Federico Ozanam, Carta 0015: A Hippolyte Fortoul

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Federico OzanamLeave a Comment

CREDITS
Author: Federico Ozanam · Translator: Jaime Corera, C.M.. · Year of first publication: 2015 · Source: Federico Ozanam, Correspondencia. Tomo I: Cartas de juventud (1819-1840)..
Estimated Reading Time:

Aislamiento actual. Lectura de las obras de Cousin. Consideraciones sobre las relaciones entre la filosofía, la educación y el lenguaje.

Lyon, 26 de mayo de 1830.

Mi querido Fortoul:

Ha pasado ya mucho tiempo sin escribirte. No me riñas, porque hoy reparo mi falta y además con un papel muy grande, de manera que el retraso será compensado por lo largo de la carta. Eso es una pequeña lección amistosa que te doy, pues me desagrada un poco el ver que me llegan siempre unas pequeñas piezas de papel para Materne y para mí a la vez. No es que me ofenda ni lo más mínimo el que nos escribas a los dos juntos, sino que veo en eso un pretexto para escribirnos con menos frecuencia. Si supieras cuánto nos agradan tus cartas y las de Huchard, qué fiesta celebramos cuando las recibimos: las leemos, nos las prestamos, las volvemos a leer juntos. Pues Materne, Balloffet y yo somos tres criaturas tan inseparables como es posible en este mundo. Sin embargo, aquí me tienes ahora, aislado totalmente y triste. Por un lado, Materne está obligado a estar en el campo por sus continuos malestares y, por el otro, Balloffet está encadenado a su trabajo por el cancerbero de su abogado1, de suerte que aquí me tienes en una posición falsa. Todos mis afectos están revueltos, mis hábitos zarandeados, e incluso mi pobre máquina física no se encuentra en el mejor estado posible. Así que, como la sensibilidad está siendo atacada, comprenderás que se ha roto el equilibrio de las tres fuerzas sicológicas. El yo pierde su actividad y no escucha siempre a la razón, la razón que en su calidad de hecho impersonal es lo único que permanece inmutable en este tumulto. Pero basta con preocuparse de estas miserias. Aprendiz de filósofo, hablando a un filósofo, siento ya vergüenza de haber hablado tanto de esas cosas.

Como me lo aconsejaste, he leído las 13 primeras lecciones de Cousin, pero un poco a la ligera, con la idea de volver a leerlas otra vez. Esto es lo que pienso, te hablaré francamente, sicut amicus ad amicum2. Admiro, me placen mucho esas grandes y bellas consideraciones sobre los destinos del hombre, sobre su coordinación, sobre las visiones providenciales. Y me digo: qué hermoso es esto, me gustaría que fuese verdad y, sin embargo, no me quedo convencido. Me parece que siempre encuentro alguna sutileza en el razonamiento, algo de vago en las conjeturas. A veces el análisis no me parece muy completo. No veo, por ejemplo, por qué confunde, en la enumeración de los cinco elementos de la sociedad, la filosofía y la ciencia bajo el nombre común de filosofía. A veces encuentro abuso del lenguaje. ¿Se puede extender la política a toda la moral en general? ¿Desde cuándo la política se ocupa de los deberes individuales y religiosos? Por otro lado, ¿cómo separar de la política la economía política que, sin embargo, se ocupa de lo útil? Te ofrezco esas observaciones.

Estoy leyendo ahora los Fragmens philosophiques de Cousin3. Me gustan mucho más que sus lecciones. La razón es muy sencilla. Las lecciones destinadas al público están en gran parte inspiradas por la imaginación; los fragmentos, al contrario, son puramente filosóficos y llenos de observaciones sicológicas. Hasta aquí yo creo que las entiendo y encuentro en ellas mucha claridad. Te dije en mi última carta que no te iba a hablar del origen del lenguaje, de la revelación y del nacimiento de la filosofía. Voy a decirte lo que pienso de ellos, pero te anticipo que no he leído aún lo que el señor Cousin ha escrito sobre el tema del lenguaje.

