Hijas de la Caridad: Fundación en México (4)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la Caridad3 Comments

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logo-hhcDocumentos y notas, usados para la Historia de las Hijas de la Caridad en la Provincia de México. 1844. Notas sacadas por el P. Valgañón de un libro titulado: «Anales de las Hijas de la Caridad en México». Manuscrito existente en nuestro Archivo de Madrid. El extracto del P. Valgañón lleva la fecha de 1906.

 El día 9 de octubre de 1843 permitió el Gobierno de México que las Hijas de la Caridad se estableciesen en la República de México. Salieron de Cádiz el 11 de setiembre de 1844 y llega­ron a Veracruz el 4 de noviembre.

Sor María Ana Gómez de la Cortina, Condesa de la Cortina, fue la fundadora de las Hijas de la Caridad en la República Mexicana. Dejó a las Hermanas 141.000 pesos para dote de la primera fundación, hizo los votos de Hermana antes de morir en 6 de enero de 1846. En 1860 se trasladaron sus restos del Convento de Capuchi­nas al Panteón que tenían las Hijas de la Caridad en su casa.

Sor Julia Fagoaga es considerada como una de las primeras fundadoras, tanto de los

Padres Paúles como de las Hijas de la Caridad en México. Dio sus cuantiosos bienes para el buen establecimiento de ambas Comunidades y para un colegio de niñas huérfanas. Fue la primera Hermana mexicana. Entró en la Comuni­dad con muy buen espíritu.

El Médico D. Manuel Andrade trabajó mucho para que fue­sen a México las Hermanas de la Caridad.

El Excmo. Sr. General D. Antonio López de Santa Ana dio ­leyes a favor de las dos familias de S. Vicente y asistió acom­pañado de sus más altos funcionarios a la inaugura­ción del tem­plo de la Casa Central de las Hermanas el día 2 de junio de 1853.

Primero se establecieron las Hermanas en la calle de Monzón y se abrió el Seminario en 1845. Se enfermaron casi todas y se trasladaron a una casa de campo llamada Clavería, legua y media de la capital, propiedad de la Sra. Condesa. A causa de los disturbios políticos se volvieron a la capital, enfrente de la Alameda, en enero de 1846. Per­manecie­ron en ella hasta agosto de 1847. La primera fundación del Hospital de S. Juan de Dios fue en la misma capital en mar­zo de 1845. En Silao fundaron en 1846.

El 21 de junio de 1847 se empezó el edificio llamado en la Capital De las Bonitas en 20.000 pesos y se gastó mucho en fabricar en él. Se trasladaron a él las Hermanas el 14 de agosto del mismo año. En departamento enteramente aparte, en el mismo edificio se arregló casa para los Misioneros que entonces había en México y se reducían al Sr. Armengol y al Hno. Blas Fortún y se trasladaron a él en 10 de agosto de 1847. A mediados de este mes se encargaron las Hermanas del Hospital de San Pablo en la ­misma Capital. Era Hospital de Sangre, pues entonces estaba México en guerra. En esta época sufrieron las Hermanas muchos insul­tos y privaciones.

Sor Julia Fagoaga cedió a las Hermanas la Hacienda de la Ascensión, que dista una legua al poniente de la capital en el puente de la calle de Seguisano nº 3 y 4, por valor de 29.000 pesos para recibir gratuitamente en el Colegio proyectado de las Beatas, veinticua­tro niñas huérfanas. En 3 de noviembre de 1848 entraron en posesión de esta hacienda.

En la Ciudad de Puebla se fundó la casa de Hermanas en 19 de julio de l849.

En 1850 se encargaron del hospital de San Andrés, en la Capital de México, que era el principal hospital. También se encargaron del Hospital de Belén en Guanajuato, Capital del Estado.

El 12 de diciembre de l850 se verificó la instalación de las Hermanas en el gran Hospital de S. Pedro, en la ciudad de Puebla.

En 1853 se fundó el Hospital de San Juan de Dios, en Guadalajara.

En 1855 se encargaron del Hospital de Belén en Guadalaja­ra, Capital del Estado. Tiene salas grandísimas, seis de las cuales forman una estrella en cuyo centro se celebra la Misa que ­pueden oír todos sus enfermos.

En México se encargaron del Hospital de San Lucas en 1855.

En 1856 se fundaron en Monterrey, capital del Estado.

El 20 de octubre de 1857 tres malhechores, vestidos de guardias de seguridad pública, entraron en el hospital de S. Pa­blo en la capital de México. Pusieron en alarma a los soldados de la guardia que custodiaban aquellos presos enfermos diciendo ­que el centro de la ciudad estaba en revolución y que traían or­den de que abandonasen el puesto de San Pablo. Los oficiales hu­yeron o se escondieron y los presos quedaron sin guardia. Los tres malhechores hicieron que se vistieran algunos de sus compa­ñeros que estaban allí y huyeron con ellos. Corre a ellos Sor Micaela, la Superiora, con Sor Ernestina que murió en San Diego, Valdemoro según me dicen por el año 1907, los detienen en el ­patio aunque pasaban de cien los malhechores y les obligan a volver a las salas y a sus camas con palabras de persuasión y avisaron al Ayuntamiento lo que pasaba.

En 1858 hubo guerra dentro de la Ciudad de México. Las Hermanas que estaban en S. Juan de Dios se hallaron en gran peligro por haberse comprometido la acción dentro del edificio, al asaltarlo los pronunciados. Cuando los liberales, que lo ocu­paban, se vieron perdidos suplicaban a las Hermanas que los defendiesen. La superiora los metió apresuradamente en las camas de ­los enfermos y les hizo pasar por tales cuando los pronunciados los iban buscando por la casa. Después refirió la Superiora al ­Jefe que había ganado aquel punto, lo que había hecho con aquellos infelices y el Jefe lo aprobó, alabando su caridad.

En el hospital de S. Andrés hicieron otro tanto las Hermanas.

Muchos peligros corrieron estas en la guerra en México, Guadalajara, Puebla, Silao etc.., ya por las balas ya por las amenazas de los liberales. Alguna Hermana se desmayó del susto viéndose amenazada con una pistola.

Envío de Hermanas a México: Los mexicanos quieren que sean españolas.

Carta del Visitador P. Roca al P. General  (En francés).

Madrid 7 de septiembre de 1843

En cuanto a nuestras Hermanas, se partan bien y son muy estimadas y deseadas, como os he dicho otras veces. El Gobierno las protege mucho y desea enviar a México porque los mexicanos quieren Hermanas que sean españolas.

Ya he recibido orden del Gobierno el 21 del mes pasado para que envíe una colonia con su ­Director, Paúl, para formar allí una Casa Noviciado. El Sr. Arzo­bispo desea establecernos en su Seminario allí. La misericordia de Dios y la protección de S. Vicente desciende sobre nosotros; sea siempre bendito su nombre.

He sabido que las Hermanas españolas que hay en Francia desean volver a su Patria. Yo tendría mucho gusto en recibirlas si V. las quiere enviar. El Sr. V. le dirá el buen estado de mi salud y de la Congregación de nuestras Hermanas. = Juan Roca.

Decreto autorizando en México el establecimiento de Hijas de la Caridad

Ministerio de Gracia e Instrucción Pública

= El Excmo. Sr. Presidente Interino de la República se ha servido expedir el Decreto siguiente:

Valentín Canalizo, General de División y Pre­sidente interino de la República mexicana a los habitantes de ella, sabed:

Que persuadido de la utilidad que debe proporcionar a la República el establecimiento de la Congregación de Señoras denominadas Hermanas de la Caridad por los eficaces y desintere­sados servicios que prestan a la humanidad doliente en los Hospitales, Hospicios y Casas de Beneficencia no menos que a todos ­los pobres menesterosos en particular. De conformidad, con lo consultado por el Consejo de Representantes de los Departamentos y en virtud de la licencia que por su parte ha concedido la Autoridad Eclesiástica Metropoli­tana, ha tenido a bien decretar lo ­siguiente en uso de las facultades con que se ha investido al Gobierno nacional:

Se permite el Establecimiento de Hermanas de la Caridad en ésta y en las demás capitales y lugares de la República según el Instituto de S. Vicente de Paúl su Fundador y bajo las Reglas o Estatutos que para su ejercicio presenten y se ­aprueben por el Gobierno.

Por tanto mando se imprima, publique, circule y se dé el debido cumplimiento.=

Palacio del Gobierno Nacional de México, 3 de octubre de 1844.

Baranda. Excmo. Sr. Go­bernador del Departamento de México[1].

Fundación de las Hijas de la Caridad en México.

Carta del Visitador P. Roca al P. General (en francés)

Madrid, 24 de enero de 1844.

He recibido y os envío los amplios poderes que la Repú­blica mexicana ha enviado al Sr. Fernández de Córdoba de que os remito una copia por la cual verá V. las manifesta­ciones de generosidad del consentimiento del Gobierno y de casi todos los habitantes de aquella República por la esperanza que abrigan de ver entre ellos a las Hijas de la Caridad.

Verá V. también cómo todo va arreglado según el orden ­de la Compañía con omnímo­da dependencia del Superior General, que por a gracia de Dios es V., mi Rvdo. Padre.

Verá V. en fin, cómo el Gobierno español me ha autorizado por un Decreto del 13 de agosto de 1843 para entenderme con el Comisionado Sr. Fernández de Córdoba para firmar la escritura de contrato para el envío de las Hermanas a México.

Mientras hacemos la Escritura del Contrato y antes de ­firmarla le enviaré copia para inteligencia V. Los mexicanos, quieren al Sr. Sanz por Director de Hermanas, no es porque él lo haya solicitado, sino porque el Comisionado ha escrito que le pidan. La petición sin embargo es condicional pues podemos nom­brar al que juzguemos más apropósito. El Sr. Sanz es mi apoyo y mi báculo en la vejez, por esto tengo necesidad de él, pero me ­conformo con la voluntad de Dios. De esto trataremos cuando haya visto la escritura.

Saldrán las Hermanas en el mes de noviembre o diciembre. En la República de México se imprime la vida de S. Vicente nuestro Santo Padre.

= Estoy abrumado de peticiones de Hermanas y puedo enviar pequeñas colonias a las Provincias por ­que la bondad divina nos proporciona muchas y buenas postulantas».

Fundación de las Hijas de la Caridad en México

Carta del Visitador P. Roca al P. General (en francés)

10 de Febrero de 1844

Hemos recibido carta del Sr. Codina por la que me ente­ro ser él el escogido para ir a México con las diez Hermanas españolas. Estoy conforme con la feliz elección de Director que V. ha hecho y hay que nombrar otro misionero español que le acompañe.

Pero me ha sorprendido lo que me dice de que el embarque será en Francia. Esto ha de traer malas consecuencias para las dos familias de S. Vicente en España.

Los fundadores de esa Misión, el Gobierno español, el Gobierno Mexicano no llevarán a bien, ni permitirán que las Hermanas se embarquen fuera de España. Si esto sucede, muy Rvdo. Padre, le aseguro que perdería Vd. toda la jurisdicción que tiene sobre España. Porque el Gobierno español no mira bien la dependencia que tenemos de Francia, aunque disimula por ahora y yo hago cuanto puedo por conservarla, como Vd. puede ver en la escritura del Contrato, en la cual es Vd. nombrado como nuestro General. Pero si el Sr. Codina, no viene a España para juntarse a las diez Hermanas y se embarcan en el Baissau Ameriquen on et payé pour les Ameriquéns nous servus chages de ce Proyame. Las Hermanas se verán obligadas a no reconocerle por su Padre, serán arrojadas de los establecimientos y acaso del Reino. He aquí, muy Rvdo. Padre, el mal resultado de esta Misión, si Vd. hace lo que nos comunica el P. Codina.

Además los fundadores no admiten más Hermanas que las enviadas por su Comisio­nado y por el Gobierno español, que está interesado en esta misión de Hermanas. He hecho cuanto he podido por asegurar nuestra total dependencia de V. como lo verá en todas las escrituras, pero si Vd. se opone a los Decretos de ambos Gobiernos y a la voluntad de los fundadores, no respondo de las malas consecuencias.

En nombre de todos mis compañeros le digo, que el medio más seguro, más conforme a la voluntad del fundador y de los Gobiernos es, Muy Rev. Padre, que mande Vd. aquí al P. Codina y que escoja las diez Hermanas más a propósito para esa misión.

El Sr. de Córdoba, apoderado de los fundadores, me ruega escriba una circular a todas las Hermanas de España para ver las que se ofrecen a ir a México y escoger las más a propósito, para que vayan, según verá Vd. en la copia que le remito. En la escritura se señala la edad y condiciones de las Hermanas. Esas que hay en Francia, creo no son del todo a propósito para esa misión.

En fin, le escribo esto, con la intención más pura de hacer la divina voluntad, sin olvidar el bien de la Congregación. Viejo soy, y sólo puedo prepararme para bien morir. No estaría tranquilo en conciencia si no le advirtiera de lo que sobrevendrá si hace Vd. lo que me dice el P. Codina. Rogaré a la Bondad Divina, que le ilumine a Vd. para no exponer a ambas familias de San Vicente en España a quedar fuera de vuestra dependencia y a la unión con nuestra principal cabeza».

Fundación de las Hijas de la Caridad en México

Carta del P. Roca, Visitador, al P. General (en francés)

      7 marzo de 1844

Remito a V. el último papel que la República Mexicana ha enviado a su Embajador en España por el cual verá que ningún Superior General de la Congregación de la Misión ha sido recono­cido tan plenamente y con tanta claridad por jefe de ambas fami­lias de San Vicente como reconocen a V. ahora los dos gobiernos eclesiástico y civil mexicano y español Gracias a Dios. Functus sum meo officio. La escritura está firmada, el navío está apala­brado para octubre. V. ha nombrado y confirmado al Director, inútil será nombrar otro. Las Hermanas serán las que Dios disponga y espero en la bondad Divina que serán capaces de cumplir sus deberes.

El Sr. Gros está muy mal; creo que durará muy poco. Pido a V. le encomiende a las oraciones de la Comunidad.

Me veo en la absoluta necesidad de pedir a V. al Hermano José Comerma o al Hermano Juan Vallés; si no viene uno de ellos tendremos que recurrir a una mujer para el servicio, cosa contraria a nuestro espíritu. Espero de su bondad paternal tenga piedad de nosotros.

Fundación de las Hijas de la Caridad

Carta del P. Roca, Visitador, al Superior General (en francés)

Sos, 25 de junio de 1844

Ya he recibido poder para firmar la Escritura de México; entre tanto nuestra casa de Madrid se arruina hasta los ci­mientos. Si yo hubiera tenido los dichos poderes a  su tiempo es­to no hubiera pasado. Parece que antes el Ministro nos era más ­favorable. Adoremos sin, embargo, la Divina Providencia.

Sor Agustina Inza irá a París; acaso llegue para el día de San Vicente. Sor Teresa Martínez la acompañará para instruirse en los usos de las Hermanas de Francia y formar las novicias en España según la uniformidad de París. Creo es propia para maestra de novicias y para ocupar el lugar de Hermana Anga. Por esto ruego a V. le dé cuantas instrucciones y papeles sean necesarios para formar novicias al uso de Francia, aunque aquí se forman se­gún la tradición y creo que casi lo mismo que en París, según testimonio de la venidas de ese noviciado. Deseo sin embargo to­tal uniformidad.

Bueno será que cuanto antes nombre V. los Directores que las han de acompañar a México. Si envía al Sr. Sanz, ruego a V. haga venir al Sr. Boquet (que estaba en Nápoles y ahora en Montoliu y al Hº Juan, que está en Valfleury.

He salido de Madrid por un negocio de importancia y por no comprometerme. Si las circunstancias lo permiten, me volveré otra vez. El Sr. Marqués de Vallgornera, que ha sido Ministro de Gobernación en España, a quien debo muchos favores, va a París a «se promener». Cuando vaya a verle, le ruego humildemente que le reciba con las atenciones que V. acostumbra. Las Hermanas de España marchan muy bien y son muy estimadas. Mi salud va regular.

Fundación de las Hijas de la Caridad en México

Carta del P. Armengol al Padre General (en francés)

Madrid, 21 de agosto de 1844

Llegué a Madrid la noche del domingo último por la Ma­lle Poste, cuyo conductor fue tan bueno con éste su servidor que paró en un lugar el tiempo necesario para poder celebrar el Santo Sacrificio, motivo para mí de no poco consuelo.

Me alojo con los señores Roca, Sanz, Mata y Borja que están buenos y saludan a V. El Sr. Sanz me ruega comunique a V. que, ahora, no le puede escribir por sus excesivas ocupaciones, que luego lo hará. Hoy mismo han llegado Sor Teresa y Dª. Teresa. Sor Agustina fue llevada a Tolosa por su madre y su hermano. Pienso que vendrá aquí por la Malle Poste. La pequeña colonia está en retiro espiritual.

