Fecha, número y autenticidad de las apariciones de la Virgen Milagrosa

Francisco Javier Fernández ChentoVirgen MaríaLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: René Laurentin · Traductor: Luis Huerga, C.M.. · Año publicación original: 1981 · Fuente: 9ª Semana de Estudios Vicencianos.
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Hace 150 años, Catalina Labouré, campesina borgoñona que había entrado en el seminario de la rue du Bac el 21 de abril de 1830, tuvo visiones del corazón de Monsieur Vincent, desde el lunes 26 de abril hasta el 2 de mayo, y luego aparicio­nes de la Virgen, quien pidió se hiciese acuñar la Medalla Mi­lagrosa.

Estas apariciones determinaron, en las dos familias funda­das por san Vicente de Paúl (las «familias vicencianas», como hoy se dice) y en la Iglesia entera, una maravillosa corriente carismática, inspirada por un soplo de esperanza. Así fueron vencidas la morosidad, tibieza, decadencia que habían seguido a la Revolución. Así llegó un raudal inmenso de curaciones, conversiones, protecciones. La repercusión fue considerable. Ozanam no se contentó con dar cuenta del primer libro en que se hablaba de la Medalla Milagrosa, sino que llevaba esa Me­dalla, y el mismo Newman se la puso, el 2 de agosto de 1845, cuatro meses antes de su conversión.

Un joven banquero, judío alsaciano, Alfonso Ratisbona, se convirtió de la forma más inesperada, el 20 de enero de 1842, por la aparición de la Medalla Milagrosa. De ello hizo proceso, para su constancia oficial, la diócesis de Roma. Era preciso mencionar esta corriente carismática, pues da sentido a los hechos que tiene como fuente.

Pero mi tarea consiste en alumbrar esas fuentes : las apa­riciones. Tarea difícil, dado que, durante tres años (1830- 1833), falta toda documentación, si se exceptúa la Medalla misma, documento arqueológico y prehistórico, de junio de 1832.

Ante ese vacío inicial y la falta de toda indagación para precisar puntos tiempo ha inseguros, los historiadores de las apariciones han reconstruido éstas de modo endeble, divergen­te, lleno de incertidumbres y contradicciones que han creado malestar en la intelectualidad, aun dentro de ambas familias vicencianas. La corriente escéptica es anterior a la muerte de Catalina. No era de prever que fuese canonizada, y su causa fue introducida gracias a la enérgica voluntad del cardenal Gaetano Aloisi-Masella, prefecto de la Sagrada Congrega­ción de Ritos, en Roma.

Objeciones radicales

Aunque había una corriente de fervor incondicional, oral­mente quedaban planteadas algunas cuestiones. Y se me plan­tearon a mí al comienzo del trabajo : ¿No soñaría Catalina? ¿No aportaría algo propio ? ¿Estaba en sus cabales ? El Padre Coste, secretario y archivero de los Lazaristas (1873-1935), prestó un servicio a la historia dando a esta corriente una expresión escrita (y confidencial). Hízolo en una carta y 5 Memorias, que acometió sin desaliento una y otra vez, con una pasión y un rigor asombrosos, pues llega a decir, en carta del 2 de julio de 1930 a la Sagrada Congregación de Ritos, para que ésta deseche la causa de canonización de Catalina:

Era impaciente, glotona, de una piedad muy ordinaria  […]. Hacía falsas predicciones […]. Su palabra no es de garantía alguna. Varió en sus declaraciones, refirió extra­vagancias, y no acertó en sus vaticinios más que cuando concernían a hechos consumados; siempre erró en cuanto a acontecimientos venideros, etc….1

Mas si digo que Coste tuvo el mérito de poner sus objecio­nes por escrito, no dejaría de ser injusta la sola noción de que tuvo objeciones y juicios severos para con Catalina. Pregunta­ríamos además por el tenor, envergadura y gravedad de éstos. Que Monsieur Coste, maestro en punto a documentos y ar­chivos, reuniese en 5 Memorias sucesivas todo lo hallado con­tra Catalina y sus apariciones, da a las dificultades medida y peso justos, y yo quedo extrañado ante la insignificancia de todo ello, sobre lo que no es éste el momento de volver. Lo recuerdo al comienzo, para que se manifieste cómo la auten­ticidad de la santidad de Catalina y la credibilidad del relato autógrafo de sus apariciones son una cuestión discutida que importaba sacar a la luz en este CL aniversario, cosa que hago, con todas las aproximaciones y resultados, en La Vie de Catherine Labouré. Textes et preuves.2

Las apariciones de 1830

Delimitemos el tema. Excepto el sueño de sus 18 años, cuando Catalina tuvo la visión impresionante y anónima de Monsieur Vincent, y la visión de la Cruz en 1848,3 Catalina no tuvo apariciones más que durante el seminario —del 21 de abril, 1830 al 31 de enero, 1831—, y esas visiones, lo vere­mos, caen en un único año, 1830, entre abril y diciembre.

