogó entre otros a los obispos que habían vivido en su tiempo, o habían oído hablar de él, que dieran testimonio jurídico de la santidad de este virtuoso sacerdote; que se hicieron luego imprimir estos testimonios en Roma, siguiendo la costumbre, con otros que se obtuvieron posteriormente, de los reyes, de los príncipes, de los magistrados y de otras personas de lo más respetables. Tenemos ya, dice el sr. Pierron, los testimonios de cuatro obispos de su tiempo y de algunas otras personalidades. Monseñores los obispos de Meaux, de Autun, de Bayeux, St.-Malo, éste se murió poco después de la fecha de esta carta, y de Alet, el antiguo, nos han prometido también darnos buenas noticias. Cuando lo hayamos recibido, veremos qué formalidad tendremos que seguir. Es uno de los asuntos mayores que jamás haya tenido nuestra CM; será de grandes gastos y todas nuestras casas se verán en apuros para satisfacerlos.

No se dejó por eso de emprender. El sr. Wáter, sucesor del sr. Pierron, escribió luego a todas las casas, y también a los particulares, que tuvieran bienes para exhortarles a contribuir a estos gastos, cuyo éxito podría significar honor a toda la CM. Además, después, se impuso también a cada casa contribuir con su contingente todos los años, lo que se recibió con agrado, a pesar de las guerras y los tiempos azarosos. El sr. Pierron nombró a un sacerdote de la Misión para procurador de este asunto, que fue en primer lugar el sr. (Pierre-Casimir) de Cès, hombre de espíritu y dedicación. Escribió a todas partes para tener testimonios y pruebas de la santidad y de los milagros del siervo de Dios, con el fin de servirse de ellos útilmente, pero más tarde, se le sustituyó por el sr. Couty, superior de Narbona, quien se fue para ello a Roma, donde el nuevo pontífice, Clemente XI, parecía muy inclinado a que saliera a flote este asunto, quien había dicho, según se asegura, que quería beatificar al sr. Vicente. No se cansaba de conceder nuevas gracias a la CM; lo que se vio por dos Breves expedidos en favor de los Misioneros. El primero con fecha del 5 de noviembre de 1701, en el que señala que siendo las indulgencias un medio para redoblar el fervor de las Congregaciones dedicadas a procurar la gloria de Dios y la salvación del prójimo en el ejercicio de sus funciones y queriendo otorgar a la CM de la Misión, que trabaja con fruto en la salvación de las almas en la viña del Señor, concede a quien entre en adelante en dicha CM, sacerdote, clérigo o hermano, indulgencia plenaria el día de su recepción, después de confesarse y de comulgar. Luego, indulgencia igual a los que después de dos años de probación, reciban los mismos sacramentos y hagan los cuatro votos; y también a la hora de su muerte si, no pudiendo confesarse y comulgar, invocan el nombre de Jesús al menos de corazón. Además, semejante indulgencia el día de la Conversión de San Pablo, visitando devotamente desde las primeras vísperas hasta la puesta del sol de dicha fiesta, cualquier iglesia o capilla de dicha CM, o la parroquia en su defecto, acercándose a la confesión y a la comunión y orando con devoción por la propagación de la CM, la unión entre los príncipes cristianos, la extirpación de las herejías y la exaltación de la Iglesia. Parecida indulgencia, igualmente, cada año, a los que hagan los ocho días de retiro; y cien días de penitencia cada día a aquellos de la CM que hagan con fidelidad el examen de conciencia con un firme propósito de corregirse y reciten devotamente las letanías de la santísima Virgen, rogando por los fines arriba dichos.

El segundo breve con fecha del 14 de enero de 1702, igualmente, para animar al fervor en los ejercicios espirituales, el Santo Padre concede no sólo a todos los Misioneros, incluso hermanos, sino también a todos los eclesiásticos que se reúnan en su casa para hacer reflexiones espirituales sobre las funciones de su estado, o se queden en su seminario y se dediquen todos los días, durante un cuarto de hora, a la oración mental, 100 días de indulgencia; además, siete años de penitencia a los que empleen allí media hora, e indulgencia plenaria una vez cada mes a los que durante un mes hagan la oración mental una hora seguida, o al menos un cuarto de hora cada día confesando y comulgando y rezando como se ha dicho y Su Santidad permite aplicar esta indulgencia en forma de sufragio a los fieles difuntos. El primer breve es a perpetuidad, el segundo tan sólo por siete años; luego se ha de renovar.

El sr. Pierron informó a la CM de estas gracias concedidas por el Santo Padre e hizo notar que no se habían podido obtener de su predecesor aunque haya sido uno de los papas que más favoreció a la CM. En Roma, no acostumbran a expedir esta clase de breves a perpetuidad de manera que no sea necesario renovarlos de vez en cuando. Hay tres indulgencias plenarias de las que nuestra CM no había gozado todavía, a saber: la que se da en favor de los seminaristas internos; la otra por el día de la Conversión de San Pablo: el Santo Padre obliga a rezar entonces por el feliz progreso y avance de la Co, en el día en que el sr. Vicente y toda la CM a su ejemplo ha honrado siempre con una devoción particular como el del primer sermón de las misiones que dio ocasión a la Señora generala de las galeras de fundar misiones, por donde comenzó la CM. La 3ª indulgencia, de cien días, para animarnos a hacer bien el examen de conciencia, se han de recitar las letanías de la santísima Virgen; como se las omite los cuatro últimos día de la Semana santa y durante todo el tiempo pascual, los que quieran ganarla se acordarán de que han de recitar esos días las letanías en particular. El sr. Pierron encarece enseguida a los superiores que se cuiden de vez en cuando de exhortar a la familia a aprovecharse de estas gracias espirituales, con las que ha sido del agrado de Dios colmar a los Misioneros, y para ello hacer leer los susodichos breves por lo menos una vez al año. El segundo breve no se había conseguido todavía en el tiempo en el que el sr. Pierron escribió esta carta.

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