Reverendísimo Padre: me parece un deber de conciencia advertir a V. sencillamente nuestras dificultades concernientes al cambio de hábito de las Hermanas:

1º.- Le digo que de mi parte y de la del Sr. Sanz estamos sumisos a la voluntad de V. sicut lima in fabri manu.

2º.- Testimoniamos a V. la misma sumisión de las Hermanas que van a México; están dispuestas a todo. Pero esto no resuelve las dificultades. Esta mudanza no puede hacerse sin que llegue a conocimiento del Gobierno español y de las Hermanas de España; y dada la repugnancia que las Hermanas tienen a este cambio y el peligro de que el Gobierno se mezcle, ello va a comprometer la autoridad de nuestro muy querido y reverendo Padre de ­las Familias de S. Vicente en España.

Venido yo aquí he tenido que relacionarme con personas notables de la Política y sus conversaciones me han confirmado en estos temores. Permita V. que añada que cuando el Superior ­General Nozo mandó el color azulado en el hábito de las Hermanas, exceptuó a las Hermanas de España, según documento que se guarda en nuestros Archivos.

El color azulado aquí y en México es el ­que usan los Hijos e Hijas de San Francisco. Espero Padre mío de su bondad me conteste a Cádiz con esta dirección:

Buenaventura Armengol.

= En la Cuna de Cádiz.

El Sr. Roca solicita del Gobierno una R.O. que le autorice a disponer de las Hermanas a pesar de la oposición de las Juntas de Beneficencia

Excmo. Sr.:

En cumplimiento de lo prevenido en el artículo 22 de la Escritura de Fundación de este Noviciado y en la ­Real Orden fecha 10 del corriente mes y año que V.E se sirvió dirigirme, tengo el honor de elevar al conocimiento de V.E. la ­copia de la súplica que acompaño esperando de V.E. se dignará hacerme saber si merecerá la aprobación de Su Majestad la Reina Nuestra Señora (q.D.g.) el que se realice la fundación que se solicita.

Mas debo con esta ocasión hacer presente a V.E. que co­mo las Hermanas llamadas a crear la casa de Noviciado en la República Mexicana deben reunir cualidades no ordina­rias y un conocimiento circunstanciado de los diversos deberes de su Instituto, me sería preciso entresacarlas de los diferentes establecimien­tos de Beneficencia del Reino a cuyo servicio se hallan adictas; operación que podrían retardar y aun inutilizar los Jefes de los mismos establecimientos por no querer privarse del ventajoso servicio que prestan a los mismos. Para cuya pronta y fácil ejecución espero que V.E. se servirá autorizarme competentemente ha­ciendo extensiva y aplicable al caso presente la atribución  del Director  de que habla el artículo 2º de los contratos de fundación aprobados por la Real Orden antes indicada.

= Dios guarde a V.E. muchos años.

= Madrid, 22 de agosto de 1843

= Excmo. Sr.= Juan Roca.

= Excmo. Sr. Ministro de Gobernación de la Península.

Diario de lo ocurrido a las Hermanas y demás pasajeros de la Fragata ISIS en su larga travesía de Cádiz a Veracruz.  (Impreso)

Setiembre, octubre y noviembre de 1844.

La salida de las Hermanas de Cádiz, verificada el once de setiembre fue en toda verdad un tiempo de la religión. Nadie presenció su salida para el embarcadero, sin admiración y sin atribuir a una fuerza superior, la generosidad con que se preparaban  a hacer el costoso sacrificio de la separación de la propia patria. Las personas seglares, los señores eclesiásticos, las señoras de primera distinción, sus cohermanos, a quienes dejaban para siempre, todos lloraban; ellas sólo conservaban aquella santa serenidad que sólo se ve pintada en el semblante del justo que mira a este mundo como un destierro y no reconoce más patria que la del cielo.

…Como en toda la mañana del once hubo calma, fue preciso permanecer en el puerto hasta las 12 del día, en que entabló el viento por O.N.O… En toda aquella mañana las Hermanas y demás personas que nos habían acompañado y almorzaron a bordo, estuvieron divertidas.

La nueva casa de madera en que se veían metidas; la hermosa Cádiz, que a manera de un magnífico anfiteatro, les entretenía con su vista, la multitud de lanchas que cruzaban de buques que se hallaban veto en aquellas aguas, todo contribuía a divertir su imaginación, diversión que cesó tan luego que la fragata, llevada de la violencia del viento, hizo sentir en todos los pasajeros la influencia de su movimiento. El balanceo continuo del buque excitó el mareo de las Hermanas al que muy luego se siguieron los vómitos que, en algunas, fueron bastante violentos.

Al amanecer se presentó a nuestra vista con toda claridad la costa oriental de Cádiz y en confuso las de Africa y embocadura del Estrecho. Quedamos en calma y no cesó hasta las doce del día, en que entabló el viento por el N.

En ese día las Hermanas se vieron muy molestadas del ­vómito; sólo una quedó libre que fue Sor Luisa y parece que Dios la preservaba de la común molestia, para que pudiera ocupar­se en el alivio y servicio de las demás; todos los señores pasa­jeros, el Sr. Físico y con particularidad el Capitán de la fragata el Sr. D. José Pacheco se hicieron un deber, de prodigar a las Hermanas todos los alivios posibles.

Desde este día, hasta el 14 inclusive, fue el viento constante del N. al N.E. bonanci­ble: atmósfera despejada y mar tendi­da del N. que incomodaba bastante por el balanceo del buque; muy pocos dejaron de pagar el tributo al dios del las aguas; el vómito se generalizó; pero los de las Hermanas se aumentaron tan considerablemente que Sor Inés y Sor Gregoria tuvieron que postrarse en cama: en medio de sus padecimientos conservaron toda la paz y alegría del justo.

Amaneció el día 15 y se pasó casi todo en calma. En este día se celebró por primera vez la Misa y ya en adelante se hizo lo mismo en todos los días que lo permitió el tiempo. El altar se fijó en la cámara o salón de popa; las Hermanas comulgaron en dicha Misa. Lo restante del día se pasó con bastante incomodidad por lo que las Hermanas tuvieron que retirarse tempranito y repa­rar con el sueño de la noche los padecimientos del día. Así se esperaba, mas sucedió lo contrario. El calor era excesivo y en los camarotes se hacía insoportable; se juzgó necesario que dos de ellas Sor Rosa Ramos y Sor Micaela Ayanz trasladasen sus colcho­nes al salón o cámara común; el silencio de la noche y el cansan­cio del día, hacía que las Hermanas durmiesen profundamente; no se traslucía el menor indicio de que se alterase la perfecta calma ­que reinaba en el mar y en el buque; en un momento el mar se enfurece, introduce furioso una ola por una de las cuatro ventanas de popa que habían quedado abiertas; la cámara se inunda de agua sa­lada; las Hermanas se mojan completamente gritan, ¡ay! que se hunde el barco; el orden se turba, los marineros acuden con los cubos; la ventana se cierra; la cámara se desagua, la tranquilidad se restablece y las Hermanas se retiran a su primera habitación.

El 16… Los vómitos de las Hermanas continuaban aunque ya no eran tan violentos; su virtud se los hacía soportar con paciencia y con una resignación angelical.  No las impedían el ocuparse en la labor de manos ni de divertir santamente a toda la tripulación cantando todas las noches sobre cubierta los cánti­cos sagrados de la religión cuyos cantares concluían con las letanías de la Virgen Santísima.

…El 18 se dio vista por babor la Isla de las Palmas que es la más occidental de las Canarias Esta vista fue muy grata para las Hermanas pues las recordó a sus compañeras que con su ejemplo las facilitaron el sacrificio que acababan de hacer dedicadas a los ministerios penosos de su benéfico Instituto en un país distante trescientas leguas del suyo.

La vista de una ballena que por dos veces se aproximó al buque para advertir a los pasajeros con su extraordinaria magnitud y la de dos buques, un bergantín y una fragata que se dirigían en vuelta del Sur, fueron las notabilidades con que se cerró el primer período de nuestra navegación.

Segundo período.

Perdidas las Islas Canarias de vista… comenzamos el ­19 de setiembre a navegar hacia las Antillas con viento en popa pero muy débil por cuyo motivo el balanceo del buque incomodaba bastante a las Hermanas de lo que resultó que Sor Magdalena se indispuso de nuevo y vomitó mucho. Las demás seguían bien y pudieron confesarse el 20 por la tarde por primera vez y continuaron haciéndolo todos los sábados en cumplimiento de sus reglas.

El 21, día de San Mateo comulgaron todas a excepción ­de Sor Inés que no se hallaba en disposición de hacerlo por razón de su enfermedad que clarificó el médico del buque de una gastroenteritis crónica, la que cedió a beneficio de un vómito y algunos días de cama.

El 22 siguiente… el Sr. Armengol celebró a las cinco, la primera Misa, en que comulgaron las Hermanas. A las siete y me­dia se hizo la primera señal para la segunda Misa que celebró a las ocho el Sr. Sanz sobre el puente para que pudiese oírla to­da la tripulación y pasajeros y después del Evangelio hizo un breve y sencillo discurso sobre los Dolores de la Virgen Santísi­ma. Por la tarde se continuó la novena de San Vicente que se ha­bía comenzado el día 20.

El 23 nos hallábamos en el trópico y a 23 grados de longitud; favorecidos de una brisa fresca anduvimos mucho en aquella noche.

El 24 Sor Inés se hallaba mejor pero Sor María Josefa se indispuso por lo que fue preciso que se quedase en cama; su enfermedad se clarificó de una gastritis pero después de cinco días cedió a una dieta rigurosa y muchos refrescos. En la enfermedad de las Hermanas se notaron dos cosas que no pudieron menos de edificar a todos y muy particularmente a las Hermanas; la pa­ciencia de las enfermas, conformidad y santa alegría, que no perdieron ni aún en sus mayores padecimientos y la caridad y esmero con que Sor Agustina las servía que se prevalecía de su destino para reservar para sí los oficios más pesados y sólo se acordaba de que era Superiora para cumplir con el mayor cuidado los tiernos oficios de una cariñosa madre…

Porque el 27 el viento era muy flojo, el balanceo del buque incomodaba bastante. Hoy comulgaron todas la Hermanas a excepción de Sor María Josefa por hallarse todavía bastante débil. Por la tarde en la novena de San Vicente se cantaron los gozos y hubo adoración de su reliquia. Sor Agustina para honrar la memo­ria del Santo Fundador presentó en la comida dos platitos de dul­ce que fueron recibidos por los señores pasajeros con señales del más fino agradecimiento…

El 29 continuaba el viento: el buque marchaba bien y ha­cía siete y aún ocho millas por hora. El Sr. Armengol celebró la primera Misa en que comulgaron todas las Herma­nas. Sobre el puen­te se celebró la segunda Misa a las ocho en que se hizo un breve discurso sobre el Evangelio del día. Concluida la Misa se bendijeron los escapularios y se distribuyeron a toda la tripulación y pasajeros cantando entre tanto las Hermanas el Magnificat. Por ­la tarde se concluyó la novena de San Vicente; se cantaron los gozos y se dio a adorar su reliquia…

Octubre. Con muy poca variación seguíamos el día 2; el mismo balanceo del buque, el mismo calor, pero la misma paz y alegría entre las Hermanas. La Comunión que hicieron en este día y en todos los permitidos por la Regla les daba una fuerza nueva que visiblemente las hacía superiores a todos sus padecimientos.

Después del almuerzo tuvieron un rato muy divertido. Una multitud de peces se aproximaron al buque; andaban cruzando y jugueteando delante de él: las Hermanas gritan y ríen; los llaman con pan y vienen. Quieren cogerlos y huyen; los marineros les propor­cionan unas cañas para pescar; las tienden pero no sabiendo manejarlas quedan infructuo­sos sus esfuerzos; no así los de los marineros quienes como más prácticos cogieron uno que bastó para todos los que íbamos en el buque…

El 6 fue un día muy alegre para todos por celebrarse la fiesta del Rosario, la principal de Cádiz de donde es la fragata. Ya desde el día anterior se había anunciado la solemni­dad que hoy debía celebrarse. El doble repique de las dos campanas que hay en el buque anunció la proximidad de la Misa parroquial que celebró el Sr. Sanz sobre el puente y predicó en ella sobre la devoción ­del santo rosario. Por la tarde concluidas ya las tareas de los marineros se dispuso un altarcito sobre el puente y el Sr. Sanz comenzó el rosario con sobrepelliz y estola que después siguie­ron cantando las Hermanas. Al fin del Rosario se cantaron las le­tanías, como se hacía todas las noches luego el Magnificat.

El 15 día de Santa Teresa comulgaron todas las Herma­nas; se adelantó muy poco por falta de viento; no perdimos de vista la costa septentrional de Puerto Rico cuya inmedia­ción y el ­auxilio de un excelente anteojo nos tuvo muy divertidos todo el ­día: la diversión creció extraordinariamente con la aparición de varias ballenas pequeñas que andaban jugueteando cerca del buque…

A la mañana del 16 entramos en la bahía del pueblo llamado Aguadilla en donde nos fue preciso fondear por escasearnos el agua. Este es un pueblo situado en la punta o terminación de la ­Isla de Puerto Rico y a los sesenta y un grados de longitud: tie­ne un Fuerte que defiende la entrada de la bahía; una guarnición parte española y parte del país como de unos ciento y cincuenta hombres; su vecindario será como de unas mil quinientas almas; hay bastante comercio y mucho contrabando; tiene una sola iglesia servida por un sólo cura con su coadjutor: un buen mercado surti­do de frutos del país que se compran con bastante conveniencia…

Luego de llegados a tierra nos dirigimos a la iglesia y ésta fue la primera visita que se hizo. De aquí pasamos a visitar al Sr. Cura que se hallaba enfermo; luego al Capitán del Puerto. ­D. N. Fernández en cuya casa no pudimos negarnos, sin parecer ridículos, a tomar café.

Terminadas estas visitas fuimos a dar un paseo hasta el fuerte donde nos recibieron con mucha finura su Comandante, Capitán y Guarnición; nos hicieron el obsequio de enseñárnoslo todo y al despedirnos nos presentaron agua de coco que aceptamos gustosos.

De aquí volvimos a la posada del pueblo, en donde el Capitán de la Fragata había dispuesto el almuerzo. Después pasamos a la casa del Sr. Chifré, comerciante rico mallorquín, domiciliado en América hacía ya treinta años. Allí se dispuso la comida y concluida pasamos a bordo. Al entrar en el bote, Dios preservó de un eminente peligro a los marineros que nos conducían, pues cerquita de él vieron unos tiburones, que son peces que se comen al hombre…

Ni el día 18 ni el 19 se celebró misa a causa de la indisposición indicada del Sr. Sanz, pero sí el 20. En la primera comulgaron las Hermanas y en la segunda que el Sr. Sanz celebró a las ocho sobre el puente, hubo plática y lo demás acostumbrado.

El 31 no pudo celebrarse la misa por el balanceo fuerte del buque. Se concluyó la Novena del Arcángel San Rafael, cuyos gozos cantaron las Hermanas…

Noviembre:

     El día 3 divisamos las costas de Veracruz, pero la falta de viento no nos permitió entrar en el puerto, cuya entrada se verificó el día 4 a las nueve de la mañana. Fue extraordinaria la alegría de los pasajeros, cuando vieron anclado el buque. Las lágrimas de gozo asomaron a los ojos de algunos. Todos se abrazaron en señal de alegría. Se dieron mutuamente la enhorabuena y mil gracias al Capitán y demás oficiales de la Fragata por el buen trato que dieron a los pasajeros.

El Sr. Núñez, a quien D. Bonifacio de Córdoba nos había dirigido, vino a bordo, luego de anclado el buque, y nos llevó a tierra por no creer prudente el que permaneciése­mos a bordo, a causa del Norte que amenazaba.

El viernes próximo saldremos en literas para Puebla de los Ángeles, en donde encontraremos las diligencias para llegar a México.

Aquí termina este folleto impreso, sin fecha, ni firma, ni pie de imprenta. No he visto más ejemplar que éste que poseo en mi colección. Basta leerle y en particular su introduc­ción para creer que fue redactado por el Sr. Sanz.

Por una carta del P. Codina al P. General se ve que fue impreso en Madrid, por diligencia de una hija de la Sra. Fundadora, que estaba entonces en España.

Suntuosa recepción hecha en México a las Hijas de la Caridad españolas

Carta del P. Armengol al P. General

México, 26 de noviembre de 1844.

= Señor y muy Rdo. Padre, vuestra bendición.

= Hemos llegado por fin, gracias a Dios a nues­tro destino. La travesía ha sido bien larga y penosa particularmente para nuestras Hermanas.

Partimos de Cádiz el 11 de setiem­bre a bordo de la Fragata de Guerra española Isis y llegamos a Veracruz el 4 de noviembre…

Apenas el Isis entró en Veracruz, el Sr. Muñoz encarga­do de recibirnos vino con dos hermosas chalupas a buscarnos a bordo de la fragata para conducirnos a la Ciudad, donde nos colmaron de honores. El 7, después de dos días de descanso, cantamos una Misa solemne de acción de gracias en la Iglesia parroquial, donde se juntó todo el pueblo en tropel para unir su voz a la nuestra y dar gracias a Dios por la protección con que nos había favorecido. Al día siguiente partimos para México en literas.

