Federico Ozanam y la marginación en el siglo XIX

Francisco Javier Fernández ChentoFederico Ozanam1 Comment

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Author: Marcelo Ferrando · Year of first publication: 1996 · Source: Boletín de Lecturas Sociales y Económicas • UCA • FCSE • Año 3 • N° 11. Buenos Aires, 28 de mayo 1996..
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Mural de 4 × 4 metros ubicado en la Parroquia de San Vicente, en Graz (Austria), pintado por Sieger Köder (1925-2015), sacerdote alemán. Con una gran empatía y destreza, representa a Federico Ozanam y su compromiso con los pobres.

Mural de 4 × 4 metros ubicado en la Parroquia de San Vicente, en Graz (Austria), pintado por Sieger Köder (1925-2015), sacerdote alemán. Con una gran empatía y destreza, representa a Federico Ozanam y su compromiso con los pobres.

Cuando hablamos de Federico Ozanam, lo asociamos inmediatamente con la Sociedad de San Vicente de Paúl. Y si nos piden más características sobre su vida, diremos que además de fundar las Conferencias Vicentinas, influyó en el pensamiento social cristiano de la época, dio impulso al nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia, fue un ilustre profesor en París y llevó una vida familiar cristiana ejemplar junto a su esposa y su pequeña hija.

Estas son sólo algunas de las tantas cosas que podemos citar de Ozanam en sus cortos cuarenta años de vida. Lo que difícilmente logremos con­cluir, es que finalmente Ozanam fue un luchador incansable contra la mar­ginación. Vamos a describir las razones que nos permiten aseverar esto, las causas que nos animan a afirmar que:

  • Ozanam fue un marginado en su tiempo y luchó contra su propia marginación.
  • Ozanam rescató los valores cristianos luchando contra la marginación social y religiosa de la época.

La marginación de Ozanam

Los primeros años de vida de Federico Ozanam fueron felices. A ellos se refiere al final de su obra «La civilización en el siglo V» donde nos dice: «Dios concedióme la gracia de nacer en la fe en medio de un siglo de escepticismo. Púsome sobre las rodillas de un padre cristiano y una madre santa; me dio por maestra una hermana de clara inteligencia y gran piedad«. Vemos en estas palabras la felicidad de su recuerdo de una niñez en un hogar cristiano. Pero cuando los años fueron pasando y comenzó su vida de relación se encontró con un mundo marcado por un creciente rechazo hacia el ideal cristiano.

En 1828 inicia la tercera etapa del Colegio (teniendo quince años) es decir los dos años de Filosofía, durante los cuales pasó por una importante crisis religiosa que luego recorda­ría con estas palabras: «Experimenté el horror de las dudas y no me dejaba descansar la incertidumbre de mi eterno destino. Me aferraba a los sagrados dogmas, pero parecíame que se rompían en mis manos». El abate Noirot, sacerdote llamado «el primer profesor de Filosofía de toda Francia» fue el auxilio enviado por Dios en estos momentos de prueba similares a las tentaciones de Jesús en el desierto.

Superado ese trance, recibido de abogado y doctorado en letras en 1839, alcanzó en 1844 el cargo de Profesor titular en La Sorbona, una de las más importantes universidades de Francia. Pero ¿cómo era entonces la patria de Ozanam? Evidentemente Francia fue, en la primera mitad del siglo XIX, el centro mundial de las nuevas ideas filosóficas y sociopolíticas. Ocurrida la Revolución Francesa en 1789, la tendencia era lograr una ruptura total con el «Antiguo Régimen». Así se irían sucediendo el apogeo y el ocaso de Napoleón, su abdicación en 1815, el derrocamiento de Carlos X en 1830 y la consiguiente proclamación de Luis Felipe de Orleáns como rey constitucional. Con él habría de resurgir el odio anticlerical en una Francia en que la Iglesia era identificada con el régimen recientemente derrocado. El Nuncio debió huir, las cruces eran derribadas, las iglesias invadidas y los sacerdotes humillados, insultados y obligados a permanecer en silencio ante las afrentas. A esta impiedad activa se sumarían, en el orden social, los postulados de quien hoy es considerado «precursor del socialismo», Henri de Saint-Simon. Es en tales circunstancias que se produce la llegada de Ozanam a París.

Imaginemos la constante marginación a la que habría de ser sometido Ozanam siendo uno de los pocos profesores católicos de su época, y el asedio permanente de sus pares y alumnos con los cuales tuvo que enfrentarse. En este contexto, debemos imaginar a un Ozanam, indiscutible gran profesor, pero marginado por sus ideas. Y también imaginaremosa a un Ozanam revestido de la coraza que poseen los hombres fuertes del Evangelio, dada por el Espíritu Santo, librando constante batalla para perseverar y difundir una ideología socio-política acorde con la Buena Noticia. Indudablemente ser cristianos y defensor de ideas católicas en esa época, significaba estar en contra de la mayoría, implicaba una constante lucha y la consecuencia de estar al margen de la corriente de pensamiento contemporáneo.