Para empezar, dejo sentado que sin la ayuda del lenguaje no se podría adquirir ni ideas intelectuales, ni ideas abstractas y, por consiguiente, ni ideas de causa y de sustancia, ni ideas morales. Me baso en el razonamiento y en la experiencia que establecen ese hecho y no creo que tú dudes de ello más que yo. Ahora bien, si no hay ni ideas intelectuales ni abstractas sin un lenguaje que contenga la expresión de esas ideas, no se puede inventar un lenguaje que las exprese. De donde se sigue que atribuir al hombre la invención del lenguaje es hacer un círculo vicioso. Es necesario, pues, que cada hombre, al aparecer en la tierra, encuentre en ella un lenguaje que contenga ya la expresión del mundo intelectual para elevarse al conocimiento de ese mundo. Es necesario que se lo revele la educación. Y entonces, dirigiendo la atención hacia ese orden de hechos cuya existencia se le ha revelado, lo iluminará, lo observará, hará en él nuevos descubrimientos, tal vez creará nombres nuevos para expresarlos, y el hombre se hará filósofo. Así que, para hacerse filósofo, hay que aprender por la educación que existen hechos intelectuales, hay que haber aprendido por el lenguaje a distinguir las percepciones confusas de causa, de sustancia, de verdadero, de bueno, de bello. En una palabra, no hay filosofía sin educación. Ahora bien, esa educación ¿de quién la recibió el primer hombre? ¿Cómo se ha introducido en la sociedad el lenguaje de los hechos intelectuales y de las abstracciones? No se puede responder a esa pregunta más que por la revelación primitiva. Es, pues, Dios quien en el comienzo fue el primer doctor del género humano, es necesario que él haya revelado al hombre la existencia del mundo real y del mundo abstracto con un lenguaje que contuviera la expresión de todo ello.

Supuesto eso, descubrimos a través de los siglos el origen de la filosofía. Conservada de edad en edad por las castas sacerdotales, la noción del mundo intelectual se mantuvo, se desarrolló, y los sacerdotes tuvieron que ser los primeros filósofos, el Oriente la primera cuna de la filosofía. En fin, llegó un día en que Pitágoras y Tales fueron a reclamar, en nombre de la razón, el depósito precioso sobre el que velaba la religión en las tinieblas misteriosas de Egipto y de la India. Poseedor de esas tradiciones, el genio de Grecia las entregó al examen público e independiente. Y, como esas tradiciones tenían por objeto los dogmas principales de la religión: el alma, Dios, la creación, etc., tenía que suceder, y sucedió, que se trataron en primer lugar las cuestiones generales y sintéticas de la sicología trascendental, de la teodicea, de la cosmogonía, antes de pensar en el análisis y la observación. Tuvo que pasar mucho tiempo antes de pensar en descomponer esos dogmas extremadamente complejos. Y si la moral fue más estudiada, más aclarada que la lógica, es porque la revelación primitiva proporcionaba más datos sobre ese tema.

Sin embargo, hasta en Grecia se mantuvo la influencia celosa de las castas sacerdotales. Los dogmas trascendentes se transmitían por la iniciación órfica. Sócrates fue condenado a muerte por haber combatido a unos dioses en los que ya no creía ninguna persona con sentido común […]4.

Fuentes: Archives nationales, 246 AP 4, nº 9 (original). — Archives Société de Saint Vincent de Paul (fotocopia). — Archives Laporte (copia). • Ediciones: LFO5, carta 1339 (11 bis). — Disquisitio, p. 81 (parcial).

  1. Después de conseguir el bachillerato el 13 de febrero de 1830, Balloffet entró como pasante en el bufete del señor Jacques Chambeyron (1786-1872), abogado. Dejará ese puesto en 1834 para ir a París a estudiar Derecho y allí volverá a encontrarse con Federico Ozanam.
  2. «Como un amigo a otro amigo».
  3. Cousin, Victor. Fragments philosophiques (Fragmentos filosóficos). Primera edición. París: 1826. Las lecciones de las que se habla aquí aparecen en el Cours de philosophie (Curso de filosofía). París: 1828-1829, 3 tomos en 2 volúmenes.
  4. El texto original se detiene aquí, al final de la cuarta página. Es probable que terminara en otra hoja, hoy perdida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *