Hijas de la Caridad: fundación en Filipinas (3)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la Caridad1 Comment

CREDITS
Author: .
Estimated Reading Time:

logo-hhcSumario: 1.- Hospital de San Juan de Dios. Manila. 2.- Sor Francisca Villanueva. 3.- Escuela Normal y Colegio de Santa Isabel. Nueva Cáceres. 4.- Sor Francisca de Sales Montoya . 5.- Colegio de San José. Jaro. 6.- Hospital de Marina. Cavite. 7.- Escuelas y Hospital de San Juan de Dios. Cavite. 8.- Elogio de Sor Antonia Barniol. 9.- Casa de San Vicente de Paúl. Looban-Manila. 10.- Colegio de la Inmaculada Concepción. Cebú. 11.- Escuela Católica de la Ermita. Manila. 12.- Colegio del Sagrado Corazón. Ilo-Ilo. 13.- Colegio de la Milagrosa. Calbayoc. 14.- Escuelas del Sagrado Corazón. Nagarlan. 15.- Asilo de la Beata Luisa de Marillac. Malo. Ilo-Ilo. 16.- Hospital de Zamboanga. Mindanao. 17.- Escuela de Silang. Cavite.

      1.- Hospital de San Juan de Dios, Manila. Por un decreto del Gobernador General de Filipinas se confió este Hospital a las Hermanas en abril de 1868. Pero no pudieron tomar posesión de él hasta 1869.

Al principio fueron solas dos Hermanas las que tomaron sobre sí el peso de aquellos  servicios a los pobres enfermos. Allí mostró sus extraordinarias dotes Sor Francisca Villanueva, durante cerca de treinta años.

Es indecible lo que trabajaron las Hermanas por sostener el Hospital ya en medio de las ruinas del espantoso terremoto de 1880, ya en los cambios de dominación política. El número de enfermos ha llegado a veces a trescientos. El de las Hermanas fue aumentando hasta llegar a veintiocho.

Además del cuidado de los enfermos, fue confiada a las Hermanas la botica con notable economía del establecimiento, para ello fueron exprofeso de España cuatro Hijas de la Caridad en 1894.

Actualmente tiene un promedio de 218 enfermos diarios, de los cuales 146 son pobres y 90 pensionistas. Como anejo de la Universidad de Santo Tomás está la Facultad de Medicina y Escuela de Enfermeras con matrícula de unas 160 alumnas.

Forman la Comunidad 32 Hermanas y tienen como auxiliares a las citadas enfermeras. Dos de las Hermanas son del Claustro de Profesores, con su título correspondiente. De la importancia de este Hospital da idea el número de Asistencias durante el último año, que fueron 7.494.

Han sido Superioras:

Sor Francisca Villanueva                        1869

Sor Micaela Amondarain                       1899

Sor Petra Pérez

Sor Martina García,                   1906

Sor Concepción Casanova,        1928.

Sor Francisca Villanueva nació en Lizoain, Navarra, el día 2 de noviembre de 1828. Entró en la Congregación el 18 de noviembre de 1854. Fue su primer destino el Asilo- Hospicio de Irún. Se ofreció para la primera expedición a Filipinas, en cuyo Hospital Militar estuvo hasta la improvisación de varios Hospitales, a causa del terremoto. Fue Sor Francisca una de las que más se sacrificaron en aquella ocasión, pues sin descansar lo más mínimo corría de una a otra parte, prodigando a todos los socorros materiales y los consuelos espirituales que necesitaban. Varias veces vio en peligro su vida, ora en derrumbamiento del Hospital Militar, ora en la epidemia que siguió al terremoto, pero lejos de amedrentarla estos percances, de ellos sacaba alientos para consagrarse con más fervor al servicio de los pobres enfermos.

