Hijas de la Caridad: fundación en Cuba (2)

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la Caridad1 Comment

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logo-hhcSumario: 1.- Perturbaciones en Cuba a causa de las novedades de Hábito de las Hermanas. 2.- El Manicomio de Mazorra. 3.- Beneficencia de Santiago de Cuba. 4.- Estable-cimiento de Viceprovincia. 5.- Taller y Asilo de Santi Spiritus. 6. Hospital Civil de Puerto Príncipe. 7.- Colegio Asilo de San Vicente de Paúl. Habana. 8.- Colegio de la Inmaculada. Habana. 9.- Principios del Noviciado en Cuba. 10.- Beneficencia de Matanzas. 11. Hospital Civil de Santiago de Cuba. 12.- Hospital y Colegio de Bejucal. 13.- Hospital de San Nicolás. Matanzas. 14.- Colegio de la Domiciliaria. Habana. 15.- Hospital de Santa Isabel. Matanzas. 16.- Colegio de Jesús María. Habana. 17.- Protectorado de Niños. Habana. 18.- Hospital de San Antonio. Habana.

      1.- Perturbaciones acaecidas en Cuba, a causa de las novedades de Hábito impuestas a las Hermanas (1857-1863). La incompetencia del Sr. Bosch para la dirección de las Hermanas quedó manifiesta, apenas establecidas las fundaciones referidas, pues ni Padres ni Hermanas estaban contentas, originándose no pocos disgustos por la rudeza y rareza de su carácter. Así lo manifiesta repetidamente el P. Armengol, que intentó ir a Cuba a poner las cosas en orden, según allí se lo pedían, pero las circunstancias críticas en que estaba la Península con la venida del R. P. Etienne, no le permitieron, ni enviar al P. Angel, su Asistente.

Mas entonces acaeció algo inconcebible, como decía después el célebre P. Viladás, y fue que el P. Bosch, contra cuya dirección protestaban todos en Cuba, de acuerdo con el P. General, a quien el P. Masnou previno en vano de lo peligroso del caso, convirtió la Isla en provincia francesa, obligando a las Hermanas a fines de 1857, a adoptar el traje francés y comenzaron a llegar costeadas por España Hermanas francesas para dirigir las casas, siendo una de ellas nombrada Visitadora.

Esto irritó más y más los ánimos, y fuera de media docena de contentas, el disgusto fue general y era de temer algún escándalo, al enterarse las autoridades de la Isla. Desde fines de 1856, en que fue la última expedición de veintidós Hermanas, ya no volvieron a ir hasta últimos de 1863. Durante esa época fundaron las Hermanas francesas, como su casa principal, el Colegio llamado de Santa Isabel, de que se hizo ya mención.

Aquella hazaña, que verdaderamente lo fue, del P. Boch, no acalló las quejas contra él, antes de tal modo fueron creciendo, que el mismo Sr. Obispo hubo de tomar cartas en el asunto y pidió con fuerza el relevo de dicho señor. Entre tanto el Venerable P. Claret pedía en un largo y sentido memorial a Su Majestad la Reina, Hijas de la Caridad para su Diócesis. Fue favorablemente despachada por R.O. de 1º de julio de 1857, concediéndole seis Hermanas para Santiago de Cuba, pero los sucesos referidos inutilizaron esta concesión.

En abril de 1862, el Obispo de la Habana Fleix y Soláns escribía al P. Sanz que oyera el parecer del P. Viladás, quien de Méjico venía a España y con quien había tratado detenidamente la situación de nuestras Hermanas en Cuba. El P. Sanz no sabía qué contestarle, ya que no era de su agrado la única solución posible en sentido español, pero escribió al R. P. Etienne, diciéndole: «Las necesidades de la Habana son urgentísimas; y si no se remedian, peligra que las Hermanas españolas, que allí han quedado, se disgusten hasta el punto de abandonar su vocación y volverse a España; creo que no puede dejarse esto sin remedio».

Entre tanto el Capitán General de Cuba pidió doce Hermanas de aumento para el cuidado de las locas, y al P. Bosch se le presentó una delicada disyuntiva, entre traerlas de Francia o de España. Se convenció al fin el P. Sanz, de que el único remedio de los males de la Isla, era «que las dos familias de San Vicente en la Habana, volvieran a formar parte, como antes, de la provincia española; sin esto, no es ni posible siquiera el enviar de aquí, ‑decía‑ ni Padres ni Hermanas, por la oposición grande del Gobierno, así civil como eclesiástico». Este era también el clamor de la provincia española.

La instancia del Sr. Obispo, que deseaba fundar casa de Misioneros en la Habana, vino a dar esperanza de arreglo en asunto tan comprometido, y la designación de aquel hombre providencial, P. Viladás, para dar principio a dicha fundación, fue el medio de que Dios se valió para salvar nuestros intereses en Cuba. El P. Bosch fue relevado a fines de 1862.

El P. Etienne se resistía a retroceder en el paso peligroso dado en la Habana, separándola de España, pero, al fin, la intervención del Sr. Nuncio de Madrid puso fin al conflicto. «El arreglo ‑escribe el P. Salmerón‑ se reduce a que el P. General, conceda el que la Habana se considere como parte de la provincia de España, es decir, como antes estaba, reservándose para tiempo favorable el llevar a cabo su proyecto de que forme con otras nuevas fundaciones provincia separada».

Urgía tanto dar al Sr. Nuncio respuesta en tal sentido, que se pidió un concedido urgente y por telégrafo. Comunicado éste a las Hermanas de España y de la Habana, produjo entre ellas el gozo consiguiente. Pero durante todo el año 1863, continuó la intranquilidad, pues, aunque las Hermanas de Cuba pertenecían otra vez a España, las novedades introducidas allí en el Hábito, no habían desaparecido y esto iba a producir aún nuevos escándalos y disgustos.

En la visita abierta por el Sr. Nuncio de España a ambas Congregaciones de San Vicente, en este punto se insistía principalmente y al Sr. Obispo de la Habana se llegó a denunciar un

depósito de once mil duros de la Casa Central de las Hermanas que se decía iban a ser enviados al extranjero.

Así las cosas, en 22 de octubre de aquel mismo año salió una R.O. urgiendo el envío de veinte Hijas de la Caridad a Cuba, a fin de llenar las bajas que el clima había produci­do en

aquellos establecimientos. También las pedían de Santiago de Cuba. A los pocos días, otra R.O. decía lo siguiente:

     «Ministerio de Ultramar.