El camino que ­íbamos a recorrer es muy malo y por añadidura infestado de multitud de cuadrillas de ladrones. El 9 a mediodía llegamos a Xalapa, donde fuimos recibidos por D. Joaquín y D. José Muñoz, que se habían adelantado a prepararnos un cómodo alojamiento en una casa retirada.

Allí pasamos el domingo y nuestros Hermanas tuvieron el consuelo de poder comul­gar, como también al siguiente día, antes de nuestra salida, que fue a las seis de la mañana. Después de dos horas de marcha llegamos el 13 hacia mediodía a Amazoc, vi­lla situada a cuatro leguas de Puebla.

Aquí comienza para nosotras una especie de triunfo que dura hasta México y que nos llenó de sorpresa y confusión. Poco ­antes de llegar a la Ciudad, dos enviados del Ilmo. Sr. Vázquez, Obispo de Puebla, nos vinieron a esperar para saludarnos en su nombre. El Prelado en persona nos esperaba a la puerta de la iglesia para recibirnos allí juntamente con el médico del Hospicio de Jesús de México, que había caminado 34 leguas para venir a espe­rarnos allí.

Salimos de nuestras literas y todos en procesión fuimos a la Iglesia. Una gran banda de música rompía la marcha y los ni­ños gritaban junto a las Hermanas: «Bienvenidos los que vienen en el nombre del Señor». Todas las calles con colgaduras. El Venerable Prelado nos recibe con inexplicable cariño, entramos con él en la Iglesia, donde se entonó un Te Deum solemne en acción de gracias por nuestra llegada. Terminado el acto, el Sr. Obispo nos invita a comer con él y a las tres partimos a Puebla con el Obispo.

Llegados a las puertas de la Ciudad era imposible echar pie a tierra; la multitud se apretujaba en las calles y nos vimos en la precisión de ir en coche hasta la Iglesia del Espíritu Santo, donde cantamos otro Te Deum por nuestra llegada feliz.

El Ilmo. Sr. Vázquez nos llevó en seguida a casa de una familia muy rica y muy distinguida por su piedad angelical, en donde recibimos a todas las corporaciones de la Ciudad que se empeñaron en venir a darnos el testimonio de estima y afecto. El dueño de la casa que habitamos ha pasado la noche delante del Sa­grario, rogando por nosotras.

Al día siguiente partimos para México acompañados de D. Manuel Andrade. Llega­mos por la tarde a San Isidro, a donde habían venido dos señoritas que forman parte de los fundadores del Establecimiento. En fin, al día siguiente 15, entramos en México, a mediodía. Los enviados del Sr. Arzobispo y de las Autoridades Mayores vinieron a encontrarnos a las puertas de la Ciudad.

Tenían dispuestos para nosotros varios coches. Acudió a recibirnos tanta multitud, que se necesitaba una escolta de caballería para ­abrirnos paso y no sin trabajo llegamos al Palacio Arzobispal, donde Su Señoría nos esperaba rodeado de su Cabildo y nos recibe con muestras de la más afectuosa ternura. Después de reposar unos momentos, fuimos en procesión a la iglesia del convento de Santa ­Teresa. Expuesto el Santísimo Sacramento, se cantó el tercer Te Deum, para agradecer al Señor la feliz llegada de las Hermanas.

De la Iglesia volvimos con el Sr. Arzobispo que nos había preparado una buena comida. Excuso deciros que se gastó poco, pues ya comprenderéis que las fatigas del viaje y aún más las emociones causadas en las Hermanas por tan inesperada recepción, nos quitaban, así a nosotros como a las Hermanas, toda gana de comer.

Recibida la bendición de nuestro digno Arzobispo, fui­mos a saludar a la fundadora principal Señora Condesa de La Cortina, retenida en cama por una grave enfermedad. Nos recibió con un gozo y una bondad difícil de expresar. Después de cenar fui acompañado del Sr. Sanz y de dos de nuestras Hermanas a presentar nuestros homenajes al Presidente de la República, quien nos recibió muy bien acompañado de los principales miembros del Gobier­no.

A las nueve de la noche tomaron, por fin, las Hermanas posesión de su casa que interinamente se les preparó y que era muy cómoda. La casa donde se establecerán definitivamente no podrá ser habitada hasta principios de 1846.

Al presente se prepara el Hospital para nuestras Herma­nas así como las escuelas gratuitas de niñas pobres. Acabamos de llegar hace unos días y ya hay multitud de jóvenes que piden la admisión de Hijas de la Caridad. Entre ellas una de las Fundado­ras, Señorita Julia Fagoaga, persona joven y llena de buenas cua­lidades y perteneciente a una de las principales familias de México.

El Sr. Arzobispo manifiesta grandes deseos de fundar ­una casa de Misioneros.

Dignaos Señor y Muy Rvdo. Padre, ayudarnos a dar gracias a Dios de tantos favores como ha dispensado a vuestros hijos de México, al principio de su camino y sabed, etc.

= ‑Armengol. In. Sacerdote de la Misión».

Las Hijas de la Caridad españolas en México

Carta del P. Armengol al P. General

México, 28 de enero de 1845

Refiere cómo al atacar el General Santana aquella Ciudad de México, las Hermanas se retiraron a la Casa de retiro de los Padres del Oratorio, donde se instaló un hospital de heridos. Siete días después volvieron a su casa. El Gobierno pidió Hermanas para Puebla a donde se dirigió el Expresidente con tres mil hombres y la bloquea estrechamente.

Fueron allá seis Hermanas acompañadas Sr. Sanz; fueron muy alegres a aquel ministerio, pero el corto número de ­heridos ya atendidos, no necesitó de sus cuidados y se volvieron a México, pero su viaje y buenos deseos aumentó el afecto del país para con ellas. El santo Obispo de Puebla me insta a que establezca una casa de Hermanas en su ciudad episcopal y pide mi­sioneros para misiones y ejercicios. Para ello ofrece una gran ­casa con una hermosa iglesia y renta anual muy considerable. Puebla nos parece un punto excelente para nosotros y nuestras Hermanas. En Sinaloa se ha construido una casa y una iglesia para nuestras Hermanas. Al lado de la casa se halla un pequeño hospi­tal y escuelas para niñas pobres externas. El Obispo quiere tam­bién misioneros para dirigir su Seminario y para dar retiros y ­misiones…

Como vos me recomendasteis antes de mi partida de Pa­rís sobre obtener cuanto antes un hospital para nuestras Herma­nas, os diré para vuestro consuelo que hemos aceptado el Hospi­tal de S. Juan de Dios, fundado para cincuenta enfermos de ambos sexos. Está en muy buen estado y al presente se trabaja para la habitación de nuestras Hermanas que tomarán posesión de él en marzo. En esa casa se recibirán las postulantes para hacer la prueba. Ya tenemos cuarenta y seis de ellas probadas lo más posible están ahora en ejercicios para comenzar el Noviciado. Si es­te pequeño ensayo resulta, como tenemos motivo de esperar para S. Vicente, admitiríamos otras.

Nuestras Hermanas han abierto sus escuelas externas para niñas pobres el lunes último y desde el primer día están lle­nas. Hoy hay 318. Recibid los respetuosos saludos del Sr. Sanz. de Sor Agustina y de todas sus compañeras y de éste, que es muy… etc.

El P. Armengol pide más Hermanas Españolas para México

Carta del P. Codina al P. General (en francés)

Madrid, 22 de marzo de 1845

Por lo que mira al segundo proyecto del Sr. Armengol, me parece fuera de propósito e irrealizable a costa de España. México posee diez Hermanas, la flor de la Congregación. No ha hecho más que comenzar y antes de cuajar, ya quiere extender sus ramas por todas partes; no me parece prudente que se forme un buen noviciado con hijas del país y de aquí a cinco o seis años, cada una de las Hermanas españolas podrá ser puesta al frente de una Comunidad. Por toda la Península hay un clamor extraordinario por obtener Hermanas. Veinte peticiones tenemos; no puedo aceptarlas por ahora. ­Hay que llenar los huecos dejados por tantas nuevas fundaciones. Es necesario aumentar el número de Hermanas en muchos estableci­mientos, donde se agotan por exceso de trabajo. Pienso dejarlo ­arreglado en el curso de este año. Luego iremos lentamente con la licencia de V. atendiendo a alguna nueva fundación, a medida que tengamos Hermanas capaces y, sobre todo, bien formadas para Supe­rioras. Antes de tener Hermanas que enviar fuera de España, habrán de pasar años y, suponiendo que entonces sobren, no podrían salir de la Península sin permiso del Gobierno y esté V. seguro que tal aprobación no se dará antes de llenar las necesidades de casa.

Tengo interés en la vuelta del Sr. Sanz; está al corriente de todos los negocios de las Hermanas y tiene prestigio ante ellas. Podría ayudarme mucho a llevar la carga que me oprime. Toda la correspondencia de Hermanas y de las Administraciones está sobre mis débiles hombros. Las Hermanas del proyectado Secretariado no son hábiles aún en su manejo. Con la ayuda del Sr. Sanz, cuya conducta es irreprochable y su sorprendente habilidad para los negocios, bien podría yo, con la gracia de Dios, llevar el ­peso de mi cargo. Pero mis fuerzas no pueden soportar largo tiempo un trabajo tan extraordinario; bien pronto me veré rendido y V. podrá nombrar el sustituto mío que más le agrade. Esta es la causa de desear yo la vuelta de tan amable compañero y no otra.

 

Las Hijas de la Caridad españolas en México

Carta del P. Armengol al P. General

 

     México, 28 de abril de 1845

Cuenta el terremoto del 7 de abril que ha causado mucho espanto, ruinas y muertes. Que fue corriendo al Noviciado y halló a las Hermanas reunidas en el coro con sus niñas rezando a lágrima viva. No han tenido, gracias a Dios, ninguna desgracia personal.

Nuestras novicias mexicanas encantan y nos llenan de consuelo. Están llenas de alcanzar el espíritu de S. Vicente y las virtudes de su vocación.

Necesitamos diez o doce Hermanas más. Haced todo lo posible por mandarlas cuanto antes. Además de las fundaciones de Si­lao, Guerrero y Guadalajara, el Gobierno nos pide con urgencia nos hagamos cargo del manicomio de mujeres en el mismo México, y el Arzobispo quiere que las Hermanas tomen posesión del Hospital General de S. Andrés, comenzando por las salas de mujeres, pero ­no podemos hacerlo hasta que vuestra caridad nos socorra con un envío, lo mayor que sea posible, de Hermanas.

= Recibid los salu­dos del Sr. Sanz y de todas nuestras Hermanas y en particular, etc.

= Armengol[2].

as Hijas de la Caridad españolas en México

Carta del P. Armengol al P. Salvayre, Secretario General

México, 21 de Julio 1845

 Empieza refiriendo la gran fiesta que han celebrado a S. Vicente. Ha habido dos Hermanas enfermas, pero va están restable­cidas y todas continúan en perfecta salud. En el seminario tienen dieciséis novicias, a quienes no pude menos de alabar. Prometen mucho ser buenas Hijas de la Caridad. Que podrían tener muchas más que se presentan pero que se presentan pero que hay que ir despacio y probar bien las ­vocaciones, Habla de la fundación de Misiones.

«El Romano Pontífice acaba de conceder una indulgencia ­plenaria perpetua a todas Hermanas mexicanas y a su Director y a los fieles, que habiendo comulgado, visiten su capilla el día 11 de septiembre, que fue el de nuestro embarque en Cádiz y el 15 de noviembre, día nuestra llegada a México».

Que les ha sorprendido esta inesperada gracia y pide permiso de recibir la sagrada comunión esos dos días. Se despide con recuerdos al P. Sanz y las Hermanas. = Armengol. (Anales franceses, T. 11. pág. 30).

 Cambios en el Hospital de Incurables. Petición de Hermanas para México

Carta del P. Codina al P. General (en francés)

     Madrid 28 de enero de 1846

      Empieza refiriendo la gran fiesta que han celebrado a San Vicente. Ha habido dos Hermanas

enfermas, pero ya están restable­cidas y todas continúan en perfecta salud. En el seminario tienen dieciséis novicias, a quienes no pueden menos de alabar. Prometen mu­cho ser buenas Hijas de la Caridad. Que podrían tener muchas más que se presentan pero que hay que ir despacio y probar bien las ­vocaciones. Habla de la fundación de Misioneros.

     «El Romano Pontífice acaba de conceder una indulgencia ­plenaria perpetua a todas las Hermanas mexicanas y a su Director y a los fieles, que habiendo comulgado, visiten su capilla el día once de septiembre, que fue el de nuestro embarque en Cádiz y el 15 de noviembre, día de nuestra llegada a México.

     Que les ha sorprendido esta inesperada gracia y pide permiso de recibir la sagrada comunión esos dos días. Se despide con recuerdos del P. Sanz y de las Hermanas.= Armengol. (Anales franceses, tomo 11. pág. 30)

 Cambios en el Hospital de Incurables – Petición de Hermanas para México

Carta del P. Codina, Visitador, al P. General. (en francés)

      Madrid, 28 de enero de 1846.

     «La reforma importante del Hospital de Mujeres Incurables se hizo el día de la Conversión de S. Pablo. En ese día Sor María Sanz Landarte fue instalada provisionalmente Superiora. Siete jóvenes Hermanas de la Casa Central fueron, a la vez, a llenar el puesto de otras siete cambiadas. Todo se hizo en paz…

     Anteayer fue a ver al Ministro de Estado y me habló de ­la demanda hecha y recomendada por el Embajador de México para obtener cuatro Hermanas españolas para complemento de la colonia mexicana. Esta nota ha pasado al Ministro del Interior, quien no tardará en comunicármela, autorizándome para el envío de esas Hermanas. He aprovechado la ocasión para tratar de la restauración ­de Nuestra Congregación. Martínez de la Rosa me ha asegurado que el Ministerio se ocupa de ello.

     Un Hermano Jesuita Ibáñez muy afecto a las Hermanas y el más sabio arquitecto de Madrid se ha encargado de levantar el edificio que deseamos construir para Casa Central del Noviciado de Hermanas. Aunque hay poco dinero, se comenzará en primavera.

 Diligencias para la restauración de la Congregación de Misioneros en España.

Nueva solicitud de envío de Hijas de la Caridad a México.

Carta del P. Codina, Visitador al P. General (en Francés)

       Madrid, 19 de Junio de 1846.

       Anteayer estuve una hora entera con el Ministro de Gra­cia y Justicia, tratando de la restaura­ción de la Consagración. ­Está en nuestro favor; es tío de una Hermana al Ministro del In­terior le he hecho presente la imposibilidad de atender a fundaciones lejana de Hermanas sin restaurar la Congregación de la Misión.

     He recibido cartas de México de Padres y de Hermanas. Piden socorro de unos y de otras…

     Me comunican de México el envío de la cantidad de 3.400 duros que remiten para mí a París a fin de llenar los gastos de la nueva colonia. El Sr. Armengol pide cuatro o seis Hermanas. Di fácil será.

 Fundaciones de las Hijas de la Caridad españolas el México

Carta del P. Armengol al P. Salvayre, Secretario General.

      México, 29 de diciembre de 1846.

     …Silao es una ciudad muy importante, situada a ochen­ta leguas al noroeste de México y a donde por satisfacer los bue­nos deseos del P. Romero debí ir acompañando a nueve Hermanas pa­ra tomar posesión del magnífico establecimiento que este virtuoso eclesiástico ha fundado. Partimos de la capital el día 28 de octubre último y al día siguiente paramos en la hermosa ciudad de Querétaro.

     A las puertas de ella encontramos al Clero y principales habitantes que habían salido a recibirnos y los coches que nos tenían preparados. En medio de este concurso de personas, atravesa­mos la ciudad, dirigiéndonos al alojamiento que nos tenían dispuesto en casa del rico y piadoso propietario D. Francisco Figue­roa. Allí encontramos a nuestro bienhechor… Muchas personas del población se apresuraron a visitar a nuestras Hermanas.

     … El día 2 de noviembre a las siete de la mañana emprendimos de nuevo el viaje, acompaña­dos del Rdo. P. Provincial de los Franciscanos de Querétaro y del Rvdo P. Vázquez, de la misma Orden. Debo decir a V. que estos buenos Padres han contribuido a la fun­dación del establecimien­to de Silao, pues salido Provincial el P. Vázquez, esta Provincia dio a Monseñor Portugal unos cincuenta mil duros para este objeto. Llegamos antes del mediodía a una ca­sa de campo situada tres leguas de Silao y encontramos allí a muchas personas distinguidas de la villa y a un gran número de ­Señoras que habían salido a nuestro recibimiento; a las tres par­timos para Silao, en los coches, que con anticipación se nos hab­ían preparado. El Clero y las Autoridades habían salido a recibirnos fuera de la Vila con un inmenso gentío, que no nos dejaba casi andar.