Cuando a principios de 1869, confió la Junta Administradora el Hospital de san Juan de Dios a las Hermanas, fue nombrada Superiora Sor Francisca, quien en compañía de Sor Antonia Barniol, tomó posesión del establecimiento en el mismo año. Sor Francisca que conocía la situación precaria del Hospital, se echó a pedir limosna por todas partes para sus enfermos, hallando muchos corazones generosos sobre todo en la alta sociedad de Manila, en la que tenía no pocas influencias. Gracias a estas continuas limosnas ayudó a la Junta para que no decayera lo más mínimo el Hospital, en su labor caritativa. A ella se debió la reconstrucción y adorno de la Capilla, buscando limosna de todas partes.

Cuando parece que todo marchaba ya bien y que podía descansar del fruto de sus desvelos en favor de los pobres, el terrible terremoto de 1880 destruyó toda su obra y Sor Francisca, sin desalentarse vuelve a recorrer el mismo camino de preocupaciones para la reconstrucción y a busca el socorro de los pudientes en favor de los necesitados.

Los pobres eran su única obsesión y su gozo el servirles personalmente. Basta decir como prueba de su actividad, que ordinariamente subía y bajaba las escaleras, aun siendo anciana, cuarenta o cincuenta veces al día. No han faltado Hermanas que las contaron mas de una vez. Siempre iba con el delantal blanco puesto y con él recibía a las visitas, quedando los que no la conocían admirados de ver a una superiora tan nombrada, siempre con el vestido de servicio y a veces hasta con las manos ocupadas. Los que frecuentaban el Hospital no se extrañaban de ello, pues era pública la vida de continua actividad y sacrificio que llevaba Sor Francisca.

Hallaba especial gusto en dedicarse a los oficios más repugnantes, viéndosela con frecuencia limpiar escupideras y otros vasos, quitándoselos siempre que podía de las manos a los mismos sirvientes; gran motivo para despertar la diligencia de éstos. Sus visitas más frecuentes y detenidas eran a los enfermos más repugnantes y que por lo mismo, ni suelen ser tan gustosamente asistidos como otros, siendo su favorita la sala de las mujeres, en donde, lo regular, había más necesidades y miserias.

Traslucíase en ella una humildad profunda, la cual hacíala vivir siempre oculta. Y si alguna vez se manifestaba, era únicamente cuando el bien de los pobres se ponía por medio. Con sus Hermanas considerábase la última y era muy frecuente  verla postrada ante alguna de ellas, cuando creía haberla faltado en lo más mínimo, aún sin ella pensarlo. Su mortificación llenaba de extrañeza edificante  a las más fervorosas Hermanas.

En la comida era parquísima y jamás quiso la más mínima excepción, aún en sus enfermedades. En cambio no podía ver el más insignificante malestar de sus compañeras sin atenderlas, dándolas cuanto necesitasen, aunque fuera costoso. En el sueño no podía ser más parca, pues a más de pasar la mayor parte de la noche velando a los enfermos, de lo cual jamás ni aún en su vejez quiso dispensarse, ordinariamente no se acostaba hasta las diez y las once, después de haber hecho la ordinaria visita general a los enfermos, estando siempre en pie a las cuatro de la mañana. Jamás usó del abanico y de otras comodidades lícitas y hasta necesarias en el país. Y por más disgustos y trabajos que tuviera, veíasela imperturbable siempre y con la dulce sonrisa en los labios, siendo en la recreación la que alegraba a todas con sus chistes y anécdotas alegres y edificantes, que a veces eran de cosas que la habían sucedido a ella.

Murió santamente el 3 de diciembre de 1897 a los 69 año de edad, 43 de vocación y 35 de estancia en Filipinas.

3.- Escuela Normal y Colegio de Santa Isabel. Nueva Cáceres. En 10 de abril de 1868 llegaban a Nueva Cáceres las seis primeras Hermanas, y el 12 del mismo mes, se instalaba en la Casa Parroquial, abriendo interinamente en ella las clases del nuevo Colegio, hasta que se construyera el edificio propio, que se inauguró el 18 de septiembre de 1872.

En aquel mismo año se expidió un Real decreto concediendo al Colegio la facultad de conferir título de maestras. El número de las alumnas normalistas oscilaba al año entre 50 y 70. Aumentóse con este fin la Comunidad con otras dos Hermanas. En los 23 años que regentaron esta Escuela Normal las Hijas de la Caridad salieron de ella trescientas cincuenta maestras titulares.

Además de las normalistas, había en el colegio 150 niñas internas y 100 externas, unas y otras pensionistas. Tenían también las Hermanas una escuela pública gratuíta costeada por el Ayuntamiento. Llegaron a matricularse en ella hasta 170 niñas. El cambio político y los trastornos de la revolución disminuyeron notablemente la vida del colegio, pero actualmente tiene 140 internas, 600 externas, mas 150 niños de primaria e interme­dia.

Pasan de 4000 las niñas educadas en el Colegio y muy cerca de 2000 las de la escuela externa. Las Hermanas son diez y siete. Superioras han sido:

Sor Francisca Sales Montoya,    1868

Sor Celestina Arroniz,                1883

Sor Celestina Pérez

Sor Saturnina Escalona,              1893

Sor Josefa Gurbindo,                 1909

Sor Dolores

Sor Fructuosa Navarro

Sor Pilar Juliá.

4.- Sor Francisca Sales Montoya era natural de Madrid, donde nació en 27 de enero de 1823. Entró en la Congregación de 15 de mayo de 1844. Era de muy distinguida familia, por lo cual había tenido una esmerada formación intelectual y moral, que se traslucía hasta en su porte exterior. Sor Tiburcia pidió a los Superiores una Hermana de bastante disposición que pudiera estar al frente del Colegio de Santa Isabel. En atención a esto, los Superiores de España enviaron a Sor Francisca al frente de la tercera misión de Hermanas que llegó a Filipinas en abril de 1865. Dos años estuvo encargada de dicho Colegio, organizando felizmente su marcha.

Incansable el Ilmo. Sr. Gaínza por el bien de la juventud, había proyectado levantar  en Nueva Cáceres un Colegio de Niñas, que superara a los de Manila y con facultad para ser a la vez Escuela Normal de Maestras. Todo le salió según sus deseos, consiguiendo cuanto quiso de la reina Isabel II y de su Gobierno. En su consecuencia confió el nuevo Colegio y proyectada Escuela Normal de Maestras a las Hijas de la Caridad y Sor Francisca Sales fue nombrada Superiora, como la más apropósito para organizar la primera escuela Normal de Maestras en Filipinas, ya que había visto el funcionamiento de otras en España y estaba dotada de excepcionales dotes para esta clase de instituciones.

Llegó a Nueva Cáceres al frente de seis hermanas, el 10 de abril de 1868, y dos días después, hacíase cargo del primitivo Colegio Escuela establecido en la misma Casa Parroquial. Sor Sales, en unión del Ilmo. Sr. Gaínza y del Sr. Santonja, trabajó lo indecible en la creación del nuevo edificio, en que se había de instalar el Colegio y la Escuela Normal, viéndose terminado e inaugurado en septiembre de 1872. Ya en marzo de ese mismo año se había expedido el decreto, prometido hacía cinco años al Ilmo. Sr. Gaínza, concediendo la facultad de conferir títulos de Maestras al Colegio de Santa Isabel, de Nueva Cáceres.

