Justificación de la posición adoptada en un poema sobre la expedición de Argel1.
Lyon, 5 de mayo de 1830.
Mi querido Materne:
¿Cómo has podido sospechar que te acusara de indiferencia por la patria? Oh, te conozco bien y sé que aunque nuestras mentes no siempre están de acuerdo sobre algunas cuestiones de política, al menos nuestros dos corazones laten siempre igualmente por nuestra bella Francia.
Pero debo admitir que me sorprendes mucho cuando me encuentras demasiado riguroso a cuenta de los argelinos y aunque estoy decidido a hacer algunos cambios en el poema, creo que tengo que justificarme.
En primer lugar me parece que, en un canto de guerra, debe haber exageración, hipérbole, por usar el lenguaje de los retóricos. La poesía debe ser como el espejo cóncavo que aumenta el tamaño de los objetos; pues la poesía lírica, sobre todo, debe ser, según mi opinión, la expresión de un sentimiento exaltado, de una pasión. Pero las pasiones son una especie de vidrio que amplifica singularmente todo lo que se mira a través de él. ¿Cuál es, entonces, mi error, si hay error? Confundir a la nación con el gobierno. Pero no he hecho más que usar una figura retórica que conoces muy bien. Por otra parte, ¿no es cierto que en política el gobierno es el representante de la nación? ¿y que siempre que se declara la guerra a un gobierno la guerra se hace contra la nación? ¿y que hay entre la nación y el gobierno tal solidaridad que aquella paga los errores de este? Cuando Bonaparte desoló Austria y Prusia, ¿no era a la nación a la que golpeaba para castigar al gobierno? Y si esto es cierto para todos los pueblos en general, ¿no lo es todavía más para Argel en particular, donde el Bey2 es electivo, donde el pueblo lleva a un hombre a la autoridad cuando le place o le destituye cuando ya no le conviene?
¿No ves que los argelinos, que han matado ya a tantos de sus gobernantes, matarían también a este si no compartiera sus sentimientos? Así que, si los argelinos han escogido para gobernar a un canalla y le mantienen, son canallas como él.
Por otra parte, no hay que engañarse hasta el punto de creer tan inocentes a los argelinos. Según autoridades muy seguras, sé muy bien que la piratería no se hace solo en nombre del gobierno, sino que la mayor parte de los corsarios de ese país trabajan por cuenta propia. El comercio de Argel consiste enteramente en la piratería y la venta de esclavos. Y esto es lo que me hace estremecer, es esto lo que me sobrecoge de horror cuando pienso que tú o yo podemos, un buen día, convertirnos en presa de esos corsarios, si somos forzados a emprender algún viaje, cuando pienso que uno de nuestros familiares pudiera ser apresado y vendido al Gran Turco para su serrallo.
Los argelinos se han comportado siempre como hoy por lo que, si la culpa es de su gobierno, habría que decir que su gobierno ha sido culpable siempre, y la nación inocente; que ese desgraciado pueblo, siendo tan bueno, ha estado siempre bastante ciego para elegir un gobierno que le engañaba, y esto durante 500 años. En mi opinión, encuentro esta consecuencia un tanto absurda.
En cuanto a las ideas que profesas acerca de la lotería, estoy perfectamente de acuerdo contigo y, aun aplaudiendo las medidas que últimamente han disminuido en mucho el número de loterías, he suspirado y suspiro por el día memorable en que esta desgraciada Sirena sea exterminada para siempre.
Pero aunque sé muy bien que la lotería ha hecho más desgraciados que la piratería, creo que los corsarios han hecho siempre un gran daño al comercio y, sin decir que la piratería sea la causa por la que algunos franceses carecen de pan, solo he intentado ofrecer un contraste entre las riquezas de la mayor parte de esos malvados armadores argelinos y la pobreza de tantos honrados obreros que mueren de hambre.
Pasemos este artículo… Tú crees que la guerra de Argel se hace sin causa… pero, ¿el insulto al barco de la Provenza no es nada a tus ojos? Crees que se ha hecho sin votaciones. Sé, cierto, que no ha podido ser decretada por la Cámara, pues, según la siempre memorable Carta que nos ha sido otorgada, el derecho de hacer la guerra y la paz pertenece al rey. Pero, por otro lado, la multitud de voluntarios, el entusiasmo de los soldados, el entusiasmo de las ciudades marítimas, el acuerdo de muchos periódicos, ¿no muestran la voluntad del pueblo y, porque tal o cual gaceta se opone, crees que una tal guerra debe retrasarse hasta que se tenga el consentimiento de esos señores? Dices que no hay motivo y desconfías de la utilidad de la empresa. Creo que estás en un error. Es cierto que el señor de Polignac es del antiguo régimen, puede incluso ser anglómano, pero creo, sin embargo, que el señor de Polignac no ha perdido ese viejo carácter de honor común a todos los franceses, desde el más arrugado marqués del 89 hasta el diputado de 1830. Creo que el señor de Polignac, pretendiendo hacer de la guerra de Argel el suceso glorioso de su ministerio, no puede estar tan ciego como para dar, en este asunto, pasos antifranceses totalmente contrarios a sus intereses. Oh, amigo mío, creo que hay patriotismo en todos los corazones franceses.
Además, ¿por qué suponer una mala intención antes de ver lo que sucede? ¡Paciencia! No pretendamos juzgar los pensamientos de los hombres sobre datos que no pueden dar más que probabilidades. No creas por esto que pretendo hacer el elogio del señor de Bourmont.
En fin, me queda una cosa de la que mi corazón necesita descargarse: has censurado la intervención de un motivo religioso en el final de mi canto. Ahora bien, no he querido decir que la guerra se llevó a cabo por ese motivo, pero pienso que es, en efecto, el motivo secreto de la Providencia que, por la destrucción del mahometismo en África, abre una vía a la civilización en ese desgraciado país. Por otra parte ¿no es digno de la Providencia dar como espectáculo a las naciones el castigo de esos grandes criminales, y no es tiempo de que haga desaparecer de la faz de la tierra un pueblo realmente cruel? Mantengo que, en esto, la Providencia dirige el brazo del poder temporal, porque la Providencia tiene sus caminos. ¿Cuánto han hecho sufrir los musulmanes a los cristianos? ¿No es pues justo que llegue su turno? Por lo demás, aunque no haya en este tema exactitud filosófica, creo que lo maravilloso es necesario en la poesía, y no hago más que expresar sentimientos que se encuentran en todo momento en los Profetas.
Por lo demás, te confieso que tus reflexiones han hecho nacer en mí una gran incertidumbre sobre mi poema y he resuelto, después de algunos cambios parciales, mostrarlo al abate Noirot para que juzgue del conjunto: me remito a él.
No me lo tengas en cuenta, mi querido amigo, por haberte hablado francamente y por no haber cedido al momento a tus consejos. No estoy menos dispuesto a pedirte tu parecer en otra ocasión. Atrevámonos a contradecirnos de vez en cuando: la verdad, la concordia acabará por brotar del contraste. Abramos nuestro corazón y discutamos sabiamente, nuestra amistad se hará más fuerte. ¡Oh! Sí, seremos siempre amigos, ¿no?
Ozanam.
Al dorso: Al señor Aug. Materne, poeta, filósofo, etc., Lyon. • Fuente: Archives Laporte (original). • Edición: LFO1, carta 11.







