SUMARIO: 1.- Fundación en la India. Diócesis de Cuttack. 2.- Dificultades y consuelos. 3.- Jóvenes indias aspirantes a Hermanas. 4.- Nueva expedición de las Hijas de la Caridad a la India. 5.- Casas y personas en 1947. 6.- Llegan a España las primeras jóvenes indias aspirantes a Hermanas. Diario del viaje.
1.- Fundación en la India. Hacía varios años que nuestros Misioneros de la India, Diócesis de Cuttack, Provincia de Orissa, pedían con urgencia el envío de Hijas de la Caridad[1] «Cuánto necesitamos una casita de ellas, decía uno de los Misioneros… Un asilo dirigido por Hijas de la Caridad en estas montañas para niñas es completamente indispensable para nuestra obra. Apenas habrá hogares verdaderamente cristianos en estas montañas hasta que las niñas reciban la educación conveniente de manos de las Hermanas».
La fundación de Hermanas no pudo realizarse hasta el día 21 de enero de 1940, en que salían de Madrid las cuatro primeras Hijas de la Caridad Españolas con destino a Cuttack. Eran Sor Adelaida Biada, Sor Angelina Beramendi, Sor Paz García y Sor Milagros del Val.
En 11 de febrero del mismo año llegaron a Cuttack y el 13 a Surada, donde se entrevistaron con el Señor Obispo. Un inmenso público salió a recibirlas. En la Iglesia se cantó un Te Deum, en acción de gracias por su feliz llegada. Luego fueron desde Filipinas otras dos Hermanas: Sor Ana Giménez y Sor Magdalena Villanueva. Esta fue la primera que, pocos meses después, voló al cielo desde aquella Misión de la India.
Instaladas primero todas juntas en la Casa Cuna de Gopalpore, pronto salieron tres de ellas para la nueva Casa de San José de Surada, a donde fueron llevadas las chiquitinas, quedando en Gopalpore sólo los niños.
Sor Carmen Montalvo nos hace conocer la vida de aquellas heróicas Misioneras, cuando escribe: «Casi todos los pequeños indios que hay y van llegando a la Casa Cuna, donde a todos se recibe, son desgraciados… Los envían los Misioneros de sus Estaciones. También los traen y dejan sus madres y familiares, y en sus correrías misioneras, las Hermanas los recogen. Como la mayoría son de naturaleza enfermiza y delicada, son pocos los chiquitines que salen adelante yendo a aumentar con frecuencia el número de angelitos en el cielo. Ellos son la alegría de la casa.
Desde las primeras horas de la mañana ya se está pendiente de ellos, para darles el primero de los seis biberones que toman al día. Como tienen que tomarlo todos a la vez lo hacen ellos solitos, tumbaditos en un ´poti´, al rededor de una almohada que les sujeta las botellas cómodamente. A los más chiquitines, las Hermanas y Postulantes se lo dan, teniéndolos en los brazos, y también las dos o tres chicas, indias pobres, que están en la casa y al mismo tiempo sirven de ayuda.
Antes de la segunda toma del biberón, se les baña a todos y se les empolva, con lo que gozan lo indecible. Salen casi todo el día al aire libre. Los de cuna todos juntos, tumbaditos en una especie de cesto grande y apaisado. También se les pasea a todos en un coche grande de cuatro ruedas, que se tiene para ellos.
Los mayorcitos, tres veces al día, toman su ´bhato´, alternando con dos tomas de leche y galletas o alguna otra golosina que saborean con gusto y que piden y reclaman, sobre todo, cuando ven a las Hermanas que bajan al mercado o van de compras a Berhampore.
Son como una docena los mayorcitos que ya van a la escuela de la Misión y estos mismos no faltan todas las mañanitas a misa a la iglesia. Las Nenas con sus velitos blancos, todos descalcitos. Unos se adelantan, otros se rezagan por el camino bordeado también de adelfas floridas. Parecen pollitos. Si algún día no pueden ir a la Iglesia tienen un gran sentimiento. Allí rezan, cantan y hay que verlos, sobre todo, ir a ofrecer flores a la Virgen, en el mes de mayo.