      El Sr. Ministro de Ultramar, dice con esta fecha al Gobernador Superior Civil de la Isla de Cuba lo siguiente: El Gobierno de S.M. tiene noticia de que las Hermanas de la Caridad que se han enviado a esa Isla, desde la Península, obedecen las órdenes de un Superior francés que, las destina a Méjico para que presten allí los servicios propios de su Instituto. En, su consecuencia y siendo a todas luces este sistema inconveniente y contrario a los fines que tuvieron presentes al enviar a Cuba las Hermanas de la Caridad, la Reina, que Dios guarde, se ha servido disponer, que V.E. informe con toda urgencia acerca del particular lo que se le ofrezca y parezca, adoptando desde luego las disposicio­nes convenientes para que las expresadas religiosas estén a las órdenes inmediatas de los superiores españoles en cuanto se refiere a su destino y colocación, y no salgan de esa Isla, sino para las de Puerto Rico y Santo Domingo.‑

De R.O. comunicada por el referido Sr. Ministro lo traslado a Vuestra Paternidad para su conocimiento y efectos correspondientes.

     Dios guarde a V. P. muchos años.

     Madrid, 27 de octubre de 1863.

     El Subsecretario, Gabriel Enrique.

     Rvdo. P. Prefecto de la Caridad de San Vicente de Paúl».

Al mismo tiempo, el Sr. Obispo de la Habana escribió también con disgusto al Director de España  diciéndole: «que las Hermanas de España residentes allí estaban inquietas y entre agitaciones, a causa de unas voces que se habían esparcido, de que ya no eran Hijas de la Caridad, ni de San Vicente, sino personas que no pertenecían a la Compañía. Este rumor ha hecho en sus ánimos una impresión muy desagradable, y se da no poco que hablar a la Ciudad. La procedencia de estas voces, dice el Sr. Nuncio, según públicamente se aseguraba, era del establecimiento en que están las Hermanas de Francia. Considerada la gravedad de la noticia, el Sr. Nuncio desea vivamente y suplica al Muy R.P. General se sirva averiguar, si realmente es tal dicha procedencia, en cuyo caso pondrá remedio a este mal».

     Entre tanto el Capitán General de Cuba, D. Domingo Dulce insistía con fecha 18 de diciembre, en que se le enviaran 30 Hermanas para la Habana y 12 para Santiago de Cuba, «no creyendo necesario ‑dice‑ demostrar a V.E. los ventajosos servicios de estas religiosas, comparado con el que prestan los hombres, puesto que las citadas Hermanas son las compañeras inseparables del soldado en sus aflicciones y dolencias».

     A últimos de 1863 llegó, por fin, a la Habana la nueva expedición de Hermanas españolas, quienes a pesar de las prédicas que les había hecho el pobre P. Sanz, cuando, a penas llegaron y vieron que las querían violentamente despojar de su santo hábito, se armó tal escándalo, que toda la ciudad se enteró; y el Sr. Obispo de la Habana, según el mismo se lo escribía al P. Sanz, había informado de todo al Sr. Nuncio y al Gobierno de Madrid, y tenía redactado ya el decreto contra la corneta, causa de tantos trastornos.

     La Madre General mandó prudentemente, en enero de 1864, que las Hermanas francesas de Cuba salieran de la Isla y pasasen a Méjico y Guatemala, orden que no se puso en ejecución hasta el mes de mayo. Poco después, la paz quedó restablecida, gracias a un Decreto del Sr. Obispo por el que mandaba: «que las Hermanas españolas no reconociesen otros superiores (inmediatos) que a los de España; que no se enviase ya más dinero a Francia y, por último, que no se admitiese ninguna Hermana en las comunidades de la Habana, que fuese con traje francés». Fueran o no legales semejantes providencias, el caso es que la paz volvió a reinar en aquellas comunidades, y que todas en general alegres y contentas las recibieron.

     Poco después, vino a España el Sr. Obispo de la Habana, nombrado ya Arzobispo de Tarragona informó al Sr. Nuncio y al Gobierno de aquel desdichado asunto, y aún dice el P. Sanz que, en su viaje a Roma, dio el Prelado cuenta de «toda la trágica historia de lo ocurrido en la Habana».

     Vino también, por entonces, a la Península el P. Viladás, con el fin de llevar a Cuba otro gran refuerzo de Hermanas, pues la guerra de Santo Domingo había hecho acumular mucha tropa y era necesario abrir nuevos hospitales militares. El 15 de octubre, se embarcaba efectivamente con cincuenta Hijas de la Caridad, pero el P. Sanz había conseguido quitar al P. Viladás de la Dirección de las Hermanas de Cuba, haciéndole pagar ajenos errores, y amargando el alma de aquel insigne misionero superior de la Merced, a quien Dios tenía reservados allí tan señalados destinos y la más prudente dirección de las Hijas de la Caridad en aquella Isla.

      2.- Mazorra. Habana. Manicomio. Se estableció la comunidad de Hermanas en 1864, y allí permaneció hasta la independencia de Cuba. Su primera Superiora fue Sor Alberta Costa. Vino después Sor Martina Ibarrien, que falleció en 1877. La siguió Sor Joaquina Fernández y por último en 14 de agosto de 1885 Sor Mónica Gil.

     No poseemos datos concretos de la actuación de las Hermanas en aquella casa. En el año 1879 hubo de haber un terrible contagio entre aquellos infelices, pues en cada uno de los meses julio, agosto, septiembre la muerte se llevó una Hermana, y las tres eran jóvenes de once, de veinte y de siete años de vocación: Sor Marcelina Medina, Sor Joaquina Elio y Sor María Milagros Moreno.

     Durante la guerra particularmente, oímos, contar escenas de espanto, a causa de la situación económica de aquel Manicomio. Dios sólo sabe los heróicos sacrificios de aquellas Hermanas.