     Eran las cinco de la tarde, cuando hicimos nuestra solemne entrada en Silao. Todas las calles y casas de nuestro trán­sito, estaban adornadas con sencillez y elegancia y una buena banda de músicos, etc. Paramos un poco en casa del P. Romero, desde donde fuimos a la Capilla de San Nicolás, que está allí cerca y ­allí se organizó una procesión con el siguiente orden: nuestras Hermanas iban inmediatas a la Cruz que llevaban los acólitos; se­guía luego el clero que escoltaba una estatua de S. Vicente conducida solemnemente entre los fieles y detrás el oficiante con sus ministros, cerrando la procesión el Ayuntamiento y un inmenso gentío. Con este orden llegamos cantando himnos y salmos a la iglesia principal que estaba magníficamente adornada. Allí se cantó un solemne Te Deum, estando expuesto el Santísimo Sacramento y después de dada la bendición, se puso otra vez en marcha la procesión y ­acompañó a las Hermanas hasta su establecimiento. Esta casa es verdaderamente hermosa. Es un cuadro de más de sesenta metros. ­En el interior hay un magnífico corredor de cuatro metros que ro­dea todo el edificio. En medio hay un gran patio para pasear y que debe adornarse con árboles frutales. Al norte hay una galería y un hermoso jardín. Las columnas que sostienen esta galería son muy elegantes; el edificio es todo de piedra. Esta casa está exclusivamente destinada para habitación de nuestras Hermanas y para escuelas externas. Más adelante se construirán enfermerías pa­ra recibir enfermos; entre tanto se habilitarán algunas piezas de la actual casa para este objeto.

     Como nuestras Hermanas se hallaban  cansadas, el Clero, ­las autoridades Municipales y el pueblo se retiraron luego para ­dejarlas descansar. Yo también me retiré a casa del P. Romero, donde tenía el alojamiento dispuesto. El día 4 de noviembre tuvo lugar una nueva ceremonia: se celebró una Misa solemne con Sacra­mento expuesto en la iglesia principal. Las Hermanas asistieron y el P. Romero predicó… (está el papel cortado)… del Ayuntamiento quisieron absolutamente servir la comida a nuestras amadas Hermanas, las cuales a pesar de toda la repugnancia a aceptar este obsequio, se vieron obligadas a ceder por esta sola vez a sus de­seos inspirados por su religioso respeto y una tierna piedad. El día 9 del ­mismo mes, que era el señalado para la apertura de las clases, ­se celebró otra Misa con asistencia del clero y Ayuntamien­to y de todo el pueblo. Yo tuve que predicar un sermón análogo a las circunstancias. Después de la Misa, el Sr. Cura de la Parroquia ben­dijo solemnemente las escuelas y la casa. Nuestras Herma­nas tuvieron desde los primeros días más de seiscientas niñas, en sus cla­ses…

     Todos mis cohermanos y nuestras Hermanas os ruegan aceptéis sus afectuosos respetos y los presentéis a nuestro respetable Padre y a todos los Misioneros de París y a la Madre General y a todas las Hermanas…

 Cartas del P. Armengol al P. General: envío de Hermanas a México.

      – Madrid, 21 setiembre de 1849

     Todos dicen que podrían ir a México Hermanas pero que al parecer el Sr. Santasusana se opone.

    – Otra de Cádiz 30 de diciembre de 1849.= Ya están listos para embarcarse mañana para Veracruz sin tocar en la Habana. Ya sabe los obstáculos que se nos pusieron en Barcelona y de que nos libramos por la divina bondad. Últimamente el Sr. Puig me previe­ne que, así en Barcelona como en la Habana se nos han preparado lazos. Por eso se embarcaron directamente para México.

 Sale una nueva expedición de Hermanas Españolas para México.

Carta del P. Madam al P. Tomás Mata

      Barcelona, 17 de octubre de 1849

     Dice haber conducido Barcelona dieciséis novicias, que junto con cinco que aquí se han vestido y Sor Zafra y otra espa­ñola residente en Francia, desde la emigración, van a México pasando por la Habana, donde dejarán dos que van de aumento. Van también a México el Sr. Peregrí, el Sr. Aguilar y tres jóvenes para novicios, uno de los cuales es ya sacerdote y cuatro Hermanos, uno de ellos nuestro Antonio de Madrid.

     Le anuncia como segura la deposición del Visitador Sr. Santasusana que es un santo, pero inútil y aún perjudicial al destino que ocupa.

 R.O. autorizando el embarque a México de diez Hijas de la Caridad.1849

      El Excmo. Sr. Ministro de la Gobernación me ha comunicado con fecha l2 del actual lo que sigue

     = Excmo. Sr.: Vistas las comunicaciones que dirigió a este Ministerio en l4 y 19 de septiem­bre último el Director de las Hijas de la Caridad del Noviciado, en esta Corte, solicitando autorización para embarcar para México diez congregadas que auxilien a las que en aquel país existen procedentes de España, teniendo en cuenta las razones de conveniencia y justicia que aconseja el satisfacer las necesidades ­de los establecimientos del Reino antes de favorecer a los extranjeros, puesto que el Noviciado de esta Corte, después de estar subvencionado por el Tesoro Público, es socorrido, además, de los presupuestos provinciales y municipales, en algunos casos, queriendo Su Majestad la Reina conciliar, en lo posible, su embarque para México de las referidas Hermanas, sin perjudicar a los esta­blecimientos nacionales, se ha servido conceder autorización pedida por el referido Director del Noviciado con las siguientes con­diciones:

     1ª.- Que las diez jóvenes que tengan vocación de embarcar­se para aquel país hayan de ser precisa e indispensablemente de ­nueva entrada en el Noviciado, pero no se disponga de ninguna de las que actualmente hay en él.

     2ª.- Que las que ingresen para este mismo objeto no les ha de faltar alguna de las cualidades que hoy se requieren para ser admitidas, como por ejemplo: pasar de la edad prefijada, no poder pagar la dote, etc…

     3ª.- Que, al pedir la aprobación de ingreso en el Novicia­do, de las indicadas se acompañe nota circunstanciada de sus nom­bres y cualidades y

     4ª.- Que no puedan embarcarse sin dar también conocimiento de la misma manera para que recaiga aprobación definitiva.

     De Real Orden lo comunico a V.E. para los efectos oportunos.

     = Dios guarde a V. muchos años.

     = Madrid, 24 de octubre de 1849

     = José de Zaragoza

     = Sr. Director del Noviciado de las Hijas de la Caridad.

 El P. Armengol solicita desde México la influencia del Ministro Plenipotenciario en Madrid… para envío de Hermanas.

      Legación de España en México

     = Acompaña al despacho nº. 288

     = Excmo. Sr.: Aprovechando el interés que V.E. se toma por ­el desarrollo y consolidación del Instituto de las Hermanas de ­la Caridad en esta República, cuya primera fundación se debe exclusivamente a la generosidad de la Reina de España (q.D.g.) me atrevo a poner en conocimien­to de V.E. algunos motivos que, a la vez que llenarán los deseos de Su Majestad Católica, y los que ­animan a V.E. facilitarán a las Hermanas encargarse de varios Establecimientos de Beneficen­cia a los que son llamadas por las Autoridades de la República.

     Entre estos, Excmo. Sr.,

     El primero, es el impetrar del Supremo Gobierno de España un Decreto que au­torice al Director de las Hermanas residentes en Madrid para en­viar a este Noviciado de México algunas Hermanas formadas en el de Madrid o en otros Establecimientos de la Península.

     Segundo, indicar a dicho Superior Gobierno que sin este nuevo auxilio se­rán muy limitados y tardíos los resultados que dará el establecimiento de las Hermanas venidas de Madrid a fundar en ésta.

     Tercero que para llevar a cabo el nuevo envío de Hermanas que se so­licita, se suministran aquí todos los recursos necesarios y se indemnizarán al Noviciado de Madrid de los sacrificios que haga al efecto indicado.

     Espero que V.E. se dignará interponer todo ­su poderoso valimiento al efecto y en esto, este Noviciado de México recibirá una nueva prueba del interés con que V.E. promueve su engrandeci­miento.

     = Dios guarde a V.E. muchos años

     = México, ­29 de noviembre de 1851.

     = Buenaventura Armengol.

     = Excmo. Sr. D. Juan Antoine y Zayas, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipo­tenciario de Su Majestad la Reina de España.

 No es posible enviar más Hermanas a México. El Gobierno no lo permitiría.

Carta del P. Santasusana al P. General (en francés)

      Madrid 19 de diciembre de 1851.

     La Visitadora me manda la carta de V.R., en que habla de la Superiora de Jaén. Ni ella ni yo sabíamos que tuviese tal en­fermedad. Quise informarme. Salió ella de una casa de Madrid, pregunté a la Superiora y me dijo no ser verdad que tuviese tal enfermedad sino una proveniente de un susto. Conoce cuando le viene, se retira un poco, toma remedio y se cura en un momento. Esto una vez al año. Sin embargo me enteraré mejor.

    En cuanto a enviar a México Hermanas españolas hay gran­des dificultades. El Gobierno ha prohibido que Hermanas entradas en el Noviciado salgan de España porque dice que el Noviciado se sustenta con rentas del Gobierno y de Beneficencia (y es verdad, y que tiene derecho lo primero a que se llenen las obligaciones del Reino y hasta hoy no están cumplidas y es también verdad, pues tenemos doce fundaciones concedidas por el Gobierno y no se han ­hecho por falta de Hermanas. El otro día recibí un oficio del Go­bernador Civil de Madrid preguntándome por qué no se había hecho ­la fundación, en Valladolid y la razón era no haber Hermanas, qué dirán si salen de España.

     Según la nueva legislación las casas que antes eran municipales, ahora son provinciales y con esto los enfermos y pobres son en mayor número y hay que aumentar las Hermanas porque no pueden las asignadas antes, sobrellevar el trabajo y apenas si para ­esto llegan las novicias. Estamos en circunstancias que no es po­sible disgustar al Gobierno. Si el Gobierno quita las pensiones ­que da al Noviciado hay que cerrarlo. Que hay peligro de separación que sería la perdición de ambas Congregaciones y por eso no conviene disgustar al Gobierno.

 Instancia del P. Magín Armengol y R.O. concediendo puedan ir a México algunas Herma­nas[3].

      Real Orden de 19 de marzo de 1852, comunicada por el Ministerio de Gobernación  al Director del Real Noviciado, con la Instancia hecha a S.M. por D. Magín Armengol Pbro.,»en solicitud de que se conceda cierto número de Hermanas de la Caridad para el servicio de los establecimientos de aquella República. En respuesta adjunta se dice:

     = Excmo. Sr.: Cumpliendo la Real Orden, que en fecha 19 del corriente se me comunica para que infor­me sobre la instancia que ha elevado a Su Majestad D. Magín Armengol Pbro. en solicitud de algunas Hermanas de la Caridad para México, me parece sería una medida muy plausible y que contribuiría grandemente al desarrollo de este benéfico Instituto, no menos que al honor del Pueblo Español en aquellos remotos países, el conceder desde luego lo que se pide. Mas, por otra parte se hallan ­todavía en pie las mismas razones de conveniencia y justicia que, ­en 12 de octubre impidieron al Gobierno de Su Majestad, el año l849, el permitir salieran para dicho punto las Hermanas ya admitidas para España, pues ahora, como entonces, no son suficientes las que existen para satisfacer las necesidades de los establecimientos ­del Reino, que deben ser seguramen­te preferidos a los del extranjero; y por más que el Director desea sinceramente dejarlas satis­fechas, hay sin embargo una porción de fundaciones ya concedidas hace tiempo, que no pueden realizarse por falta de Hermanas. En ­cuyo supuesto y previa esta declaración del estado actual del Instituto, si Su Majestad dignándose acoger benignamente dicha solicitud, tiene a bien autorizar al Director General, residente en el Real Noviciado de esta Corte para enviar a algunas de las que voluntaria­mente quieran emprender el viaje, aunque por tal mo­tivo se hayan de retrasar ésta o aquella fundación aquí, en Espa­ña, Su Majestad resolverá, como siempre, lo que estime más conve­niente y el Director que suscribe acatará y observará con exacti­tud su soberana resolución.

     = Dios guarde a V.E. muchos años

     = Madrid, 25 de marzo de 1852.

     = Excmo. Sr. Ministro de Gobernación del Reino».

 R.O. autorizando en envío de Hermanas a México.

      De Real Orden que el Sr. Ministro de Gracia y Justicia ­me ha comunicado desde Aranjuez, dirijo a V. la adjunta copia de ­la exposición presentada por el Director de las Hijas de la Cari­dad establecidas en México al Enviado Extraordinario y Ministro ­Plenipotenciario de Su Majestad cerca de aquella República, en solicitud de que se autorice a V. para enviar a aquel Noviciado algunas Hermanas formadas en el de esta Corte o en otros Estableci­mientos de la Península. A fin de que en su vista informe V. acerca de la conveniencia o inconvenientes que pueda haber en dicho envío de Hermanas, de las seguridades que podrán exigirse para los gastos del viaje de ida, así como de los de regreso de aquellas que, o por no probarle el país o por otras causas legítimas no pudieren continuar allí, con todo lo demás que sobre el asun­to se ofrezca a V. y considere oportuno hacer presente para la más acertada resolución de Su Majestad.

     = Dios guarde a V. muchos años.

     = Madrid 24 de abril de 1852.

     = El Subsecretario, Antonio Escudero =

     = Sr. Director General de las Hijas de la Caridad».

 R.O. para el envío de Hijas de la Caridad a México. Informe del Director del Real Novicia­do

          Excmo. Sr.

     = Cumpliendo la Real Orden que con fecha 24 del corriente se comunica a esta Dirección sobre la exposición presentada por el Director de las Hijas de la Caridad estableci­das en Méjico al Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Católica cerca de aquella República en solici­tud de Hermanas aquí formadas, esta Dirección es de parecer, etc… Siendo esta resolución favorable a la exposición del Ministro Plenipotenciario de Su Majestad Católica en México, parece lo mas conveniente que, en cuanto a los gastos y demás que sea necesario para el viaje, se ponga de acuerdo el Director General de aquí con el de allá, como se ha hecho alguna que otra vez. Esto es lo que a V.E. tiene el honor de proponer el que suscribe, encargado de la Dirección de las Hijas de la Caridad, en ausencia del Director.

     = Dios guarde a V.E. muchos años

     = Madrid, 30 de abril de 1852.

     = Excmo. Sr.= José Escarrá.

     = Excmo. Sr. Ministro de Gracia y Justi­cia.

 Informe favorable del Sr. Cardenal de Toledo, sobre la solicitud hecha para enviar Hijas de la Caridad a México.

      Por el Ministerio de Gobernación se dijo a este de Gracia y Justicia en 20 de octubre último lo siguiente:

     Excmo. Señor: El Sr. Ministro de Gobernación dice con esta fecha al Gobernador de esta Provincia lo que sigue:

     = El muy Reverendo Cardenal, Arzobispo de Toledo, Vicepresidente de la Junta General de Bene­ficencia, en 24 de setiembre último dijo a este Ministerio lo siguiente:

     = Excmo. Señor.= Por el Ministerio del digno cargo de V.E. se remitió a esta Junta General, en 21 de julio último la solicitud que hizo a Su Majestad el Pbro. D. Magín Armengol, pi­diendo la concesión de Hermanas de la Congregación Española para los establecimientos de la República de México, a fin de que consultase lo conveniente, teniendo a la vista lo que informa el Director del Noviciado, y habiéndose examinado uno y otro por la Junta General, debo manifestar a V.E. que es en extremo consola­dor para todos los españoles el que después de tantos años como las Américas llevan separadas de la Metrópoli y de la sangrienta guerra que sostuvo México por conquistar su equívoca independen­cia, todavía el nombre español se invoca allí con afán y se refiere a las personas nacidas en la Península para objetos tan íntimos y cariñosos como son la asistencia de los enfermos y cuidado de los Establecimientos de Beneficencia.

     = Si el número de Hermanas de las Hijas de la Caridad que existen en España, bastase a cubrir siquiera con regularidad el servicio de los diferen­tes Establecimientos que les piden y que las necesitan, nada más justo que permitir la salida a México de las que voluntariamente quieren ir, bajo las condiciones que el Director de la Congrega­ción estableciere de acuerdo con el Gobierno de S.M. y a las estipulaciones que después se hicieren con cada gobierno americano; pero, manifestando el mismo Superior Jefe que no son suficientes, y teniendo presente, que por consecuencia del Reglamento General de 14 de mayo de 1852, ha de darse mayor extensión a la Beneficencia, establecerse nuevas casas generales, y amplificarse las que existen, cree la Junta General que no puede accederse por ahora, a lo que pide el Pbro. Armengol y que únicamente, si hay alguna a quien acomode salir, pudieran permitirse hasta seis u ocho, ínterin que con el mayor número de novicias se atienda a los Establecimientos de la Península, dejando a cargo de V.E. el que, al hacer esta concesión o la que estime, encarezca el valor de este rasgo de abnegación y fraternidad para que los Mexicanos contri­buyan con sus donativos a la casa del Noviciado de Madrid, o pa­ra que se mejoren las relaciones entre aquel país y la que fue ­su antigua Metrópoli. Tal es la opinión de la Junta General que tengo la honra de trasmitir a V.E. con devolución del expedien­te.

