Fidelidad de la CM y de las HHdlaC a las intuiciones fundacionales ante los nuevos ordenamientos jurídicos en la iglesia (II: Panorama de la Vida Consagrada 1)

Mitxel OlabuénagaFormación VicencianaLeave a Comment

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1.- Panorama de la vida consagrada en tiempo de san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac

El Concilio IV de Letrán (1215) prohibió la fundación de nue­vas Órdenes Religiosas, estableciendo que quien quisiera entrar en religión debía hacerlo adoptando alguna de las cuatro Reglas apro­badas (canon 13): las de San Pacomio, San Agustín, San Basilio y San Benito.

La aparición y florecimiento de las Órdenes Mendicantes en el siglo XIII ofrece un rostro nuevo de la Vida Consagrada, centrada hasta entonces, sobre todo, en la dinámica de la conversión interior y de la estabilidad en el monasterio. Una mayor presencia de la Vida Consagrada en las ciudades, que se llenan de conventos, y una impresionante creatividad en las formas de relación con el pueblo caracterizarán las fundaciones de los siglos posteriores.

El rápido desarrollo de las Órdenes Mendicantes y la presencia de numerosas instituciones de ámbito diocesano llenaron Europa de millares de establecimientos religiosos. Pero la abundancia de comunidades no siempre estuvo acompañada de la autenticidad en las motivaciones o en las costumbres de quienes en ellas vivían.

El estallido de la Reforma protestante provocó una importan­te reconfiguración de la Vida Consagrada en Europa:

  • Los monasterios permanecieron donde los príncipes o señores locales eran católicos, según el principio «cuius regio eius et religio».
  • El ejemplo de Martín Lutero, que abandona su comunidad y contrae matrimonio con Catalina de Bora, monja cisterciense, invita a muchos otros religiosos y religiosas a emprender cami­nos similares.
  • La ruina de los monasterios de Inglaterra fue total para cuantos no aceptaron a Enrique VIII, divorciado y casado con Ana Bolena, como Cabeza de la Iglesia anglicana.

En la Europa occidental desaparecen más de ochocientos monasterios en menos de un siglo de iniciada la Reforma protestante.

Al mismo tiempo que la reforma protestante ocasionaba la reconfiguración del cristianismo en Europa, se extendía el anhelo de fidelidad y el retorno a las fuentes evangélicas de la Vida Consagrada, que dará sus frutos en las reformas de las Órdenes clásicas y en la aparición de nuevas Congregaciones en los siglos de la reforma católica en torno a la celebración del Concilio de Trento.

En este contexto de reforma surgen, en los primeros años del siglo XVI, los Clérigos Regulares que suponen una verdadera alternativa ante la decadencia del clero. A las fundaciones de los Teatinos, Barnabitas y Somascos, se unirá pocos años después la Compañía de Jesús de San Ignacio de Loyola. El desarrollo y rápida extensión de la Compañía de Jesús inspirará a la mayor parte de las congregaciones religiosas surgidas después del siglo XVI.

  • El Concilio de Trento y la vida consagrada

El Concilio de Trento (1545-1563) abordó los temas relativos a la Vida Consagrada en la Sesión XXV, la última, durante los días 3 y 4 de diciembre de 1563.

Varios abusos preocupaban especialmente:

— La entrada forzosa, y por tanto sin vocación, de algunas per­sonas en los conventos.

— El incumplimiento de la clausura.

La encomienda de puestos de responsabilidad, considerados como beneficios, a personas ajenas a la vida religiosa que con frecuencia acumulan cargos.

El Concilio decreta:

  • La observancia estricta de la clausura.
  • La separación de los conventos de las ciudades, salvo que razones de seguridad no lo aconsejen.
  • La confesión frecuente de las religiosas (una vez al mes, por lo menos).
  • La libertad para quienes deseen entrar en religión (no se puede forzar a nadie a entrar ni tampoco impedírselo).
  • La necesidad de un examen a quien desee ingresar en clausura.

El Concilio de Trento, sin embargo, no llegó a eliminar la «encomienda», limitándose a recomendar suma moderación a la hora de nombrar abades comendatarios.

1.2. La Bula “CIRCA PASTORALIS» (1566) de san Pío V y la vida consagrada

Poco después de la clausura del Concilio de Trento, el 29 de mayo de 1566, publicaba el Papa San Pío V la Bula «Circa pastoralis». Esta Bula supone en la práctica una interpretación de los cánones del Concilio de Trento en sentido restrictivo para la Vida Religiosa femenina.

La Bula impone la Clausura a todos los conventos femeninos, aunque la hubiesen abandonado desde muy antiguo e incluso aun­que no estuviese prescrita por sus Reglas. De este modo, todos los conventos femeninos habrán de abrazar la clausura y los votos solemnes. A quienes no desearan este camino, les quedaba única­mente la opción de morir poco a poco, ya que no podrían recibir nuevas candidatas.

El mismo Papa san Pío V publicó aún otra Bula para declarar obligatoria la clausura también para las monjas de sangre real, con fecha de 24 de enero de 1570.

Las restricciones del Papa San Pío V cerraban el camino a cual­quier forma de Vida Religiosa femenina que no abrazara la clausu­ra.

Corpus Juan Delgado, cm

CEME 2015

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