Durante su vida, sólo dos se divulgaron: las visiones del corazón de Monsieur Vincent y las de la Medalla; las primeras y las últimas. Entre unas y otras tuvo Catalina, durante todo el tiempo del seminario, visiones eucarísticas y, en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, una primera visión de Nuestra Señora, en la que oyó una larga confidencia centrada sobre su misión. Pero esas visiones se ignoraron hasta la muerte de Catalina, y sólo se revelaron con sus autógrafos.

Las visiones del corazón de san Vicente

Dichas visiones no se difundieron más que en forma oral con el apoyo de la iconografía (cuadro de Lecerf, 1835) y luego el de las circulares del Padre Etienne, Superior General, des­tinadas únicamente a los Padres de la Misión y a las Hijas de la Caridad. Son apariciones estrechamente unidas a las de la Virgen, y tuvieron importancia para la reforma y el esfuerzo de ambas familias vicencianas, que la Revolución Francesa había disgregado.

Hay que mencionarlas asimismo porque manifiestan las diferencias de interpretación entre la versión oficial Aladel­Etienne y los autógrafos de Catalina. En una palabra, como más detalladamente lo establecimos en la Vie de Catherine (cap 3, nt 50), la versión oficial (muy antigua) difiere de la de Catalina en tres puntos principales:4

1.° La fecha:

  • Octava de la traslación del cuerpo de san Vicente (25 de abril – 2 de mayo, 1830), según el autógrafo de Catalina;
  • Octava de la fiesta de san Vicente (19 de julio), según la versión oficial (Aladel-Etienne).

2.° El número y orden:

  • Catalina habla de 3 apariciones, cuyos colores simbólicos son respectivamente blanco, rojo y negro;
  • La versión oficial estima 2 apariciones, la primera de color negro, anuncio de desgracias, la segunda de color rojo, anuncio de protección.

3.° Según Catalina, el mensaje es puramente simbólico: el corazón y los colores:

  • Según Aladel-Etienne, va acompañado de palabras, que en la aparición oscura anuncian desgracias, y en la roja protección a ambas familias vicencianas.

El estudio crítico da más bien la razón a la fecha y circuns­tancias según la relación ingenua de Catalina: abril, y julio. Y quiere demostrar aún algo más. Aladel y Etienne estaban muy impresionados por la Revolución de julio. Las prediccio­nes, en apariencia inverosímiles, de desgracias y de protección, se habían cumplido en ella. De ahí la presentación sintética y simplificada de unas predicciones, que en Catalina son gra­duales, según 3 apariciones :

  • la del corazón de san Vicente en abril de 1830,
  • la de Cristo en la Eucaristía el 6 de junio (símbolo profé­tico de la Revolución y de la deposición del Rey),
  • la primera aparición de la Virgen (en la noche del 18 al 19 de julio, fiesta de san Vicente).

Los documentos convencen más bien de que las dos pri­meras predicciones no tuvieron sino forma simbólica, y de que sólo la tercera (la plática con la Virgen en el sillón, n.° pp. 636-637) fue explícita. Según los autógrafos de Catalina, fue Nuestra Señora quien anunció explícitamente, en el umbral de la Revolución de julio, las perturbaciones y desgracias que iban a sobrevivir y la asombrosa protección que iba a caber en suerte a las dos familias de Monsieur Vincent. El conjunto de esas movidas circunstancias, y el que Catalina tuviese la visión de Nuestra Señora precisamente en la fiesta de san Vi­cente, contribuye a explicar por qué la visión abreviada de Aladel-Etienne pone las apariciones del corazón de san Vicen­te en la fiesta de éste, mientras guarda total silencio sobre la primera aparición de María en esa misma fiesta.

Tal interpretación tiene el valor de una simplificación sin­tética, en la que se guarda el más completo silencio, ya sobre las visiones eucarísticas, ya sobre la primera aparición de la Virgen, que sólo se revelaron muerta ya Catalina. Es una con­densación justa, pues desgracias y protección fueron efectiva­mente anunciadas por Catalina de modo que provocaron es­cepticismo, y se vinculan a la persona e intercesión, tanto de san Vicente, como de la Virgen María.

Pero el estudio del informe —un ovillo, a primera vista—nos enseña el proceder de Aladel y Etienne en la comunicación de un mensaje inefable. Consiste en estilizarlo todo y reducir­lo a lo esencial. Importaba presentar estas conclusiones, tanto por razón de los lazos entre las apariciones de san Vicente y las de la Virgen, como por la luz que derraman sobre la línea de acción y el género literario típicos de Etienne y Aladel.