     = Y habiéndose servido la Reina (q.D.g.) resolver de conformidad en todo con el presente dictamen de su Real Orden lo comunico a V.E. para su inteligencia y demás efectos correspondien­tes. Lo que de R.O. comunicada por el Sr. Ministro de Gracia y Justi­cia traslado a V.S. para su inteligencia a fin de que en uso de sus atribuciones dé a las Hijas de la Caridad las instrucciones que tenga por conveniente.

     = Dios guarde a V S. muchos años.

     = Ma­drid, l7 de mayo de 1853.

     = El Subsecretario = Antonio Escudero.

     = Sr. Visitador General de las Hijas de la Caridad de S. Vicente ­de Paúl.

 R.O. sobre envío de Hermanas a México y condiciones para ello

      El Sr. Ministro de Gracia y Justicia, dice con esta fecha, desde Aranjuez al de Estado lo siguiente:

     He dado cuenta a la Reina (q.D.g.) de la exposición del Director de las Hijas de la Caridad establecidas en México, fecha del 29 de noviembre último y que V.E. dirige a este Ministerio con Real Orden de 20 de febrero, solicitando se envíen al Noviciado de aquella Ciudad, Hermanas de las formadas en el Noviciado de Madrid.

     Enterada S.M., así como de lo manifestado en el expediente por la Dirección General del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad, con fecha 30 de abril próximo pasado, y vistas las particula­res circunstancias de interés y de política, se ha servido autorizar al Director General del expresado Real Noviciado de Madrid, para que puedan enviar, por ahora, a México algunas Hermanas de las que voluntariamente quieran emprender el viaje poniéndose antes de acuerdo dicho Director General con el de las Hermanas de México, a cerca de los gastos de ida y los de regreso, cuando alguna quiera restituirse a España; todos los cuales gastos han de ser de cuenta del referido Director de las Hermanas de la Caridad de México.

     De R.O. comunicada por el referido  Sr. Ministro, lo traslado a V.S. para su inteligencia y efectos correspondientes, debiendo V.S. poner con oportunidad en conocimiento de este Ministerio el uso y resultado de la autorización que se le concede.

     = Dios guarde a V.S. muchos años.

     = Madrid, 24 de mayo de 1852.

     = El Subsecretario, Antonio Escudero.

     = Sr. Director General del Real Noviciado de las Hijas de la Caridad.

 Asunto del Visitador de México, P. Buenaventura Armengol

      Tuvo una enorme quiebra, la cual ascendió a seiscientos mil pesos. Todo este capital lo pagaron  las Hermanas de la Caridad y los PP. Paúles, vendiendo para ello o desprendiéndose de todos los bienes que poseían ambas Comunidades. Casi todo lo pagaron las Hermanas y ambas Comunidades quedaron sin bienes.

La causa de la quiebra fue, que presentaron al P. Armengol unos españoles unos documentos falsos, aparentando eran dueños de unas minas en el Estado de Zacatecas, que prometían grandes ganancias; la mina se llamaba Seynera. Luego que se advirtió la bonanza, aparecieron los verdaderos dueños y se apoderaron de ellas. Aún hoy día, 1906, está produciendo. Nada abonaron al P. Armengol, siendo él quien desembolsó para que se trabajase en ella.

Cuadro de las Hijas de la  Caridad de la Provincia Española que fundaron en México su Instituto.

Sor Agustina Inza. Natural de Pamplona, donde nació en 7 de noviembre de 1808. Entró en la Congregación en 8 de setiembre de 1824. Cuando fue nombrada Visitadora de México y fue a fundar allí las Hermanas tenía 36 años de edad y veinte de vocación. Murió en 15 de junio de 1868.

Sor Magdalena Latiegui. Nació en Isasondo, Guipúzcoa, en 5 de noviembre de l80l. Entró en la Congregación en 22 de junio de 1823. Estaba en el Hospital General de Valencia, cuando fue llamada a la expedición de México. Contaba 43 años de edad y 21 ­de vocación. Murió en l863.

Sor Josefa Ramos. Natural de Vera, Navarra; nació el 19 de agosto de 1804, y entró en la Congregación el 8 de agosto de ­1831. Cuando fue a dicha fundación estaba en la Inclusa de Madrid y tenía 40 años de edad y 13 de vocación. Murió en 6 de septiembre de 1875 en Hospital Militar Habana en 26 de setiembre de 1875 a los 71 de edad y 44 de vocación.

Sor Luisa Merdalet. Era natural de Durango, donde nació el 19 de agosto de 1817. Entró en la Congregación el 3 de octu­bre de 1843, y cuando fue destinada a México contaba 27 años de ­edad y uno de vocación. Murió en 11 de agosto de 1893.

Sor María Bautista Antía. Nació en Berástegui (Guipúzcoa) el 4 de julio de 1818. Entró en la Congregación el 23 de se­tiembre de 1843. Pertenecía a la comunidad de Sangüesa, cuando que escogida para ir a México y contaba 26 años de edad y un año de vocación.

Sor Josefa Suárez Canel. Natural de Avilés, Asturias. Nació el 22 de abril de 1816. Entró en la Congregación el 31 de di­ciembre de 1835. Cuando fue destinada a México estaba en el Hospital de Toledo y contaba 28 años de edad y 9 de vocación. Murió en el Colegio de S. Vicente de la Habana en marzo de 1898.

Sor Gregoria Reta (Juana). Nació en Artozqui, Navarra el 24 de febrero de 1822. Entró en la Congregación en 25 de setiem­bre de 1843. Cuando partió para México tenía, pues, 22 años de edad y uno de vocación.

Sor Inés Cabré. Nació en Puebla de Ciervols, Cataluña, el 30 de mayo de 1809. Entró en la Congregación el 12 de mayo de 1832. Estaba destinada en el Hospital General de Valencia, cuan­do fue llamada a la fundación de México, y contaba 35 años de edad y 12 de vocación. Murió al mes de llegar a aquella tierra ­americana.

Sor Concepción Oronoz. Era natural de Sangüesa, donde ­nació en 16 de abril de 1816. Entró en la Congregación en 24 de diciembre de 1833. Estaba en la Inclusa de Madrid cuando fue llamada a la expedición de México y tenía 28 años de edad y 10 de ­vocación. Murió en la Casa Central México a 10 de febrero de 1861.

Sor Martina Elía. Natural de Lusarreta, en Navarra, na­ció en 21 de febrero de 1819. Entró en la Congregación el 7 de ­setiembre de 1839. Estaba en Sangüesa, cuando fue destinada a México, y contaba 25 años de edad y cinco de vocación. Murió en Toluca, Htal. de S. Juan de Dios, 6 setiembre 1867.

Sor Micaela Ayanz. Natural de Cemborain, Navarra. Nació el 19 de abril de 1818. Entró en la Congregación el 16 de octu­bre de 1842. Cuando fue llamada a la expedición estaba en el Noviciado y contaba 26 años de edad y 2 años de vocación,

Estas once Hermanas fueron sin duda las fundadoras de ­su Instituto en la República Mexicana. Está pues. El cuadro anterior de Hermanas nos manifiesta la selec­ción cuidadosa hecha entre las que habían de ir a México. Sor A­gustina era muy experimentada en el ramo de la enseñanza en el acreditado Colegio de Sangüesa, y llevó consigo dos Hermanas del mismo Colegio, Sor Martina Elía y Sor Juana Antía.

Para el ramo de Hospitales fueron escogidas Sor Magdalena Latiegui y Sor Inés Cabré, del Hospital General de Valencia y Sor Josefa Suárez del de Toledo; para el cuidado de las Inclusas, fueron destinadas Sor Josefa Ramos y Sor Concepción Oronoz, ambas de la Inclusa de Madrid. Sor Micaela Ayanz, Sor Luisa Merladet y Sor Juana Reta ­eran apenas novicias de un año de vocación, tan selectas que pu­do decir de todas ellas el P. Codina: «México posee diez Hermanas, la flor de la Congregación». La undécima Sor Inés Cabré, ha­bía fallecido.

Semilla selecta caída en la inmejorable tierra mexicana, el Instituto de las Hijas de la Caridad comenzó a desarrollarse ­en tales proporciones que era imposible dar satisfacción a cuantos lugares las pedían. Pero, como en la Península, se hallaba entonces el Instituto en pleno período de expansión, le era muy di­fícil al P. Armengol, digno y entusiasta Director de aquella Pro­vincia mexicana conseguir nuevas expediciones de Hermanas.

……………………….

Movi­do, sin duda, por esto vino a España, en 1849 y consiguió llevar otro grupo de Hermanas españolas, pero con la precisa condición, que le impuso nuestro Gobierno, de que fuesen recién vestido el ­Santo Hábito. Embarcaron dichas Hermanas el 31 de diciembre de 1851 en el puerto de Cádiz. Eran 23, de ellas cinco postulantes, a quienes pusieron el santo Hábito.

El libro antiguo del personal, que estaba en el Real No­viciado, nos da los nombres de las siguientes Hermanas, que aparecen en el catálogo impreso, como ingresadas en aquel mismo año de 1849, y que salieron para México:

      Sor María Ezcurra. Natural de Larrumbe, Navarra, que nació el 1 de marzo de 1826 e ingresó en el Noviciado el 3 de setiembre de 1849.

      Sor Micaela Urabayen, de Belascoaín, Navarra. Nació el 8 de marzo de 1821 y entró en el Instituto el 25 de setiembre de aquel año 1849.

      Sor Josefa Salinas, de Mutilva, Navarra. Nació el lº de octubre de 1825 y entró en el Instituto el 21 de setiembre del mismo año citado.

      Sor Angela Ubiría, natural de Lesaca, Navarra. Nació el 27 de noviembre de 1821 y entró en la Congregación el 23 de setiembre del mismo año citado.

      Sor Catalina González,  de Villaba, Navarra, donde nació el 1 de mayo de 1828 e ingresó en 1º de octubre del citado año.

      Sor Florencia Cortés, de Pamplona. Nació el 20 de junio 1825 y entró en el Instituto el 1º de octubre del mismo año 49.

      Sor Asunción Encío, de Granada, donde nació el 17 de setiembre de 1825. Entró en la Congregación  el 2 de octubre del año citado.

     Además de las Hermanas citadas en el catálogo, sabemos que fueron en esta expedición hasta dieciséis novicias, más cinco que vistieron el santo Hábito en Barcelona. Con ellas iban dos Hermanas antiguas, Sor María Josefa Zafra, nacida en Zueros, Cór­doba en 6 de agosto de 1821; vocación 7 de agosto de 1841. Estaba en el Hospital y Escuelas de Segovia en 1842. Pasó luego a Fran­cia y de allí vino con Sor Francisca Jiménez (Robustiana), natural de Funes, Navarra, que entró en la Congregación en 18 de julio de 1839. Pasó a Francia durante la guerra civil y vino con Sor Zafra para ir a México. En noviembre de 1854 regresó a España. En ­1856 pasó a la Habana, donde en 1858 era Superiora del Hospital ­Militar. En 12 de febrero de 1875, pasó a Francia.

      Sor Brígida Porta y Alberich. Nació en Almoster, Cataluña, el 18 de octubre de 1826. Entró en la Congregación el 24 de ­marzo de 1851. Joven de 25 ya al tomar el santo hábito, y novicia de dos años pasó a México en 1853. Murió en la Casa Central de aquella ciudad el 30 de noviembre de 1858, en la flor de sus 32 ­años. Pero en el corto tiempo de su vida dio continuos e inolvidables ejemplos de todas las virtudes de una verdadera Hija de la ­Caridad. Casi todo el último año de su vida estuvo postrada en cama, en un estado de gravedad tal que se puede decir que fue en su mayor parte una verdadera agonía.

      Sor Concepción Arbe nació en Cádiz el 16 de setiembre de 1817 y entró en la Congregación ya de 27 años en 21 de marzo de ­1844. Llegó a México en marzo de 1853. Después de haber servido ­con mucha satisfacción de los Superiores varios cargos importantes, particularmente el de la dirección del Hospital de Guanajua­to y de haber edificado con el ejemplo de sus muchas virtudes pasó a mejor vida el 10 de setiembre de 1857, en la casa Central de México, a los 40 años de edad.

……………………..

      Sor Inés Cabré. Fue una de las Hermanas, que fueron a la fundación primera de México. Padeció muchísimo en la travesía del mar y dijo con sumo candor al P. Armengol: «Padre, he ofrecido a Ntro. Señor mi vida», para que se sirva conservar la vida y salud de mis compañeras. El 26 de setiembre pidió a Dios por intercesión de S. Vicente no morir en el mar para que no padeciesen por ella sus Hermanas durante la navegación. Oyó el Señor su oración y al día siguiente se encontró perfectamente sana. Desde el día ­14 de aquel mes o sea a los tres de su embarcación, los vómitos ­del mareo la postraron en cama, según leemos en el «Diario de viaje». El 24 se puso mejor y pudo seguir la solemne novena, que aquella comunidad flotante dedicó a la fiesta de la muerte de S. Vi­cente. Así después de aquella larga travesía de dos meses, pudo ­ver cumplidos sus deseos de llegar a la tierra mexicana; pero el día 4 de diciembre, al mes justo de su llegada a Veracruz, después de una corta enfermedad de ocho días, murió en la casa Central de México.

     Según los datos del antiguo catálogo de Hermanas Sor Inés Cabré (Magdalena) había nacido en Puebla de Ciervols, Cataluña, en 30 de mayo de 1809. Entró en la Congregación en 12 de mayo de 1832. Prestaba sus servicios en el Hospital de Valencia, cuando ­fue escogida por la santa obediencia para aquella gran empresa religiosa y patriótica de ir a sembrar en México el árbol del Instituto de las Hijas de la Caridad; joven de 35 años, creo que es ésta la primera Hija de la Caridad española muerta lejos de su solar nativo.

      Sor Agustina Inza. Nació Sor Agustina en Pamplona el día 7 de noviembre de 1808 y el 8 de setiembre de 1824, o sea, joven apenas de 16 años, entró en el Noviciado de las Hijas de la Caridad. Parece que su primer destino fue el Colegio de Sangüesa, donde aparece ya en 1830; y al frente de aquella Comunidad estaba en 1844, cuando los Superiores pusieron en ella sus ojos para que fuera la piedra an­gular del magnífico edificio que se iba a iniciar en México, con la ida allí de nuestras Hermanas de la Caridad españolas.

     Si bien tuvo como Superiora muchos consuelos y satisfac­ciones al ver las bendiciones con que el Señor bendijo la nueva fundación en tierra mexicana, ya en el barco mismo comenzaron sus preocupaciones, que con ella participaban los Sres. Armengol y Sanz, por el desdichado asunto de la corneta, que entonces, por ­vez primera se manifestó el empeño irreductible del Superior General y que fue luego la causa, acaso principal, de la ruina total de aquel edificio hermoso de Caridad levantado con los sudores de España, y entregado íntegro, como se verá en otro documento, a los

franceses. Su fortaleza de ánimo era admirable, como se ve en el hecho siguiente, consignado por uno de nuestros Misioneros. Caminaba ella en diligencia de México a Puebla, en compañía de Sor Mi­caela, Sor Nájera y de una joven llamada Gabriela Odriozola, cuando fueron asaltados por los pronunciados: «Con la velocidad del rayo, dice el Misionero, se presentaron y detuvieron la diligencia con lanzas, rifles y fusiles dirigidos a los pechos… Robaron a Gabriela las arraca­das…amenazaban llevársela. Mandan volver la diligencia… Retrocedimos tres leguas y nos llevaron a la hacienda de Santa Elena; allí nos dejaron con orden de no movernos has­ta el día siguiente. Poco, poquísimo dormimos en la noche, siempre sobresaltado el corazón. Sólo Sor Agustina estuvo con una sereni­dad más que admirable; algo se trastornó, como es natural, pero no perdió la presencia de ánimo.

      Durante veinte años estuvo trabajando incansable en aquellas fundaciones, que se multiplicaban con bendición celestial. ­Estaban ya fundadas 18 Casas; las Hermanas contaban con un bien organizado Seminario, y eran ya más de 200. En 1864 vino de París una Visitadora francesa y las Hijas de la Caridad en México ya no tuvieron que ver nada con las de España. Los Anales de México no nos dejaron más que algunas noticias de Sor Agustina, que bien merecía una larga historia. «En 26 de noviembre de 1857, dice una ­breve nota, recibió el Viático la Hermana Sor Agustina Inza, Visitadora de esta Provincia, pero las oraciones de sus afligidas Hermanas, consiguie­ron del Señor su restablecimiento, aunque después de una convalecencia muy larga». Murió en 15 de junio de 1868 en la Casa Central.

