Al día siguiente de la ejecución o más bien del martirio del Sr. Montmasson, llegó el turno del generoso hermano François Francillon, quien fue al cañón, dicen las Memorias, como a un festín de nupcias.
Este buen hermano, nacido en enero de 1621, en Ceaux, de la diócesis de Poitiers, entró en la Congregación en abril de 1645. Fue el primer hermano que, en compañía del Sr. Julien Guérin, fue a Túnez, en Berbería. Por la gloria de Dios y el bien espiritual y temporal de los pobres esclavos cristianos, compartió las fatigas, las afrentas, las persecuciones de los Misioneros, y los sirvió con una entrega sin igual. Alcanzado él mismo por la peste, de la que los Misioneros eran también sus víctimas, los cuidaba a pesar de todo, diciendo: «Dios hará de mí lo que le plazca, pero es preciso que en el estado en que se encuentran les haga el bien que pueda». Él coronó cerca de medio siglo de trabajos con una muerte gloriosa, el 6 de julio de 1688.