Nuestro itinerario

No tardemos más y acometamos el tema: Las apariciones de la Medalla Milagrosa. Esta primera relación tiene por ob­jeto : La fecha, el número, la cronología de las apariciones. El de la segunda será: Su contenido, principalmente la Virgen del Globo. Y el de la tercera: Sentido y autenticidad de las apariciones.

Para el historiador son éstas unas cuestiones tan embrolla­das, que yo creí por largo tiempo no estar yendo a parte algu­na. A la escasez de documentos se sumaba la falta de crítica histórica que acentuaba aún el peso de ciertas convenciones, y uno dudaba de plantear las preguntas.

Si han de rebasarse los prejuicios favorables (tales los de un Misermont), o los desfavorables (tales los de un Coste), hay que examinar la historia de las interpretaciones, aventura confusa cuya génesis precisa captar. Merced a este estudio gé­nético acrisolaremos los verdaderos datos y quedará en eviden­cia lo apriorístico de construcciones artificiosas que no estriban en los documentos. Una vez se exponga este status quaestio­nis, nuestras conclusiones se impondrán por sí mismas.

Estado de la cuestión

Para enjuiciar bien este informe, comprendamos la estruc­tura de los testimonios. En materia de apariciones, Catalina es el único testigo. De ella sola dependen todos los demás. Y sus relaciones autógrafas datan de 1841.

Los testimonios próximos a los acontecimientos son, pues, indirectos. Aladel se expresó en forma lacónica y sintética, no como historiador, sino como pastor, ansioso por comunicar lo esencial de un mensaje al pueblo de Dios. El estudio que hemos hecho de la vida de Catalina nos convence de que sólo rara y muy brevemente fue ésta por él interrogada — «maligna avis­pa», la llama una vez,5 cuya presión carismática quiere esqui­var—. No filtraba más que lo esencial, guardando silencio so­bre el resto, como en el caso de las visiones eucarísticas y de la primera aparición de la Virgen.

La Medalla

El primer documento es la Medalla misma, acuñada a fi­nales de junio de 1832. Aparece como un aerolito, como un documento arqueológico. Sus puntos fijos son, en el anverso, la Virgen de manos radiantes, los pies puestos sobre un globo y pisando la serpiente, con la inscripción invariable : ¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos! En el reverso la M (monograma de María) y la cruz entrelaza­da sobre los dos corazones, el de Jesús coronado de espinas y el de María atravesado por una espada (Lc 2, 35).

He ahí los puntos bien establecidos. Ahora examinemos las variantes.

Aladel

Las primeras relaciones y testimonios sobre la aparición (que la Medalla no especifica en cuanto tal) provienen todos, durante más de diez años, sólo del confesor de Catalina: Jean­-Marie Aladel. Este se expresa reiteradamente de 1834 a 1842:

  • Por escrito, pp. 17, 38, 52, 515 de nuestro informe cro­nológico (CLM 1).
  • En interrogatorio: pp. 299, 315 (investigación Quentin) .
  • En confidencias cuyo eco nos llega por Lamboley: n.° 4 (1833); Etienne, n.° 299; Quentin, n.° 368, etc.

Nuestro testigo es pastor, no historiador, y manifiesta opi­niones variables sobre:

  • la fecha de la primera aparición,
  • el intervalo entre las apariciones,
  • por fin, el número de éstas.

Veamos uno tras otro estos tres puntos.

A) Fecha de la primera aparición de la Medalla

Aladel la pone sucesivamente:

  1. A comienzos de 1831, n.° 4, Lambeloy (1833, CLM 1, p. 190) : con mucho el texto más antiguo, eco inmediato del propio Aladel.
  2. A finales de 1830, según los primeros escritos de Ala-del: n.° 17, su carta a Le Guillou, 17 de marzo de 1834; n.° 38 (manuscrito suyo); n.° 52: las 7 primeras ediciones de su Notice.
  3. A mediados de octubre de 1830, si esta nota de Aladel al interrogatorio Quentin es traducida a fecha cierta, n.° 298 (1836, CLM 1, p. 236): «Hacía como 6 meses que Catalina estaba en el seminario».
  4. En «septiembre de 1830», según respuesta de Aladel a Quentin, n.° 298 (1836, CLM 1, p. 235), matizando «hacia el mes de septiembre», época que Aladel precisa en la 8ª edición: «cuando transcurria el mes de septiembre del año 1830» (n.° 515, CLM 1, p. 218, nt 1).

Aladel va subiendo gradualmente la fecha, de 1831 a sep­tiembre de 1830, sin darnos la menor indicación de lo que mo­tiva una evolución semejante.

B) El intervalo

Es asimismo variable. Fijo es sólo que Aladel considera como equivalentes los dos intervalos entre las tres peticiones que Catalina hace después de cada aparición.

N.° 4 Lamboley (1833):

Intervalo 1 — «algunos meses después»;
Intervalo 2 —»de 5 a 6 meses después».