Estos son los niñitos indios de la Casa Cuna de Gopalpore. Qué bonito, alegre e interesante resulta todo esto y hasta poético. Así, así es, pero tiene también su parte prosaica, su parte triste y oscura y no menos interesante. Estos pobrecitos niños carecen de muchas cosas necesarias e imprescindibles.
¿Con qué se sostiene la Casa Cuna? ¿Con qué se alimenta y viste y atiende a estos indios? Contando únicamente con la Divina Providencia, que por medio de almas buenas y generosas las atienden. Unos datos. En Gopalpore había que pensar en levantar un pabellón para instalar a los pequeños, pues la casita de las Hermanas no era suficiente ni reunía condiciones para ello. Se estudió el caso, se planteó. A las obras buenas nunca les faltan obstáculos para su realización. La Casa Cuna las tuvo y las tiene, pero cuando Dios pone su mano, los obstáculos acaban. Uno de los principales, la falta de medios y recursos, lo solucionó el Señor infundiendo en las jóvenes y niñas filipinas del Colegio del Sagrado Corazón de Iloilo, regido por Sor Ana, antes de venir a la India, sentimientos de generosidad y de caridad que unidos a los de amor y gratitud, que hacia ella guardan, dieron por resultado el que, gracias a sus limosnas, pudiera verse levantar y terminar lo que hoy es la Casa Cuna, puesta bajo la protección y advocación del Sagrado Corazón, título, que siendo de lo mejor, es también como prueba de agradecimiento y correspondencia que a las buenas filipinas se ha dado, unificándolo con el que ostentan sus aulas. Desde entonces Sor Ana y Sor Angelina, ángeles visibles junto a las cunitas de los niños, trabajan incansables, sacrificándose hasta el heroísmo. ¿Quién no recuerda la tragedia del ciclón del 16 de noviembre 1942, que casi desmoronó materialmente toda la casa y el pabellón de los niños, teniendo hasta que refugiarse con ellos en casa ajena? y ¿quién no sabe los apuros grandes, durante la guerra, en constante alarma, con órdenes de evacuación y con profundas trincheras en los alrededores de la casa? ¿Quien no sabrá también las noches pasadas en vela, trabajando, haciendo labores, con cuyas pequeñas retribuciones solventaban las necesidades más apremiantes? Y así siete años de inmolación constante, lenta, silenciosa, oscura, incógnita, sufriendo, amando, gozando…[2].
2.‑ Mis mayores dificultades, dice Sor Ana, las he experimentado para instaurar la Casa Cuna y mantener los pobrecitos expósitos, especialmente durante la guerra, cuando se cerraron todas las fronteras y, casi, casi, nos vemos incomunicadas hasta con nuestros mismos Padres y Hermanas dentro de la Misión. Hubo un día en que hasta nos propusieron abandonar la Casa Cuna para estar más libres. Aquel día pasé momentos penosos y desoladores. No sabía qué hacer. Lo consulté con la Virgen y me decidí a seguir en nuestro puesto, costase lo que costase.
Mi mayor pena la sentí, cuando mis ojos contemplaron tanto niño abandonado y no poder atender a todos ellos. Cuando la cruel enfermedad nos privó de Sor Magdalena y con ella de tantas ilusiones como teníamos referentes a la Casa Cuna, sentí el dolor más profundo de mi estancia en la India. Allí, en el Hospital de Berhampore donde murió, Sor Angelina y yo, solas ante el cadáver de nuestra amada Hermana, en un pobrecito cuarto del Hospital a las diez de la noche, lloramos no solamente a la caritativa Hermana que perdíamos, sino también a aquellos niñitos que quizá ya no podríamos cuidar.