      3.- Santiago de Cuba. Beneficencia. Esta fundación estaba concedida desde mucho antes, pues la Reina Isabel, accediendo a las repetidas súplicas del Santo Arzobispo P. Claret, mandó expedir una R.O. fechada en 1º de julio de 1857, concediéndole seis Hijas de la Caridad, como principio, para aquellos establecimientos benéficos; pero las circunstancias arriba indicadas inutilizaron la concesión, hasta que en 1863, a petición del Capitán General fue una gran expedición de Hermanas, entre las cuales, doce eran destinadas a Santiago de Cuba y con ellas se abrieron dos establecimientos: el Hospital Militar y la Beneficencia. Dejando para otro sitio el tratar de los Hospitales Militares, digamos sólo de la Beneficencia.

El primer local, donde se establecieron las Hermanas, era tan poco higiénico que los niños enfermaban y morían de fiebres, por lo que hubieron de trasladarse a la antigua aduana. Terminada la guerra de Santo Domingo, el gobierno militar desalojó la casa de Beneficencia convertida en hospital de sangre y allí se trasladaron con sus pobres las Hermanas. También en las guerras posteriores anduvieron de una en otra casa y princi­palmente en la del Instituto.

     Durante los quince años continuos que aquí residieron las Hermanas, transformaron el local, gracias a la actividad prodigiosa y recto gobierno de la Superiora Sor Manuela Telechea. En este tiempo fue cuando se encargaron del cuidado y de la limpieza de la Capilla del Belencito y de las casitas adjuntas, que el Arzobispo cedió para escuelas de niñas externas.

     Además, Sor Manuela que veía su casa llena por las huérfanas, hizo en estas casas de Belencito un dormitorio para los niños y, como ambos edificios se hallaban separados por la calle P. Rico, echaron un puente de comunicación por encima de la calle para el mejor servicio y cuidado.

     Las escuelas de niñas externas tomaron tal incremento bajo la dirección de algunas Hermanas de la casa de Beneficencia que, en 1902, cuando el Gobernador Militar americano de esta plaza dio órdenes para que se devolviese la casa de Beneficencia a los niños expósitos y huérfanos, algunas Hermanas tuvieron que hacerse cargo del nuevo establecimiento, el Colegio de Belén.

     Con los ahorros de los trabajos de la misma casa se ha ido mejorando poco a poco, hasta llegar al estado y hermosura actuales. Terminada la Guerra de la Independencia, el Gobernador ocupó el edificio del Alto del Calvario con el Asilo de Huérfanos de la Patria, retirando el auxilio oficial a la Casa Beneficencia por considerarla como Institu­ción particular. Pero, al cerrarse dicho Asilo dos años después, volvió la Beneficencia al edificio de su propiedad, amplio y apropiado a sus fines.

     En septiembre de 1922 se inauguró una fábrica de cajas de cartón, que tiene por fin proporcionar trabajo apropiado a las muchachas mayores, ayudarse en algo a la casa y estimular en las jóvenes el ahorro. Las ganancias obtenidas por el taller han permitido casi duplicar el número de huérfanas acogidas, y mejorar la alimentación y el vestido considerablemente; varias reparaciones costosas se han llevado a cabo, entre otras un hermoso comedor, que nada tiene que envidiar a los pensionados más aristocráticos; y, con frecuencia, excursiones al campo, lo que contribuye no poco a su mejoramiento físico y moral.

     Aparte de estos bienes un poco materiales, se han logrado otros de carácter educati­vo, como el acostumbrar a las alumnas a un trabajo metódico, hacerlas responsables de su laboriosidad, habituarlas al ahorro, ya que a cada una se le retribuye según su trabajo, permitiéndoles gastar con economía y reservándoles el resto para cuando dejen la casa. Algunas llegan a tener hasta doscientos pesos.

     Además se las acostumbra a pasar por todas las fases del trabajo, de modo que lo mismo aprenden a dirigir las máquinas del tejido, que a teñir, moldear, empaquetar, etc. En 1926 se fabricaron 4.079 docenas de medias que no son inferiores en calidad, color y delicadeza de tejido a las de las mejores fábricas extranjeras.

     Además de las clases y educación de las alumnas, las Hermanas se han dedicado a la catequesis de las niñas del barrio, a las que enseñan la doctrina, preparan para la primera comunión y recepción de Sacramentos y además se dedican a visitar a los moribundos para prepararles a los santos Sacramentos. Gracias también a ellas se casan muchos por la Iglesia y bautizan sus hijos.

Superioras de la Comunidad han sido:

Sor Dolores Berenguer, 1863

Sor Josefa Suárez

Sor Paula Bernabeu

Sor Francisca Furquet

Sor Manuela Telechea

Sor Josefa Belda, 1900

Sor Asunción Aguiriano, 1927

Sor Isabel Olivero, 1932.

4.- Establecimiento de la Viceprovincia y su Consejo. En 1866, último de la dirección del P. Sanz, fue dictada una disposición muy importante, estableciendo las dos viceprovincias filiales de Cuba y Puerto Rico, con su Vicevisitadora y Consejo de Gobierno en cada una, como lo había hecho con Filipinas, en 1864.

Por lo que respecta a Cuba, quedó este Consejo establecido en la forma siguiente:

 

Representante del Director Jerónimo Viladás.
Visitadora: Sor Margarita Batlles
Consejeras: Sor Dolores Orbegozo

Sor Francisca Urzcondo

5.- Taller y Asilo de Santi Spiritus. Doña Isabel María de Albear, viuda del brigadier D. José Acosta acudió a la Reina a fin de conseguir cinco Hermanas, para el asilo fundado por su hija política, Doña Natalia Iznaga de Acosta. Esta petición, fecha 7 de junio de 1866, fue favorablemente despachada por R.O. de 27 de setiembre de 1866. Fue designada superiora Sor Adelaida Cuadrado. Subsistió esta fundación hasta 20 de noviem­bre de 1879. Funcionó este Asilo y taller de costura bajo la protección de las señoras de las conferencias, y en él tenían albergue y trabajo jóvenes huérfanas y pobres, quienes elaboraban piezas de vestir, que se vendían a precios reducidos entre los pobres esclavos de las azucareras o ingenios. Fue la segunda Superiora Sor Luisa Embil.

6.- Hospital Civil de Puerto Príncipe. Se estableció este hospital en 1867, pero permanecieron en él poco tiempo las Hermanas, pues la guerra, que estalló en 1868, las obligó a retirarse. Fueron superioras: Sor Tomasa Basterra y Sor Margarita Batlles, en 28 de febrero de 1868.

