Nacido en Saint-Riquier, el 15 juillet 1662, recibido en la Congregación, en París, el 13 de de enero de 1682, el Sr. François Hourdel murió en nuestra casa de Nuestra Señora de Versalles el 10 de abril de 1742, a la edad ochenta años. Una hidropesía de pecho se lo llevó, en cinco o seis días, a este digno hijo de la Misión, cargado por igual de méritos y de años. Interiormente advertido de su próximo fin, pidió los últimos sacramentos y los recibió con mucha piedad y fervor. Muy ocupado en Dios, pedía a los que le visitaban que le hablaran, como de lo último que le agradara. Estaba en este dulce y santo ejercicio cuando a las diez y media de la noche entregó su alma sin convulsiones, sin agonía, sino en esa profunda paz que, comúnmente se concede a los amigos de Dios.
Este misionero era un gran ejemplo de virtud en la familia. Regular, fiel a Dios hasta en las menores prácticas, asiduo a todos los ejercicios espirituales, interior hasta en las ocasiones de disipación, era dulce, sencillo, mortificado, lleno de caridad para sus cohermanos, bienhechor con todos los que se dirigían a él. Humilde, obediente y siempre presto a todo, se le ha visto sacar partido, sin mucho ruido y tal vez con menos posibilidad, de un empleo donde trabajaba con celo, paz, edificación y fruto; pero nunca se la ha oído pedir cuentas a sus superiores, ni quejarse a sus cohermanos. Amaba singularmente la pobreza: atento a disminuir sus necesidades, contentándose con poco, exacto en pedir el permiso para recibir o para dar las menores cosas.
Dios le había dado una gracia particular para la dirección de las conciencias. Es lo que le ha hecho que le lloren sensiblemente muchas personas distinguidas de la corte, que bajo su sabia dirección caminaban con gran edificación por la vía de la salvación. Lo más admirable en este santo misionero, es que, constante en su justicia, como el sol en su carrera, su vida, si bien larga, ha sido siempre la misma. Ha conservado hasta el fin el espíritu de fervor y de piedad que había logrado en el seminario. –Anciennes Relations, p. 435.