La prudencia y ameno trato de Sor Sales, su bondad natural, así como su esmerada educación hacíanla ser querida y venerada en toda la región vicola, lo mismo del Sr. Obispo y demás Autoridades que del pueblo en general. Unos quince años estuvo en Cáceres, durante los cuales, puso a gran altura el Colegio y Escuela Normal. Su salud un tanto delicada resintióse notablemente en los dos últimos años de su estancia en Nueva Cáceres, lo que movió a los Superiores a relevarla del puesto, trayéndola a Manila, a principios de 1884. Cerca de un año pasó en el Colegio de la Concordia, yendo cada día de mal en peor. Trataron los Superiores de mandarla a España, accediendo a sus deseos, aunque después se arrepintió de haberlo pedido por temor de morir en el viaje. Así sucedió, en efecto, pues antes de llegar a Singapur, entregó su alma a Dios el 1º de febrero de 1885, a los 62 años de edad, 41 de vocación y 20 de permanencia en Filipinas.

5.- Colegio de San José. Jaro. En 1º de mayo de 1872 abrieron las Hermanas de Iloilo este Colegio, pero tuvieron que cerrarle en 1877 por falta de recursos. El Ilmo. Sr Obispo de Jaro, no permitió que las Hijas de la Caridad salieran de su Diócesis y les encargó de la escuela municipal de Jaro. Comenzaron con un externado muy numeroso, pero desde 1881 se admitieron internas y medio internas a petición de muchas familias, lo que obligó a ensanchar el edificio.

Al principio no eran más que cuatro Hermanas, quienes tenían que soportar la carga pesadísima, con el agravante de que, siendo muy pocas las niñas que sabían castellano, tenían las Hermanas que aprender el visaya.

En 1892 se pensó en edificar un colegio de nueva planta bien acondicionado y propio de las Hermanas; y después de indecibles afanes por parte del P. Viera y de la Superiora Sor Juana Goitia, se pudo inaugurar en 1896, día de San José, a quien fue dedicado. Por su situación y anchura era uno de los mejores de Filipinas. Se le dio la misma organiza­ción que al de Manila, acudiendo a él niñas, internas y medio internas, pensionistas y agraciadas. Las internas llegaron a 150 y a 60 las externas. Al inaugurarse este Colegio, fuera de la Capital, continuó en esta la escuela municipal, a la que acudían unas cien niñas.

También en Iloilo era necesario abrir una escuela, en favor principalmente de la clase menesterosa, aunque se admitieron además niñas que pagaban una reducida cuota mensual. Púsose así mismo escuela de párvulos. En las tres secciones llegaron a 250 alumnas. Al principio eran sólo dos las Hermanas que regentaban esta escuela  de Iloilo, ayudadas de dos niñas mayores del Colegio, y tenían que ir y venir todos los días desde Jaro, o sea tres kilómetros de distancia. Actualmente tiene este colegio de San José 875 alumnas y una Comunidad de 15 Hermanas.

Superioras de esta enseñanza han sido:

Sor Josefa Núñez,                      1872

Sor Saturnina Ecalona,               1876

Sor Cristina Brach

Sor Josefa Casadevall,               1882

Sor Juana Goitia

Sor Eleuteria Aspiazu

Sor Bernardina Aramburu

Sor Faustina Pallás,                    1908.

6.- Hospital de Marina de Cavite. En 1876 tomaron las Hermanas posesión de este Hospital recién construído en una hermosa explanada, junto al mar, denominada Cañacao. Diez fueron las Hermanas encargadas del establecimiento en el que solía haber unos doscientos enfermos, si bien durante la guerra, entre enfermos de mar y tierra, llegaron a cuatrocientos.

Duró este hospital hasta el fin de la dominación española en las Islas. Fueron Superioras:

Sor Josefa Casadevall,               1876

Sor Aquilina Vega

Sor Josefa Barquín

Sor Gregoria Martínez

Una página de gloria y de sacrificio escribieron las Hijas de la Caridad de este Hospital, cuando el ataque de los americanos a Manila.

A las cinco de la mañana del 1º de mayo de 1898 empezó el fuego enemigo contra las baterías de Cavite y los barcos españoles surtos en el puerto.