     Su mejor apología es la breve noticia que con esta ocasión escribía la nueva Visitadora Sor Ville al P. General. «Ellas, las Hermanas españolas, y la Visitadora han trabajado afanosamen­te y sufrido pacientemente para implantar en este país la obra de Dios. Pues hemos de reconocer que ellas sembraron con lágrimas y regado con sudores, los frutos que ahora nosotros recogemos.

     Poco antes de ser expulsadas de México las Hijas de la Caridad, no como tales, sino como Institución que había venido a ser france­sa, los restos de Sor Agustina, juntamente con los de otras siete Herma­nas, Sor Guadalupe Gómez, Sor Margarita Vargas, Sor Refugio Iglesias, Sor Josefa Cardoso, Sor María de Jesús Caro, Sor Guadalupe Herrera y Sor Mercedes González, fueron depositados en el panteón francés, bajo los auspicios de la imagen, de blanco mármol, de S. Vicente de Paúl.

     En 1853 componían el Consejo de la Provincia de las Her­manas de México Sor Agustina Inzá, Sor Martina Elía y Sor Julia Fagoaga[4].

     Sor Josefa Noriega. Murió en marzo de 1860 de Superiora en la casa de Toluca, de que había sido fundadora. Delicada casi constantemente durante su última enfermedad, y en sus delirios, todo era ocuparse en cosas de su obligación, dirigiendo las obras ­de la casa o dando órdenes a las Hermanas; vigilando la hora de ­levantarse. La víspera de su muerte sólo se la oía pronunciar de vez en cuando: ¿son las cuatro? ¿son ya las cuatro? Se le hizo un entierro solemnísimo, al que asistió lo más selecto de la Ciudad con clero y comunidades religiosas, y previa la correspondiente licencia, fue inhumado su cadáver en la Iglesia de S. Juan de Dios.

     Muerta Sor Josefa, fue nombrada Superiora de aquella ca­sa de Toluca Sor Luisa Merladet, en atención a que le sería bené­fico aquel clima. Entre tanto por poco tiempo estaba al frente de la Comunidad Sor Magdalena Latiegui.

      Sor Luisa Merladet. Nació en Durango, el 9 de agosto de 1817. Entró en la Congregación el 3 de octubre de 1843 y falleció el 11 de agosto de 1893. Esta Hermana, perteneciente al grupo de las fundadoras ­de México, fue a la fundación del Hospital de Belén, en Guadalajara, instalándose, al principio, en 1853, en el Hospital de S. Juan de Dios, pero la insalubridad del local, hizo que se trasladasen al de Belén, en mayo de 1855. Las Hermanas de esta casa, ade­más de Sor Luisa, fueron Sor Josefa Noriega, Sor María de los Án­geles, Sor Carmen Covián, Sor Florencia Cortés, Sor Jacoba Vega, Sor Mónica N., Sor Catalina Vargas, Sor Guadalupe Ituria y Sor Dolores Ita. La fundación de este Hospital fue debida al Sr. Canónigo D. Francisco de Paula Verea, después obispo de Linares y luego de Puebla y al Sr. D. Dionisio Rodríguez.

     En 1859, a instancias del Sr. Obispo D. Pedro Espinosa ­las Hijas de la Caridad se hicieron cargo del Hospicio de esta ciudad de Guadalajara, del que fue la primera encargada Sor Luisa Merladet, aunque poco después fue nombrada Superiora Sor Ignacia Osés.

     Las discordias civiles que por entonces agitaron a la nación mexicana dieron un poco que sufrir a las Hermanas. Así leemos en los Anales de las Hijas de la Caridad que «en el sitio de Guadalaja­ra, en octubre de 18[–], ocupado el Hospital de Belén por las fuerzas sitiadoras, habían hecho en él un punto fuerte, y como el cuartel general donde se hallaban los je­fes principales. Las Hermanas procuraron servir a todos indistintamente, tanto a heridos de uno y otro partido, como a los mismos soldados y jefes que se encontraban con ellos. Uno de esos Generales fue herido grave­mente y, asistido en el mismo hospital, murió a los pocos días. Las Hermanas le cuidaron con la misma eficacia que a cualquier otro, acompañándolo en su cabecera, sin designio ­ni pretensión alguna particular; y al mismo tiempo los demás je­fes que frecuentemente rodeaban también la cama del moribundo, se permitían desahogos y expresiones en vengar su sangre, etc… que fueron reproducidas por el Boletín redactado en el campo del ene­migo.

.- «¿Quién les ha ido a contar lo que nosotros hablamos? Dijo entonces uno de los jefes apellidado Rocha;

.‑ «Es esta Hermana, Sor Luisa Merladet que anda engañando a Degollado, (General en Jefe) con sus vasos de agua fresca». La voy a matar».

    Los otros al verle tan fiero, corren a advertir a Sor Luisa de lo que pasa, encargándola que se esconda de aquel energúmeno. Efectivamente, Sor Luisa que nada de esto sospechaba procuró ocultarse y luego vestida de seglar salió de Guadalajara. Después se supo que la perso­na que daba a los contrarios estos partes, era un sujeto que es­taba en Belén en relación con estos Jefes y al mismo tiempo con los del partido de la Ciudad, y como continuaban las malas inten­ciones de Rocha, Sor Luisa tuvo que alejarse de Guadalajara y se fue a la casa de las Hermanas de Lagos, donde permaneció hasta que pasó el peligro».

     En 1859 pudo volver a Guadalajara Sor Luisa Merladet, hasta que fue luego sustituída en su cargo de superiora por Sor Igna­cia Osés.

     Además del Hospital y el Hospicio abrieron las Hijas de la Caridad de Guadalajara dos establecimientos de enseñanza. Uno, en San Felipe, Misericordia, que era un obrador de niñas internas, ­en número de ciento sesenta, al que estuvo anejo un Colegio para alumnas externas, que llegaron a ciento cuarenta. El otro, en Mexicalcingo, que se fundó en 19 de noviembre de 1874 y llegó a tener doscientas alumnas externas.

     Entre las Hermanas que se dedicaron a estas enseñanzas se cuentan Sor María Luz Aguas, Sor Asunción Martínez, Sor Carlota García y Sor Francisca Núñez.

     Durante las guerras civiles las Hermanas de Guadalajara sirvieron en los Hospitales de Sangre de ambos campamentos. Se vieron en muchísimos peligros de perder la vida, tanto por hallar se entre las balas y granadas, como por las violentas enfermedades, a causa de tanto herido y de tanto trabajo entre tropas. Contagiadas de fiebre infecciosa cayeron varias Hermanas, de las cuales, sólo una completó el sacrificio, que fue Sor Dolores Morales, excelente Hermana, bajo todos concep­tos, la cual fue a reci­bir el premio de su virtud, en noviembre de 1860.

     Al frente del Hospital de Belén estaba entonces Sor Flo­rencia Cortés.

     A pesar de los cuidados y atenciones con que en todas partes se recibía y atendía a las Hijas de la Caridad en Méjico, no era el menor de sus sacrificios, las largas correrías y viajes que era necesario emprender, dadas las inmensas distancias de unas casas a otras. Así Sor Luisa Merladet, en un viaje que hizo a México en 1856 se dio un golpe en un pie que la dejó inutiliza­da varios meses, y le sobrevino un ataque de apoplejía de que sa­nó milagrosamente. En 1866 volvió a España y en 15 de noviembre ­de 1867 fue nombrada Superiora del Hospital de Durango y en setiembre de 1874 pasó de superiora al Hospital de Irache. Murió el 11 de agosto de 1893.

 …………………….

       SOR CONCEPCION ARBE. El día 10 de setiembre de 1857 murió en la Casa Central, de 40 años de edad. Era natural de Cádiz, donde nació en 16 de setiembre de 1817. Entró en la Congregación el 21 de marzo de 1844, y fue destinada a México en marzo de 1853. Sirvió con mucha satisfacción de sus superiores, cargos importan­tes, particularmente el de la dirección del Hospital de Guanajuato y después de haber edificado con el ejemplo de sus muchas virtudes, pasó a mejor vida. A pesar de su enfermedad, no corta, nunca perdió su conformidad con la voluntad de Dios, antes bien ma­nifestaba la más envidiable tranquilidad y gozo. Tomo las fechas de nacimiento y de vocación del antiguo catálogo de España, pues en los Anales de México están equivocadas.

SOR MARIA ANA GOMEZ DE LA CORTINA. Fue ésta insigne se­ñorita, Condesa de la Cortina, la más entusiasta fundadora y bienhechora de las Hijas de la Caridad en Méjico y la primera mexicana qué recibió la gracia de hacer los Votos de Hija de la Ca­ridad, en aquella República. Solicitó esta gracia del Superior ­General, apenas conoció allí a las Hermanas. Pero habiéndose en­fermado y agravado, entre tanto, fue recibida en el gremio de la Congregación y admitida a los santos votos, que pronunció el día 8 de diciembre de 1845. El seis de enero siguiente expiró santa­mente, rodeada de sus queridas Hermanas, ordenando con suma hu­mildad que se hiciese su entierro sin solemnidad alguna, siendo así ejecutado.

A ella se debió la primera escuela de niñas pobres que ­se abrió en México, recién llegadas las Hermanas, alquilando ella misma una casa en la calle de Monzón; mas, habiendo enferma­do allí casi todas las Hijas de la Caridad, procuró la Señora Condesa su traslado a una casa de campo, llamada Clavería donde continuaron estas escuelas, hasta que en enero de 1846, a causa de los disturbios políticos, la Señora Dª María Guadalupe Gorraez, llamada la Mariscala por haber sido adoptiva y heredera de los señores Mariscales de Castilla, ofreció a las Hijas de la Cari­dad su casa, situada en el Puente de la Mariscala, a donde se mudaron, pagando alquiler y allí permanecieron hasta el mes de agosto de 1847. El 14 de ese mes se trasladaron al local llamado Co­legio de las Bonitas, destinado en su principio a recogerse en él las doncellas, que por su pobreza, hermosura y prendas naturales tenían más riesgo de perderse, abandonadas a sí mismas; está si­tuado en la plaza de Villamil. Esta se consideró y fue la Casa ­Central de las Hermanas.

      En este mismo local, se inauguró el 27 de setiembre de 1848 un colegio de niñas, bajo los auspicios y título de San Vicente de Paúl.

     En diciembre de 1855 se realizó otra fundación de Hermanas en el Divino Salvador o Casa de Locas, a donde fueron desti­nadas Sor Melchora Iriarte, Sor Teresa Gorostide, Sor Concepción Posadas y Sor Antonia Calvo.

 Fundaciones en México: Capital

        HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS.‑ A instancias del Sr. D. Gaspar Ceballos y del Sr. D. José Medina, se encargaron las Hi­jas de la Caridad de este Establecimiento, el día 8 de marzo de 1845, en que ofició solemnemente de Pontifical el Ilmo. Sr. Arzobispo y, acto continuo, les dio posesión del Hospital. Las primeras Hermanas destinadas fueron Sor Magdalena Latiegui, Sor Jose­fa Suárez, Sor Juana Antía y Sor Luisa Merladet.

HOSPITAL DE SAN PABLO.‑ A instancias del Sr. Lombardini, Gobernador del distrito de México y a mediados de agosto de 1847, se hicieron cargo del establecimiento Sor Concepción Oronoz, Sor Micaela Ayanz, Sor Antonia Calvo y Sor Manuela Piña.

 

HOSPITAL DE SAN ANDRES.‑ Se debió la fundación de Hermanas en este Hospital a las diligencias de los Señores Canónigos, Vicario Capitular Barrientes, D. José Cobarrubias y D. José de ­Medina. Era este el Hospital más importante de la Capital y de ­él tomaron posesión Sor Concepción Oronoz, Sor Teresa Jiménez, ­Sor Felipa Reyes, Sor Ramona Ceballos, Sor Florentina Cortés, Sor Juliana Salas, Sor Teresa Rausell, Sor Loreto Cienfuegos, Sor Angela Ubiria, Sor Josefa Armengol, Sor Josefa Fernández, Sor Bue­naventura Pons y Sor Josefa Prieto.­

HOSPITAL DE SAN LUIS DE LOS FRANCESES.‑ Fue ésta una de las últimas fundaciones hechas ya al tiempo de las Hermanas francesas, pues se inauguró en 14 de enero de 1873. Fueron destina­das a éste Establecimiento Sor María Vantré, Sor Guadalupe Argüelles, Sor Angela N., Sor Clementina Pampain y Sor Petra N.

HOSPITAL DE LA VILLA DE GUADALUPE.‑ Fue nombrada Supe­riora Sor Trinidad Tello.

Otras Fundaciones en las Provincias Mexicanas

TOLUCA. HOSPITAL DE SAN JUAN DE DIOS.- D. Mariano Riva Palacios, ex‑Gobernador del Estado de México, fue el principal ­promotor de esta fundación, que se efectuó en 2 de junio de 1858. Fueron destinadas a este Hospital, Sor Antonia Calvo, Sor Josefa Noriega, Superiora, Sor Brígida Porta, Sor María Soledad Labastida y Sor Florentina Suero. La recepción que se les hizo fue espléndida. Al año siguiente se abrió en los bajos del hospital ­un Colegio de niñas, cuyo número ascendió a 25 internas y 300 ­externas.

MORELIA, ESTADO DE MICHOACAN.‑ Colegio Ntra. Sra. de Guadalupe. Se hicieron cargo de él las Hijas de la Caridad el 14 de enero de 1872, yendo a instalarlas Sor Lozano, ecónoma de la Provincia. El Ilmo. Sr. Arciniega, Arzobispo de Michoacán, les dio posesión del Hospital, después de haber entonado un solemne Te Deum, en la Catedral. Las niñas de este Colegio fueron unas 300, de las que salieron muchas Hijas de la Caridad antes y después ­de su expulsión de México.

COLEGIO DE ZAPOTLAN.‑ Llegó a tener 150 externas y 30 ­alumnas internas.

COLIMA.‑ Orfanato de niñas.‑ Tenía 120 externas y 30 internas.

COLIMA.‑ Hospital.‑ Solía tener unos 30 enfermos.

XIQUILPAN.‑ Orfanato y Colegio.‑ En el orfanato había unos 100 asilados y en el Colegio unas 20 alumnas internas y 200 externas.

ZACATECAS.‑ Colegio y Asilo.‑ Se hicieron cargo del Es­tablecimiento las Hijas de la Caridad en 1859, siendo la primera Superiora Sor Micaela Ayanz. En el Colegio hubo 150 niñas exter­nas y 14 internas, y en el Asilo, alrededor de 100 niños.

SAN MIGUEL ALLENDE. Colegio y Asilo.‑ Entre internas y ­externas hubo unas 100 alumnas y en el Asilo unos 50 niños.

SAN LUIS DE POTOSI. Hospital y Colegio.‑ Estuvo a cargo de las Hermanas el Hospital civil, contiguo a la iglesia de San José. El colegio estuvo en la casa que hace esquina entre la ca­lle de Maltos y la plaza de la Compañía. Las externas llegaron a 80 y en el Asilo había unos 50 niños. Entre otras estuvieron en S. Luis, Sor Rosa Cerdá, Sor María Hinojosa y Sor Luisa Segovia.

SALTILLO. ESTADO DE COAHUILA.‑ Colegio, Asilo y Hospi­tal. El local anejo al templo de San Juan Nepomuceno fue en el ­que el Sr. D. Ramón Martínez, Gobernador de la Mitra de Linares, hizo esta fundación de Hijas de la Caridad. Llegaron éstas a Saltillo procedentes de México, el 21 de octubre de 1860 y fueron Sor Maria Fuentes, Sor Adelaida N., Sor Jesús González y Sor Salomé Garza. Llegaron a tener en el Colegio 150 externas y 30 internas y 80 niños en el Asilo.

MONTERREY. ESTADO DE NUEVO LEON.‑ Colegio. Nombrado Obispo de Linares el Sr. Canónigo D. Francisco de Paula Verea, ­trabajó sin descanso en la fundación de este establecimien­to, hasta conseguirlo en 1856. Fueron destinadas a esta casa Sor Concepción Oronoz, Sor María Luisa Rubio, Sor Dolores Inclán, Sor ­Antonia Macías, Sor Concepción Jiménez, Sor Dolores Mora, y Sor Lutgarda González. Hubo en el Colegio 140 externas, 35 pensionistas y 30 internas de gracia, más 100 niños en el Asilo.

LAGOS. Hospital y Escuelas. Accediendo a las repetidas instancias del Pbro. D. Rafael Larios, Cura de Lagos, se efectuó esta fundación el día del Sagrado Corazón 11 de julio de 1857. Tomaron posesión del edificio Sor Micaela Urabayen, Sor María Soledad Estrada, Sor Dolores Martín, Sor Jesús Mederos, Sor Marce­lina Domínguez y Sor María Ignacia Díaz. Al año siguiente se abrió la escuela, que llegó a tener 300 externas y 12 internas.