N.° 17 Aladel (17 de marzo, 1834):

Intervalo 1 — «alrededor de 6 meses»;
Intervalo 2 —»idéntico intervalo de 6 meses».

N.° 38 manuscrito Aladel (julio):

Intervalo 1 — «6 ó 7 meses después»;
Intervalo 2 — «después de un intervalo más o menos si­milar… idéntica visión».

N.° 52 Aladel Notice:

Intervalo 1 — «6 ó 7 meses»;
Intervalo 2 —»en fin, después de otro intervalo de 6 ó 7 meses».

Este último texto se recoge en las otras ediciones de Aladel. Es adaptado por Le Guillou (n.° 283a, edición italiana y Neuvaine de 1837, etc.).

Aladel prolonga el intervalo a medida que pasa el tiempo y él fecha antes la primera aparición. No tiene de hecho criterios precisos. Recuerda sólo haberse dirigido al arzobispo a fina­les de 1831, o puede que a comienzos de 1832, e intenta repar­tir los intervalos entre la fecha del seminario de Catalina y la decisión por él tomada cuando ella formula la tercera petición. En una palabra, edifica sus conjeturas variables partiendo del terminus ad quem (por desgracia no fechado) de su acceso al arzobispo, su recuerdo más exacto, aunque sólo con algunos meses de aproximación, con bastante probabilidad otoño de 1831.

C) El número de las apariciones

Lo que Aladel recuerda son las tres peticiones sucesivas de Catalina, con sus intervalos de 5 a 7 meses. Supone que Cata­lina acudió a él cada vez que tuvo una aparición. Mas ello parece ser simple conjetura que contradice a otros datos. Aladel habla de «tres apariciones» (n.° 4, 17, 52), según todos los documentos antiguos (1834). Pero en el interrogatorio Quentin de 1836 (n.° 298) «cree que esta visión había tenido lugar varias otras veces». Así pues, 5 o más, un número no definido de ellas. Aladel, por fin, no ve diferencia alguna entre las apariciones de que Catalina le ha hablado. Apenas si hace de éstas una relación esquemática, como si todas fuesen se­mejantes.

Es claro que reconstruye los hechos partiendo de las tres conversaciones que ha tenido con Catalina en el confesionario, conversaciones breves, en las que él mismo nos dice haber sido disuasorio y severo.6 No guardó más que un esquema de la aparición: lo que le pareció esencial.

Catalina

Los autógrafos de Catalina hablan con coherencia de tres apariciones de María y solamente de tres.

  1. La primera, la noche del 18 al 19 de julio, en la que le fue encomendada su misión (pp. 564, 635, 636); no ve toda­vía la Medalla.
  2. La segunda, el 27 de noviembre, primera de la Medalla (nn. 455-457).
  3. La tercera (y última), segunda de la Medalla, mencio­nada en las dos relaciones de 1841 (nn. 455-457), CLM 1, p. 297. Es asimismo referida en las dos relaciones autógrafas tituladas «Tercera aparición» (nn. 635-636, 1876, CLM 1, p. 350-352).

En los dos últimos autógrafos Catalina parece querer pre­cisar lo que caracteriza a esta tercera aparición y la diferenren­cia de la del 27 de noviembre, diferencias mínimas que son:

a) El lugar:

  • segunda aparición (27 de noviembre): «Junto (o «a la al­tura») del cuadro de san José» (CLM 1, p. 291), a la dere­cha, pues, según se mira hacia el altar, lado de la epístola, donde pedirá ella el altar y la Virgen con el globo en las manos;
  • tercera aparición: «Junto al tabernáculo, por detrás», en el centro, pues (ib., p. 350).

b) Detalles tocantes al globo. En la tercera aparición lleva encima una crucecita (n.° 635, CLM 1, p. 351), una cruz «de oro», precisa el n.° 636 (CLM 1p. 351, nt 14). En fin, la Virgen Santa ofrece el globo a Nuestro Señor (CLM 1, p. 351, deta­lle que no aparece en p. 294 para la aparición del 27 de noviem­bre, donde tiene la Virgen un globo en las manos, sin que se aluda a la ofrenda de él).

c) Las palabras: «Estos rayos son el símbolo…» (fórmula hallada en ambas relaciones) y que «deben formar una leyen­da bajo la Virgen Santa», de acuerdo con la relación de la ter­cera aparición (CLM 1, p. 352).

Cotejo entre Aladel y Catalina

Comparemos a ambos entre sí. En él la fecha es variable, mientras que en ella es precisa —para la primera aparición de la Medalla («27 de noviembre»), no para la última, «cuyo tiem­po no observó», nota que manifiesta su lucidez—.

El número es asimismo dudoso en Aladel y claro en Cata­lina. Para ella hay dos apariciones de la Medalla, que son la segunda y la tercera:

  1. 18-19 de julio —aparición de la Virgen en el sillón (sin Medalla).
  2. Primera aparición de la Medalla —27 de noviembre.
  3. Segunda aparición de la Medalla —no fechada, aun­que evidentemente es del tiempo del seminario.