A las pocas horas el hospital rebosaba de soldados heridos y destruídos fácilmente nuestros viejos barcos, se rindió la plaza. Por no exponerse a un desaire los jefes españoles no quisieron tratar personalmente con el Almirante americano y pidieron a las Hermanas fueran a entrevistarse con él para la evacuación a Manila de cuatrocientos de aquellos soldados nuestros enfermos. No sólo accedió el Almirante a la petición  de las Hermanas sino que puso a su disposición un transporte, y en dos viajes los trasladaron a la capital, instalándose primero en el Colegio de la Concordia y poco después en el Conven­to de Guadalupe, a cuatro kilómetros de Manila.

En el mes que allí estuvieron, tuvieron que sufrir no poco, así los enfermos como sus inseparables Hermanas, a causa de los encerrasteis, lo que les obligó a emprender otra evacuación al Colegio de Santa Isabel.

7.- Escuela y Hospital de San Juan de Dios. Cavite. Tres Hermanas se encargaron de este Hospital  en 1885. Mas como los enfermos eran pocos, pronto se abrió una escuela aneja en favor de las niñas de la población, y se inauguró bajo la advocación de la Sagrada Familia, en 1890. No tardó la escuela en convertirse en Colegio, del que salieron bastantes niñas con título de maestras. Las alumnas llegaron a 150 con algunas internas.

Cerróse el Colegio en 1898, al entrar los americanos, pero a petición del vecindario se volvió a abrir en 1902, como escuela católica, con cuatro Hijas de la Caridad. Asistían a sus clases de 100 a 150 niñas. La mayor parte de la clase humilde y jornaleros del arsenal. Cerróse definitivamente la escuela en 1911.

Fueron sus superioras

Sor Gaspara Melchora

Sor Gregoria Martínez

8.- Sor Antonia Barniol. Nació en Sant Boi, Barcelona, el 19 de febrero de 1834. Entró en la Congregación el 15 de octubre de 1855. Llegó a Filipinas con la primera misión de Hermanas. Pasó los primeros años en el Hospital Militar y en los Hospitales ambulantes, que se improvisaron cuando el terremoto y durante las epidemias. En 1869 fue con Sor Francisca Villanueva al Hospital de San Juan de Dios, donde pasó el resto de sus días. La vida que allí llevó durante veinte años fue la de una santa. Así nos atrevemos a calificarla ante los admirables ejemplos en virtud y anécdotas edificantes que hemos oído a las hermanas que vivieron con ella. En nada se distinguía de las demás Hermanas de la Comunidad, pero bien considerada su virtud, era una de esas almas grandes y superiores a sí mismas.

Entre sus muchas virtudes, sobresalía en ella una admirable igualdad de ánimo, no siendo capaces de alterar en lo más mínimo  su espíritu, ni las contrariedades ni las molestias que le venían  de sus semejantes, ni las pruebas a que Dios le sujetó.

Sentía un cariño tal a los pobres enfermos que los días y las noches los empleaba en su servicio, sin muestra de cansancio, viéndosela con especialidad a la cabecera de los más miserables y repugnantes. Su mortificación corporal excedía los límites de lo ordinario en las personas virtuosas. Baste decir, entre otras cosas, que durante varios años le aquejó una molesta enfermedad en una pierna, la cual sufrió sin decir nada a nadie, pues no lo daba importancia alguna, y sin dejar por eso de servir a los enfermos. Sólo se dió a conocer cuando ya no pudo andar más, declarándosela de un modo alarmante, en los últimos meses la terrible gangrena que, hacía tiempo, había dejado sentir sus efectos en la pierna. Apenas estuvo un mes en cama, muriendo al poco tiempo con la alegría de un alma bienaventurada. Murió el 28 de mayo de 1882, a los 48 años de edad, 26 de vocación y 20 en Filipinas. Se refieren de dicha Hermana varios hechos que parecen milagrosos y que hemos oído contar a varias Hermanas compañeras suyas, lo cual no tendría nada de particular, pues murió en olor de santidad.

9.- Casa de San Vicente de Paúl, Looban.  Manila. Fue fundado este Establecimiento por una Hija de la Caridad filipina, Sor Asunción Ventura, que no contenta con entregar su persona al servicio de los pobres, les entregó también sus bienes.

Inuaguróse la casa el 26 de julio de 1885, con cinco Hermanas. Su fin era dar asilo a niñas necesitadas y desde el principio pudieron acogerse 46. Al correr de los años el edificio se ha ido agrandando y al presente hay 121 internas agraciadas, 54 pupilas y 15 externas. Forman la Comunidad 14 Hermanas. Se cursa en este casa la enseñanza primaria e intermedia. Han sido Superioras:

Sor Vicenta Mateu,                    1885

Sor Saturnina Escalona

Sor María Ocariz,                      1893

Sor Modesta Zubillaga

Sor Teresa Fortuny

10.- Colegio de la Inmaculada Concepción. Cebú. Tuvo principio en 1880 con el Instituto de las Hermanitas de la Madre de Dios, fundado por el P. Lacanal, y fueron a él las Hijas de la Caridad en 1895, en que las dichas Hermanitas se unieron a ellas. Fueron fundadoras Sor Petra Pérez, Sor Teresa Miguel, Sor María Maestu y Sor Bernardina Aramburu.

Actualmente tiene 135 niñas internas de pago y 25 gratuítas; 240 externas de pago y 75 gratuítas. Hay además un colegio de niños, con internado de 60 y externado de ciento. En la Escuela Católica hubo sesenta niñas. En el mismo edificio existe un departamento con 122 niñas asiladas y diez ancianas.

Esta multitud de 814 personas está al cuidado de 24 Hermanas que forman la Comunidad. El colegio posee además una imprenta al cuidado de las Hermanas. Se dan en él los tres grados de la enseñanza. Han sido Superioras:

Sor Petra Pérez,                         1895

Sor Teresa Miguel,         1898

Sor Concepción Almenara

Sor Francisca de Toro

Grandiosa en verdad y de incalculables beneficios para el pueblo cebuano es la obra civilizadora y santa empezada por las Hermanitas y perfeccionada por las Hijas de la Caridad, con el Colegio, Asilo, Escuela Externa, Asilo de Párvulos y pequeño Hospital.

Alma de todas estas obras fue la venerable Superiora, digna Hija de San Vicente, verdadera madre de los pobres, querida y venerada por todas clases sociales, no solo de la ciudad de Cebú, sino también de toda la región Visaya, Sor Teresa Miguel, una de las fundadoras y superiora desde 1898.

11.- Escuela Católica de la Ermita. Manila. Fue fundada por el P. Suárez, jesuíta, párroco de aquel distrito en los arrabales de Manila. Desde la apertura en 1901, hasta 1904 estuvo regentada por dos Hermanas del Asilo de Loobán, quienes iban y venían todos los días a la clase. Fueron las primeras maestras Sor Elena Font y Sor Josefa Hernández. Llegaron a tener hasta 150 alumnas, casi todas gratis, sostenidas por las Señoras de las Conferencias.

En 1904 se formó la Comunidad de cuatro Hermanas, quienes abrieron otra clase de párvulos pensionados y una residencia para las niñas que acudían a las clases a las escuelas del Gobierno. Esta residencia se suprimió en 1911.Fueron superioras:

Sor Dolores Graelles,

Sor Faustina Pallás.

Sor Bernardina Aramburu

Sor Josefa Hernández.

Bienes inmensos, sobre todo en el orden espiritual, ha producido esta escuela de la Ermita. Ella ha contribuído eficazmente a reanimar la fe y la piedad, no solo en la juventud, sino también en las familias de aquel arrabal, que frecuentan ya los sacramentos. Ayudan a la Parroquia y celebran con entusiasmo las solemnidades religiosas, contribuyendo a ello con colectas ordinarias y extraordinarias.