7.- Colegio – Asilo – Taller. S. Vicente de Paúl. La Habana. Fue fundado en 28 de julio de 1872 por las señoras de las Conferencias en favor de las familias obreras y niñas huérfanas. Al cumplir cincuenta años pudo decirse de este Centro que es «un milagro de protección y generosidad, en la Habana y un prodigio de heroísmo en las Hermanas de la Caridad». Cuenta con un edificio amplísimo, con clase, dormitorios, comedores, talleres, imprenta y una fábrica de cajas o envases de cartón. Alumnas internas, alrededor de doscientas cincuenta y casi otras tantas externas. «En los talleres encuentran trabajo bien remunerado y elementos de moralidad muchas jóvenes obreras, que allí trabajan, allí se instruyen, allí se regeneran, y allí se preservan las que habiendo terminado en el Colegio‑Asilo, quieran continuar en los talleres. Está la fábrica dotada de una imprenta completa, un almacén bien provisto y todos los aparatos y máquinas de confección, que pueden desearse.

Las farmacias, las peleterías, las joyerías y otras casas de comercio hacen constantes pedidos de cajas y estuches de todas clases. La semilla oculta que se pudre y todo lo fecundiza, las columnas basálticas que todo lo sostienen, los ángeles tutelares, que todo lo supervigilan, todo lo hermosean, todo lo prosperan, son nuestras queridísimas Hermanas de la Caridad, auxiliares poderosos de nuestra obra, que a expensas de su comodidad, de su salud y de su vida, desempeñan las sagradas funciones de la maternidad, que les tenemos encomendadas; administran y gobiernan educan y enseñan y promueven el mejoramiento material, intelectual y moral de nuestra casa y de nuestras huerfanitas.

Además de la religión y moral, que todo lo vivifica, se enseña corte y costura, bordados y encajes, mecanografía y taquigrafía, dibujo y pintura, inglés, piano y canto, historia y geografía y geometría, nociones de economía y de ciencias físicos, químicas y naturales»[1].

Tres fueron las principales directoras del Asilo antes de Sor Petra Vega. Sor Ramona Llopis, que desde 1872 hasta 1888 sobrellevó con entereza y acierto todas las dificultades de la fundación; Sor Eulalia Aoiz, desde 1888 a 1894, y Sor Tomasa Bidigain hasta 1897, tocándole las escaseces y perturbaciones de los primeros años de la guerra separatista. Pero el alma del moderno y tumultuoso Asilo de S. Vicente ha sido Sor Petra Vega, nombrada Superiora en 1897.

Con ocasión de sus bodas de oro en 1931, la Revista «Milagrosa» hacía una cálida semblanza de Sor Vega «Cincuenta años de Hija de la Caridad», pero cincuenta años soportados… Los años de Sor Petra en el Asilo de San Vicente de Paúl del Cerro no han transcurrido plácidos y monótonos, como los del rentista que consume sus intereses; por el contrario han tenido la agitación de quien nada tiene que cobrar y sí mucho que pagar.

«Reduzcamos a números la obra del Asilo de S. Vicente: doscientas cincuenta niñas internas a quien alimentar, vestir y educar, tres capítulos, cualquiera de los cuales de por sí requiere un capital; ciento cincuenta niñas externas, a las que se da educación, material escolar y muchas veces alimento; y un taller donde, por término medio, encuentran trabajo remunerador unas cincuenta obreritas. Un mundo de casi quinientas bocas, que llenar y cuerpos que vestir e inteligencias que educar e ilustrar».

Para darse cuenta de la importancia del taller transcribimos lo siguiente: «Ved el salón de las obreritas. No preguntéis que confeccionan. Seguramente lo podéis ver en vuestras propias casas. ¿No habéis visto esas cajas, en que llegan de la farmacia las medicinas, que os recetó el médico, la bonita caja de polvos que el día de vuestro santo os ofrecieron como delicado obsequio, el estuche elegantísimo en que os presentan una bonita prenda y os complació la delicada presentación?. Pues casi seguro que salieron de esos talleres, de las manos de esas obreritas, que bajo la supervisión de las Hermanas, trabajan en la colmena de Sor Petra. Hay días que se confeccionan cinco mil cajas y días en que llegan a más miles las que piden los industriales, tanto de la Habana como del interior de la República».

Superioras de este importante centro han sido:

Sor Tomasa Bidegain, 1872

Sor Ramona Llopiz, 1878

Sor Josefa Suárez, 1885

Sor Eulalia Aoiz, 1888

Sor Tomasa Bidegain, 1894

Sor Petra Vega, 1897.

  1. Colegio de la Inmaculada. Casa Central. Hasta 1873 no tuvieron las Hijas de la Caridad, en la Habana, casa que pudieran llamar propia. La superiora principal vivía en la Beneficencia. En 13 de febrero de 1872 pasó a San Lázaro; poco después, al Colegio‑Asilo de S. Vicente, y, por fin, al Colegio de la Inmaculada.

Por iniciativa del gran P. Viladás se compró, en 1872, una casita en los solares, donde hoy se levanta este Colegio, y poco a poco, se fueron comprando los solares contiguos, hasta

llegar al grado de amplitud y perfección en que hoy le vemos.

Abrierónse las clases a 8 de setiembre de 1873, en que quedó allí iniciado el Novicia­do o Casa Central de la Viceprovincia, celebrando el P. Viladás el santo sacrificio de la Misa, y dejando el Santísimo reservado.

Algunas Hermanas seminaristas, que provisionalmente estaban en el Hospital de San Lázaro, pasaron a la nueva casa. Desde entonces, ha sido la residencia de las Vicevisitadoras, que han sido las siguientes:

Sor Margarita Batlles, 1866

Sor Josefa Suárez, 1871

Sor Francisca Sanz, 1885

Sor Teresa Jesús Mora, 1891

Sor Eduvigis Laquidaín, 1897

Sor Clara Larrinaga, 1907

Sor María Díaz, 1918

Sor Manuela Saucedo, 1923

Sor Encarnación García, 1931

Excepto la primera, que fue anterior a la fundación de este Colegio, todas han dejado recuerdos imperecederos en la Casa. A los pocos años de terminada esta obra, compró Sor Josefa lo que hoy es jardín y la parte que ocupan el refectorio, pieza de recreo y dormito­rios de la comunidad hasta Animas, no siendo este terreno mas que manigua.

