«Yo te he revelado a ellos y seguiré revelándote, para que el amor que tú me has tenido esté con ellos y también yo esté con ellos». (Jn 17,26).
«Renuévese oportuna y eficazmente la obra de la formación del clero en los seminarios, que ya desde los orígenes se cuenta entre las actividades de la Congregación» (C 15).
La formación de los candidatos al sacerdocio ha sido siempre, y lo será, una preocupación de la Iglesia. También la Congregación ha puesto el máximo interés en preparar Ministros dignos de la Palabra y de los Sacramentos cuando se le ha encomendado esta obra. El pueblo, en efecto, depende espiritualmente en gran medida de la preparación intelectual, pastoral y espiritual de sus Pastores.
1. «Estamos obligados a formar buenos eclesiásticos».
La historia de la Congregación nos enseña que las misiones fueron la obra primera y principal a que se entregó la comunidad misionera; el resto de las actividades se fueron añadiendo poco a poco, a medida que los designios de Dios se revelaron a través de los acontecimientos y necesidades. La formación del clero en los seminarios entró pronto en la lista de ministerios de la Congregación, hasta el punto de que los Misioneros se debían tanto a las misiones como a los seminarios. En este sentido, San Vicente escribe a un Misionero:
«No sabe usted que estamos obligados a formar buenos eclesiásticos lo mismo que a instruir a los pueblos del campo, y que un sacerdote de la Misión que quisiera hacer una de esas cosas y no la otra, no sería un misionero más que a medias, ya que ha sido enviado para las dos? Más todavía; ha dejado de ser misionero en el mismo momento en que se niega a obedecer en una cosa para dedicarse a otra tarea en la que no se cree conveniente que trabaje». (VII 476-477).
2. «Hay que ser firmes sin ser duros en nuestra actuación».
La formación de los futuros sacerdotes exige por parte de los superiores y profesores, además de otras cualidades, saber llevar a los seminaristas por el camino de la piedad sólida. San Vicente daba estos consejos a un superior de seminario:
«Hará usted bien en realizar todos los esfuerzos posibles por educarlos en el verdadero espíritu de su condición, que consiste especialmente en la vida interior y en las prácticas de la oración y de las virtudes; porque no basta con enseñarles el canto, etc.; lo principal es formarles en la devoción y en la piedad sólida. Para esto, hemos de ser nosotros los primeros que nos llenemos de ella, pues sería casi inútil darles la instrucción y no el ejemplo… Hay que ser firmes sin ser duros en nuestra actuación y evitar una mansedumbre fofa que no sirve para nada. Es de nuestro Señor de quien podremos aprender cómo hemos de proceder siempre con humildad y con gracia, para atraerle los corazones sin cansar a nadie». (IV 555).
3. «Los seminarios mayores son necesarios para la formación sacerdotal».
El Decreto del Concilio Vaticano II sobre la formación sacerdotal señala las líneas principales en que debe incidir la tarea educadora en los seminarios:
«Los seminarios mayores son necesarios para la formación sacerdotal. Toda la educación de los alumnos en ellos debe tender a que se formen verdaderos pastores de las almas a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, Maestro, Sacerdote y Pastor; prepárense, por consiguiente, para el ministerio de la Palabra: que entiendan cada vez mejor la Palabra revelada de Dios, que la posean en la meditación y la expresen en su lenguaje y sus costumbres; para el ministerio del culto y de la santificación: que, orando y celebrando las funciones litúrgicas, ejerzan la obra de salvación por medio del sacrificio eucarístico y los sacramentos; para el ministerio pastoral: que sepan representar delante de los hombres a Cristo, que «no vino a ser servido, sino a servir y dar su vida para redención de muchos» (Mc 10,45), y que, hechos siervos de todos, ganen a muchos». (OT 4).
- ¿Estoy dispuesto a ir a un seminario, si los superiores me encomiendan este ministerio?
- Si trabajo ya en los seminarios, ¿me entrego de corazón a la formación de los futuros sacerdotes?
- ¿Doy ejemplo a los seminaristas de piedad, trabajo y abnegación?
Oración:
«Oh Dios, que quisiste dar pastores a tu pueblo, derrama sobre tu Iglesia el espíritu de piedad y fortaleza que suscite dignos ministros de tu altar y los haga testigos valientes y humildes de tu Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo».
(Mro, Votiva por las vocaciones a las Sagradas Órdenes).