SILAO. Hospital y Escuelas. Debe mirarse como principal fundador de esta casa al Sr. Pbro. D. Guadalupe Romero. El 2 de noviembre de 1846, después de entusiasta recepción, tomaron posesión del Establecimiento Sor María Josefa Ramos, Sor Martina Elía, Sor Juana Antía, Sor Carmen Morón, Sor Bernardina N., Sor Dolores Soto, Sor Angela Palacios y Sor Josefa Piña. Llegaron a 360 ex­ternas y 10 internas.

CUERNAVACA.‑ Hospital y Escuelas. Por lo que mira al hospital, la Junta permanente del establecimiento, contiguo al templo de Belén, compuesta de los Sres. D. Marcelino Rocha, D. Pedro Jiménez, D. Pablo Villa y D. José Guadalupe Ibarguengoitia, lo encargó en junio de 1850 a las Hijas de la Caridad Sor Luisa Merladet, Sor Vicenta González, Sor María Luisa Rubio, Sor Con­cepción Arbe, Sor Remigia Salinas, Sor Micaela Urabayen y Sor Pascuala Baranda. En el mismo local se instaló, a petición del ­Gobernador del Estado, el Hospicio de pobres el lº de enero de ­1857. Respecto a la escuela, las externas ascendían a 450 y 120 las internas del Hospicio.

GUANAJUATO. Orfanato.‑ Más tarde, cuando se estrenó la plaza que servía antes para los toros, se abrió en el mismo Hos­pital, comunicado con la plaza, el Orfanato que tenía 60 niños internos y cincuenta externos de escuela gratuita.

IRAPUATO.‑ Hospital y Colegio.‑ Se debió la fundación de esta casa al empeño del Sr. Cura de la ciudad D. Plácido Licea y Licea, en 1870, siendo destinadas a ella Sor María Linarte, Sor Jesús Vara, Sor Josefina Hernández, Sor Vicenta N., Sor Carlota N., y Sor Plácida Pozo. Las alumnas externas llegaron a 250 y a 20 las internas.

LEON. Hospital, Colegio y Escuelas.‑ Las Escuelas gratuitas para niñas externas tuvieron hasta 300 niñas. En el Cole­gio hubo 100 niños y 50 párvulos.

PUEBLA. Colegio de S. José.‑ Tuvo 120 externas y 40 internas.

PUEBLA. Colegio de S. Vicente, Fueron 200 las niñas externas y 30 las internas.

AMOZOC. Colegio.‑ Contó con 80 externas y 15 internas.

MATAMOROS. IZUCAR. Hospital y Escuelas.- Hubo 200 externas y 20 internas.

SAN ANDRES CHALCHICOMULA. Hospital y escuelas.‑ Entre internas y externas eran 150.

VERACRUZ. VER.‑ Hospital de San Sebastián.‑ Llegó a tener 400 enfermos.

VERACRUZ. VER.- Hospicio.‑ Tuvo 60 niñas, 30 niños y 30 ancia­nos.

VERACRUZ. VER.- Colegio de San Agustín.‑ Ascendió a 200 el nú­mero de externas.

MERIDA DE YUCATAN. Hospital. La señora Doña Ana Peón de Regil solicitó y obtuvo que las Hijas de la Caridad se hicieran cargo de este establecimiento en 1865. Siendo su primera Superio­ra Sor María Orsat.

MERIDA DE YUCATAN. Colegio. Fue fundadora la referida Sra. Peón de Regil, en el mismo año de 1865, y tuvo por Superio­ras a Sor Alfonsina N. y a Sor Teresa Lartigue. Contó con 200 alumnas externas y 30 internas.

…………………………

En el mes de marzo de 1860, llegaron a México las Hermanas Sirvientes llamadas por el Sr. Sanz para hacer los ejercicios ellas salas, y fueron las siguientes:

SOR CONCEPCION ORONOZ se hallaba ya en México, porque había venido a curarse de sus enfermedades.

SOR LUISA MERLADET, sir­vienta del Hospital de Belén de Guadalajara.

SOR IGNACIA OSES, del Hospicio de la misma Ciudad.

SOR MICAELA URUBAYEN, de Lagos.

SOR DOLORES SOTO, de Silao.

SOR REMIGIA SALINAS, de Guanajuato.

SOR JOSEFA SUAREZ CANEL, de la Cuna de Puebla, y

SOR MARIA JOSEFA RAMOS, del Hospital de S. Pedro, de la misma ciudad. El Sr. Sanz dio los ejercicios a estas Hermanas y a las Sirvientes de México y luego se volvieron a sus casas, excepto Sor Concepción Oronoz y Sor Luisa Merladet, quienes por sus enfermedades se quedaron en México.

Nota de las Hermanas fallecidas en México. 1859

En Puebla en el Hospital, murió Sor Teresa Rausell, el 31 de octubre de 1859, de un ataque violentísimo de fiebre tifoi­dea.

En Guadalajara Sor María Dolores Morales en noviembre.

Nota de las Hermanas fallecidas en México. 1860

En Toluca, el 5 de marzo de 1860 la Hermana Superiora ­Sor María Josefa Noriega, de la misma enfermedad.

SOR CARMEN MORON, murió en el Hospital de S. Juan de Dios (México) el día 22 de octubre.

SOR JACOBA VEGA. Murió en Silao, el 16 de noviembre.

SOR TERESA GARTILLO, murió en el Hospital de S. Andrés (México) el 9 de diciembre. de 1860.

Este mismo año de 1860 se depositaron en el panteón de las Hermanas los restos de D. José Gómez de la Cortina que falleció el 9 ­de enero y los de D. Ramón Andrade fallecido el 15 de febrero. Al mismo panteón fueron conducidos los restos de la Señora Condesa ­de la Cortina que había sido sepultada en 1846 en el panteón de ­las Monjas Capuchinas y los de Doña Elena Fagoaga de Gómez Anaya, que lo había sido, en 1852 en el primer panteón de las Hermanas.

Nota de las Hermanas fallecidas en México, 1861

SOR MARIA ROSARIO DIMARIAS.‑ Murió el 27 de enero en la Casa Central.

SOR AMALIA LAPRADE, murió en la misma el 30 de enero.

SOR CONCEPCION ORONOZ, el 10 de febrero.

SOR PAULA VALLS, en el Hospital de Toluca en 22 de febrero

SOR JOSEFA MARQUEZ, el 24 de febrero

SOR JESUS TREJO, el 23 de marzo en la Casa Central.

SOR BENITA VARGAS, en la misma el 20 de abril

El asunto de la corneta en México

Hace más de un mes que llegó a conocimiento del Ilmo. Sr. Arzobispo la disposición dictada por V., como Superior de la Congregación de las Hijas de la Caridad, para que desde el 25 de marzo del año entrante, cambien todas las Hermanas el traje que actualmente usan, con el que portan las que residen en Fran­cia, conocido con el nombre de corneta. Desde entonces me autorizó S.S. Ilma. para que impidiera este cambio y a este fin he te­nido diversas entrevistas con V. y con la Señora Superiora de la casa Matriz, exponiendo los muy graves inconvenientes que resultarían por esta novedad, sin haber obtenido hasta ahora un resultado favorable. Mas habiendo visto el Ilmo. Sr. Arzobispo el co­municado que sobre la materia se publicó ayer en el Diario de Avisos y sabiendo la grande inquietud que reina en los ánimos de la mayor parte de las Hermanas, consecuencia de esa inesperada ­variación de traje, que haría perder su vocación a muchas, especialmente mejicanas, a quienes no se les puede obligar, a que se pongan un traje que no conocían, ni aceptaron antes de entrar en la Congregación y mucho más, cuando en cierto modo, las expone al ridículo por ser tan contrario a los usos y costumbres de este ­país, cambiándolo por el muy honesto y decente que ahora llevan, S.S. Ilma. me ha prevenido me dirija a V. oficialmen­te, como tengo el honor de hacerlo, para decirla que prohibí absolutamente que se haga la variación en el traje de las Hermanas, exponiendo al Superior General las razones fundadas que hay para que así se verifique. Y lo comunico a V. con la satisfacción de renovarle ­mi particular afecto y debida consideración.

Dios guarde a V. muchos años.

México, setiembre 26 de ­1857.

José María Covarrubias.

Imposición de la corneta en México

Puebla ‑ En el Hospital de S. Pedro, el médico, que na­da sabía de esta ocurrencia cuando vió por la mañana a una Herma­na con su airosa corneta, decía «¿que tendrá esa Hermana, que anda tan descompuesta?». Pero cuando vio a las demás del mismo modo, conoció que el mal era general…Dijo: «con que ya no han de traer Vds. velo. Pues ahora su velo ha de ser su modes­tia».

«Sólo una de las Hermanas de Puebla, Sor Josefa Suárez, ­Superiora del Establecimiento de la Cuna fue probada por Dios con una suma repugnancia a ponerse la corneta y sólo de pensarlo había perdido la salud y decía que tendría que condenarse en lo sucesivo a no salir nunca a la calle en semejante traje. Pero, por fin, hi­zo el sacrificio, según la resolución que siempre tuvo formada y ­al verse con la corneta se acabó la tentación y todas sus dificul­tades».

Toluca… «Sin embargo, se comenzó aquí, como se había hecho en otras partes, por presentarse las Hermanas, en Toluca, con su toca española, pero sin velo negro…». Carta del P. General al P. Sanz, Visitador de México

29 de octubre de 1857

El traje de nuestras Hermanas Españolas les fue dado con el sólo fin de separarlas de la Casa Madre. Es, pues, un signo de división y por consiguiente debe ser abandonado por todas las Hi­jas de la Caridad, que aprecien la unión con la Casa Madre y tengan afecto al espíritu de S. Vicente. Precisamente porque el traje español es un signo de división tengo el convencimiento de que aleja las bendiciones del cielo.

El Sr. Sanz comunica al Sr. Arzobispo: «Estas expresiones, Ilmo. Sr. en boca del representan­te legítimo de San Vicente son demasiado serias y cada vez que me habla de este asunto, lo presenta bajo el aspecto de las obligaciones más delicadas de mi conciencia y como cosa, no de conveniencia sino de necesidad. Creo que S. Señoría Ilma. lo verá del mismo modo… y compren­derá la responsabilidad que pesa sobre mí, sobre la Visitadora de las Her­manas y sobre ellas mismas».

A este comunicado respondió el Sr. Arzobispo que renova­ba la prohibición hecha en setiembre último: «Prohíbo, pues a V., de nuevo, la variación de traje de las Hermanas, mientras que, como antes digo, no consulte yo el asunto otra vez y vea lo que ante ­Dios deba hacer» (Fecha 8 de enero de 1858).

Se había ya dado la orden a todas las Hermanas de México para verificar el cambio el día 25 de marzo, pero en vista de es­ta oposición del Sr. Arzobispo, se dio la contraorden, a fin de ­que no aparecieran con distinto hábito las Hermanas de provincias y las de México. Algunas Hermanas que hicieron alguna diligencia para evitar el cambio de tocado, fueron castigadas y retiradas a la Casa Central.

Estas Hermanas vinieron de España y aunque el Sr. Direc­tor que las conducía tenía orden del Superior General de que se presentasen en México con el hábito francés, dispuso presentar­las con el hábito francés y tocado español, que compuso el traje singular que traen las Hermanas de esta República.

La Visitadora Sor Agustina Inzá quiso convencer al Sr. Arzobispo de México, pero no la quiso recibir.

El Sr. Arzobispo de México acudió a Roma en 3 de marzo para defender su prohibición de esa mudanza de traje, y diciendo de la corneta francesa que «histrionum instar gregis et quasi larvam Bachanalium tempore gestantes, universis esse fabula non inmerito existimantes». Traje de comedias y disfraz de carnaval y risa de las gentes. «Palabras que dejamos en latín, dice el P. Sanz, ­por no encontrar una traducción decente de ellas». Cuenta dos o tres casos de pobres Hermanas que prefirieron salir de la Congre­gación a acomodarle con la corneta.

En Guadalajara, adonde no llegó la contraorden, se pu­sieron la corneta y esto motivó el que se la pusieran también las otras casas del interior de la República y así el día 19 de julio se la pusieron en Lagos, Silao y Guanajuato.

Por estos días regresó a México Sor Agustina Inzá, que desde el mes de abril se hallaba en las casas del interior, pasando la visita de costumbre. Se trasladó a Puebla y el 15 de agosto les puso allí la corneta. Después se la pusieron las de Monterrey, quedando así sólo con toca, las Hermanas del Arzobispado de México.

El 28 de agosto se consiguió del Sr. Provisor del Arzo­bispado que para celebrar el santo de la Visitadora Sor Agustina, permitiese poner a las novicias de aquella casa central la toquilla francesa.

El Sr. Sanz y Sor Agustina comunicaron al Sr. Arzobispo que el Superior General iba a quitar las Hermanas del Arzobispa­do de México si no se ponían la corneta, pero el Sr. Arzobispo ­les respondió que no lo permitiría mientras no le llegase la de­cisión de Roma.

«Anales de la Congregación de las Hijas de la Caridad en su Provincia de México.

Continuación de la época 2ª V. = año de 1858″

Larga exposición cuyo contenido es el siguiente:

El Sr. Arzobispo de México se opuso terminantemente a ningún cambio de hábito de las Hermanas españolas y se sostuvo ­en ello hasta última hora. La orden del Superior General era:

«1º desde el 25 de marzo no debe V. permitir que las que de nuevo tomen el santo hábito, lo hagan sino en uniformidad con la Casa Matriz.

«2º Deje V. en sus antiguas tocas a las que se empeñen en ­conservarlas, pero llamándolas a la Casa Central y privándolas ­de la renovación de los santos votos…»

Las dificultades que V. tiene que vencer sólo prueban ­una cosa y es que Dios tiene grandes designios de misericordia ­sobre esa Provincia y por esta razón levanta el infierno tan fu­riosa tempestad contra ella. Tenga V. ánimo; yo me uno a V. con mis votos y oraciones y estoy seguro de conseguir el resultado ­más feliz».

«La cuestión de la corneta en México»(Resumen)

Las once Hermanas que fueron a fundar a la República de México iban por el mar arreglan­do sus cornetas para presentarse allí como las francesas, según lo deseaba el P. General, y las Hermanas estaban contentas con esto, pero el Sr. Armengol les ordenó que siguiesen con el traje español y así se verificó.

El Superior General no lo mandaba, pero sí insistía en que todas las Hermanas de la Provincia de México se pusiesen la corneta. El Sr. Sanz, Visitador de aquella Provincia, la Visitadora de acuerdo con su Consejo, con todas las Hermanas residentes ­fuera de la Capital, determinaron verificar este cambio el 25 de ­marzo de 1858, día en que las Hermanas acostumbran a renovar los votos todos los años. Unas pocas Hermanas de la Capital se oponían a esto y trabajaron cuanto pudieron para que no se lleva­se a efecto ésta determinación. Hablaron de ello a cuantas perso­nas respetables pudieron. Sus maquinaciones llegaron hasta hacer tomar parte al Arzobispo, el cual prohibió absolutamente que se introdujera en México la corneta. Sin embargo se dio orden a las casas establecidas fuera del Arzobispado para que dispusieran las cosas de modo que el 25 de marzo de 1858 se vistiesen de corneta, pues fuera del arzobispado de México no se tropezaba con dificul­tad alguna. Antes, bien, sabiendo las Hermanas de Guadalajara que en México se ponía alguna resistencia, escribieron todas al Superior General pidiéndole les permitiese ponerse la corneta y asegurándole que en ello le obedecían, no por fuerza, sino con mucho ­gusto y voluntad. Se le suplicó al P. General que enviase de Pa­rís algunas Hermanas que dirigiesen el Seminario Interno y otros cargos de suma importancia, de la economía, etc. y contestaron que mientras las Hermanas residentes en México no llevasen todas el traje exactamente como el de la casa Madre, de ninguna manera harían pasar a esta Provincia, Hermana alguna.

El Superior General escribió al P. Sanz, el 29 de octu­bre de 1857 diciéndole, que el traje de nuestras Hermanas españo­las les fue dado con el sólo fin de separarlas de la Casa Madre, es pues un signo de división y por consiguiente debe ser abandonado por todas las Hijas de la Caridad que aprecien la unión con la Casa Madre y que tengan afecto al espíritu de San Vicente. Preci­samente porque el traje español es un signo de división tengo el convencimiento de que aleja las bendiciones del cielo.