Esta Vicevisitadora fue siempre un modelo de dulzura y paciencia, siendo notable en ella su igualdad de carácter. Por motivo de su avanzada edad y enfermedades vacó de su cargo, a reiteradas peticiones suyas, a principios de enero de 1885.

En el mes y año indicados vino a reemplazarla Sor Francisca Sanz, acompañada de Sor Juana Aguirre y Sor Juana Urrutia, que formaron el Consejo de la provincia. Dotada Sor Francisca de dotes excepcionales para el cargo, se captó la simpatía y afecto de todas las Hermanas. Dio grande impulso a la enseñanza del Colegio, que entonces tenía ya pupilas, además de las clases gratuitas fundadas por su antecesora y por Sor María de la Luz Lens, alma llena de caridad para con los pobres. Mejoró notablemente el edificio; agrandó la Capilla; fabricó para dormitorio de ejercitantes lo que ocupan las alas de las pensionistas; compró el terreno de la cocina; el patio segundo hasta Animas; puso una escuela de párvulos, organizando también la primera escuela de niñas de color gratuita que hubo en la Habana.

La enseñanza tomó tal incremento bajo la dirección de Sor Francisca, que llegó a 500 el número de niñas que, entre párvulos, de color, blancas, gratuitas e internas acudían al Colegio.

Mas no quedaba satisfecho el celo de Sor Francisca con cuidar de su Colegio y Casa Madre. Ya entonces la ciudad empezaba a extenderse por el Vedado; entonces no había en él sino casas de madera, donde las familias pobres encontraban más económicas viviendas. Este y el barrio de Jesús‑María, uno de los más antiguos de la ciudad, pero también uno de los más pobres, por haber afluído a él la gente de color, despertó la compasión de Sor Francisca, al igual que otra parte de la ciudad desconocida hoy, el barrio de Monserrate.

Desde la Inmaculada enviaba sus Hijas a dichos barrios para que cuidasen de las escuelas, saliendo a las ocho de la mañana y volviendo a las cinco de la tarde, manifestan­do con ello

el gran interés con que miraba la educación de las niñas.

Como Sor Francisca Sanz había realizado una brillante obra pedagógica, sus sucesoras Sor Teresa, Sor Eduvigis y Sor Clara la habían de realizar caritativa.

A Sor Teresa de Jesús se debe la terminación de la cocina y de la despensa. El carácter de Sor Eduvigis, dulce a la par que enérgico, reportó grandes beneficios a la enseñanza del Colegio. A ella tocó el más penoso tiempo, el de la guerra de la Indepen­dencia. La intranquilidad que producía la perturbación del orden y la penuria porque pasaba el país hicieron que el número de alumnas disminuyera notablemente.

Apenas declarada la guerra entre España y los Estados Unidos, el Colegio quedó completamente desocupado, pues su posición frente al mar, le ponía en el lugar más peligroso en caso de un ataque a la Habana por parte de la escuadra yankee, y por estar al costado y sólo por unos metros separado de la batería de la Reina.

El P. Ramón Güell, Visitador en aquel entonces, determinó, de conformidad con Sor Eduvigis, poner en salvo a las Hermanas, a la primera noticia de que la escuadra america­na estaba a la vista. Al día siguiente sumióse el Santísimo, después de una noche de angustias y zozobras.

Repartiéronse las Hermanas por diversas casas de la ciudad, excepto Sor Eduvigis y otras tres que quedaron para ir trasladando el mobiliario hacia la parte que da por Ánimas.

Sor Eduvigis mostró en estas circunstancias mucha entereza de espíritu, a pesar de lo cual, el Colegio hubo de clausurarse desde el 22 de abril hasta el cinco de setiembre de 1898.

No en vano había pasado el país por las vicisitudes de la guerra. Las Hermanas tenían que luchar contra la penuria y lo que era todavía peor, contra el ambiente poco favorable, que, en los años primeros de la independencia, se mantenía en Cuba para con los españoles.

Tanto se hicieron sentir estas causas que el Colegio comenzó con cinco niñas y, en todo el año, no lograron que éstas llegaran a doce.

Mas esta prueba había de ser pasajera, y si las Hermanas de la Caridad la sobrelleva­ban, ellas verían multiplicarse por cientos aquellas cinco niñas, con las cuales habían abierto el Colegio. Aquellas Hermanas así lo hicieron y vieron el porvenir de Cuba, quizá con más lucidez que nuestros políticos; vieron que después de aquella dominación militar y aduanera de los americanos, podía conservarse en Cuba una España espiritual más grande, de la cual podrían sentirse orgullosos los españoles; y así fue.

A los pocos años, aquel Colegio aislado casi aparecía estratégicamente colocado entre la ciudad vieja, que avanzaba y la nueva que surgía por la parte del Vedado.

El establecimiento de los tranvías, de los cuales el Colegio era como paso obligado, favorecióle grandemente.

Sor Eduvigis, al abrir el nuevo Colegio, había tenido gran cuidado de reglamentar bien la enseñanza, pues la supresión de los hospitales y de la Beneficencia, entregada a enfermeras laicas, le había permitido disponer de un personal relativamente grande. Sor Eduvigis cesó de su cargo en 1907.

En los primeros años de Sor Clara, observaron que era preciso preparar el Colegio para las necesidades, que el número y posición social de las alumnas iba a requerir».

Al efecto se distribuyeron las alumnas pensionistas en tres clases; internas, medio internas y externas; dióse mayor amplitud al estudio de los conocimientos de adorno, como solfeo, mandolina; y a los de utilidades, como mecanografía, taquigrafía y comer­cio.

Manteniendo la tradición del Colegio, se inauguraron de nuevo las clases gratuitas para niñas blancas y de color. Mas Sor Clara, que había sido la reina de la caridad durante el dominio colonial, hubo de meterse a pedagoga al iniciarse la República, ya que los tiempos imponían esa orientación. Por eso, se esforzó más bien en sembrar nuevas semillas en otros pueblos y ciudades que de rematar el cultivo del árbol vigoroso del Colegio de la Inmaculada.

Era labor reservada a Sor María Díaz y a Sor María Salcedo. Alma de los tiempos de Sor Clara fue Sor Josefa Ortega, como lo fue Sor Concepción Crespo en los de Sor María, y lo es con Sor Manuela, la actual Vicevisitadora.