La serie propuesta por Catalina con su memoria de cam­pesina, exacta en sus cuentas como en sus referencias crono­lógicas7 (véase más abajo, nts. 1 y 120), se impone consiguien­temente. Es más: en sus dos testimonios más antiguos habla Aladel de «tres visiones», conforme a la cifra de Catalina:

N.° 17, CLM 1, p. 201: «Hablé con Su Eminencia de las «tres visiones». N.° 52, CLM 1, p. 219, nt. 11 (de las dos primeras ediciones, adjunta en las pruebas de la primera, pues no figuraba en el manuscrito): «Sor M… dionos par­te poco ha de una circunstancia por nosotros omitida al referir las tres visiones» (cf. n.° 298, ib., p. 237: La triple visión).

Esta fórmula parece ser eco de Catalina misma. Es en todo caso una referencia antigua y sólida que por dos veces emerge en la memoria de Aladel y confluye con lo que Catalina de­clara en todos sus autógrafos. La hipótesis de más apariciones se delata como conjetura tardía, vaga y sin fundamento.

Geoffre y Chevalier (1877)

Los dos primeros biógrafos, Sor Geoffre y Chevalier, tu­vieron el mérito de exhumar los autógrafos de Catalina y to­mar en serio sus testimonios y cronología. Monsieur Fiat, Superior General, aceptará en 1880 la fecha del 27 de noviem­bre, tanto con ocasión de celebrarse el cincuentenario, como en lo sucesivo, cuando se conmemore el aniversario de la aparición.

Geoffre y Chevalier adoptan por consiguiente la serie de tres apariciones según Catalina (CLM 2, p. 79-93). Por desgracia Sor Geoffre, perpleja ante la versión Aladel, que ha di­fundido la Notice oficial, prueba a suponer una primerísima aparición de la Medalla «en el transcurso del mes de septiem­bre de 1830» (CLM 2, p. 86). Esta aparición añadida sería así la segunda de la Virgen; la primera de la Medalla, el 27 de noviembre, queda convertida en segunda. Ello no acontece sin cierta torpeza, distinguiendo dos apariciones que luego se de­claran semejantes:

Al pronto, esta visión, que refiere la propia Hermana, parece diferir de la primera, referida sólo por Monsieur Aladel. Nos chocaba, y hubimos de releer más atentamen­te estos documentos, tan interesantes como auténticos, para decidir si una y otra visión diferían esencialmente, o bien eran en el fondo semejantes. Según […] el Padre Aladel, las apariciones que afectan a la Medalla siempre habrían sido semejantes, etc.

Varias razones hacen insostenible esta aparición de sep­tiembre.

  • Para Catalina, la aparición del 27 de noviembre es la primera aparición de la Medalla. Se convertirá en segunda cuando, tardíamente, feche la primera aparición en septiem­bre.
  • Esta datación de Aladel no es sólida, pues la hemos visto oscilar entre septiembre y épocas posteriores, lo cual tiende a confirmar la datación de Catalina.
  • En la hipótesis de Sor Geoffre llegaríamos a una extraña paradoja. Aladel ignoraría las dos apariciones de Catalina (27 de noviembre y diciembre, conforme a antiguos testigos que abajo se citan, nota 124, al comienzo de la síntesis). Cata­lina, en cambio, ignoraría del todo las tres apariciones que conjetura Aladel (en su última versión: septiembre 1830, marzo 1831’y septiembre 1831 —las dos últimas se suponen a con­secuencia de una inducción defectuosa). Sería artificial el intento de conciliación por el que las dos apariciones de Cata­lina corresponderían a las dos apariciones de fecha descono­cida que supone Aladel, y ello agravaría aún las confusiones.
  • En gracia al lector no se detallan más las contradicciones que resultarían de esta hipótesis, aún para el mismo Aladel.

La rectificación de Chevalier (1878, n.° 675)

Chevalier vio el error de esta solución, consentida al re­visar la vida de Sor Geoffre. En su libro, editado en 1878 (n.° 674), no habla ya de la aparición de septiembre. El vocablo septiembre, empleado por Sor Geoffre (CLM 2, p. 86), es ahora noviembre (Chevalier, p. 72), y la primera aparición de Aladel —aunque sin insistencia por parte de Chevalier­coincide con la primera aparición de Catalina: la del 27 de noviembre (p. 74. Otras correcciones suyas complementarias: CLM 2, p. 50, nts. 181-187). He ahí un progreso que hace honor al sentido histórico de Chevalier. Si sigue perplejo, es porque su libro tiene la delicada misión de presentar una nueva edición de la Notice de Aladel, lo cual hacía insostenible su posición, pues debía criticar aquello mismo que se le ordenaba prolongar y honrar.