Por todo esto decimos que Ozanam fue un marginado, pero lejos de convivir con su marginación trató incansablemente de integrarse en su tiempo, sin claudicar siquiera un ápice de todos sus pensamientos, y logrando que otros hombres continuaran su ideal cristiano.

La lucha contra la marginación social

En una de las tantas batallas libradas por Ozanam para salir de su marginación, comienza una nueva etapa: el inicio de las Conferencias Vicentinas y la lucha contra la marginación social.

En diciembre de 1832, Federico Ozanam comenzó a formar parte de la «Conferencia de Historia», donde se debatían cuestiones sociales y políticas de la época y eran admitidas todas las convicciones políticas y religiosas. La enseñanza universitaria se impartía en esa época con violenta oposición al cristianismo. Ozanam ya había encabezado un acto de protesta por la falta de respeto cometida por el profesor racionalista Teodoro Jouffroy, quien atacaba en sus clases al cristianimso sin dejar de herir con sus prédicas a sus alumnos cristianos. Ozanam logró que el profesor declarara en público que en adelante trataría de no herir las creencias ajenas. La vehemencia y el liderazgo demostrados por Ozanam como alumno debían manifestarse ahora en las Conferencias de Historia. Al mismo tiempo comenzó a frecuentar las veladas que todos los domingos efectuaba en su casa el intelectual católico Montalembert.

Los universitarios católicos se convencían que para anular el mal efecto de la enseñanza y propaganda anticristiana la protesta en el ámbito universitario no alcanzaba; se necesitaba un lugar público para la defensa de los ideales. En enero de 1833 Federico Ozanam con dos amigos llevó al Arzobispo un pedido firmado por cien católicos pidiendo la creación de un curso de conferencias en la Iglesia de Notre Dame. Mientras esto se hacía realidad Ozanam seguía asistiendo con sus amigos católicos a las Conferencias de Historia. En uno de esos encuentros, alguien que hacía el elogio del poeta inglés Byron se fue en atroces injurias contra la Iglesia Católica llamándola repetidas veces cuerpo muerto. Federico tomó la defensa enumerando las obras, hospitales, asilos y en general la asistencia que se brindaba a los más necesitados. El orador le replicó que eso había sido verdad en el pasado, pero que en ese entonces la Iglesia estaba muerta. Los ocho católicos presentes callaron humillados, y luego de la reunión surgió de Ozanam la respuesta indicada:»Vayamos a los Pobres». Así nacieron las Conferencias Vicentinas. Ozanam habló con sus compañeros Lamache y Devaux sobre la oportunidad de agrupar a muchachos católicos para mostrar la vitalidad de la Iglesia yendo a los más necesitados. Fueron a aconsejarse con monsieur de Bailly, presidente de la «Conferencia de Historia» quien para animarlos decidió presidir esta conferencia de caridad. A cada miembro se le señaló una familia pobre para visitar y así nació la Sociedad San Vicente de Paul, en recuerdo del apóstol de la caridad venerado por la familia de Bailly.

De esta forma a los 19 años, Ozanam comienza la lucha contra la marginación social, como consecuencia directa de su permanente lucha contra la marginación ideológica a la que fue sometido. Y el accionar de las Conferencias Vicentinas, lejos de constituir una entrega dadivosa de cosas, es un sendero para lograr la santificación de los socios, como lo establecen los Objetivos y el Reglamento de la Sociedad.

Hoy la Sociedad de San Vicente de Paul tiene su sede en París donde se encuentra el Consejo General y se extendió a los cinco continentes. En cada país tiene un Consejo Superior del cual dependen Consejos Centrales y/o Particulares que agrupan en cada región geográfica a las Conferencias que actúan en Parroquias. Una auténtica organización transnacional con un objetivo cristiano: lograr la santificación de los integrantes de la Sociedad mediante las obras de caridad, especialmente la visita y asistencia al pobre en su domicilio.

One Comment on “Federico Ozanam y la marginación en el siglo XIX”

  1. He leído el primer tomo de las Cartas de Federico Ozanam. Sabía de antemano y, a grosso modo, su forma de ser, de sentir, de saber sus pensamientos, etc. Me ha dejado sorprendida porque «he vivido tan intensamente sus cartas que la voy a volver a leer» . He sufrido con él. He llorado con él. He rezado con él. La humildad que destila en sus cartas es impactante. Su sencillez aplastante. El amor que siente por sus amigos, sus desvelos por ellos no tiene parangón. No encuentro palabras para describir los sentimientos que me han provocado su lectura.
    Enhorabuena Chento. Me imagino que tu también habrás vibrado con sus cartas y mas traduciéndolo.
    Soy Nieves del Consejo de Zona Gran Canaria.

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