¿Mi mayor gozo? Los he tenido muy grandes y se renuevan cada vez que llama a nuestras puertas un angelito, buscando hogar en nuestra Casa Cuna. Lo primero que hacemos es correr a la Iglesia para bautizarlo y ofrecérselo a nuestra Madre. Después de alimentarlo, lo colocamos en blanca y limpia cunita. Los mayorcitos rodean al recién llegado, observando y celebrando con gritos de alegría todos sus movimientos. En estos momentos felices me parece oir el aletear de los ángeles a mi alrededor, tomando parte de la alegría que reina en la casa.
Gozo grande es para mi también poder ofrecer a mi Provincia y a mi querido Noviciado cuatro pimpollos, cuatro aspirantes a Hijas de la Caridad, salidas de la India».
Oigamos a Sor Milagros: «Mi mayor dificultad es la formación de las niñas, por estar mezcladas de todas las edades y estados. Mi mayor pena es que las chicas, que salen de este orfanatorio, no vivan como buenas cristianas. También siento no poder manejar la lengua como yo quisiera para instruirlas según son mis deseos. Mi mayor gozo es consagrar todos los instantes del día y aún de mí descanso a la formación de las almas que la obediencia me ha confiado, aun cuando no reciba el consuelo de ver coronados mis esfuerzos con buenos resultados. Mis proyectos, establecer la Asociación de las Hijas de María entre nuestras niñas, a fin de que consagrándolas a la Santísima Virgen, vele siempre por ellas».
Sor Adelaida dice: «Mi mayor dificultad es carecer de recursos y personal para poner el Orfanatorio en condiciones de disciplina e higiene, tan necesarios en estos establecimientos. Mi mayor pena no haber visto la conversión de ningún hijo de Surada en los cinco años que llevo en esta población.
Otra pena muy grande sentí cuando vi morir casi de repente al buenísimo P. Sebastián, consumido por la fiebre. Mi mayor gozo ha sido encontrar con nuestra industria el medio de ayudar económicamente a la Misión.
Mis proyectos: Quisiera fundar un Refugio para viudas y ancianas desamparadas, donde además se pueda establecer un taller de géneros de punto. Quisiera poder abrir una fundación en Raikia, para las huérfanas kondas, que por razón de su timidez y costumbres, no se avienen a bajar fácilmente al Orfanatorio de Surada».
Sor Paz García halla su mayor dificultad en que «por falta de Hermanas, tengo que hacer sóla mis excursiones misionales y los pocos medios de locomoción para recorrer los pueblos tan distantes unos de otros. Como encargada de la cocina me he visto muchas veces en apuros para encontrar alimentos para la comida cuotidiana.
Mi mayor pena es, ver cuando sa1go a comprar, cómo los infieles de Surada con músicas, cantos y bailes adoran y ofrecen sus mejores viandas y flores a unos monigotes sucios, hechos de barro o de algún palo inclinado, pintado de negro y rojo. Elevo mi corazón al cielo e instintivamente echo la mano al rosario y voy pasando avemarías. Señor para que se conviertan, para que vean tantos ciegos.
Mi mayor gozo ha sido encontrar en los pueblos hindúes niños que poder bautizar en el artículo de la muerte. Esa es mi alegría completa. Mis proyectos es conseguir una camioneta ambulancia con departamentos, uno para la catequista y otro con dos literas para poder pasar las noches en los pueblos lejanos, donde no hay medio alguno de alojamiento.»
«La mayor dificultad, que Sor Angelina halla en la India, ha sido y sigue siendo esta barahúnda de lenguas. Yo creo que muchos de los predecesores de estas pobres gentes tomaron parte en la construcción de la torre de Babel y al volver a sus covachas, después del fracaso, cada uno enseñó a sus sucesores su propia lengua, regalo que tantos quebraderos de cabeza había de proporcionar a los que, como a servidora, le ha tocado en suerte un melón por cabeza. Mi mayor pena provino de eso precisamente, de tener que aprender las lenguas y tener que dejar mi casita de Gopalpore para convivir con personas extrañas, entre quienes me sentía como pez fuera del agua. Los tres meses que he tenido que pasar en Kerseong, en el Noviciado de las Hijas de la Cruz, han sido para mi verdadero noviciado en muchas cosas. Mi mayor gozo, fue volver a mi casita y poder juntarme de nuevo con Sor Ana, mi amada Superiora, y con los bebés de la Cuna, que tan metidos tengo en el alma. Qué alegría inunda mi alma cuando el Señor escucha las plegarias al Dueño de la mies, y algún alma aborrece sus errores y abraza nuestra sacrosanta religión!..»
Estos relatos íntimos de las primeras Hijas de la Caridad en la India, nos dan como en vista panorámica, una idea de lo que es aquella lejana Misión, y de las dificultades, consuelos y aspiraciones de las Hermanas.
3.- Como primicias sazonadas de su apostolado nos presentan ya unas cuantas jóvenes indias que se preparan allí, para ingresar entre las Hijas de la Caridad. Auxilio poderoso para tan difícil Misión. Es encantador, como un romance primitivo, el mensaje que estas postulantes dirigen a España en su castellano ingenua. Oigámosle: «Hagan el favor de escuchar aquí, en las Bodas de Plata de la Misión, las pobres palabras de este País de la India, dichas por las aspirantes, primeras hijas de la Caridad.
Allí nacimos de unos padres cristianos por la gracia de Dios. Después, nuestros padres mandaron en una escuela para la educación católica. De allí adquirimos ´poso´ de sabiduría. Nosotras queríamos a entrar en esta vida Hijas de la Caridad, pero nuestros padres no podían pagar dote para nosotras. Cuando conseguimos algunas noticias de primeras Hijas de la Caridad en India, escribimos una cartita a estimada Sor Ana para probar, pero enseguida ella permitió con esta cartita juntar esta Comunidad por la misericordia de Dios y la bondad de nuestros Superiores.
La cariñosa Madre Ana y la amadísima Hermana Sor Angelina enseñarnos español e inglés. Ahora no sabemos muy bien, pero han sufrido mucho con nosotras. Hay muchas Comunidades aquí en la India; muchas indias entran, pero separadas todas de las europeas en todas las cosas. Sólo las Hijas de la Caridad no han de separar en nada de ellas, la misma comida, el mismo vestido, el sitio y todo igual.
El Mons. Obispo, el P. Tobar Pablo, Superior, los Misioneros y Hermanas son, sufriendo mucho para la conversión de los paganos. Están peleando a los animales crueles de los caminos. Siempre vemos nuestro querido Padre Angel y las cariñosas Hermanas siempre están trabajando mucho por los pobres. Estamos sorprendiendo de sus buenas obras. Así prendemos poco a poco toda la gloria de la Caridad.
Ahora queremos hablar de nuestros pequeños. Tenemos muchos pequeños. Son huérfanos. ¡Qué lindos son! Están cuatro clases: chiquitines, medianos, mayores y miserables. Somos muy contentas a cuidar a ellos y gastarnos la vida entre ellos. ¡Qué amables! ¡Qué cariño! Somos muy pobres. Pero las Hermanas están tratando como las Hijas propias. Dios les pagará un gran premio. Es quien puede.
Ahora somos cuatro. En éste mes vendrán dos compañeras de nuestro país. Oigan, hagan el favor, tenemos un gran deseo de informar a ustedes, queremos ir al Noviciado en España y a ser luego verdaderas Hijas de la Caridad tan pronto como sea posible, aunque no dignas de entrar allí pronto. La santísima voluntad de Dios se cumplirá en todas cosas y ahora vamos terminar. Pedimos dispensa todas las equivocaciones en este escrito y hagan la caridad de rogar por nosotras.
Las cuatro primeras Postulantes»[3].
Aunque ninguna de estas abnegadas misioneras habla del tormento físico continuo, que todas tienen que padecer, digamos que lo es y bien grande, el clima abrasador. Para formarse idea de tan semejante tormento nada mejor que oir al Hermano Avelino Martínez después de veinticinco años que lleva en aquella Misión.
«Nunca olvidaré, dice, aquel 20 de mayo de 1923 y aquel viaje caluroso desde Madrás a Berhampore. Serían las once de la mañana cuando el tren se puso en marcha. El sol sobre nuestras cabezas parece que quería derretirnos con sus rayos de fuego. El tren atronaba los espacios como un monstruo sofocado en la carrera y la brisa que causaba en su marcha se asemejaba a la que despide el horno de fundición. A nuestros alrededores no se ve más que arena, un mar de arena, que refleja de sí el calor del sol y por la que el tren estuvo corriendo hasta el anochecer. Y fuego por arriba y fuego por abajo, y nosotros medio asfixiados, inquietos y nerviosos moviéndonos de una parte para otra en busca de aire que respirar sin encontrarlo. La sed nos atormentaba no poco y el agua que llevaba el coche nos repugna y no apaga la sed. ¿Será así toda la India? ¿Será así la Misión a la que vamos a trabajar? El desaliento se apodera de mí. Y a la tristeza inmensa que se apodera de mí se unía el insomnio, pues cansado y muerto de sueño, no podía dormir y la noche se me hacía interminable.
Dos días después a Cuttack, donde continuó, por decirlo así, mi purgatorio pues el calor y una especie de sarna, -sarna de lavanderas como comúnmente se llama-, iba poco a poco acabando con mi paciencia pues no me dejaba sosegar de día y de noche.
Desde entonces acá, creo que no he pasado 20 de mayo, que no me haya traído a la memoria este pasaje, repetido por lo demás otros años en la Misión. Y ésta es una de mis mayores dificultades[4].
4.- Nueva expedición de Hermanas a la Misión de la India. El 28 de marzo de 1947 salieron de Madrid para la Misión de Cuttack otras diez Hijas de la Caridad, quienes llegaron a Berhampore el 14 de abril, siendo allí recibidas clamorosamente. Una de las viajeras, Sor Carmen Montalvo escribe: «En el andén mucha gente con banderitas y banderas, destacándose, la española. Toca una banda de música que luego nos acompaña todo el camino. Son los cristianos del Padre Varona. Delante de todos las tres Hermanas: Sor Adelaida, Sor Angelina, Sor Ana… Las saludo de lejos gritando.
Como el tren queda muy alto, me echo materialmente encima de las Hermanas, que con los brazos abiertos me reciben. No hay palabras para expresar… En caravana de triunfo, entre músicas, vivas y salvas estruendosas llegamos a la Iglesia. Nuestra Reina de las Misiones y del Mundo, en su preciosa imagen es la soberana también de Berhampore y de su Iglesia. Oímos la misa solemne. Comulgamos. Después de almorzar y cambiar tantísimas impresiones, hacia Gopalpore en una camioneta por preciosa carretera… Llegamos. Los niños de la escuela y los chiquitines de la Casa Cuna nos reciben entusiasmados, poniéndonos, algunos de los pequeños y pequeñas, unos collares largos con muchos relumbrones. Las dos postulantes nos abrazan y las abrazamos emocionadas. Los más chiquitines de todos están como gatitos en un coche engalanado con ramas y flores.
«Entre todos y con todos vamos a la Iglesia, donde el P. Angel revestido de capa pluvial, entona el Te Deum, que cantan todos. Luego en nuestra linda casita, engalanada con banderas y banderitas, saludo de bienvenida. Lucen su gala nuestros peques cantándonos a coro:
Adiós España, España de mi querer,
Adiós España, ya no te volveré a ver.
Los corazones se oprimen, los ojos se empañan. Reímos y aplaudimos. Esta noche, entre la Iglesia y nuestra casa, han disparado nuestros Padres, para festejar nuestra llegada, un verdadero castillo de fuegos artificiales. ¡Qué entusiasmos hay en nuestra Misión y para nuestra Misión! ¡Qué espíritu de trabajo, sacrificio, abnegación por las almas…!»
5.- Actualmente, 1947, en que llegaron a la India esas diez Hermanas salidas de España, han podido formarse cuatro Comunidades:
La de Gopalpore:
Sor Angelina Beramendi, Superiora
Sor Eugenia Garcés
Sor Regina García
Sor Trinidad Maíza
La de Surada:
Sor Adelaida Biada, Superiora
Sor Felisa Pesquera
Sor Milagros Val
Sor Rosario García
La de Berhampore:
Sor Ana Jiménez, Superiora
Sor Carmen Montalvo
Sor Juana Arostegui
Sor Ana María Bonfill
La de Raikia:
Sor Paz García, Superiora
Sor Catalina Siquier
Sor María González
5.- Llegan a España las primeras jóvenes indias, aspirantes a Hermanas. De acontecimiento trascendental para la Misión de la India puede calificarse la venida a España de las cinco primeras jóvenes indias llegadas a Madrid, al Noviciado de las Hijas de la Caridad, calle Sanjurjo, para vestir el Hábito de las Hijas de la Caridad de San Vicente.
Su diario de viaje desde la India a España, pasando por Londres y París, escrito por ellas mismas en un castellano primitivo, es como un poema indio, que parece rimar divinamente con el cantar del Mío Cid. Comienza en 18 de marzo de 1947 y va encabezado con estas palabras: «Dios nos bendiga de nuestro viaje de querida tierra india a santa tierra española». Todo el diario es un encanto de expresiva naturalidad. Sentimos no poder incluirle en la brevedad de esta Historia y lo que más nos interesa es el final o sea su llegada a nuestra Patria.
«Ahora entrada a santa tierra España. Dios mío, que somos ineptas para expresarlo. A las ocho nos han abierto la frontera. Hemos puesto nuestros primeros pies en nombre de la Santísima Virgen y San Vicente. Cuando nos pusimos nuestros pies a santa tierra España, una señorita vino y nos dió un beso. Se llama Natividad. Ella y una Hermana, que es la Superiora del Hospital, se llama Sor Isabel. Las dos estaban esperándonos ¡Oh, qué Hermana tan cariñosa! y ¡Qué señorita tan amable! Nos hablaron un rato. Todos los soldados, señores, señoras, todos han venido al lado de nosotras y nosotras les hablamos con mucho entusiasmo. Toda la gente nos esperaba porque han leído en el periódico las cinco jóvenes de la India. Media hora después han traído dos autos para llevarnos y las maletas a una casa, donde hay muchas Hermanas. No sé cómo se llama. Todas nos besaron y llevaron al Torre para “desaunar”. Entonces vinieron amadísimo Padre Superior, P. Taboada, Rvda. Madre Asistenta, Sor Pilar y nuestra estimada Directora Sor Francisca. ¡Oh Dios, que alegría! Vinieron con los brazos abiertos. No queríamos “desaunar”, no les dejamos sentar, besando, besando queríamos comerlas.
Así todos juntos después del almuerzo fuimos a otra Casa de San Sebastián. Hay muchas casas. Dos días hemos tenido fiesta. Por lo menos 70 fotografías han sacado. Fuimos a todas las casas de Hermanas, pero yo no acuerdo de nombres. San Sebastián ¡Viva!. Las colegialas (de Elviarán) han hecho una drama y juntas dos días estuvimos en San Sebastián. Hemos tenido muchos regalos. ¡Oh qué ciudad tan bonita! Hemos visto a media parte del mundo, pero España es más bonita que todo! En todas las Casas las Hermanas y las Colegialas nos saludaban cariñosamente cantando, ofreciendo flores, haciendo discursos, etc, etc.. Oh Dios mío, qué días tan felices! Nos besaron y querían comer.
Nuestro amado Padre Superior ha dicho un discurso y les dió las gracias en nombre de nosotras. Oh, Dios mío, y qué “inapta” soy explicar todo! Si hubiera sido una española ¡que mejoría!. Esperamos en Dios. Cuando volvamos allí tendremos un corazón español. ciertamente es muy caritativo, amable, abierto para los pobres.
El día 7 de mayo por la tarde, a las seis, despedimos a San Sebastián. Mil y mil Hermanas, colegialas, toda la gente había venido a la estación a despedirnos. ¡Oh, qué despedida! Cuando salimos de allí hemos gritado así ¡Viva San Sebastián !¡Viva!. En cada estación teníamos recibimiento con flores cantos y cosas. En Burgos, en Vitoria, allí y en dos estaciones bajamos con un poco. ¡Oh madre querida! nos han comido con el cariño. Nos dieron ramos y tarjetas, cantaron también, tantísimas Hermanas, Colegialas, como los ángeles en la estación a saludar. Así toda la España había tenido gran fiesta de nuestro recibimiento.
El día siguiente, 8 de mayo, llegamos a Madrid. ¡Madre mía Santísima! Todas las Hermanas, las gentes han venido a recibirnos con la bandera española. Allí también hemos dicho: ¡Viva España, tierra santa! Han sacado muchas “photos” en la estación. La Teresa estaba un poco mareada. Bueno; sí, unos minutos hemos contado sobre el viaje en la estación.
Luego fuimos al cielo, que es la casa central. En quince minutos llegamos allí. ¡Oh! entonces les oímos a los coros de los Ángeles, los Santos, la Santísima Virgen. Todas estaban allí con las manos abiertas a recibirnos. Parecernos esta casa en el cielo. Entonces, entonces cuando lleguemos al cielo ¿cómo estará, Dios mío? ¡Qué recibimiento tan grande! Que somos indignas de tener todo esto, Dios mío, de veras. Muchísimas “photos” han sacado con las Hermanas y Seminaristas. Nuestro Respetable y amado Padre les nos entregó a Respetable Madre y a Respetables Directoras y además Hermanas. Entonces también han sacado “photografía”.
Por la mañana, a las ocho y media, llegamos a la capilla. Hemos tenido una misa cantada de los Ángeles. ¡Qué cánticos tan bonitos eran! Nosotras, las cinco, estábamos a la puerta. Las Hermanas y las Hermanitas han cantado y nos han recibido. Han dicho: ¡Vivan las Hermanitas Indias! Muy bien. Luego, enseguida, las caritativas Hermanas nos llevaron a “desaunar”. Después nos mandaron a dormir. A las cuatro levantamos a comer. Después de comer, las amadísimas Hermanas Directoras y las cariñosas Hermanas nos llevaron al Respetable Padre Tobar, Visitador. Le hablamos un ratio y luego él nos bendijo y se marchó. Por la tarde a las siete, nuestras amadísimas Superioras nos pusieron el vestido y la toquilla del Noviciado y Respetable Sor Directora nos dió los nombres bonitos: Sor María Isabel, Sor María Jesús, Sor María Francisca, Sor Teresa y Sor Teresa María ¡Qué bonito! Después fuimos a la Capilla. Allí cuatro Hermanitas ofrecieron flores por nosotras, estábamos de pie viendo todo. Hemos llorado con alegría.
Bueno, amadísimos y amadísimas, así en cincuenta y dos días llegamos a este cielo, viviendo gozosamente con los ángeles. Parecernos todas estas Hermanas unas buenas Santas. Jesús mío !Nosotras somos indignas tener todo esto y vivir con estas santas!. Jesús mío concédenos la gracia de ser unas santitas y tener el corazón español. Dios sea bendito por los siglos de los siglos. Amén»[5].
[1] P. VICENTE URBANEJA. Datos para la Historia de las Hijas de la Caridad en la India.
[2] REINA DE LAS MISIONES, Sept. 1947.
[3] REINA DE LAS MISIONES, Sept. 1946.