Sin embargo, cuando Chevalier habló bajo juramento, en el proceso de beatificación, claramente manifestó el fondo de su pensamiento y no vaciló en criticar el error de Aladel:

Monsieur Aladel pone la visión en el mes de septiembre de 1830, cuando esa tuvo lugar el 27 de noviembre del mismo año (según el autógrafo de Catalina).

Y explica la discrepancia, que entonces asombraba, aña­diendo:

Puede explicarse en cuanto que, probablemente, Monsieur Aladel referiría el asunto de memoria.

En pie sigue la dificultad que intenta sofocar yuxtaponien­do aún los textos de Aladel y de Catalina. Pues Aladel habla únicamente de una aparición de la Virgen con las manos ex­tendidas hacia abajo, mientras que Catalina habla siempre de la Virgen con un globo en las manos «a la altura del estóma­go». Es el problema de la Virgen del Globo, que encontramos principalmente en dos momentos de la Vida de Catalina: 1839-1841 y 1876 (capítulos 5 y 7).

Crapez

En 1911 Crapez confirma el progreso hecho por Chevalier: reconoce que la primera aparición de la Medalla es la del 27 de noviembre y la refiere según los autógrafos de Catalina. Mas dando una oportunidad a la diferencia entre Aladel (ma­nos extendidas) y Catalina (manos que sostienen el globo), presupone dos fases, o más bien dos actitudes, en el curso de la aparición (n.° 1404, Vie, p. 82):

Actitud orante, con el mundo en las manos, caldeándolo… y solicitando… la misericordia divina.

La actitud de una reina, cuyas manos extendidas y llenas de riquezas invitan a la confianza y se abren…

Mas nada fundamenta la articulación de dos fases o acti­tudes sucesivas, ni en la relación de Aladel ni en las de Catalina. Desde el punto de vista de la crítica histórica, es ese un concordismo para armonizar ambas descripciones. Crapez sufre un visible embarazo. No suministra apoyo documental ni ar­gumento que fundamente su interpretación, inspirada en la que Monsieur Fiat había propuesto en su carta circular del 1 de enero de 1895, p. 3 (Crapez, 1911, p. 82).

En su libro de 1947, Le Message, Crapez intenta justificar ambas fases al precio de un montaje artificial de las infor­maciones, y amalgama la relación de Catalina (n.° 455-457) con los escritos de Aladel. Entonces, encubriéndose bajo la cláusula: «continúa la Hermana» (e. d. Catalina) añade de pronto (p. 36):

El globo de oro había desparecido tras el brillo de haces luminosos que brotaban por doquier.

Crapez continúa ya sin otro fundamento en texto o docu­mento alguno :

Las manos habían cedido y los brazos seguían extendidos a causa del peso de los tesoros de gracias obtenidas.

Ahora bien, ningún documento, de Catalina o Aladel, nin­guna fuente apoya esa desaparición, extensión o «fase» di­ferente.

Misermont – 1933

En cuanto a Misermont, combina la solución de Geoffre (dos apariciones diferentes) y la de Crapez (dos momentos o actitudes sucesivas), n.° 1660, Misermont, Vie, pp. 99-106-112 y n.° 1750, Gráces, pp. 106-113.

1.° Según la única nota de Aladel en el n.° 298 (interroga­torio tardío de Quentin), admite que Catalina vio la aparición de la Medalla al «menos cinco veces» (Gráces, p. 107), siendo la primera la de septiembre. La aparición del 27 de noviembre, pues, sería tanto en él como en Chevalier, la segunda aparición de la Medalla, solución insostenible, como hemos visto.

2.° Pero tanto en la primera como en la segunda aparición habría dos actitudes sucesivas:

  • primera fase: la Virgen Poderosa… del globo;
  • segunda fase : el anverso de la Medalla (manos abiertas).

Pone «al menos cinco» apariciones «en doce meses, de septiembre de 1830 a septiembre de 1831», cada una de las cuales comprende las tres fases :

  • Virgen del Globo,
  • Manos tendidas hacia la tierra,
  • Reverso de la Medalla.

Esta reconstrucción carece del menor apoyo histórico o documental. He aquí cómo describe Misermont la transición de acuerdo a un esquema puramente lógico, sin el refrendo de los documentos:

La primera fase (Virgen del Globo) transcurre toda ella en lo alto, en dirección al cielo […] en ofrecimiento del mundo a Dios.

La segunda va a transcurrir abajo, en dirección a la tierra, donde la Virgen contemplará a los hombres y les dará con amor su Medalla. Mientras María se ostenta toda resplandeciente de luz, muy suavemente hace que desapa­rezca de sus manos el globo ofrecido a Dios, dirige la mirada a su dichosa vidente y tiende los brazos hacia otro globo que hay bajo sus pies y sobre el que está escrito el nombre de Francia. Al mismo tiempo da a enten­der a la Hermana que ese globo representa al mundo en­tero, a Francia y a cada persona particular (Vie, p. 109-110).