En lo tocante a enseñanza, el Colegio ha recibido ya las modernas orientaciones pedagógicas. Además de amplias e higiénicas clases, de dormitorios de todos admirados, baños al último confort y sala de aseo magnífica, el Colegio cuenta con una gran sala, gabinete de física y química y artística escuela de dibujo y Pintura.

Como remate de educación cristiana y femenina durante las bodas de oro, 1924, se inauguró el club de Tenis y los ejercicios físicos, a cargo de la Profesora de la Escuela Normal; en octubre comenzó a funcionar la Escuela Normal de Catequistas y pronto inauguraremos la Escuela del Hogar, para cuyo efecto, se han edificado la cocina, la despensa y el comedor; tres departamentos indispensables, si las alumnas han de aprender los conocimientos necesarios a una ama de casa.

Así preparan las Hijas de la Caridad su Colegio para reñir recias batallas en pro del verdadero feminismo. Los tiempos así lo exigen y el nombre de Dios a quien servimos; la institución a que se pertenece y las obligaciones para con el crédito de España y Cuba lo demandan. El Colegio, además de la ciencia cultiva la piedad; pero esa labor bien merece capítulo aparte»[2].

  1. Establecimiento del Noviciado en La Habana. En el Consejo celebrado en 13 de diciembre de 1871, al que asistieron las Hermanas Sor Josefa Suárez, Sor Margarita Batlles y Sor Dolores Orbegozo, presididas por el P. Viladás, se trató de las condiciones de admisión y de que la prueba la harían las postulantas en el Hospital Militar. La formación de las Seminaristas estaría a cargo de la Vicevisitadora Sor Josefa Suárez.

El día de San Vicente de 1872 vistieron el santo hábito cuatro Seminaristas que fueron enviadas a la fundación del Colegio de San Vicente… En uno de los Consejos celebrados en ese año se trató de que la Vicevisitadora y Seminaristas pasaran al Hospital de S. Lázaro, donde habían cedido algunas habitaciones, en tanto se conseguía una casa para la Comunidad, la cual se empezó a fabricar muy pronto, en la Calzada de S. Lázaro, donde está actualmente la Casa Central y a donde se trasladaron en 1874.

De este primer período del Seminario quedan todavía las venerables Hermanas Sor Paulina Sourd, Sor Ana Fernández y Sor Mercedes Caravec, todas naturales de Cuba, que ya han cumplido cincuenta y dos años de vocación. Les siguen en antigüedad Sor Josefa Ortega, Sor Josefa Guarnero, Sor Asunción Carrasquede, Sor Mercedes Duarte y Sor Socorro García, pertenecientes a una colonia mejicana que llegó a Cuba en diciembre de 1883.

En la sesión de 28 de octubre de 1895 se trata por última vez de la admisión de postulantes, pero no especifica si era para el Seminario de la Habana o para el de Madrid.

Las Directoras del antiguo Seminario fueron: Sor María de la Luz, Sor Juana Aguirre, Sor Antonia Torrontegui, Sor Juana Garaicochea, Sor Juana Urrutia y Sor María Luisa Sousa. La última novicia de esta primera época del Seminario fue Sor Carmen Igaravidez.

La Casa central, cuyas obras dirigió el Sr. Sardá, quedó dispuesta a principios de 1874, abriéndose las clases en setiembre de aquel año con algunas niñas internas. A Sor María Díaz se deben las últimas obras de ampliación del Colegio y la iniciación del nuevo Seminario interno, que cuenta ya en su registro 112 vocaciones, desde el 19 de marzo de 1919, en que fue inaugurado.

A todas estas obras va unido otro nombre que las Hermanas de Cuba jamás olvidarán: el de Sor Juana Sagastume, cuya dulzura de carácter y abnegación de sí, eran el comple­mento de la firmeza de Sor Josefa Ortega.

En septiembre de 1923 fue nombrada Vicevisitadora Sor Manuela Saucedo, que llevó a cabo grandes mejoras en el Establecimiento, entre ellas el magnífico salón de labores, donde caben perfectamente más de trescientas niñas.

El 1925 se adquirió un solar con objeto de edificar la iglesia; cuya primera piedra se puso en 1930 y que pudo inaugurarse el 19 de diciembre del mismo año. Pocos días después fue nombrada Vicevisitadora Sor Encarnación García.

De la importancia de este Colegio de la Inmaculada y de sus no interrumpidos progresos es el mejor exponente el siguiente cuadro de alumnas que se matricularon en el curso 1932 a 1933.

Alumnas pensionistas internas ………….. 20

»        externas 1a Enseñanza ….    382

»        »        2ª   »  »   ……                  52

gratuitas ………………               160

Obreras, clase de corte y tejido … 120

enseñanza general……….       112

Tiene el Colegio establecidas algunas obras sociales, como Hijas de María, ropero de San Vicente, Visita domiciliaria, la Santa Infancia en favor de las Misiones de Infieles, la visita a los pobres y una Escuela de Catequistas titulares.

10.- Beneficencia de Matanzas. Se fundó en 1873. Salieron las Hermanas al adveni­miento del nuevo régimen Político. Fueron Superioras:

Sor Angela Lasierra

Sor Ramona Solanellas

Sor Francisca Miguel, 24 octubre 1883

Sor María de la Luz Aguas, 19 enero 1885

Sor Rosario San Vicente

11.- Hospital Civil de Santiago. En 1865 fue instalado el hospital en la casa de Beneficencia por orden del General Villar, y pasó al cuidado de las Hermanas en 1880. En él estuvieron hasta 1904, en que fue entregado a enfermeras seglares.

Fueron Superioras:

Sor María Rami, 1881

Sor Francisca Furquent, 1883 y

Sor Martina Fuente

12.- Hospital y Colegio de los Desamparados. Bejucal. Fue la primera Superiora Sor Pía Echevarría, Hermana de carácter animoso y emprendedor, quien viendo que no alcanzaban  las rentas para el sostenimiento del Hospital de Santa Susana, fundado en 1886 por Doña Susana Benítez de Parejo para los pobres del pueblo de Bejucal, propuso al Sr. Alcalde le permitiera abrir una escuela, en un saloncito anejo al establecimiento, pero con puerta a la calle, donde apenas cabían 25 niñas.