Parece que el Superior General estaba resuelto a mandar que se cerrasen los establecimientos de Hermanas del Arzobispado de México y trasladarlas a otra parte, si no se verificaba el cambio que pedían. Pero el Sr. Arzobispo, Lázaro de Garza no quería que se pusiesen el tocado francés y acudió al Papa. Esta fue la ­causa porque no se pudo vestir la corneta en este Arzobispado el 25 de marzo de 1858. El Sr. Provisor, que era el más opuesto a la corneta permitió el día del santo de la Visitadora Sor Agustina ­que, ese día 25 de agosto de 1858 vistiesen, la toquilla francesa las novicias de la Casa Central, pero el Sr. Arzobispo dijo que ­él no consentía que pusiesen la corneta hasta que recibiera contestación de Roma.

El Delegado Apostólico Ilmo. Sr. Clementi recibió la comisión en que Pío IX le encargaba arreglase ese negocio y el Sr. Delegado dispuso que se pusiesen la corneta, lo cual se verificó el día 12 de junio de 1859 con lo cual terminó el asunto.

Ya se había resuelto pasar a Puebla la Casa Central, ­si no consentía el Sr. Arzobispo, en que se pusiesen la corneta. Todas las Hermanas se la pusieron.

Algunos sucesos en 1860

     Año de 1860.‑ A principios de este año llegaron a Méxi­co dos Hermanas francesas, Sor Clara Saillart y Sor Amelia Laprade, las cuales venían de París, enviadas por los Superiores Generales para dirigir el Seminario de las Novicias, como lo habían prome­tido ya hacía tiempo y sólo esperaron a que las Hermanas de México se hubieran puesto la corneta. Sor Aurelia fue nombrada segunda Directora del Noviciado y Asistenta de la Visitadora.

     Guanajuato y Silao.‑ También aquí el excesivo trabajo y las enfermedades de los soldados produjeron muchos padecimientos a las Hermanas y de ellas una víctima, que fue Sor Jacoba Vega y Vega y que murió en 16 de noviembre de 1860, atacada del contagio ­de la fiebre.

     Monterrey ‑ Sor Concepción Oronoz, Superiora de Monte­rrey se agravó en 1860 y fue preciso pasarla a México y quedó en su lugar Sor María Luisa Rubio.

     Saltillo ‑ En el mes de julio, habiéndose agravado notablemente la enfermedad de los ojos, que por espacio de cuatro años, ha sufrido Sor María Dolores Inclán, unido a otros varios achaques que padecía, juzgamos conveniente el Sr. Serreta y yo que pasase a Saltillo».

Sor Concepción Jiménez, de Saltillo, se vio precisada con otra Hermana a salir a buscar limosnas.

Salieron de México para la fundación de Saltillo Sor Ma­ría Fuentes, Sor Adelaida, Sor Jesús González y Sor Salomé Garza.

     Puebla ‑ Fundación del Hospicio. Hacia fines de 1860 se encargaron las Hermanas del Hospicio, siendo destinadas Sor Mel­chora Iriarte, Superiora, Sor Isidra Casado, Sor Francisca Maldo­nado y Sor María de la Luz Guillén.

     Ley de expulsión. El artículo 20 de la sección 1ª de ­las leyes de 14 de diciembre de 1874, expulsaba a las Hijas de la Caridad de la República mexicana. Fue aprobado este artículo por 113 votos contra 57, siendo presidente de la República D. Sebas­tián Lerdo de Tejada.

Cuando fueron expulsadas las Hermanas había en la República mexicana el número siguiente: mejicanas, 355;

Españolas   25

Francesas,  29;

Irlandesas,   1;

Total        410.

Cateo de la Casa Central de las Hermanas de México

Denunciaron al Gobierno que las Hermanas poseían una ­fuerte suma de dinero y alhajas pertenecientes a las Religiosas ­Concepcionistas y el Gobierno mandó catear la casa. Se verificó el 18 de febrero de 1861, descubriendo en un sepulcro del campo santo cuarenta y un mil pesos y algunos objetos de valor. El Ministro francés Saligni se opuso al cateo fuertemente. Hubo gran­des disgustos entre Saligni y el Gobierno de México y de aquí tuvo origen la persecución a las Hermanas de la Caridad. La Visitadora era Sor Agustina Inza. En 18 de febrero fue el juez 7º de lo civil, al medio día, a casa de las Hermanas, para sacar del aposento donde se hallaban los objetos encontrados la noche anterior y depositarlos como convenía, pero Saligni cubriendo con su cuerpo la entrada de la pieza donde se encontraban los objetos, se opuso a que el juez cumpliese su cometido. El juez se retiró para evitar un conflicto y Saligni, no sólo impidió la acción ejecutiva del juez, sino que rompiendo los sellos que amparaban el depósito llevóse éste a su casa. Saligni fue considerado co­mo muy imprudente. El 12 de marzo invadieron los soldados la Casa Central de México, buscando tesoros y abrieron la sepultura de Sor Con­cepción Arbe, muerta en 1857.

Sucesos de 1861

El Sr. Gobernador de México mandó que viniera de Puebla Sor Melchora Iriarte, para el arreglo de la nueva fundación, pues había presenciado en la casa de locas, la disposición y la actividad de esta Hermana, para mejorar aquel establecimiento.

El Visitador de México, Sr. Sanz, salió para París el 2 de abril de 1861, acompañado del P. Salmerón, confesor de la mayor parte de las Hermanas de la Ciudad de México, y de Sor Claudia Guerra, que iba a sustituir en Puebla a Sor Melchora Iriarte.

El 29 de abril de 1861 llegaron a México, venidas de París seis Hermanas francesas que habían pedido los de Guadalajara para sus Establecimientos. Fueron las siguientes:

Sor Teresa Zaillepud,

Sor Rosa Coinchón,

Sor Agustina Frivat,

Sor Paulina Anzis,

Sor Magdalena Vallat y

Sor Isabel Soler.

Esta última ocupó el lugar de Subdirectora del Seminario Interno que había quedado vacante por la muerte de Sor Amelia Laprade. Las demás se fueron a su destino con Sor Luisa Iglesias, el 6 de mayos.

A la llegada de las francesas, era Superiora del Hospital de S. Pablo, en la Ciudad de México, Sor Micaela Ayanz, y del de S. Andrés Sor Juana Antía.

Un suceso algo desagradable sucedió por entonces en el manicomio de la Ciudad de México y fue que una loca golpeó a Sor Teresa Gorostide. Las loqueras, a su vez, golpearon a la loca, pero ésta que no lo debía estar siempre, elevó por escrito sus quejas ­al Sr. Gobernador.

Las Hijas de la Caridad francesas en México

Carta del P. Doumerg al P. General.

Veracruz, 14 de setiembre de 1862

Nuestro viaje ha sido feliz hasta Veracruz… Llegamos a Veracruz el 4 de setiembre, cuarenta y cinco días después de salir de Cherburgo.

Nuestros primeros cuidados han sido informarnos si habían llegado las Hermanas, que han de venir de La Habana, y nos dicen que no… Se las espera a fin de mes… No sé si podré estar a su llegada e instalación en el Hospital de Marina. Esperamos al General Forey de un día para otro y apenas haya desembarcado y formado un cuerpo de mil hombres, partirá para Orizaba, llevando consigo a nuestras Hermanas y a dos de nosotros. Iría él con el Sr. Cardellac

Carta de Sor Renault a la Madre General, Sor Monteiller.

Orizaba, 19 de noviembre de 1862.

Refiere el viaje relativamente feliz, terminado en Méxi­co a los cuatro meses justos de su salida de París, el 19 de ju­lio, fiesta de S. Vicente.

Imaginaos un hermoso ómnibus de doce asientos en el interior, ocupado por vuestras Hijas y tres asientos adelante para los Señores Doumerg, Cardellac y un capellán del cuerpo militar. Nuestro carruaje iba escoltado por veinticuatro zuavos, ocho de ­cada lado, los otros detrás.

Pondera lo bien que los trataron. Ya cuidaban de los cuatro Hospitales militares.

Carta del P. Doumerg al P. General

Orizaba, 28 de noviembre de 1862

Da la noticia de su llegada a Orizaba con el diario de viaje de las Hermanas acompañadas de él y del P. Cardellac. Hace grandes ponderaciones de los zuavos, con quienes caminan. Las Hermanas y ellos van en una magnífica ambulancia que había adquirido el ejército español en Nueva York para la expedición militar y que, al retirarse el General Prim, se la cedió a los franceses. ­No han tenido novedad y en Orizaba atienden las Hermanas a cuatro Hospitales militares.

Estado de las Hijas de la Caridad francesas en México. 1870

En el año de la expulsión había en México: 350 Hijas de la Caridad. De ellas, 300 eran mexicanas y había 33 fundaciones.

En el Seminario había constantemente de 20 a 30 seminaristas.

El Sr. Learreta escribía ya en 26 de julio de 1866, desde México al Sr. Perboyre: «Nada puede moderar el liberalismo de estos pretendidos liberales y se mofan de nuestros derechos de protegidos franceses».

Las Hijas de la Caridad francesas en México, 1872

Carta de Sor Ville, Visitadora de México al P. General.

México 1º de marzo de 1872.

El 15 de noviembre de 1844 Sor Agustina Inzá vino de España a México con diez compañe­ras. Tenemos el consuelo de ver vivas a tres de ellas. Ellas y la Visitadora han trabajado afanosa­mente y sufrido pacientemente para implantar en este país la obra de Dios. Pues hemos de reconocer que ellas sembraron con lágrimas y regado con sudores los frutos que ahora nosotras recogemos.

Cuando la santa obediencia me llamó a México en 1864 había en la Provincia 18 casas y cerca de doscientas Hermanas. Apro­vecho la ocasión de deciros, muy Rvdo. Padre, esto que se refiere a mi antecesora, lo muy útil que me fue su ayuda, el piadoso afecto que yo la tenía y la pena que me causó su muerte, en 1868…

México cuenta ahora con 20 seminaristas y cerca de 400 Hermanas repartidas en 37 estableci­mientos. Hermanas españolas 24, de ellas diez superioras; 26 francesas, de ellas, 13 superioras; una irlandesa y todas las demás mexicanas; de ellas 14 superioras.

Humanamente hablando estas Hermanas pertenecen a cuatro diferentes naciones y si en tiempos pasados el espíritu de nacionalidad quiso un momento turbar el espíritu de familia había motivos de excusa en aquellas circunstancias. Al presente, gracias sobre todo a la prudencia y al espíritu de conciliación del Sr. Masnou, estas sombras han desaparecido…»

Sor Lozano, Ecónoma de la Provincia, ha ido a instalar a la Hermanas en Morelia… Que han ido de triunfo en triunfo, de población en población, igual que cuando entraron a la fundación de México.

Las Hijas de la Caridad Francesas expulsadas de México. 1874

No descendemos (en la Habana), pero nuestras Hermanas españolas, que tienen en esta ciudad muchos establecimientos, vienen a visitarnos con mucha cordialidad. No son en numero suficiente para el trabajo de sus casas y esperaban reclutar algunas de las viajeras. Comprenderá V., Padre General, por qué éstas no podían satisfacer a sus deseos.

Dejamos, sin embargo, en la Habana a la respetable M. Boquet y a nuestra buena Sor María Josefa Ramos, fundadora (de México), a quien su edad y sus enfermedades, hacían insoportables las fatigas de un largo viaje y los fríos de Europa. En cambio dos de nuestras Hermanas habanesas, autorizadas previamente por la Madre General, se unieron a nuestra colonia.

La primera expedición llegó a Sant Nazaire, el 15 de febrero (1875), acompañada del Sr. Campos, y la 2ª, el 15 de marzo, con el Sr. Pascual.

De las 203 Hermanas, expulsadas de México, que llegaron a Francia, 24 vinieron a España, (supongo que a la provincia francesa). Veinte quedaron en la Casa Madre de París, y las demás fue­ron repartidas en otras casas de Francia.

Entre las Hermanas españolas fundadoras de México habían muerto allí: Sor Agustina Inzá, Sor Concepción Oronoz, Sor Gregoria Reta, Sor Magdalena Latiegui, Sor Inés Cabré y Sor Martina Elía.

Vivían: Sor Luisa Merladet, Sor María Josefa Ramos, Sor Josefa Suárez, Sor Micaela Ayanz y Sor Juana Antía.

Algunas, como era natural, volvieron a España a ponerse ­toca que antes llevaron. Entre éstas se recuerda a Sor Francisca N. vascongada que por no venir con corneta se puso un pañuelo a la  cabeza.

          «Las Hermanas de la Caridad a los mexicanos».‑ Opúsculo escrito por un católico.‑ Propiedad del editor. México. Imprenta Políglota.‑ Calle de Santa Clara, esquina ‑ 1874.

Este opúsculo impreso pone en boca de las Hermanas una lamentación romántica y patética por su expulsión. Trata de defenderlas de las acusaciones; acerca de sus capellanes; acerca de acumular donativos pingües; de enviar a Francia lo que recibían de caridad para los establecimien­tos y de ser una Comunidad francesa. En boca de las Hermanas resulta un tanto fanfarrón y de estilo poco delicado. Consta de 32 páginas.

«Manifestación de los obreros de Puebla». Os aleja de la playa mexicana la iniquidad. Frías y tristes quedan nuestras moradas, como el techo que ha dejado de abrigar el amor maternal. Quedan abandonados nuestros Hospitales y Asilos, como los templos, donde no se oyen los sagrados cánticos, donde las lámparas no lucen ya.

A manos mercenarias quedan entregados nuestros enfermos; expuestos nuestros Hijos al soplo pestilente de escuelas anticatólicas; privadas nuestras hijas de vuestros piadosos conse­jos y vuestra tierna vigilancia y el niño, abandonado por sus padres sin entrañas, ha perdido la madre que la Caridad les dio….

Servicios prestados por las Hermanas de México durante la Guerra

Para completar el cuadro que acaba de trazarse, agréguese que éstas mismas Hijas de la Caridad marcharon al campo de batalla sin temor alguno, siendo, sin distinción de partido, las cariñosas enfermeras de los pobres heridos, y dejaron bien sentada en la República la fama de su Caridad, cuando, en nuestras guerras fratricidas se presentaron en las refriegas de Saltillo y Monterrey, en la toma de Puebla y en el sitio de Querétaro. Así es como convirtieron sus casas en hospitales de sangre en los infaustos días de las perturbaciones políticas.

Las Hijas de María en México

En febrero de 1875 se cumplió el fatal decreto de la expulsión de las Hijas de la Caridad de México. El único encargo que hacemos a V. Padre, decían ellas al marcharse, es que no abandone a nuestras queridas Hijas de María. Cuídelas. Ejerza su celo en favor de ellas. Supla V. con su caridad y vigilancia nuestra ausencia».

Los sufrimientos, el llanto de las Hijas de María en aquellos tristes días no es fácil de explicar, pero bien se comprende; no encontraban consuelo. La asociación había comenzado el 15 de diciembre de 1861 en la Casa Central de las Hijas de la Caridad, siendo su primer director espiritual el P. Antonio Learre­ta, que admitió como primeras Hijas de María a las niñas más ejemplares del Establecimiento, a 36 aspirantes, asistiendo al acto ­Sor Agustina Inzá, Visitadora, Sor Julia Fagoaga, Superiora del Colegio y otras Hijas de la Caridad. Poco a poco esta asociación se fue extendiendo por las otras casas de las Hijas de la Caridad de modo que pronto arraigó en todos los Estados de la República. Tomada esta obra bajo la protección del Sr. Arzobispo de México, favorecida por la Santa Sede con especiales privilegios y bajo la dirección de los Padres Paúles, ha ido en aumento de año en año. En 1897 eran 2477 las Hijas de María, distribuidas en 353 asociaciones. En 1911 se habían erigido 92 asociaciones más y las socias llegaban a 31.233.

Esta Congregación de Hijas de María mexicanas, tiene un carácter suyo muy particular. Sin dejar de atender a la vida de piedad y de propia santificación, atiende con mucha amplitud al apostolado de la fe y de la caridad entre el pobre pueblo. Las obras de beneficencia son innumera­bles. Bien se puede decir que ellas han heredado el espíritu de S. Vicente y de sus Hijas en la noble tierra mexicana.

     [1] Publicado en el Diario Nacional, 04.04.1844. Biblioteca Nacional. Madrid.

     [2] ANALES FRANCESES, T. 11. pág. 30

     [3] Magín Armengol, nació en Vilasa de Dalt, Barcelona. Ingresó en la C.M. en México, 24.04.1853, profesando el 01.05.1855. Abandonó la C.M. n Julio de 1856.

     [4] ANALES FRANCESES, o,c., pág. 274.

3 Comments on “Hijas de la Caridad: Fundación en México (4)”

  1. Agradecería me proporcionaran, si es posible, más información sobre la fundación que hicieron las hermanas de la Caridad en Monterrey, toda vez que estoy realizando una investigación como parte de un proyecto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (del cual soy investigador), a su vez, y si lo desean, he recuperado algunas informaciones de las hermanas en la dicha ciudad de Monterrey, y que puedo enviarles. Quedo al pendiente de sus comentarios, Muchas gracias.

  2. hola quiero conocer mas acerca de ustedes, estoy escribiendo mi tesis basándome en la congregación y quisiera aclarar unas cosas

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