Una reconstrucción libre (lógica, pero carente de funda­mento documental), no exenta de problemas.

En su tercer volumen (Gráces), Misermont añade como argumento que los escritos de Catalina «hacen sencillamente alusión» a la segunda fase (manos extendidas). Mas se buscará en vano semejante alusión en dichos escritos.

Añade (p. 108) que los textos de Sor Catalina y de Mon­sieur Aladel «se complementan» y deben ser «combinados». La combinación por él propuesta es desgraciadamente arbi­traria, y no tiene fundamento textual. Muy facticia es esta pá­gina 108, que subraya lo incompleto del texto de Catalina, quien habría omitido algunas palabras del Oh María sin pe­cado concebida. En realidad ella redujo a iniciales las últimas e inconfundibles palabras. Pero nada de ininteligible hay en las abreviaturas, como parece a Misermont.

Toda la argumentación de Misermont está polarizada por el empeño en probar que Aladel hizo acuñar escrupulosamente la Medalla, aun en los menores detalles que la Virgen indicara, pues de tomarse en ello alguna libertad, hubiese sido «per­juro» (p. 123). Son aprioris que hacen violencia a los docu­mentos.

Lo extraño en la vía que sigue Misermont, y que vuelve una y otra vez en sus demostraciones, es que, para hacerlas verosímiles :

  • insiste demasiado en el carácter fragmentario de las de­claraciones de Catalina;
  • proyecta sobre éstas, rasgos que no tienen y él conjetural-mente les atribuye;
  • elude aducir textos esenciales y de primer orden: Cheva­lier, Chinchon, Tanguy, con las confidencias de Sor Du­fés, Cosnard, etc., incompatibles con su posición;
  • desarrolla, por fin, de forma artificial la perspectiva jurí­dica: Monsieur Aladel hubiera incurrido en perjurio, de haber interpretado los datos aun mínimamente.

Por el contrario, el futuro Superior General, Monsieur Villette, decía:

Monsieur Aladel no dio necesariamente al público, ni siquiera manifestó en la investigación canónica (de 1836), todos los detalles de la aparición. En la Notice sobre la Medalla, de la que hablé ya, Monsieur Gillou dice, en términos propios, que la Hermana había autorizado a Monsieur Aladel para que, de la aparición, diese a cono­cer lo que juzgase útil para que se acuñase la Medalla e ins­pirase confianza […] El mismo autor, en el Libro de Ma­ría concebida sin pecado, dice aún, sobre la relación de la aparición: […] «Estamos al abrigo de cuanto pudiese oponer la crítica, que ha de mostrarse siempre severa, sobre todo en esta especie de cosas» (Villette, 31 de mayo, 1912, PAspec 92, p. 1352).

No arrojamos la piedra a Misermont. Como vicepostula­dor y encargado de promover la causa de Catalina, en con­diciones difíciles y con la oposición tanto de los lazaristas (entre ellos Coste, Archivero y Secretario General) como en la Comisión, fue un luchador. Y justamente luchó, y venció, con sus armas y métodos, que no son los de un historiador.

Conclusión

Henos aquí prestos para responder a las cuatro preguntas:

  1. Fecha de la primera aparición;
  2. Número y cronología de las siguientes;
  3. ¿Virgen de las manos extendidas o Virgen del Globo ?
  4. Descripción de la aparición, que recapitulo más cien­tíficamente con las notas 108 y 118.

Las demás cuestiones son secundarias y en su mayoría se resuelven por añadidura.

La primera aparición

La primera aparición de la Medalla es, fuera de duda, la indicada por Catalina —del 27 de noviembre—, fecha de la que Aladel nunca se hizo eco, ni siquiera en su última edición, revisada y puesta al día en 1842. Para esta fecha, sin embargo, ya disponía él de los autógrafos de 1841, donde Catalina pide se instaure una comunión suplementaria para celebrar este aniversario (nn. 455-457, p.p 298-299). Monsieur Chinchon asegura además que Catalina obtuvo que se celebrase ese mis­mo aniversario con una Exposición del Santísimo Sacramento (CLM 2, p. 219). La celebración del 27 de noviembre se hizo oficial para el cincuentenario, en 1880, a petición de Monsieur Fiat (CLM 2, p. 27). Y la fiesta litúrgica se instauró en 1894, por iniciativa del Cardenal G. Aloisi Mazella (ib p. 31-32).

Número y cronología

En cuanto al número, no hay más que dos apariciones de la Medalla, según los autógrafos de Catalina. Ninguna más ha­lla fundamento o referencia de orden alguno.