Pronto el local fue insuficiente y, en vista del buen resultado, la Superiora solicitó del mismo Alcalde la cesión de un extenso solar para edificar las salas destinadas al Hospital y utilizar para el Colegio las ya fabricadas, por ser más independientes. Así se pudo obtener el hermoso salón amplio y ventilado de las Escuelas. Pronto pasó de cien el número de alumnas, reservando treinta becas para las niñas pobres. Con esto se cubrieron los gastos del Hospital en todos sus pormenores.

Al estallar la guerra de Independencia, hubo de interrumpirse la enseñanza, para convertir  sus aulas en Hospital y alojar soldados heridos o enfermos. Pasada aquella crisis, volvió a abrirse el Colegio, siendo nombrada Superiora Sor Julia Rivero, con tal acierto que fue aprobado después de minuciosa inspección por el Director Nacional de las Escuelas. Componían la comunidad entonces, además de Sor Julia, Sor Faustina Pérez, Sor Dolores Torres y Sor Pilar Pardo.

En 1908 se hizo cargo del Colegio Sor Faustina Pérez, cuya actividad, celo y abnegación es bien conocida en Bejucal, hasta el punto de que, habiendo sido nombrada Superiora de otro establecimiento de la Habana, el pueblo entero se levantó, hasta conseguir de los Superio­res, que se la devolviesen.

En favor de las niñas pobres se estableció un taller de primorosas labores de aguja, bajo la dirección de Sor Rita. Muchas Señoras y muchas familias y muchas tiendas de la Capital saben de la existencia de ese taller y de la calidad de sus trabajos y encargan canastillas y juegos de cama y mantelerías primorosas. El taller recibe toda clase de encargos. La labor religiosa en el vecindario es amplia y generosa, secundando, como auxiliares de la Parroquia, toda empresa espiritual en favor de las almas. Todos los sábados y domingos tienen catequesis en la Iglesia parroquial, especialmente en las primeras Comuniones de los niños.

Además de las Hermanas citadas han trabajado en esta fundación Sor Eulalia, Sor Juana Urrutia, Sor Andrea Tellaeche, Sor Pía Echevarría y Sor Inés Cordero.

Han sido Superioras:

Sor Esperanza Garriga, 1897.

Sor Faustina Pérez, 1907.

Sor Asunción Masot, 1919.

Sor Faustina Pérez, 1920.

Sor Guadalupe Alcalde, 1926 y

Sor María Menchaca, 1928,

13.- Hospital de San Nicolás. Matanzas. Fue fundado en 1886. En él permanecieron las Hermanas hasta 1900.

14.- Colegio de la Domiciliaria. Habana. Fue fundado este Colegio‑Asilo en 1876 por la Asociación de Beneficencia Domiciliaria de Señoras y completamente reorganizado en 1884. Al principio se recogieron sólo treinta  niñas pobres para mantenerlas y educarlas cristianamente. El edificio se encontraba en mal estado y tan reducido que apenas cabían aquellas niñas.

Pensaron las Señoras en agrandarlo, y notablemente mejorado, se inauguraron las obras en 1886. En ese mismo año fueron llamadas las Hermanas a regentarlo, pues ya desde 1867, la Sra. Condesa de O´Reylli había conseguido por Real Orden, cinco Hermanas de la Caridad.

Seis fueron las que comenzaron esta fundación bajo la dirección de Sor Antonia Torrontegui. Gracias a las Hijas de la Caridad, secundadas muy de cerca por las Señoras de la Junta este centro de educación ha llegado a ser uno de los más importantes de la Habana. El nombre de Sor Julia Pardo va unido a su mayor progreso y al desarrollo de las enseñanzas más útiles para la clase de educandas, como son el inglés, mecanografía, taquigrafía, corte e instrucción cívica. Dedicada Sor Julia durante veinte años, sin un momento de reposo, a la formación de las niñas, son muchas las que en la actualidad son honra y prez del hogar cubano, del magisterio cubano, de la administración cubana, del jardín de la Iglesia cubana y de la sociedad cubana[3].

Las clases para externas, instaladas en la planta baja del Colegio, se inauguraron en marzo de 1897, aumentándose con esta ocasión dos más el número de Hermanas.

Aunque en un principio sólo se pensó en niñas sin pensión, luego se fueron admitien­do también pensionistas, así internas como externas, lo cual ha contribuido a las extraordi­narias mejoras de enseñanza y formación.

Durante la guerra se vio de una manera clara la mano de la divina Providencia sobre esta casa. «Como me dejaron sola, escribe la buena Sor Antonia Torrontegui, y sin recursos para traer de comer a más de ciento doce que éramos en el Colegio, tuve que armarme de fe y esperanza en nuestro Señor y en la protección de la Santísima Virgen, e ir a casa de un comerciante, a quien pedí al fiado víveres para dos meses, lo que alcancé pero el bloqueo duró más de cuatro; mi aflicción era muy grande al ver terminados los efectos y pensando en ello no dormía ni descansaba.

Nunca faltan almas generosas, y aunque el colegio contrajo entonces una deuda de unos tres mil duros, gracias a las diligencias de las Hermanas, las niñas pudieron ser atendidas.

En la actualidad la Domiciliaria tiene cerca de trescientas niñas entre internas y externas. Se han educado en este Centro más de 7.500. La comunidad se compone de trece Hijas de la Caridad.

Superioras que ha tenido:

Sor Antonia Torrontegui, 12 marzo 1886

Sor Andueza, 1 agosto 1902

Sor Paulina Sourd, 4 agosto 1903

Sor Carmen Cuevas, 21 julio 1931

Sor Josefa Ortega, 15 febrero 1933.

15.- Hospital Santa Isabel. Matanzas. Hízose esta fundación en 1889. En ella estuvieron las Hermanas hasta 1900 en que fueron sustituidas por enfermeras seglares.

Fueron Superioras: Sor Juana Garaicochea y

Sor Ramona Idoate.

16.- Colegio de Jesús- María. Habana. En el barrio de Jesús María, uno de los más pobres de la Habana, y no hay que decir de los más ignorantes y abandonados, se inauguró junto a la iglesia parroquial, por los años 1891 a 1892, una escuela en un caserón cedido por un buen señor, a quien Dios inspiró la idea de donárselo a las Hijas de la Caridad, a fin de que lo convirtiesen en enseñanza para las niñas pobres del arrio. A trescientas llegaron éstas desde un principio, siendo solas tres las Hermanas encargadas de su educación, con el ímprobo trabajo de ir y venir todos los días desde la Casa Central a las escuelas; pero contentas con el bien inmenso espiritual y temporal que podían hacer entre aquellas niñas abandonadas.

