Novedades sobre sus estudios y su salud.
[Lyon,] 9 de junio de 1830.Ozanamus Materno suo salutem
Ne stupeas latio oleat quod epistola versus
Incedantque uno carmina clauda pede,
Quippe et Romuleæ non fas valedicent linguæ
Et jam Virgilium dedidicisse pudet!
Virgilium, cujus mihi semper carmina cordis
Deliciasque meas deliciasque tuas.
Et quanquam jubeor germanica discere verba,
Illepidosque rudi vote referre sonus,
Me juvat antiquos interdum agitare labores,
Me juvat imparibus ludere versiculis.
Ludere! Miraris verbum : — « Num ludere fas est?
Conveniunt-ne gravi talia verba sophi? »
Esto! me indocilem fateor Zenonis alumnum.
Est mihi quædam intus sordida pigritia.
Ludere amo : fessam recreant justa otia mentem
Atque potest nimius sæpe nocere labor.
Adde quod infirmos pestis mala serpat in artus,
Nam me secretus, me quoque morbus habet.
Sæpe caput mihi sæpe alvam dolor angit iniquus
Et negat officium venter obire suum.
Et nondum crevit morbi vis improba : nondum
Me tenet in lecto vis inimica meo.
Comparibus fatis semper sic alimus ambo.
Nos jungit morbus : jungat amicitia,
Jungat et haud ullo nos jungere desinat ævo
Et, crescente simul tempore, crescat amor.
Difficilis nobis vitæ labor, arida cæli
Est via : præsidio sis mihi, simque tibi!
Traducción:
Ozanam saluda a su Materne[1]
No te sorprendas de que la carta huela a latino en sus versos
ni de que el poema ande cojo de un pie,
pues no le es lícito abandonar la lengua de Rómulo.
¡E incluso Virgilio se avergüenza de haberla olvidado ya!
Virgilio, cuyos poemas me han sido siempre queridos
mi delicia y tu delicia.
Y aunque me mandan aprender palabras germánicas
y repetir con tosca voz sonidos sin gracia,
me gusta, entretanto, ocuparme en las antiguas tareas,
me gusta divertirme con versitos desiguales.
¡Divertirse! Te admiras de la palabra: —«¿Acaso es lícito divertirse?
¿Acaso son estas palabras apropiadas para un sabio digno?»
¡Está bien! Yo me confieso alumno rebelde de Zenón.
Hay en mí una cierta vil pereza.
Adoro divertirme: el ocio, en su justa medida, restablece el espíritu cansado
y, con frecuencia, puede ser dañino el trabajo sin medida.
Además, una penosa dolencia se cuela en mis débiles miembros,
pues me tiene apartado, me tiene a mí también la enfermedad.
El dolor me atormenta de forma intermitente, ora la cabeza, ora las tripas,
y se niega el vientre a cumplir su trabajo.
Y aún no ha desarrollado la enfermedad su ímproba fuerza, aún no
me retiene en mi lecho la fuerza enemiga.
De este modo, crecemos ambos con destinos parejos.
Nos une la enfermedad: que nos una la amistad,
que nos una y que no deje de unirnos en ninguna edad,
y que, al aumentar los años, aumente al mismo tiempo el amor.
Difícil es para nosotros la tarea de la vida, árido es
el camino del cielo: ¡que seas mi refugio y yo sea el tuyo!
Ozanam.
Fuente: Archives Laporte (original). • Edición: LFO1, carta 14.
[1]* Traducción de Iván Juarros, C.M.