Si Aladel presupone otras dos en primavera y otoño de 1831 (en su última versión de 1842), débese a que atribuye las visitas que a él hace Catalina a una reiteración de la aparición, cuando la 2.a y 3.a visitas fueron motivadas por palabras inte­riores (y por el «tormento» de que era acuciada para que co­municase de nuevo un mensaje concluso desde diciembre de 1830). Las apariciones ulteriores no hallan ni fundamento ni encuadre. Contradicen el hecho admitido por la tradición y confirmado por algunos indicios, de que todas las apariciones tuvieron lugar en la capilla de la rue du Bac, «durante la misa o la oración del seminario», así pues, durante el tiempo del seminario de Catalina8 (más abajo, cap. 3, nt. 125).

En cuanto a las apariciones suplementarias, cuyo número y fechas se desconocen y que Aladel evasivamente supone, son también el resultado de una inducción mal fundada. Aladel piensa que sólo una nueva aparición pudo motivar que Cata­lina acudiese a él una vez más, pese a sus temores —mientras que para las fechas indicadas ha terminado el tiempo de las apariciones y del seminario, así como los avisos interiores, únicos en cuestión. Al suponer esas otras apariciones, bien pudiera querer reparar la omisión consciente de la aparición del sillón (noche del 18-19 de julio), sobre la que guarda un silencio riguroso toda su vida, salvo el autógrafo de 1856.

El supuesto de Aladel, de que las diferentes apariciones de la Medalla son idénticas, está al menos matizado por los autógrafos de Catalina, que manifiestan diferencias de empla­zamiento y de detalles entre una y otra aparición de la Meda­lla: una a la derecha del altar mayor, la otra detrás del mismo altar, con algunas particularidades iconográficas.

Lo que ha contribuido al embrollo de los autores9 es que hay para Catalina tres apariciones de la Virgen, y sólo las dos últimas lo son de la Medalla:

  1. La aparición del 27 de noviembre,
  2. La segunda y última de ellas, según varios antiguos testimonios, en diciembre.
  1. Sobre todo eso, R. LAURENTIN, Catherine Labouré et la Médaille Miraculeuse, Documents, tome 1 (en colaboración con Ph. Roche), Paris, Lethie­lleux, 1976, pp. 32-6.
  2. R. LAURENTIN, Vie de Catherine, Paris, DDB, 1980 (en prensa), ch. 3. note.
  3. Ib. ch. 2, note: Visión y sueño de san Vicente. Ch. 5, note: Visión de la Cruz en 1948. La visión de la Virgen en Reuilly durante la Comuna era, según testimonio de Catalina, un sueño también, mas luego los testigos pensaron que había dicho «sueño» por humildad (lb., ch. 7).
  4. R. LAURENITN, Vie de Catherine, ch. 3, note. La aparición del Corazón.
  5. Ch. 5, note: Sobre el apóstrofe de Aladel a Catalina: «Maligna avispa».
  6. Ch. 4, note: Sobre Aladel y Catalina.
  7. Ch. 3, note 1 et 120.
  8. Ch. 3, note 25.
  9. EL DÉDALO DE LAS CRONOLOGÍAS

    No detallaremos más las diversas cronologías de las apariciones de la Me­dalla; los diferentes autores las levantan sobre bases movedizas que, según los casos y con uno u otro montaje, toman de:

    • Aladel: número indefinido y variable de apariciones, tres de ellas asigna­das, la primera a septiembre de 1830, o algo más tarde (finales de 1830—co­mienzos de 1831), primavera y otoño de 1830.
    • Geoffre (1876): septiembre y luego 27 de noviembre de 1830, y un nú­mero indefinido de apariciones sucesivas.
    • Chevalier (1878): 27 de noviembre y diciembre, con sensible vacilación sobre si hubo después otras apariciones.
    • Crapez; 27 de noviembre, diciembre y luego otras.
    • Misermont: «5 apariciones del mes de septiembre de 1830 a septiembre de 1831».

    Los autores modulan sus diversos sistemas según diversas improvisaciones, todas las cuales encierran el defecto de las fuentes: falta de un análisis de con­junto :

    • Colette Yver, por ejemplo, acepta el número 3 para las apariciones (buena intuición), mas no se apercibe de que, según Catalina, son 3 apariciones de la Virgen, y las convierte en tres apariciones de la Medalla: 27 de noviembre, según Catalina, diciembre (p. 120), evidentemente según Chevalier. A éstas añade una tercera, que intenta situar, empleando un dato de Aladel, 6 meses después de la primera. Pero esos meses, que en él ilusoriamente comienzan en septiembre (según su última versión), hácelos ella comen7Ar en noviembre y dice: «(p. 127). Se la pone generalmente en el mes de septiembre. Yo la vería más bien en mayo». Por ese mismo hecho, no admite ya la aparición que Aladel ponía en otoño. Justa revisión, mas hubiese precisado asimismo suprimir la de primavera. Sobre todo, había que salir de una vez de la arena movediza en que nos hundíamos a falta de bases sólidas, y rechazar hipótesis ilusorias.

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