Siendo la enseñanza completamente gratuita, el sostenimiento de las escuelas corría a cargo de las Hermanas; mas pronto la divina Providencia vino en auxilio en la persona de la inolvidable bienhechora Dª Concepción Baró. En el curso de 1901 a 1902 se estableció ya la comunidad en el lugar de las escuelas, si bien con todas las privaciones e incomodi­dades de una fundación pobre y humilde.

Muerto el Señor donante, y en propiedad ya del terreno, pensaron las Hermanas en levantar un pabellón con la limosna de seis mil duros que les dejó en testamento la señora de Baró. Al contemplar en nuestros días el espléndido Colegio levantado en aquel primitivo solar, que ha ido poco a poco ensanchándose por los solares vecinos con pabellones nuevos y hermosos no puede uno menos de admirar la mano de la Providencia y la constancia y sudores de las Hijas de la Caridad.

Las dos terceras partes del caserón, que la primera superiora Sor Dominica había dejado sin edificar, amenazaban ruina en 1907, y el Estado les obligaba a reedificarlo cuanto antes o cerrar la escuela.

He aquí el apuro de Sor María Campos al comenzar su cargo de superiora. Imposible cerrar aquella escuela de tantos sacrificios y que tan grandes bienes materiales y espirituales producía entre los pobres. Empezó Sor María a desplegar aquel celo y actividad que la hicieron admirable; llamó a las puertas de corazones buenos; acudió a las autoridades eclesiásticas y fue también a entrevistarse con aquel alcalde modelo, que se llamó D. Julio

Cárdenas, quien se constituyó desde entonces como en patrono del Colegio. Sor María se atrevió a pedirle alguna subvención.

Echóse a reir el alcalde, por caerle en gracia semejante propuesta y les dijo; pero, Hermanitas, ¿de dónde van a sacar Vds tanto dinero como necesitan para la reparación?

Total, que les favoreció con cuatro mil duros y además con una subvención mensual de cincuenta para dar almuerzo a algunas niñas pobres. Con esto y otras limosnas de almas generosas se edificaron tres magníficos salones, en el piso bajo, y dos altos, que asegura­ron la vida del Colegio, completado en los últimos años gracias a los desvelos de Sor Francisca Cortegui.

Actualmente asisten 125 alumnas gratuitas, 70 pensionistas internas, 25 internas gratuitas y 37 externas pensionistas. Se han educado en él desde su fundación unas 7 000 niñas. Este Colegio de capacidad y condiciones insuperables puede dar cabida a cien alumnas internas y cuatrocientas externas.

La proximidad de la Escuela Normal ha hecho que muchas familias, que envían a la Habana sus hijas para dedicarse al estudio, se fijen en este centro de Jesús María, considerándole como la mejor residencia para normalistas. Ya se deja ver el gran bien espiritual que con ello reciben, pues el trabajo y ejemplos de las Hermanas en esa edad es su mejor preservativo. Pero la atención especial sigue siendo para las niñas pobres, entre las

que Sor Julia Hurtado halla sus desvelos y sus complacencias. La matrícula de estas niñas oscila entre 180 a 200. Esto es una bendición para aquel barrio tan necesitado corporal y espiritualmente. Hay además escuela dominical de los Señores de las Conferencias para los niños más pobres y abandonados. Ellos mismos, ayudados de algunas jóvenes católicas y mayorcitas del Colegio, tienen la catequesis con notorio provecho de los niños atraídos con fiestecitas y premios a su asistencia y aplicación.

Ha tenido las superioras siguientes:

Sor Luisa Sosa, 1892.

Sor Dorotea Samblancat, 1894.

Sor Dominica Eizmendi, 1904.

Sor María Campos. 1906

Sor Francisca Cortegui

Sor Faustina Pérez

17.- Protectorado de Niños. Habana. Fue fundado el Protectorado en 2 de junio 1894 por la esposa del General Calleja, pero se deshizo al año siguiente. Fue su única superiora Sor Eulalia Aoiz.

18.- Hospital de San Antonio. Habana. Se hizo esta fundación en 1895, pero se deshizo el mismo año. Fue su única superiora Sor Martina de la Fuente.

19.- Hospitales Militares. Además del Hospital Militar permanente de San Ambrosio de

la Habana, hubo otro también permanente en Santiago de Cuba desde 1864, hasta la independencia. Fueron superioras:

Sor Tomasa Bernal,

Sor Magdalena Ribelles,

Sor Josefa Belda y

Sor Bernarda Lacabe.

Las necesidades de la guerra obligaron a abrir los hospitales Militares siguientes:

 

Santispiritus 1895 Madera. Habana 1897
Remedios 1896 Beneficencia. «1897
Matanzas 1896 Regla……..  1897
Cienfuegos 1896 Alfonso XIII   1897
Santa Clara 1896 Bejucal        1897
Ciegos de Ávila 1896 Guanabacoa     1897
Santiago de las Vegas    

 

     [1] Álbum Conmemorativo en el Cincuentenario, 1893-1923.

     [2] Bodas del Colegio de la Inmaculada

     [3] ANALES DE LA CONGREGACION DE LA MISION, T. 34.

One Comment on “Hijas de la Caridad: fundación en Cuba (2)”

  1. Estoy investigando sobre la vida y obra de la Hermana de la Caridad de San Vicente de Paul, Sor Petra Ordas Vega, que nació en Pobladura de Pelayo García, León, España en 1862 y que con 24 años llego a la Habana al Colegio y Hospital de Guanabacoa, pasando despues al Asilo de San Vicente de Paul, en el Cerro de la Habana, donde desarrollo su labor espiritual y cultural llegando a ser la Rectora.
    Murió el dia 12 de Junio de 1949, Se reconoció su labor social y cultural por parte de los Gobernos de Cuba Cruz de Carlos Manuel Cespedes y por España La Gran Cruz de Isabel la Catolica, entras distinciones
    Yo soy Vicente Ferrero, un representante Municipal del Pueblo donde nació Sor Petra.

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