12.- Colegio Sagrado Corazón, Iloilo. Comenzó en 1908 con la modesta escuela de niñas pobres, sucursal del Colegio de San José de Jaro. Actualmente es un hermoso Colegio, el más concurrido de la Ciudad, pues tiene 100 niñas internas y 118 externas y además la escuela católica con 260 alumnas. La Comunidad esta formada por 11 Hermanas. Superioras:

Sor Teresa Fortuny, 1918

Sor Fermina Saldaña, 1931

Sor Amparo Gómez.

13.- Colegio de la Milagrosa. Calbayog. El Ilmo. Sr. D. Pablo Singzon de la Anunciación, discípulo de los Paúles en el Seminario de Cebú, y que tuvo dos Hermanas Hijas de la Caridad, fundó este colegio en 1911.

Desde el principio fueron las clases muy concurridas, llegando a 150 las alumnas, casi todas externas. Formaban la Comunidad 4 Hermanas. Desde la muerte del Sr. Obispo fundador, comenzó el colegio a flaquear en su parte económica, teniendo que cerrarse en 1928. Superioras:

Sor Concepción Codinach, 1911

Sor Ventura Casanovas

Sor Josefa Hernandez.

14.- Escuela del Sagrado Corazón de Jesús. Nagcarlan. Fue fundador el celoso párroco P. Juan Asilo. A pesar de la penuria de personal, tomaron posesión de la escuela tres Hermanas en 1915. No obstante la guerra abierta de varios maestros del Gobierno contra ella, la escuela se vio siempre muy concurrida  de niños de ambos sexos.

Las dificultades del personal, cada vez más apremiantes obligaron a los superiores a retirar las Hermanas en 1918, con honda pena del buen párroco, que no perdonó gastos ni fatigas en su sostenimiento. Fueron Superioras:

Sor Victoriana Echavarieta, 1915

Sor Juana Vidal, 1916.

15.- Asilo de la Beata Luisa de Marillac. Molo. Iloilo. Partió la iniciativa de esta fundación de Sor Faustina Pallás, superiora del Colegio de San José de Jaro y comenzó en 1915. Con las limosnas de varias familias fundadoras y el auxilio material y moral de Mons. Dionisio Doherty se logró construir un buen edificio de cemento, en donde están acogidas las Huérfanas de la población, hasta el número de 150.

Forman la Comunidad siete Hermanas. Superioras:

Sor Faustina Pallás, 1914

Sor Marcelina Martín.

16.- Hospital de Zamboanga. Mindanao. Este Hospital llamado del Pilar fue encarga­do al cuidado de las Hermanas en 1915 por el Sr. Obispo de la Diócesis, pero se deshizo en 1920. Superiora:

Sor Victoria Echevarrieta.

17.- Escuela de Silang. Cavite. Se estableció esta escuela para niñas pobres en 1921, en la Casa parroquial, contando únicamente con la generosidad del pueblo y alguna ayuda del Sr. Arzobispo de Manila.

Cesó el entusiasmo, y con él las donaciones, lo que obligo a cerrar la escuela por falta de fondos en 1923.

Esta Casa dependía de la Concordia y servía como sanatorio de las Hermanas delicadas.

One Comment on “Hijas de la Caridad: fundación en Filipinas (3)”

  1. Felicidades por este excelente trabajo pero creo que debo hacer una comunicación.
    El primer médico de la Armada Juan Redondo Godino fue el que se entrevistó con el almirante Dewey y consiguió una embarcación para traslado de heridos y enfermos a Manila. No sin atravesar serias dificultades porque el almirante americano quería dejarlos en Cavite, lugar que Juan Redondo no consideraba seguro. Fue precisa la intervención del cónsul de Inglaterra para que se realizara el traslado a Manila en barco americano, con la promesa de devolverlo una vez acabado el traslado.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *